“Tengo pudor en decirlo, pero el orden doméstico me ha salvao la vida” – GENTE Online
 

“Tengo pudor en decirlo, pero el orden doméstico me ha salvao la vida”

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Adelante, estáis en vuestra casa!”, grita alguien a siete metros, desde la otra punta del living. Y debe ser él nomás. En especial por cuatro razones: nos encontramos en la dirección que viene habitando durante los últimos veinte años, parece escondido detrás de su nube de humo de cigarrillos Ducados, lo antecede una mesa ratona repleta de esa clase de botellas que no aceptarían una gaseosa cerca y su voz, admitámoslo, su armoniosamente ronca voz es la mismísima que desde hace lustros viene sonando en nuestros combinados, walkmans, discmans y, ahora, MP3. Sí, sí, confirmado, es Joaquín Ramón Martínez Sabina quien nos recibe a las 17.08 en el piso superior del par que habita sobre la peatonal Relatores número 22, humedecida por un otoño que se le resiste al cercano invierno europeo. “¿Habéis viajado bien?”, surge de repente, flaco como el Quijote. “¿Qué podemos invitarles”, mira de reojo a su pareja, Jimena Coronado Merel (“la peruana que duerme conmigo”, repetirá varias veces en los 53 minutos que compartirá con GENTE). “¿Fotos? Donde quieran y cómo quieran. ¿La nota? Igual. Ustedes ordenan, yo acato”, abre en el capítulo Humildad las hojas de un manual poco consultado por las celebridades: el de brindarles a los periodistas un poco más de lo que se les exige. “Tranquilos, que a cambio no rogaré Photoshop”, bromea, ya en cuclillas, ya con la copita de pisco entre sus esqueléticos dedos...

–Escuchamos por allí que se trata de la última gira. ¿En serio rodará dieciocho meses y se retirará?
–Sólo de los estadios y grandes escenarios. Lo próximo será en lugares chicos o mantener abierta la contratación, como Bob Dylan, e ir donde me apetezca. Aparte, el físico lo pide. Desde la última noche con el Nano, en diciembre de 2007, no había agarrao una guitarra. Ni en las reuniones privadas suelo cantar. A menos que esté borracho. Cosa que ahora rara vez sucede.

–Para reaparecer acudió a un poeta amigo, Benjamín Prado, que lo ayudó convocando musas. ¿La inspiración lo había abandonado cual mujer despechada, Joaquín?
–Necesitaba un empuje, porque para la creación en soledad debes estar muy inspirado o muy desconectado. Y yo no aguantaba tres, cuatro horas de tarea ininterrumpida. Además, decidí sumar a Benja porque acababa de dejarlo una chica fantástica. Y, al buscar componer, eso resulta oro.

–¿Acaso hoy lleva una existencia tan aburrida, como para necesitar del desamor ajeno?
–Lo mío hoy son 19 noches y 500 días, al revés que el título de mi mejor disquito. En ese sentido, aceptaría que llevo una existencia aburrida. Ya no estoy todo el día al filo de la navaja.

–¿Y qué es lo más aburrido en su actual vida aburrida? ¿Saca a pasear una mascota?
–Tengo siete gatos, justo para no tener que sacarlos a pasear. Se llaman Elvis, Judas, Margot, Rojo, Lolo, Demon y Margarito. Los que crían perros me han mencionado que son ellos los que hacen el trabajo sucio (risas). Tampoco duermo siesta. Mis costumbres son andar por aquí, sentarme a leer, llenarme una copa, encender un puchito, escribir, asomarme por las ventanas. Me encantan los tejados.

–¿De qué otras costumbres adquiridas se burlarían sus amigos de juergas?
–Ellos están enfadaos. Lógico, antes me contaban sus desventuras en las barras de bares de ínfima reputación, y en la actualidad no me ven vagando por allí. O, de pronto, antes me levantaba a la madrugada y había una pareja –a la que a lo mejor no conocía– follando en el salón, y ahora las llaves le pertenecen a un círculo íntimo, no a veinticinco personas. Aunque sigue habiendo veinticinco personas que pueden venir cuando lo deseen, ¡mientras yo las conozca!

