“Tengo el sexo, el corazón y las arterias de una chica de 22” – GENTE Online
 

“Tengo el sexo, el corazón y las arterias de una chica de 22”

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Para la ciencia tenés 22 años”, le dice el doctor Rubén Mühlberger, médico personal de Moria Casán, y cuenta una anécdota que sorprende. A la vedette le habían realizado un estudio arterial tridimensional, que determina el estado en que se encuentran las arterias. También le colocaron un holter y le hicieron una resonancia en el cuerpo. Digamos que la revisaron desde el cerebro hasta los pies.

Mühlberger advirtió que sus colaboradores se habían reunido y hacían comentarios que demostraban asombro. Preocupado, pensó que habían descubierto algún problema. Se acercó y preguntó qué sucedía. “No lo podemos creer. Los resultados obtenidos corresponden a una mujer de aproximadamente 22 años”, le informaron. El doctor sonrió aliviado. Lo mismo hace Moria hoy, mientras concede esta entrevista. Son las nueve de la noche de un día intenso: la producción fotográfica comenzó a las dos de la tarde y ella luce radiante. “No conozco la palabra cansancio, la saqué de mi vocabulario”.

Moria explica que con la terapia ortomolecular que desarrolla Mühlberger logró bajar 7 kilos de peso, estilizar sus piernas y reducir 20 centímetros de cadera. “Se trata de una verdadera revolución biogenética, la medicina del futuro. Consiste en suministrar al organismo las sustancias naturales encontradas en una dieta sana, como vitaminas minerales, enzimas, aminoácidos y oligoelementos, entre otras moléculas vitales. Todo este proceso tiene efectos antioxidantes, regeneradores y bio–oxigenantes. ¿El objetivo? Detener el envejecimiento, prolongando la vida a 120 vitales años”, explica el médico. La diva escucha atenta las definiciones de su “gurú anti–age”, como ella lo bautizó. Cuenta que siente que su piel, su cerebro y el resto de sus órganos están en un estado inmejorable. Y se atreve a posar desnuda, con sólo un brazalete de brillantes sobre su anatomía. Y a decir que tiene el sexo, el corazón y el cerebro de una chica de 22.

Sí, es Moria en estado puro. Y entonces confiesa: “Fue tal la emoción y el shock que me provocaron los resultados después de un año de trabajo, que no lo podía creer. Siempre fui una mujer armonizada, pero me entregué a Mühlberger y me terminó de poner en eje. Me provocó un estado de preservación constante, de reinventarme, transformarme y renacer. Tiene que ver mucho con que te ves más sabia, y al sentirte de 20 años con la edad que tenés, el mundo es tuyo. Cuidado: no recuperás la juventud a través de cirugías. Nunca estuvo en mí esta cosa de apendejarme con el bisturí. Ahora, si bien soy sana y ayudan mi genética, mi disciplina y mi filosofía de vida, si no creyera en esta medicina y me entregara, tal vez los resultados no hubiesen sido los que alcancé”.

–Moria, un par de frases más y me contás que el doctor casi te convierte en inmortal...
–No es para tanto, pero te cambia la vida y la estructura de tu cuerpo. Yo siempre fui energética, pero ahora siento que mejoro mi figura con mis propios elementos, y otros extras que resultan sanadores, balsámicos, súper equilibrantes.

–¿Para tanto?
–Trato de salir siempre solita de todo, pero esto te armoniza. Tienen que ver tu actitud, tu filosofía de vida. No cualquiera lo logra. Hay que estar predispuesto y confiar. Cuidado: no es un lugar donde te levantan la cola y te la ponen de mochila. No es estética pura. Es verse y sentirse bien, es reordenar tus moléculas.

–¿Y qué te dicen aquellos que te conocen desde hace tiempo? ¿Notan los cambios?
–El impacto es impresionante, no lo pueden creer. Se quedan hipnotizados, observándome. En el teatro estamos arrasando con la gira, y el 70 por ciento del público son mujeres que vienen a ver cómo estoy. Me preguntan cómo hago para estar así. Te digo que se percibe en la piel, en las manos, en el escote. Porque los defectos se notan no sólo en las arrugas: también en la falta de humedad del cuerpo.

–¿Cómo fue que te enteraste de este método?
–Estaba en el gimnasio y me comentaron acerca del doctor; fui y le pedí una entrevista. Ese mismo día me entregué a él. Me fascinó, porque en la primera consulta me inyectaron algo y hasta salí con la voz distinta, mejorada. Son sueros con oligoelementos, antiácidos, vitaminas, con todo lo que tiene tu sangre. El y su equipo tienen un plus espiritual: mística, no sólo ciencia. Tiene que ver con lo energético, con esa cosa medio oriental. Soy su modelo, su paciente fetiche, pero no por ser mediática, sino por los resultados.

–¿No le temés a eso de la eterna juventud?
–No. Yo soy la mujer de la eterna juventud, ja, ja.

–¿Cuánto tiempo pasás en la clínica para hacerte todo este tratamiento?
–Es personalizado. Voy una vez a la semana y me quedo unas cuantas horas, porque es un agasajo al cuerpo. Me hago todo: cremas, geles, aparatos.

