«Tengo mucho amor para dar. Y ninguna mujer que lo reciba» – GENTE Online
 

"Tengo mucho amor para dar. Y ninguna mujer que lo reciba"

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Arranca el domingo 21. Robbie Williams apenas lleva un par de horas en el
país. Había llegado al aeropuerto de Ezeiza en su jet privado, desde Río de
Janeiro, como un fantasma. Ahí estaba, detrás del vidrio azabache de una van
Mercedez Benz Vito 2.2, junto a su comitiva de veinte personas -entre músicos,
asistentes, managers y personal de seguridad-, y sus cartones de Silk
Cut
. "Cigarrillos para damas", dice él. Tres atados diarios. Apenas
llegó al hotel Four Seasons, enseguida ocupó la Suite Mozart de la
Mansión Alzaga Unzué. Había sushi y sashimi (fetas finas de
pescado crudo), fruta, chocolates, agua Evian, una máquina de café
espresso
, pesas para ejercicio y muchos ceniceros. Todas cosas que pidió
especialmente: le encantan. Después, junto a su tropa de servicio -Josie Cliff,
asistente personal, y Pompey, un ex marine responsable de su seguridad, están
siempre tras sus pasos- pasó por el fino bar Le Dome. Como es usual desde hace
un tiempo, sólo pidió café: alcohol ya no toma… y drogas mucho menos, desde el
día en que el mismísimo Elton John lo cazó de las orejas para internarlo en un
centro de rehabilitación. Tiene una pinta perfecta. Claro, es el popstar más
original, erótico y vibrante que hoy ofrece el planeta.

Viste una remera negra estampada con beso plateado, y pantaloncito rosa.
Bueno, él se dice metrosexual, y, de cerca, se nota su altura -1,85 metro,
exactamente-. Su crew bebe cerveza. Y GENTE, con gorra roja para
disimulo, y un café también, en la mesa contigua. 1:30 horas. Hay un show de
tango. Le divierte. Saca a bailar a la bailarina. Y vuelve con los suyos. Más
que tropa de servicio, barra de amigotes. Y él es el líder. Se ríe, charla, pero
detecta un periodista en la sala, y eso no le cae en gracia. Los caballeros de
seguridad, por suerte, son amables cuando me invitan a retirarme. El y los suyos
aplauden. Esta historia sigue.

EL EGO HA LLEGADO. Robbie Williams o Robert Peter según su pasaporte.
Y a sus 30, es cosa pesada. Que hablen los números: 35 millones de discos
vendidos en toda su carrera, y 2 millones de entradas tan sólo en el 2003. Un
contrato fabuloso con la discográfica EMI que le reportó 18 millones de
libras esterlinas. Hoy por hoy, lo más grosso desde Gran Bretaña. ¿El motivo? Un
tour promocional como para insertarse definitivamente en el oído de estas
pampas, y jugar de local. Vale por demás, para calentar lo que sería su show en
el 2006. "¡Espero estar vivo para ese entonces!", dijo. Que levantó
polvo, nadie osa dudar.

Hablemos del domingo mismo. Se levantó tarde, como todos los días, a eso de
las 11. De almuerzo, nada de cosas extrañas. Hamburguesa, gaseosa y helado. El
tipo quería ver fútbol. Le encanta. Desde la cuna, es hincha del Port Vale FC,
un pequeño club de su Stoke-on-Trent natal, pero no esconde, además, su
preferencia por el clásico Manchester United. Por cierto, una vez atinó a decir:
"Me gusta Boca Juniors". Y no evitó opinar sobre el Diez: "¿Maradona o
Beckham? Beckham es un gran jugador. Pero Maradona es un genio. Lo suyo es arte:
si Da Vinci hubiera jugado al fútbol hubiera sido Maradona. El famoso gol de La
mano de Dios me dolió. Pero el siguiente que hizo se robó el Mundial
". Se
suponía que iría al Monumental para ver River-Independiente. Tenía el palco de
honor reservado. Y dando vueltas por ahí, Luciana Salazar… Mejor todavía. Tan
sólo tenía que ir. Vio el tumulto de fans que lo deseaba y no quiso. La comitiva
fue en su lugar. Prefirió sacudirse en las cintas del gimnasio del Four
Seasons
. "Después lo vi por tevé", afirmó. "¿Cómo se llama ese
rubio que metió los dos goles? ¿Maxi López? ¡Muy bueno!
"

PRESO DE TU FAMA. "Hasta ahora, de Buenos Aires sólo vi el cuarto
del hotel. ¡Es lindo! Mucho oro, y el techo es alto
", dijo. Se quedó,
primordialmente, ahí donde de veras tiene de todo. Jarrones chinos y demás
antigüedades compradas en Sotheby's de Londres, un baño de 30 metros
cuadrados con mármol de Carrara y grifería de oro, productos de baño
L'Occitane
-lo mejorcito en plaza-, tevé de pantalla gigante, DVD y esa cama
inmensa donde ya reposaron Madonna, Jennifer López, Sting, Hugh Grant y
Elizabeth Hurley y, casualmente, su amigo Elton John. Todo esto, en 200 metros
cuadrados. Si de comer se trata, como decíamos, hamburguesas y sushi. Este
último, hasta para el desayuno, con té verde. El domingo, su tropa cenó en
Happening
, allá por Puerto Madero. Para todos sus deseos, Gabriel Olivieri,
gerente de marketing del Four Seasons.