–¿Practica deportes?
–Hago “tos-ing” a la mañana. Me mata la tos.

–¿Además de una copita y varios cigarrillos, algún otro vicio orgánico logró subsistirle desde aquel infarto cerebral de 2001 y su posterior depresión?
–La nariz ahora sólo la uso para respirar. Mis amigos tienen órdenes estrictas de parte de la peruana que duerme conmigo para contestarme “no traje nada”. Ya son diez años alejados de la cosa. Estuve ocho meses sin fumar, pero en cuanto volví a escribir reincidí. En las últimas semanas ando abusando. Como estoy empezando la gira, me he convertido en una histérica, y las chicas histéricas fuman en exceso.

–¿Cuánto tuvo que ver ella, la peruana de 40 años que duerme con usted desde hace diez, en su recuperación?
–Mira, si la Jime no me hubiera quitado de la mano cosas que avanzaban derecho a atentar contra mi salud, si no hubiera tratado de saber adónde iba por las noches, a lo mejor ahora no estaríamos aquí hablando, chaval.

–¿Entonces lo ha curado, lo ha salvado, el amor?
–Ejé. A mí, que me atraen el malditismo y los poemas, las canciones y las películas escritos en el límite de la normalidad, me da pudor decirlo de una. No obstante, a pesar de las tormentas, los vendavales, los tifones y los tsunamis internos, debo reconocer que este tipo de mínimo orden doméstico me ha salvao la vida.

–¿Se siente más sensible, más llorón?
–Estoy para adentro. Puedo pasar diez, doce horas solo, lo que hace que uno sea su propio psiquiatra y escarbe a mayor profundidad que antes en ciertas cosas. Según entiendo, algo así le ocurrió, en otro orden más disparatado y genial, a Charly, que con su retiro ha tenido que mirarse un poco para adentro. Espero.

–Nombra a García. Paradoja del destino: de aquella histórica mesa de La Biblia y el calefón, entre Guinzburg, usted, Maradona y Charly, sólo partió el sanito de la banda, Jorge.
–Te faltó citar a la chica (Graciela Alfano). ¡No la olvides! Estupenda diosa. Acertaste, el único que se ha ido fue Jorge.

–¿Ustedes han hecho un pacto con Satanás o con el Cielo?
–No sé. Yo creo que me alumbró la suerte. Al margen, por lo que observo, lo mío no fue tan duro como lo de Diego, que aparte de ser Dios, cargaba una avidez por comérselo todo y pagar caro tremenda osadía. Lo mío ha sido menos fuerte. Al lado de Charly, te repito, yo era una monja teresiana.

–Respecto a monjas, o casi, ¿con Jimena aprendió a conjugar la palabra monogamia?
–No puedo contestar esa pregunta, por daños a terceras. Pongamos mejor, a ver... En ocasiones, no hay excesiva necesidad de hacerle demasiado daño a la gente que quieres. Y entonces el mal menor a veces es una cierta monogamia. Cierta, eh. Tampoco hay que ser fundamentalista.

–¿Es de susurrar un “te quiero”, un “te amo”?
–A los amigos. Con las novias soy pudoroso.

–¿Y a las hijas? ¿Ahora se siente cerca de Rocío (17) y de Carmela (20)?
–Yo huí de mi propia infancia, del mismo modo que no saboreé la de mis hijas. Porque a los niños los trato como si fueran mayores, y ellos me tratan a mí como si fuera imbécil. Entonces, a partir de su adolescencia empezamos a hablar. Siento que han salido bien, aunque pudieron haber salido fatal y penar en la cárcel por violar viejecitos o apuñalar ancianas. Sin embargo, son buenas estudiantes, buenas chicas, guapas, y no tan putas como su papá. Mis hijas tienen valores, ética. Pese a que una se puso de romance con un catalán del Espanyol, no del Barça. ¡Lo peor de lo peor!

