“Tengo menos miedo de mostrar mi cuerpo que mi alma” – GENTE Online
 

“Tengo menos miedo de mostrar mi cuerpo que mi alma”

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Ahora –dice– me siento más desnuda que durante las fotos, aunque ahí estaba casi sin ropa”. Son las dos de la madrugada y el grabador dejó de correr hace unos minutos. Ya casi no hay gente en La Rosa Negra, donde ella eligió unos champignones rellenos, y un Malbec Santa Paula (“una bodega chiquita, un sabor muy suave”, señala como si fuera una experta). Dos horas antes, Araceli había comenzado a hablar del capítulo que protagonizó en Mujeres asesinas, donde las escenas de sexo y desnudos y su actuación, la llevaron a un lugar que nunca había transitado en su carrera. Pero algo pasó esta noche: Araceli fue mostrando, poco a poco, sus sentimientos más íntimos. Y quedó, así, al desnudo.

–Cuando me propusieron ese papel, lo primero que sentí fue rechazo: “¿Una asesina yo?”, me negué. Después leí el libro. Y me llegó la ansiedad y el miedo, más allá de que yo pudiera interpretar ese rol... Era irracional. Y me lo pregunté: “¿Por qué voy a tener miedo si son cinco días de grabación, no es una película donde hay que meterse en el personaje durante meses y quizá eso pueda afectarme?”. Mi hija me impulsaba: “Dale mamá, tenés que aceptar, siempre estás haciendo de la pobrecita, la que llora, la chica buena”. Y fui con esta inquietud a mi terapeuta. Ella me hizo ver que todos convivimos con nuestros demonios, que tenemos miedo de enfrentarlos, y que un personaje al límite nos hace ver nuestro lado más oscuro.

–Fue la primera vez que te animaste a fuertes escenas de sexo.
–Sí, y pensé en mil cosas: en mis hijos, en mi familia, en las reuniones de padres del colegio, qué sé yo. Pero la vida te presenta oportunidades. Cuando eso pasa, yo me entrego.

–¿Y qué sentiste?
–¿La verdad? ¿Viste que te preguntan si en esas escenas uno se calienta, se excita? Te contesto: no pasa nada. Uno no piensa en el otro, ni se da cuenta que está ahí. Esa persona que tenía abajo, no existía. Al día siguiente me llamó mucha gente y me sentí feliz por haberme animado a hacer algo tan distinto. Vi todo con mi hija y con Nicolás (Cabré), y fue muy fuerte.

–Tu personaje les repetía a los hombres, como un susurro: “Decime que te gusto”. ¿Vos también necesitás gustar?
–Las mujeres tenemos esa presión de tener que estar espectaculares siempre, eso que te hacen ver que estás envejeciendo, que no podés competir con una de veinte. Nos ponen en un lugar muy difícil. Desde chica, siempre me importó mucho lo estético. Te mentiría si te dijera “no me importa estar gorda”. Me cuido, quiero verme linda, pero también quiero alimentar mi parte espiritual. Puedo quedarme con hacer las fotos sexys de la nota, te muestro el culito, mirá qué bien que estoy, pero sé que si me quedo con eso, mañana me voy a querer matar. Como los 24 puntos de rating de Mujeres asesinas, sé que también el físico es efímero: son cosas que van a desaparecer. Cuando todo se me caiga, quiero estar en paz conmigo misma.

–¿Te da miedo pensar que un día todo se va a caer?
–En esta profesión es algo que influye tanto que a mí me hace pensar :“Yo me voy antes de que eso suceda”. Me pasó cuando dejé de ser modelo y empecé como actriz. Dejé todo en el mejor momento de mi carrera. Pero yo estaba convencida: “Ya no puedo seguir con 25 años, ya está para mí”. Veía a las de 15, a las de 16 y me daba cuenta de que me tenía que ir, buscaba algo que copara mis nuevas inquietudes, y así llegué a Nano.

–¿Te sentís una mujer deseada?
–Jamás me sentí una mujer muy deseada, te digo la verdad, pero me siento más deseada ahora, a los 38, que a los 20. Hoy tengo una seguridad que no sentía a esa edad; antes no me hubiera atrevido a hacer un desnudo en la tele.

