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Todo este fanatismo aún sigue vigente 40 años después

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Ambas fotos se resumen en una palabra: beatlemanía. El fenómeno que cuatro muchachos de Liverpool desataron a partir de 1962 y que pronto contagiaría al mundo entero. Su música cambió el rock para siempre, pero además se convirtieron en un ícono de la cultura pop. Hace 40 años, Abbey Road, su último long play, preanunciaba la ruptura definitiva. El lanzamiento de toda su discografía remasterizada no ha hecho más que confirmar su eterna vigencia. Una buena excusa para repasar su historia.

"Cuando cumplí 21, Paul me invitó una hamburguesa y una Coca Cola.” (John Lennon)

No sirve de mucho salir y decir que hace 40 años los Beatles se separaban tras un último show casi clandestino, y un comunicado de prensa escueto. En todo caso, nos indica que en la historia del rock no hubo otra cosa que pudiera al menos empatarlos en canciones o hechos de grandeza. Quedan los Stones, pero es algo completamente distinto. Ni siquiera es la misma liga y el mismo lenguaje. Y ni siquiera puede haber un tour reunión. Harrison una vez aclaró: “No hay chance de que vuelvan los Beatles mientras Lennon permanezca muerto”. Harrison lo está desde 2001, cáncer. Hay flujo de cash, lógico. EMI acaba de reeditar todo su catálogo, sus trece LPs, más el rejunte Past Masters, totalmente remasterizados, un acto de testículos, porque muchos puristas dicen que esto es algo así como hacerle photoshop a La Gioconda, y que esas cintas depositadas en una bóveda de Abbey Road tras dos puertas de acero eran intocables. Pero créanlo: suenan mejor todavía.

O The Beatles: Rock Band, un videogame para Wii y Playstation 3, que es un emulador de los Beatles con más de 40 canciones originales, que son todas clásicas aunque no todos las conozcan, para tocarlas todas. Los gráficos resultan brillantes, por lo menos: desde el show de Ed Sullivan o The Cavern, hasta ese último en la terraza de la oficina de Apple Corps, en Saville Row, Londres. Con barba, sin barba. Es todo muy exacto. Hasta los controles: el bajo Hofner de Sir Paul y la guitarra Rickenbacker de Lennon, con su palanca marca Bigbsy. Esto, básicamente, es lo mejor que le podría pasar a un chico de 9 en el 2009. Y si sirve de algo rememorar, es precisamente para traernos de nuevo a cuatro tipos extraordinarios que no supieron nada mejor que tocar rock n’roll. Se querían mucho y terminaron por detestarse. Es humano. Y lo hecho en diez años, 1960 a 1970, enorme, más allá de un montón de trivia musical y de andar discutiendo sobre música. Puede no gustarles, pero no no importarles. Es decir: pongan un disco de los Beatles y fíjense cuán humanos son.

YOKO. Esto es humano también. Todo el mundo se aburre de su mujer alguna vez. Y todo el mundo dice que Yoko Ono separó a los Beatles, porque lo absorbió a Lennon, porque se metía demasiado en el medio y los otros tres no la soportaban, aparentemente, y el público menos, porque la estrella de rock definitiva de este Sistema Solar no podía andar con una artista japonesa de vanguardia seis años mayor. Yoko siempre dijo: “El quería que yo fuera parte del grupo, quería que los otros me aceptaran. No habría podido separarlos aunque quisiera”. Cynthia Powell fue la primera mujer de Lennon, la madre de su hijo Julian, y su chica original de Liverpool, y es como la damnificada en esta historia. Cynthia ya sabía qué pasaba en 1966, cuando tras una conferencia de meditación trascendental, Yoko se mete en la limo Benz de John, toda pintada a mano en tono psicodélico, justo entre medio de Cynthia y él. La dejan en Park Row, donde vivía. Ya venía hace un tiempo la tensión. Cynthia dice: “Tal vez sea la mujer para vos”. John responde: “¿Ella? Nah, está loca. Es divertida, nada más. No me gusta”.