–¿Mérito de Isabel Oliart, la crianza de ambas?
–Fundamentalmente. Su madre nos visita seguido. También su novio, que para colmo es un gran tipo. Ellos sí tienen llave.

–¿Se encuentra preparado para convertirse en abuelo?
–No, pero tampoco estuve, estoy ni estaré preparado para ser padre. Son cosas que a las especies les suceden.

11.958 libros descansan en sus bibliotecas. “11.961”, corrige Jimena, agregando a la lista a Piazzolla, el mal entendido, de Diego Fischerman y Abel Gilbert, La Doce, de Gustavo Grabia, y Vicepresidentes argentinos, de Nelson Castro, que acaba de obsequiarle a Joaquín la recién llegada Jorgela Argañarás, cabeza de JA! Comunicación + Prensa y amiga de él desde sus primeras visitas a la Argentina, al cierre de los 80’, cuando se presentó en la Casona del Viejo Conde de Palermo. Pues claro, el número tan detallado de volúmenes (a la vez separados en bibliotecas que reúnen los autografiados –por García Márquez, Borges, Obama– y las primeras ediciones –de Lorca, Neruda, Víctor Hugo–), obedece al puntilloso catálogo que comanda Lena de Marini, compatriota de Jime y su socia y de Sabina en Los Diablos Azules, un bar que regentean a pocos minutos de distancia. Orden inmaculado del que también forman parte los 3.612 cidís y las 723 películas, y del que, de manera aleatoria, se destacan diversas delicias nostálgicas de mediados del siglo XX: carteles, cochecitos, muñecas antiguas, “pececitos, parquitos, soy un mitómano de objetos con memoria adentro –engloba el inagotable artista–. Podríamos confundir este lugar con cualquier negocio de antigüedades de San Telmo”, nos lee la mente el compositor y músico nacido un 12 de febrero de 1949 en la ciudad de Jaén, provincia de Ubeda, y con cerca de diez millones de discos vendidos. Continuamos.

–¿Y en los cajones guarda letras de canciones aún sin acordes, poemas inéditos?
–Tengo cajones llenos. Tal vez algunos se conviertan en canciones. Lo que sucede es que ahora publico versos en la revista semanal Interviú, y los voy sacando del escondite.

–¿Cómo y dónde escribe?
–Armé un despacho magnífico para hacerlo, y jamás logré sentarme ahí a escribir nada. No tengo computadora, máquina de escribir y teléfono móvil. Apunto en los bares, cuando me dejan, o aquí, de noche, pero tirado en el suelo. Nunca en un sitio fijo, nunca en horas fijas.

–¿No tiene internet, Facebook, Twitter?
–Ni conduzco, ni uso tarjeta de crédito, ni como sushi. El otro día mi gente, muy contenta, me comentó que pasamos a encabezar (lo pronuncia despacio y bien) iTunes, y no supe si ponerme feliz. “A lo mejor soy número uno de algo que me disgusta. No necesito esto”, me quedé pensando. Calculá que para leer no pongo música. Me desconcentra.

–Así que tanto le gusta leer.
–Mucho. Hasta las etiquetas de los champúes. También, y con singular interés, los anuncios de las chicas en los periódicos. Algunos se inspiran en frases de Maradona: “Las mejores mamadas de Madrid” (risas).

–¿Qué verso preferiría para un tema suyo, “Que la mamen” o “La pelota no se mancha”?
–Me gusta “que la mamen” e, incluso, me parece más divertido que alguien la mame a que manche la pelota.

–¿Cocina? ¿Se hace un café?
–No. ¡No! Soy un caballero. Tenemos una cocina enorme, en la que yo escribo canciones.

