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“Toda mi vida gira en torno a Mateo”

“Toda mi vida gira en torno a Mateo”

Redacción Gente

Son las cuatro de la tarde del sábado 24. Es un día primaveral y los Contardi esperan la señal del cura para entrar junto con otros dieciséis padres a la iglesia San Benito Abad, Palermo, donde van a bautizar a su hijo Mateo, de ocho meses y medio. A los costados de Julieta Prandi (29) y su marido, Claudio (42), escoltan los padrinos: Ezequiel –medio hermano del agasajado– y María José –hermana de Claudio–. Finalmente llegó el gran día. “¡Queríamos bautizarlo hace meses! Pero yo soy primeriza, y Clau hacía veinte años que no cambiaba un pañal, así que también está en la misma, y nos acobardó el frío del invierno. Igual… ¡no sabés lo difícil que es encontrar fecha para bautismo!”, dice Julieta, ya empapada en las tareas de madre. “¡Fue un chino! Sólo bautizan los sábados, y yo tengo que irme a Zapping, así que fue un día maratónico. Organizar la reunión, decorar con globos, los souvenirs, las tarjetitas, la comida, yo me tenía que maquillar… ¡Me la pasé corriendo! Nos levantamos a las ocho de la mañana y me acosté a las dos y media, cuando volví del canal. Pero todo salió perfecto, y lo pasamos entre íntimos. Estamos felices de haberlo bautizado. Me gustaron las palabras del cura, porque no fue denso. La ceremonia fue luminosa”.

–Fue uno de los pocos bebés que no lloraron. ¿Siempre se porta tan bien?
–¡No! Por suerte no lloró con el agua, pero yo le digo “Hulk”, porque se queja y es muy inquieto. Se sacaba las zapatillas y se chupaba las medias; andaba con la camisa por afuera del pantalón… Es un reo total. Y no para, es muy movedizo y capricorniano: ¡tiene un carácter…!

–¿En qué hace notar su personalidad?
–Cuando no quiere algo, ¡grita! Se impone, y si no quiere comer no abre la boca ni aunque lo mates; es muy caprichoso. Ahora está encajetado con los controles remotos y los celulares. Tanto que no soporta verme hablando… Primero, porque quiere acaparar toda mi atención, y además, porque te lo quiere sacar para jugar. Y con el control remoto se pone loco: cuando te diste vuelta… ¡ya lo tiene en la boca! No bien los ve, se desespera y empieza a mover las patitas.

–Muerde todo. ¿Está cortando los dientes?
–Sí, ya tiene los dos de abajo. Está llevándose todo a la boca. Y ahora está por empezar a gatear. Por el momento lo pongo con una frazadita en el piso con sus juguetes, y se queda un rato largo. También se quiere parar; tiene mucha fuerza en las piernas.

–¿Les hacés caso a los consejos de otras madres?
–Depende. Le compré el andador y a la semana se lo saqué. Todo el mundo me lo tiró abajo, y el pediatra planteó tantas contras que prefiero que no lo use. Lo que sí me recomendaron muchas es una sillita con cables elásticos, que se llama jumping, y los chicos rebotan. Dicen que lo ponés ahí y se queda horas, pero no me gustó.

–¿Qué regalos recibió por el bautismo?
–Ropa, un pelotero y un triciclo de bebé que lo manejás de atrás. Tiene de todo: la casa ya es una juguetería. Pero de los juguetes se aburre rápido… De lo que no se cansa es de estar en brazos. Siempre quiere upa. Pero ahora está más selectivo: sólo mamá o papá. Si estamos nosotros no quiere que lo alce nadie más. ¡Y así están nuestras espaldas…! Pesa once kilos y mide setenta y seis centímetros, cuando la medida estándar al año es de setenta y cinco. Es muy alto.

–Los genes…
–Los de ambas familias somos muy altos. En los Contardi hay muchos hombres de uno noventa, y mi papá también es alto. Ya le compro ropa para los doce meses, y en poco tiempo todo le va quedando corto de piernas.

–¿Ahora que está más grande los deja dormir de noche?
–¡Ay, qué tema tocaste! Se despierta cada tres horas para comer, y duerme en la cama con nosotros. Ya sé que es un error, pero como en los primeros meses no dormía, lo acostaba a upa mío y se acostumbró así. Ahora duerme en el medio… Quiero pasarlo a la cuna, pero todavía no lo logré.

–¿Es muy mamero?
–Y papero. A veces me da celos. Está todo el día conmigo, pero cuando llega el padre se desespera. Lo ve y le estira las manitos, y cuando Clau se va a lavar las manos llora, porque cree que se fue.

–¿Cómo te organizás con el trabajo?
–Por suerte no tengo que estar ocho horas en una oficina todos los días. En la semana estoy con él, tengo producciones, campañas, presentaciones. Sigo con mi trabajo de modelo, porque es flexible, programable, y puedo llevar al bebé conmigo. El sábado es el día más largo: vuelvo, él está dormido… ¡y yo me muero de la culpa! Toda mi vida gira en torno a él.

–¿Cambió tu percepción de Zapping y de los escándalos de la tele ahora que sos madre?
–Lo que pasa lo veo por los diarios de Internet, o antes de hacer el programa. Pero no quiero que mi hijo vea quién engañó a quién, quién le dio un beso a Marcelo o quién salió al cruce con tal otro… Eso es parte de mi trabajo, nada más. El zapping hogareño pasa de Baby TV a Disney Channel. Le fascinan los dibujitos. En casa, Mateo es el dueño de la tele.

–¿Se viene la nena?
–¡Claro que voy a tener una nena! Y será cuerva como yo, porque Mateo ya es de Boca, como el padre. Primero necesito poder dormir de corrido a la noche, por lo menos seis meses, y pasar mucho tiempo con mi marido y mi hijo. Mi familia es lo más lindo que me pasó en la vida. Julieta y su marido, el empresario Claudio Contardi, en el bautismo de Mateo. Eligieron un día primaveral, para que el bebé no pasara  frío. ¿Los padrinos? María José, hermana de Claudio, y Ezequiel, su hijo de 20 años, de una relación anterior.

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Julieta y su marido, el empresario Claudio Contardi, en el bautismo de Mateo. Eligieron un día primaveral, para que el bebé no pasara frío. ¿Los padrinos? María José, hermana de Claudio, y Ezequiel, su hijo de 20 años, de una relación anterior.

Julieta –con vestido de Laurencio Adot–, Claudio y Mateo bajan del altar seguidos por los padrinos.

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“Le regalaron ropa, un pelotero y un triciclo de bebé. La casa ya es una juguetería, pero de los juguetes se aburre rápido... De lo que no se cansa es de estar en brazos”

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