Seis meses después, Yoko estaba en casa de Lennon, y Cynthia no tenía muchas opciones. En las grabaciones de Abbey Road no se permitían invitados, menos mujeres. La banda opinaba, el productor George Martin opinaba. Y ahí se acababa. En 1968, John lleva a Yoko, que opina, una pista de voz del Album blanco. McCartney dice: “¡Mierda! ¿Alguien dijo algo?”. Para la próxima grabación, John había dispuesto una cama para compartir en el estudio con Yoko. McCartney dijo años después: “Enfrentarse a ella y que los Beatles volvieran a ser cuatro, o soportarla”. Paul la terminó por perdonar, en 1994, con un abrazo público. John una vez aclaró: “Quería irme de los Beatles desde que dejamos de tocar en 1966, pero estaba muy asustado. Y conocí a Yoko... ¡Era mejor que tener un número uno, una pila de oro!”. Este año, Yoko exhibió en público la ropa y los lentes llenos de sangre que Lennon usó cuando Mark David Chapman lo baleó con una Charter Arms Special .38 en el edificio Dakota de Nueva York, 1980. Suponemos que la memoria le corresponde a ella.

COMIENZO. En Liverpool de 1960, Lennon era un chico sin madre (había muerto en accidente de auto), criado por su tía Mimi, McCartney era un chico sin madre (había muerto de cáncer), y George Harrison era un chico de 14 al que sólo le respetaban que tuviera una guitarra y la supiera tocar muy bien. A todos les gustaba el rockabilly, que es el rock n’roll primitivo, o Elvis antes de que fuera gordo, y el skiffle, o la especie británica de rockabilly. Estaba Stuart Sutcliffe, un amigo de la escuela de Arte, que tocaba el bajo. Lennon escribió años después: “Eranse una vez unos niños que decidieron unirse porque tuvieron ganas, pero después se preguntaron por qué carajo lo habían hecho. De pronto les crecieron unas guitarras y formaron un ruido tremendo”. Muy prosaico. Hay un par de teorías sobre el nombre. Lennon: “Yo buscaba un nombre como The Crickets (Los Grillos), la banda de Buddy Holly, y ahí se me ocurrió los Beetles (Los Escarabajos). Cambié la E por una A, porque hacía pensar en bichos y no en música beat”. McCartney: “En El Salvaje, Marlon Brando dice: ‘Incluso las Beetles van a extrañarte’, indicando a unas chicas que van en moto. A Stuart y John les encantaba esa película. Viene de ahí también”.

El ascenso supergigante tiene dos escalas. The Cavern: “Me gustaba; era un lugar claustrofóbico, pero maravilloso”, con su manager mitológico, Brian Epstein, que les puso trajes y les prohibió putear en escena, y antes Hamburgo, tour mágico y misterioso, con Pete Best en batería todavía, en el Indra, un pozo horrible. John: “Vivíamos en un cine, junto al baño, que tenía un olor a mierda increíble; nos moríamos de frío. Nos despertaba una vieja gorda meando cada mañana, y siempre había una pelea”. Paul: “Si tenías una novia, seguro era una stripper. Así que nos la pasábamos con chicas que sabían un par de cosas sobre sexo”. George: “Teníamos que tocar por horas y horas, ocho o diez por noche. Nos daban una droga llamada Preludin, una anfetamina que te hacía tocar más duro. Así nos pusimos mejores”. Best, tras Hamburgo, se tenía que ir. George: “Pete nunca salía con nosotros. Cuando estábamos con Ringo nos daban ganas de tocar rock n’roll”. Paul: “Necesitábamos al mejor baterista de Liverpool, Richard Starkey, un tipo que se había cambiado el nombre antes que nosotros, que usaba barba y trajes raros”. Adiós Pete Best, entonces. 1963, el primer disco es Please, Please Me. Un contrato y todo, con producción de George Martin.