Como decíamos, prefirió el hotel. Aun así, horas antes, a eso de las 19,
mostró un poquito de piel. La remera afuera para exhibir sus casi veinte
tatuajes -excepto la cruz celta de su ingle derecha- y, sí, hasta la colita
mostró en público. Luego, Robbie precisó por radio sobre esa parte suya: "No
lo voy a hacer por mucho más tiempo. ¿Cuánto más puede durar mi culo? Con una
buena cirugía, cinco años más
". Más vale tarde que nunca. Para las chicas
abajo, fue un pandemonio. En su móvil, a la vera del Four Seasons, FM
Hit
montaba el Robbie Williams Day, con sorteo de las dos últimas
entradas que sobrevivían para el muy pero muy exclusivo showcase del
martes -doscientas entradas VIP-, en los estudios de Teleinde, en
Martínez. Robbie, mientras un infierno teen copaba la calle Cerrito, se
reía.

Y si de sus noches se trata, transcurrieron en el bar Le Dome, en el
Four Seasons mismo. En la del domingo, bajó tres veces, ¡con tres remeras
distintas! Una mujer le preguntó si era feliz. Su respuesta fue: "¿En
puntaje? De ocho a diez
". Otra vez, café con su comitiva, y a dormir se ha
dicho. Nada de pasiones en la Suite Mozart para el popstar más
erótico de todos. No salió. No hizo mucho. No quiso. Flor de contradicción. Un
recluso de sí mismo.
"Dios, ¿por qué me diste un pene de 13 centímetros?" Así abrió la
conferencia de prensa, el lunes 22, a las 14, en la Esquina Carlos Gardel. Y
para echarle sal a la herida, luego dijo: "En la cama, soy promedio".
Para las chicas, desilusión total. A modo de consuelo, posa para la foto -la
única oficial en cuatro días de visita, aclaremos-. Queda en musculosa. Hace
jueguito con una número cinco. Lo hace bien. Robbie, en plan expansivo. Hace
chistes. Se babea con su vaso de agua. Prende un cigarrillo. Prende otro. Una
periodista le pregunta por sus demonios internos. El confirma que están todos
muertos, y que si a ella le interesa, puede pasar más tarde por el hotel, que le
muestra su demonio.

¿ERAS VOS? Conferencia de prensa, otra vez. GENTE se juega la última
pregunta, pero el se anticipa:

-¿No estabas vos, el otro día en el bar?
-Sí. Era yo.

-¿Con una gorra roja?
-Efectivamente.

Robbie se ríe hasta el reviente, y dice: -Ahora les voy a mostrar a todos
cómo este tipo entró al bar…
Comienza a caminar, a pura comedia, con cara… ¿cómo decirlo? Bueno, con cara de
periodista que anda espiando.

-Era obvio que eras periodista, pero la hiciste bien -remata.
Una comedia de un tipo dueño de millones de billetes, de millones de adoradoras
y adoradores, de un talento y sexualidad imparable, pero sin mujer que lo espere
por las noches. Una mujer, como la que espera a cualquiera de nosotros. El dice,
de tanto en tanto, que busca desesperadamente a la señora Williams.

-Nuestra pregunta, Robbie. Tenés todo lo que un mortal desea. Y sin
embargo, te sentís solo. ¿Qué pasa?
-Tengo mucho amor para dar, y ninguna mujer para que lo reciba -dice en
serio. Y termina el show.

por Federico Fahsbender y Alejandro Sangenis

informe: Federico Schirmer y Flavia Romero

fotos: Fabián Uset, Julio Ruiz, Maximiliano Vernazza, Movilpress y gentilezas
Ideas del Sur, EMI Argentina y CIE

Lunes 22, 6.30 de la tarde. El ídolo británico se asoma por el balcón de su habitación en el hotel <i>Four Seasons</i>, con el torso desnudo, hablando por celular y fumando. Un transgresor que arrasó a sus fans con su carisma.

Lunes 22, 6.30 de la tarde. El ídolo británico se asoma por el balcón de su habitación en el hotel Four Seasons, con el torso desnudo, hablando por celular y fumando. Un transgresor que arrasó a sus fans con su carisma.

Su ingreso a la conferencia, en pleno barrio del Abasto. Pura facha.

Su ingreso a la conferencia, en pleno barrio del Abasto. Pura facha.

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