–¿Te gusta provocar con el físico?
–Sólo en la intimidad. Y lo necesario, como parte del juego. Pero me encanta todo lo que es estético, me seduce muchísimo. A un hombre le miro las manos, el cuerpo, la cara, le miro la ropa, los zapatos, los pies... Me parece que la presentación de una persona tiene mucho que ver con quién sos.

–Los metrosexuales van a la peluquería y se hacen reflejos, van al cirujano y se ponen botox. ¿También te gustan?
–No me banco al hombre afeminado, esa cosa tan nueva del tipo muy producido que se compara con Beckham. A un hombre lo quiero bien producido, pero bien masculino, que pueda sacar toda esa parte femenina que yo tengo oculta.

–¿Ocultás tu parte femenina? No parece.
–Sí, ¿y sabés por qué? Porque soy una mina que siempre tengo que estar tomando decisiones desde que me levanto hasta que me acuesto, y no siempre tengo con quién consultar. Así me muevo con todo: con mi familia, con la casa, con el trabajo.

–¿Existe hoy el hombre que haya sacado esa parte femenina?
–Existe una persona (Roberto Behrens, 36, empresario uruguayo, que está con Araceli desde febrero) que me acompaña bien. Hoy sólo quiero un hombre que me haga sentir paz.

–¿Y la pasión?
–También, pero no quiero esa cosa de la adrenalina, del corazón que se te sale por la boca. Estoy en otra etapa. Quiero un compañero, alguien que me mime, que me haga sentir bien, que me dé confianza. Necesito confiar.

–¿Tenés más pudor para desnudar tu alma que tu cuerpo?
–Es mas riesgoso mostrar el alma. Antes entregaba el alma con mucha ingenuidad. Ahora estoy destapándome más en el físico y cubriendo más el espíritu; tengo menos miedo de mostrar mi cuerpo que mi alma. Ya aprendí.

–¿Lo hacés porque te lastimaron?
–Muchísimo. ¿Sabés qué pasa? Un hombre puede poseer un cuerpo, pero es muy difícil que posea el alma de una mujer, y eso te hace más interesante. Obviamente que muchos se conforman con el físico, porque así creen que te tienen. Pero nunca poseés a una mujer del todo si no tenés su alma.

–Volvamos a la seducción. ¿Qué creés que seduce de vos: tus curvas o tu personalidad?
–No sé... Tal vez vean a una persona normal, cercana, y eso puede seducir. “Es la de la tele, la de las revistas, la ex de…”, pero no se quedan con el mito: saben que soy una mujer real.

–Dijiste “la ex” con voz rara. ¿Te pesa que te digan así?
–Sí, me jode que digan la ex. Son dos letras que detesto que pongan delante de mi nombre, porque una sigue siendo, más allá de haberse separado. Cuando te ponen ex es como que ya sos ex persona. Tampoco me gusta que se lo pongan a Adrián.

–¿No te molesta porque es una historia que no podés cortar?
–No, no es por eso. Te confieso que al principio, cuando salía del país, me costaba poner la cruz en el casillero que decía divorciada. Fue durísimo, porque cuando me casé era para siempre. A nosotras nos dieron como mandato casarnos, el vestido de novia, tener hijos y un marido para toda la vida como la familia Ingalls, cosa que en la sociedad que vivimos casi no existe más. En ese sentido yo era muy ingenua: para mí todo era color de rosa, sentía que estaba casada y ya estaba todo bien; iba a tener hijos, la casa, y esperar los nietos. Hoy prefiero haberme separado y tener una tercera posibilidad de vivir, en lugar de dibujar una relación inexistente.

–¿Qué es el deseo sexual para una mujer libre como vos?
–El deseo es algo fantástico si lo acompañás de la necesidad de conocer al otro. Me jode soberanamente que muchas mujeres sean sólo objetos de deseo. Me caen pésimo los hombres que juegan a eso. Los histéricos no me seducen nada.

–Pero hay sexo sin amor…
–Sí, pero es necesario que algo te pase con esa persona, porque el amor va creciendo después. Lo que no hay para mí es sexo por sexo. No soy una mina de calentarme por una noche, no es que tomo dos copitas y me vuelvo loca.

–¿Entonces, vos no le creés ni un poquito al que dice amar a una mujer pero siempre es infiel?
–No le creo. Si un hombre dice amarte pero tiene constantemente otras mujeres, tendrá que ver qué es el amor para él en la vida. A mí no me hace feliz que me amen de esa manera.