DELIRIO. Los Beatles tiran la bomba el 9 de febrero de 1964, en el Studio 50 de la CBS, sobre Broadway, entre West 53rd y West 54th, Nueva York: el show de Ed Sullivan. Ya eran enormes en Inglaterra, pero I Want To Hold Your Hand había vendido casi tres millones de singles en Estados Unidos. Paul: “Sabía que América nos haría famosos o nos hundiría. Nos hizo famosos”. Los vieron 74 millones de personas. Harrison tenía casi 39 de fiebre. Paul: “Fue muy importante; causamos sensación con el peinado y todo eso. Muchos padres la apagaban, pero los hijos volvían a prender la tele”. John: “Querían superstars y fuimos nosotros mismos. Ni se lo esperaban. No fingimos”. Ringo: “Era emocionante. Venías de Liverpool y Nueva York te tragaba con sus tentáculos. Eramos imparables, ningún grupito de pacotilla. Paseamos por el Central Park en uno de esos coches con caballos”. Los Beatles ahí se convierten en los Beatles. Y el rock n’roll termina de convertirse en el rock n’roll. Sobre la Beatlemanía, o el chifle universal de aquel entonces, Paul comentó: “Estaban todos locos menos nosotros. De todas formas, los gritos de las chicas estaban bien. ¡Tapaban nuestros pifies!”. George, en los 80’: “Todas esas giras se me mezclan en la cabeza”.

LA PIPA. Nueva York otra vez, 1965, en el hotel Delmonico. Ringo: “Bob era nuestro héroe”. Paul: “Dylan ejerció una influencia enorme en nosotros. Lo admirábamos como poeta. Estoy seguro de que John le robó esa gorra que siempre usaba”. Para ese entonces, Bob Dylan era como la voz de la rebelión y de que los tiempos están cambiando, o lo estaban. Los Beatles, bueno, todavía eran bastante pop y presentables. John: “Dylan había escuchado un disco nuestro, que según él decía ‘I get high’, o sea, que fumo porro, pero en realidad decía ‘I can’t hide’. Así que nos contactó y nos dijo: ‘Chicos, tengo un porro fantástico’. ¡Dylan creía que fumábamos porro, pero nunca lo habíamos hecho! ¿Cómo no va a caerte bien un tipo así? Nos pasamos toda la noche fumados, riendo. Cada vez que sonaba el teléfono, Bob lo cortaba y nos decía: ‘Esto es beatlemania’. Fue realmente cómico”.

EL GURU. Uno también se aburre de la civilización occidental. El Maharishi Mahesh Yogi tenía su disciplina de la Meditación Trascendental, desde su comunidad espiritual y base de operaciones en Rishikesh, sur de India, y creía que los jóvenes talentosos y ricos con liderazgo de opinión eran ideales para terminar con el sufrimiento materialista. En 1968, los Beatles visitan Rishikesh con sus mujeres: Ringo con su esposa, Maureen, John con Cynthia Powell, Paul con su novia, la actriz Jane Asher, y George con Patti Boyd, que después se fue con Eric Clapton, que era su amigo. George estaba encantado con el rollo hindú. John decía: “Si George sigue así, a los 40 va a andar en alfombra mágica”. No estaba tan bueno como pensaban. Paul: “La experiencia nos defraudó. Pasó el mes y quería irme. Nadie encontró la luz”. Ringo: “No soportaba la comida. Me llevé dos valijas: una con ropa y otra con latas de porotos. Bah, todavía medito en mi auto, ¡porque me lleva mi chofer!”. En el contingente estaba Mia Farrow, y la leyenda cuenta que Maharishi, que en sánscrito significa gran sabio, “se la quiso ligar”, dijo John. “Estaba ese rumor, así que decidimos irnos. Le dije a Maharishi: ‘Nos vamos’. El me preguntó: ‘¿Por qué?’. Y yo le respondí: ‘Vos sos el cósmico. ¡Deberías saberlo!’”.

