«Todavía tengo hambre de gloria» – GENTE Online
 

"Todavía tengo hambre de gloria"

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"¿Yo, el Maradona del básquet? No, por favor, Diego hay uno sólo... El hizo
cosas que ningún deportista del planeta volverá a hacer. Fue el mejor del mundo
y el mejor de la historia. Y para eso, a mí me falta bastante."

Son las 21.45 del domingo 12 y Emanuel Ginóbili (27), después de su sentencia,
confiesa tener antojo de "un rico asado". Hace apenas unos minutos que terminó
de grabar la toma final de un comercial para Gatorade -trece horas corridas en
total-, y luego de una rápida ducha, partió junto a su mujer Marianela y su
representante, en busca de una parrilla porteña para disfrutar de unas buenas
costillas. Tal vez sea la última cena del año en Buenos Aires. Al día siguiente,
por la noche, volverá a Bahía Blanca para reencontrarse con su familia. Y
posiblemente el miércoles, luego de haber sentido el cariño de toda una ciudad
que lo está esperando con los brazos abiertos para agasajarlo, partirá hacia los
Estados Unidos para retomar las prácticas en San Antonio Spurs.

Pero ahora Manu está acá. Del jugador que el año pasado se metió en la historia
del básquetbol -al convertirse en el primer argentino en ganar un título de la
NBA- y que hace unas semanas fue la figura del equipo nacional que consiguió una
medalla dorada en Atenas 2004, sólo me separa el respaldo del asiento de un auto
(él está sentado adelante y yo atrás).Y tras el lugar donde se encontrará con la
anhelada parrillada, comienza la charla con el hombre que, sin dudas, ya se
metió dentro de los deportistas más importantes de nuestro deporte.

-Ganaste la medalla y en lugar de volver al país te quedaste en Europa para una
gráfica de Nike Internacional. Ahora, en tu segundo día en la Argentina,
estuviste trece horas filmando este comercial. Después de esto, ¿se viene la
etapa de Manu actor?
-Espero que no, porque soy muy malo (risas). Me doy cuenta de que esto no es
para mí. Sólo lo hago en casos aislados y de vez en cuando.

-¿Tuviste tiempo para disfrutar y pensar todo lo que conseguiste en estos dos
años?
-Sí, las cosas se fueron dando de a poco y en cada momento traté de analizar y
pensar lo que me había ocurrido. Y este es el tiempo de disfrutar y gozar los
Juegos Olímpicos.

-¿Cuál es el gustito que te quedó después de una hazaña tan grande?
-Fue una experiencia brillante, única. Jugamos bien y fuimos muy sólidos. La
diferencia con los otros equipos fue que nos destacamos cuando había que
hacerlo, algo clave en un campeonato corto.

-¿Por qué creés que este equipo consiguió la medalla dorada?
-Porque hace muchos años que venimos jugando juntos; nos conocemos muy bien y
entendemos las cosas que hay que hacer para ganar. Son pequeños detalles que
diferencian a un equipo muy bueno de uno excelente.

-Además vos tuviste una actuación destacada…
-Empecé con el pie derecho y eso me ayudó muchísimo. No venía jugando tan bien;
llegué un poco tarde a la preparación, y estuve dos meses sin hacer nada. Pero
el hecho de tener un buen partido en el debut hizo que me sintiera más cómodo,
más tranquilo y eso se vio en el resto del campeonato.

El nuevo ídolo. El domingo, mientras grababa el comercial, muchos chicos se le
acercaron para pedirle un autógrafo, sacarse una foto o simplemente tocarlo. Una
suerte de Manumanía se desata en cada lugar público que esté, y son cientos los
chicos que caminan por las calles con la camiseta de la Selección o de San
Antonio con el nombre de Ginóbili grabado en la espalda: "Es muy lindo… Eso me
hace sentir muy orgulloso y satisfecho con todo lo que vengo haciendo".

-¿Creés que semejante idolatría que los chicos tienen por vos puede generar en
el básquet lo mismo que provocó Vilas en el tenis?
-No viví la época de Vilas, era muy chico y no la recuerdo. Pero sé que hay
miles de pibes que se llaman Guillermo por él o que los jugadores que hoy están
en el máximo nivel del tenis comenzaron después de sus grandes actuaciones.
Ojalá que ahora muchos se vuelquen al básquet por el buen nivel de la
Selección... Y si la gente piensa que estoy al nivel de un ídolo de la talla de
Vilas, sólo puedo sentirme inmensamente halagado.

-¿Y habrá padres fanáticos que en estos días bauticen a sus hijos con el nombre
Emanuel?
-No sé, no es un nombre tan común como Guillermo y por ahí es más difícil
decidirse (risas).

-Muchos aseguran que ya te metiste dentro de los seis deportistas más grandes de
nuestra historia, junto a Fangio, De Vicenzo, Monzón, Vilas y Maradona…
-Me enorgullece y me pone muy contento que algunos piensen que estoy a semejante
altura, pero eso no es algo fácil en un país con una historia tan rica en
deportes.

-Por tu casamiento, por la renovación de tu contrato con San Antonio Spurs, por
esta medalla dorada, ¿al calendario 2004 lo vas a poner en un cuadrito?
-Seguramente, porque son tres hechos imborrables. A nivel personal, el
casamiento es un momento clave en la vida de toda persona. Y tanto el aspecto
económico como el deportivo influyen, sin dudas.

-¿Te cambió en algo la vida de casado?
-Absolutamente para nada, lo único que me cambió es que ahora me miro la mano y
tengo un anillo.

-Dentro de todas estas alegrías que pasaste, también se vio a tu familia
custodiada por temor a un secuestro…
-Es como que todo en la vida no puede ser color rosa, algo malo siempre surge.
Sinceramente, que te llegue una amenaza o figurar en lista de cualquier
delincuente es algo que preocupa. Pero bueno, es un problema que tenemos que
afrontar y de ahora en más habrá que tomar más precauciones.

-Después de todo lo que conseguiste, ¿quedan sueños por cumplir a nivel
deportivo?
-Profesionalmente, creo que no quedan sueños pero sí objetivos. Quiero mejorar
mi juego y seguir ganando títulos porque es lo más gratificante del mundo. A
pesar de los éxitos que tuve, todavía tengo hambre de gloria.

-¿Y a nivel personal?
-Los mismos que cualquier persona: quiero formar una familia, ser feliz y que no
le falte nada a los seres que más quiero. Si bien con Marianela todavía no
estamos pensando en tener hijos, los dos soñamos con una familia numerosa.

A los 27 años, gracias a su esfuerzo, su genialidad y sus logros -nada menos que campeón de la NBA y olímpico-, se ganó el título de Mejor basquetbolista de la historia argentina. Un reconocimiento que vive con enorme orgullo.

A los 27 años, gracias a su esfuerzo, su genialidad y sus logros -nada menos que campeón de la NBA y olímpico-, se ganó el título de Mejor basquetbolista de la historia argentina. Un reconocimiento que vive con enorme orgullo.

Ser campeón en la NBA es lo má grande que te puede pasar en el basquet profesional. Pero una medalla de oro Olímpica tiene otro sabor, más amateur, más de la esencia del deporte puro; y, además, hay todo un país detrás de uno"">

"Ser campeón en la NBA es lo má grande que te puede pasar en el basquet profesional. Pero una medalla de oro Olímpica tiene otro sabor, más amateur, más de la esencia del deporte puro; y, además, hay todo un país detrás de uno"

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