–A la hora de hacer el amor ¿qué es lo que más te seduce?
–Disfruto del antes, y del después mucho, mucho, mucho. El abrazo, el recostarte en el hombro del otro, la caricia, los ojos cerrados. Lo más lindo del después es que se conocen un montón de cosas del otro. Es el gran momento de la ternura.

–¿Por qué seguís sin presentarle una pareja a tus hijos?
–Porque hay un tiempo que me quiero y les quiero respetar. En casa, la familia somos los tres, y nos tenemos todos el mismo respeto. Entonces es algo que yo quiero hacer cuando realmente sienta que hace falta.

–Si formaras una nueva pareja ¿querrías tener más hijos?
–Sí, me encantaría. La Tota (Florencia, 17 años) ya está grande, se va a ir, me tienen que quedar otros. Me cuesta mucho pensar en vivir sin ellos… Cuando Flopi me habla de ciertas cosas me transpiran las manos. “Mamá ya estoy grande, me voy a estudiar a la capital y vivir en Pilar me va a quedar lejos; voy a necesitar tener un departamento”, me dice. Y yo pienso en voz baja: “Bueno, nos iremos todos al centro”. La casa tiene vida con ellos, no sé cómo hay gente que puede vivir sola. Yo me moriría: hoy sé que llego y está el Toto esperándome y la alegría más grande, es el amor más puro, el más verdadero.

–¿Y no existirá ese hombre que también te quiera esperar?
–No pienso en eso, porque durante mucho tiempo yo organizaba todo, y nada resultó. Ahora me dejo llevar. Si tu destino es estar con alguien, va a ser, te lo vas a cruzar en 20 años, o en 10.

–Dicen que la vida hoy te lleva otra vez al lado de Suar.
–No sé qué dicen. Adri y yo tenemos una relación increíble, hablamos mucho, nos apoyamos, es un padre excelente. Pero hoy cada uno hace su vida. Nadie sabe qué pasará mañana. Lo único que sé es que quiero estar bien, porque me costó mucho ser la mujer que soy. Hay dos etapas en mi vida: la de casada y ésta.

–¿Cómo eras en tu vida de señora casada?
–La anterior es la mujer que una vez que se casaba era ¡ca-sa-da! y no deseada. Tenía tanta ingenuidad que me creía todo. Yo no estaba bien, pero no me ocupaba de lo que me pasaba. Te doy un ejemplo: hacía una fiesta en casa y la única que no la disfrutaba era yo. Me ocupaba de que fulano hablara con mengano, que se sentaran juntos los amigos, estaba tan atenta a todo que cuando terminaba la noche sentía un gran vacío.

–¿Y por qué lo hacías?
–Desde muy joven trabajé mucho para cumplir con mandatos. Tenía claro lo que no quería ser y buscaba dar el salto para llegar adonde estoy. Recién ahora estoy aprendiendo a ser mujer. Mi vida fue un Fórmula Uno a 250 km por hora. No tenía tiempo de ver qué me pasaba. Y cuando lo hice, llegó el cachetazo, la gran crisis que me obligó a plantearme mis errores.

–¿Cuánto tiene que ver tu corazón en este cambio?
–Muchísimo. Por eso ahora lo cuido tanto.

–¿La nueva Araceli dejó de creer en el amor para siempre?
–No quiero dejar de creer, porque la gran búsqueda de nuestra vida es la del amor eterno. Eso es lo que todos soñamos.

Ara, espléndida, posando en la producción para GENTE sin complejos. “<i>Las mujeres tenemos esa presión de tener que estar espectaculares siempre… Me cuido, quiero verme linda, pero también quiero alimentar mi parte espiritual</i>”

Ara, espléndida, posando en la producción para GENTE sin complejos. “Las mujeres tenemos esa presión de tener que estar espectaculares siempre… Me cuido, quiero verme linda, pero también quiero alimentar mi parte espiritual

 “<i>Como los 24 puntos de rating de </i>Mujeres asesinas, <i>sé que también el físico es efímero: son cosas que van a desaparecer. Cuando todo se me caiga, quiero estar en paz conmigo misma</i>”

Como los 24 puntos de rating de Mujeres asesinas, sé que también el físico es efímero: son cosas que van a desaparecer. Cuando todo se me caiga, quiero estar en paz conmigo misma

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