DEJENLO SER. Let It Be, 1970, fue el último disco y el último film. Para entonces se odiaban. O se había acabado el gasoil. Ringo dijo después de que se terminó todo: “Hubo momentos muy afectuosos entre nosotros, en un cuarto de hotel. Eramos tipos que en el fondo se querían”. Harrison fue un poco más amplio: “Creo que transmitimos el sentimiento positivo de un futuro brillante, de que había tiempo para divertirse, y de que no le pertenecés a un gobierno sino a vos mismo”. Eso vino después de las notas agrias. Paul dijo: “El placer de escribir con John era algo maravilloso”. Todo era Lennon y McCartney, pero rara vez Harrison, que terminó por decir: “Tenían que pasar diez composiciones de ellos para que escucharan una mía. Y me estaba cansando”. El caos financiero del sello del grupo, Apple, no ayudaba tampoco, lo mismo su segundo manager, Allen Klein, que ya había manejado a los Stones. Jagger le dijo a Paul: “No se le acerquen”. Sobre Let It Be, sobre los últimos días, Lennon aclaró, simple: “Paul y yo estábamos juntos desde que teníamos 15 y 16. Epstein había muerto, el negocio no iba bien. Demasiada presión. Nos volvimos quisquillosos y lo pagamos con nosotros, porque era lo único que teníamos. Dejamos de creer. Ya no había magia”.

Es difícil quedarse con algo. Hay demasiado en una década. La tapa de Abbey Road es una sola: los cuatro cruzando la esquina del estudio, mirando para adelante. Paul: “El paso de peatones estaba justo enfrente, así que dije: ‘¡Vamos!’. Era un día de agosto, demasiado calor; estaba en traje y sandalias. Me las saqué y caminé descalzo. Así que en la toma que fue la tapa estoy descalzo. Hay mucha gente que va descalza, así que no me pareció nada excepcional”. Eso, exactamente: nada excepcional.

Socorro, parecerían estar diciendo Paul, George, Ringo y John en esta escena de su película A Hard Day’s Night (Anochecer de un día agitado), de 1964. Justamente ese año, con la primera visita del grupo a los Estados Unidos, se empezó a hablar de beatlemanía.

Socorro, parecerían estar diciendo Paul, George, Ringo y John en esta escena de su película A Hard Day’s Night (Anochecer de un día agitado), de 1964. Justamente ese año, con la primera visita del grupo a los Estados Unidos, se empezó a hablar de beatlemanía.

En junio de 1965, la reina Isabel II los declaró miembros de la Orden del Imperio Británico, una distinción reservada, por esos días, a veteranos de guerra y líderes civiles. A fines de ese año, con la aparición de Rubber Soul, su música iniciaba un camino de elaboración en el estudio, que desembocaría en joyas como el Album blanco, de 1968.

En junio de 1965, la reina Isabel II los declaró miembros de la Orden del Imperio Británico, una distinción reservada, por esos días, a veteranos de guerra y líderes civiles. A fines de ese año, con la aparición de Rubber Soul, su música iniciaba un camino de elaboración en el estudio, que desembocaría en joyas como el Album blanco, de 1968.

Ese look de peinados con flequillo y prolijos trajes nos remite a su primera época, la etapa más pop, y habla además del sentido del marketing que tenía su manager, Brian Epstein, para venderlos a un público masivo y familiar. Ahí están John Lennon (guitarra), Paul McCartney (bajo), George Harrison (guitarra) y Ringo Starr (batería) en los días que salían de gira y, según sus propias palabras, “era tanto el griterío del público que literalmente no escuchábamos lo que cantábamos”.

Ese look de peinados con flequillo y prolijos trajes nos remite a su primera época, la etapa más pop, y habla además del sentido del marketing que tenía su manager, Brian Epstein, para venderlos a un público masivo y familiar. Ahí están John Lennon (guitarra), Paul McCartney (bajo), George Harrison (guitarra) y Ringo Starr (batería) en los días que salían de gira y, según sus propias palabras, “era tanto el griterío del público que literalmente no escuchábamos lo que cantábamos”.

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