«Todavía pienso molestar unos años más» – GENTE Online
 

"Todavía pienso molestar unos años más"

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Por décadas -una eternidad, se diría- "La calle Langeri, frente a la estación Santos
Lugares
" fue código, piedra de toque, meta de peregrinación, Aleph. Fue (es) la casa del maestro, su lección de austeridad, su devoción por la mínima selva del jardín. Y el domingo 24 de junio, sin más testigos que unos pocos íntimos -los de siempre- pero también con la visita de Fernando de la Rúa, Ernesto Sabato, vivo, de pie y con su espíritu intacto,
a los 90 años. Los recibió ataviado con jeans azules y suéter bordó (en él, casi un uniforme), entre sus cuadros, la shakespeariana calavera que huyó de la Facultad de Medicina, el reloj de arena, las dos esculturas mexicanas, el sillón-tijera gris, la breve cama cubierta por una colcha bordó, el azulejo roto en la cocina, el golpe de luz que a cierta hora ilumina la trajinada biblioteca.
Y sus nietos. En el último enero accedió a un largo reportaje de GENTE: el más largo y rico que protagonizó desde entonces. Recordarlo, publicarlo y ponerlo en manos de cientos de miles de lectores es la mejor manera de celebrar esos 90 lúcidos y comprometidos años.

-Su último libro, La Resistencia, se instaló muy rápido a la cabeza de los más vendidos. ¿Qué lo impulsó a volver a escribir, a pesar de su anuncio de que abandonaba la literatura?
-Sucede que la gente está ávida de encontrar un sentido en medio de esta catástrofe que estamos viviendo. Es muy duro soportar la pobreza y la injusticia. El ser humano necesita volver a las verdades más simples para recuperarse del caos y la violencia en que transcurren sus vidas. Por eso volví a escribir.

-¿Hubo también, en esa decisión, necesidad personal, catarsis? 

-Siempre escribí llevado por las urgencias del alma. Este libro surgió a partir de unos diálogos que tuve hace años con Matilde, y un día sentí que había llegado su tiempo.

-Cada reciente libro suyo (Antes del Fin y La Resistencia) es juzgado por la crítica y por los lectores como una especie de testamento. ¿Eso lo alegra o lo irrita?

-Cuando se llega a cierta edad, se sabe que ya no queda demasiado por delante como para desperdiciar el tiempo en cosas menores. Lo que tengo para decir acerca de lo que reflexiono y percibo a diario se impone con la gravedad de los momentos finales. De ahí, es probable el sentido … testamentario, digamos, que algunos ven en mis dos últimos libros. Pero me veo en la obligación de advertirles que todavía pienso molestar unos años más…

-Usted es el único escritor capaz de convocar a una multitud en la Feria del Libro o en cualquier acto similar. En esos momentos, ¿se siente tentado por la vanidad? ¿Se la permite?
-Cada vez que una multitud me recibe con fervor siento una tremenda emoción. El sentimiento que predomina en mí en esos momentos es de gratitud, de profunda gratitud.

-Sobrevivió usted a dos golpes terribles: la muerte de un hijo y de Matilde, su mujer. ¿Qué mecanismos puso en marcha para no doblegarse y seguir adelante?

-La pérdida de Matilde y de mi hijo Jorge me destrozaron. Nunca, después de aquel día de febrero en que perdí a mi hijo, volví a ser el mismo de antes. Nunca había sentido tanto dolor y tanta impotencia. Si después seguí adelante fue gracias al cariño de la gente, a las personas que estuvieron a mi lado, y al arte: a la pintura.

-Cuando, muy joven y con un brillante futuro en el campo de la Física, abandonó todo por la literatura, ¿imaginó un destino igualmente brillante en ella, o la abrazó con temor y humildad? ¿Cómo fue ese proceso?

-Dejé la Física porque simplemente no podía sobrevivir más en ese ámbito. Fue una ruptura que se inició en París. Allí descubrí la amoralidad de la ciencia frente a la guerra, que ya era un hecho. De vuelta en la Argentina me recluí en las sierras de Córdoba y tomé una decisión irrevocable. Fue uno de esos momentos graves, únicos, en los que se juega la vida del hombre. 