–A propósito, ¿qué opinó Joan Manuel de Vinagre y rosas?
–Fue el primero en escucharlo. Se trató de una sesión preciosa, puesto que él acababa su segundo disco sobre textos de Miguel Hernández (Nota de la Redacción: Hijo de la luz y de la sombra, que saldrá el 16/2/10). Nos juntamos en su casa para oír salteados un tema de uno, uno del otro... Siceramente, en tal contexto, y con unas copas, nos hubiera gustado cualquier mierda. Cuando debuté en Salamanca, me mandó una caja de Mas Perinet, el vino que hace. Que un individuo de Cataluña envíe una caja de vino no es nada normal. Lo debe haber fanatizado mi compacto.

–Fanatizar, fanatizar. ¿Cómo recuerda el inolvidable partido Argentina-Perú bajo la lluvia, por las Eliminatorias Sudamericanas?
–Terrible. Porque en un momento la Jime, esa chica peruana que duerme conmigo, se enojó feo. “¡Otra vez nos han robado, los cabrones!”, explotó apenas Palermo convirtió el 2-1. No le faltaba razón. Yo me mantenía en silencio, aunque de acuerdo en hacer trampas para llegar a Sudáfrica 2010. No merecíamos un Mundial sin Lio Messi y el Kun Agüero, estrella de mi adorado Atlético de Madrid. Hasta que el árbitro pitó, vi al Diez tirándose en patito, lo imité, y se armó. Acabé durmiendo dos noches en el sofá.

–¿Alguna vez se pone de mal humor, Sabina?
–Estallo feroz si tratan de hacerme ir a un lugar que no deseo ir, y si tratan de que sea demasiado educado con gente que no lo merece. Entonces puedo enrollarme y emitir largas y desagradables alocuciones.

–¿Reconoce algún costado coqueto en su humanidad?
–Yo me considero más soberbio que orgulloso. Pienso que sé cuáles son las cosas que valen la pena y las que no. Y en las que no, procuro perder el menor tiempo posible. Si me descubro en el espejo interior alguna coquetería y alguna vanidad ridícula, no dejo ni que sueñe con asomar a la calle. “Decidí dar asilo a siete gatos en lugar de a un perro, para no tener que sacarlo a pasear”, señala Sabina desde  su living, con Elvis como testigo.

“Decidí dar asilo a siete gatos en lugar de a un perro, para no tener que sacarlo a pasear”, señala Sabina desde su living, con Elvis como testigo.

Se trata de un par de pisos, sobre la calle Relatores, a cinco minutos de la Puerta del Sol. Lo habita desde hace dos décadas. Allí se lucen sus instrumentos y cuadros (en el cuarto nivel, al que se accede mediante una imponente escalera) y los libros, sus fetiches y el estudio (en el tercero). Emocionado, con la camiseta de Riquelme que le mandó el CABJ. “Román le escribe mensajes a mi mujer, para que me los pase: ‘Hola, maestro’, pone siempre”, cuenta Joaquín.

Se trata de un par de pisos, sobre la calle Relatores, a cinco minutos de la Puerta del Sol. Lo habita desde hace dos décadas. Allí se lucen sus instrumentos y cuadros (en el cuarto nivel, al que se accede mediante una imponente escalera) y los libros, sus fetiches y el estudio (en el tercero). Emocionado, con la camiseta de Riquelme que le mandó el CABJ. “Román le escribe mensajes a mi mujer, para que me los pase: ‘Hola, maestro’, pone siempre”, cuenta Joaquín.

“Puedo pasar diez, doce horas solo, lo que hace que uno sea su propio psiquiatra y escarbe a mayor profundidad que antes en ciertas cosas. Según entiendo, algo así le ocurrió a Charly, que con su retiro ha tenido que mirar un poco para adentro. Espero”

“Puedo pasar diez, doce horas solo, lo que hace que uno sea su propio psiquiatra y escarbe a mayor profundidad que antes en ciertas cosas. Según entiendo, algo así le ocurrió a Charly, que con su retiro ha tenido que mirar un poco para adentro. Espero”

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