-¿Se juzga mejor novelista que ensayista, o viceversa?
-Creo que si algo trascenderá de mi obra, son las tres novelas. Porque la ficción, como todo arte, expresa tanto el mundo diurno del hombre como su lado nocturno, los ángeles como las furias. El gran arte es superior al pensamiento racional, sin duda.

-¿Abjuró de alguna de las ideas vertidas en sus ensayos, o los escribiría hoy tal como ayer?

-No. No abjuro de las ideas que se expresan en mis ensayos. Al menos, no de las principales, de las que participaron de mis grandes decisiones y de mi actitud ante la vida.

-Roberto Arlt escribió: "Los hombres se parecen más a monstruos chapaleando en el barro que a los ángeles con trompetas de los cuadros
antiguos
". ¿Adhiere a esa visión, o mantiene firme cierta fe en la especie humana?

-Roberto Arlt fue un gran creador de una obra trascendente. Lo que usted cita es una de sus caras que expresa, pero de ninguna manera la única, ya que en sus libros hay también personajes llenos de candor y de bondad. Así es la vida…

-¿Qué le sugiere la palabra globalización?
-En mi último libro cuento la tristeza, la desolación que siento frente a este proceso que pretende condenar a los hombres a una masificación de sus culturas. El peligro es que terminemos culturalmente clonados. Una atrocidad frente a la cual les cabe una responsabilidad decisiva a los medios de comunicación.

-Cuenta Pío Baroja que, al oír a bordo de un tranvía el comentario de una familia pudiente ("Hizo bien la tropa en disparar contra esa turba de obreros rebeldes"), volvió a izar su bandera y se lanzó otra vez a la lucha. ¿A veces se siente así?
-Nunca arrié la bandera de la lucha. Según la época, esa lucha tuvo diferentes contenidos. Pero la actitud fue siempre la misma: el compromiso que todo hombre tiene hacia los demás.

-Si hoy tuviera 20 años, ¿por qué causa daría la vida?

-Lucharía por la justicia social y la libertad.

-En una de sus películas, Woody Allen enumera las diez razones por las cuales vale la pena vivir (cierta música, cierta pintura, ciertos libros, etcétera). ¿Tiene usted diez razones por las cuales vale la pena vivir? En ese caso, ¿cuáles?

-Creo que el motivo para vivir es único y absoluto, aunque se exprese de diferentes formas. Es la vida, el sentido sagrado de la vida. Aquello que surge en toda criatura humana aun en las situaciones más terribles.

-¿Por qué intentó destruir, como también lo quiso Kafka, toda su obra?
-Soy horriblemente ciclotímico. Paso de la mayor euforia a la más tremenda depresión. Cuando un hombre se entrega al arte, siente sobre sí la magnitud del intento, y muchas veces lo posee la incertidumbre. Es como un nadador que mira la costa en medio de la tempestad y a merced de un oleaje insuperable. En cambio, otras veces se siente capaz de superar todos los obstáculos. Soy muy crítico, y por eso he quemado tanto. 

-El escritor Andrés Rivera dice que ningún libro cambiará el mundo, salvo La Biblia y El Capital. ¿Comparte esa opinión?

-Los mitos, orales y escritos, salvaron a los pueblos durante milenios. La
Biblia
, por supuesto, pero también otros textos sagrados. Por otra parte, siempre dije (y lo creo) que el arte es salvador.

-Fue usted muy duro en sus opiniones respecto de la ciencia. A la luz de cuanto la ciencia consiguió en los últimos años, ¿mantiene esas opiniones o las modificó? 
-Fui muy duro con la ciencia porque me tocó trabajar en ella durante el terrible momento que precedió a la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, la ciencia salvó la vida de millones de seres humanos. Pero también, a través de la técnica, destrozó la vida sobre la Tierra. Pienso en la bomba atómica, los plaguicidas, las fatales consecuencias de los llamados progresos genéticos…

-¿Cree que las utopías murieron? Si es así, ¿por qué?

-De ninguna manera. En tiempos de crisis es aún más apremiante tener utopías. Es imposible vivir sin ellas en medio de una realidad horrible. Debemos replantear los ideales trascendentes que alentaron el corazón de los hombres en todas las épocas: la justicia, la libertad, un mundo sin miseria ni injusticia social, todo lo que pueda acercarnos a un mundo más humano. Claudicar es un acto de cobardía y de egoísmo hacia los que nada tienen y a pesar de todo siguen resistiendo.

-Si pudiera retroceder en el tiempo, ¿en qué punto de la historia humana quisiera instalarse y sumarse a la lucha?
-Vivir es estar en el mundo y asumir una condición histórica que no puede ni debe eludirse. Como decía Sartre, lo absoluto es la decisión irremplazable que un hombre toma en un momento, a propósito de ciertas circunstancias.

-Si tuviera que escribir el libro negro de Sabato (una suma de errores y de arrepentimientos), ¿con qué lo encabezaría?

-Vuelvo a lo que dije antes acerca de las ficciones y los ensayos. En mis novelas: ahí es donde está la totalidad de Sabato, sus virtudes, sus grandes defectos.

-Estos diecisiete años de democracia, ¿lo esperanzaron, o cree que ese cambio fue sólo formal e incapaz de reparar las grandes injusticias?
-Me invade la tristeza al ver nuestro país, que una vez fue una gran Nación, ensuciado y destruido por los gobernantes y la mayor parte de los políticos. Me angustian el enorme deterioro de la sociedad y la degradación de los tribunales, que deberían ser una institución sagrada para el resguardo y fortalecimiento de la democracia, no el recurso de los delincuentes y los corruptos.

-¿Cómo es hoy su relación con la fe? ¿Se llamaría, como ayer, agnóstico?

-A pesar de mis dudas y contradicciones, siempre fui un espíritu religioso. Pero, ¡cómo no dudar, si la presencia del mal es evidente! Además, hay místicos que se cuestionaron la existencia de un Dios omnipotente y lleno de bondad. Hasta San Agustín se vio atraído por una especie de maniqueísmo. A mi edad, lo que siento cada vez con mayor énfasis es la incapacidad del entendimiento y del esfuerzo humano para darle un sentido a la existencia, al dolor, a la muerte.

-Albert Camus escribió: "La única cuestión importante de la filosofía es el
suicidio
". ¿Pensó usted en matarse?
-Sí. En varias ocasiones, cuando era joven, en mis frecuentes desajustes con la realidad, sentí hundirse el suelo de la existencia y me tentó la idea del suicidio. Pero Camus advierte que ése es el momento en que hay que decidir si la vida merece o no la pena de ser vivida. En mi caso, la respuesta fue siempre afirmativa. Es lo que trato de trasmitirles a los muchachos que me escriben al borde del suicidio. ¡No se imagina la cantidad de jóvenes que pasan por eso! Pero les repito que, siempre, la vida es absolutamente sagrada. Mi lema desde hace años, como usted sabe, es resistir. Y aquí estoy. Resistiendo…

Alguna vez, frente a las dudas y a la desdicha, pense en suicidarme. Pero un dia comprendi que la vida es sagrada, y segui adelante. El verdadero compromiso esta en vivir".
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"Alguna vez, frente a las dudas y a la desdicha, pense en suicidarme. Pero un dia comprendi que la vida es sagrada, y segui adelante. El verdadero compromiso esta en vivir".

Una gran sorpresa: el presidente De la Rúa llegó hasta la casona de Santos Lugares para celebrar los 90 años de Sabato. Fue homenaje y feliz fin de fiesta.

Una gran sorpresa: el presidente De la Rúa llegó hasta la casona de Santos Lugares para celebrar los 90 años de Sabato. Fue homenaje y feliz fin de fiesta.

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