–¿En qué otros detalles sentís el rejuvenecimiento?
–Me levanto perfecta para encarar el día, con más energía. Siento una gran armonía. Antes tenía que trabajar más para lograrla, para administrarla. Ahora me sucede naturalmente: es casi orgánico, va conmigo. Me sale automáticamente.

–¿Estás más mística?
–Sí, y tiene que ver con las charlas que tengo con el doctor, que me armonizan. Me doy cuenta de que cautivo a las personas. Me siento una gurú del optimismo. Me vienen a ver al teatro y los evangelizo. Les gusta escucharme y mirarme haga lo que haga. Creo que nací con sabiduría, porque decidí muchas cosas de mi vida cuando era niña... Eso, manejado con toda esta cosa interna que me da el doctor, resulta un combo ideal. La clave es verse y sentirse bien. Mi hija me dice: “¿Mamá, dónde están tus caderas?”. Porque yo era muy barroca... Ahora estoy estilizada, como modernosa. Por eso puedo jugar a ser una modelo, como lo hago en estas fotos. A mi edad puedo hasta posar para una revista de modas. Desafío a cualquiera a ver mis fotos en crudo, sin photoshop. Ponelo en la nota, para que quien quiera escribirles un mail tenga la posibilidad de ver la realidad. Yo les digo a las señoras: “Con el tratamiento del doctor lográs un photoshop molecular”.

–¿Te sentís más pacífica y relajada o potenciaste tu combatividad?
–Tengo la lengua más ácida y karateca, pero me siento como si viviera de vacaciones. Trabajo con chicos de 20 años y están todos cansados. A mí eso no me pasa. Esta terapia es balsámica, un antiage preventivo. Es la medicina del futuro, para vivir más años en excelente estado. No es un bisturí que te levanta el c...

–Eliminaste la palabra cansancio. ¿También excluiste el término envejecer?
–Claro. Este sistema es maravilloso, porque todo rejuvenece. Para mí, la gente envejece porque ve envejecer a otros. En la época del climaterio todas las mujeres engordan; yo, al revés: adelgazo como una adolescente. Hay que estar cada día mejor, no peor. Si no, te intoxicás. No hay que pensar estupideces ni perder energía en pavadas. Se debe apuntar al éxito. No es una cuestión de ego; es que si no, no podés ayudar.

–¿Y cómo ves a las personas de tu generación?
–En general, las personas mayores del medio son tan decadentes que no puedo creerlo. Son gerontes de cabeza, maquillados por dentro y por fuera, mintiendo emociones, con una lectura muy para afuera. No tienen plus espiritual ni disciplina.

–¿Con este método te olvidaste de las cirugías?
–Sí, porque nada de lo que te hacen es invasivo.

–¿Y qué efectos creés que causás ahora en los hombres?
–Me siento un ícono. Para los hombres represento un drugstore humano: estoy “open” 25 horas, no 24. Pero ahora estoy tranqui. Tengo la libido puesta en reordenar mi casa, redecorando... Con What Pass, mi espectáculo, de gira, con un éxito impresionante. Con la escuela de arte, con el restó, con muchas cosas.

–¿En cuánto influye este tratamiento en la parte sensual y sexual?
–Es determinante: el doctor tiene una dieta afrodisíaca brutal. Preguntales a los señores. Nunca les puedo consultar, porque quedan todos de cama.

–Te escuché decir que no sos súper exigente en cuestiones sexuales. ¿Me aclarás cómo es eso?
–Me gusta la onda distante, frío/caliente, el conservador clásico, no el súper baboso. Nado en un equilibrio. Soy todo o nada, fuego y agua. Eso sí, no me gusta mirar el techo... Hasta ahora nadie me demostró que lo hace bien estando arriba. Tener un peso encima, me desarmoniza. Soy muy geisha. Eso provoca una dependencia. Se transforman en Moria. Mis parejas sufrieron el síndrome de la filatelia: se pegan a mí como estampillas.

–Renegás, pero siempre tenés un hombre al lado.
–Reconozco que necesito más a los hombres que ellos a mí. Siempre termino en pareja. Al tener un ordenamiento pleno de moléculas, me convierto en una mujer activa... Ojo, no quiere decir que haga kamasutra todos los días. Ahora soy la mujer molecular: tengo orgasmo molecular, harén molecular... y hasta touch and go molecular. Moria luce su nueva figura y advierte: “Esta terapia es balsámica, un antiage preventivo, para vivir más y en mejor estado. No es un bisturí que te levanta el c...”

Moria luce su nueva figura y advierte: “Esta terapia es balsámica, un antiage preventivo, para vivir más y en mejor estado. No es un bisturí que te levanta el c...”

“Fue tal la emoción y el shock que me provocaron los resultados después de un año de trabajo que no lo podía creer. Siempre fui una mujer armonizada, pero me entregué a Mühlberger y me terminó de poner en eje”.

“Fue tal la emoción y el shock que me provocaron los resultados después de un año de trabajo que no lo podía creer. Siempre fui una mujer armonizada, pero me entregué a Mühlberger y me terminó de poner en eje”.

“Las personas mayores del medio que veo son tan decadentes que no puedo creerlo. Son gerontes de cabeza, maquillados por dentro y por fuera, mintiendo emociones, con una lectura muy para afuera. No tienen plus espiritual ni disciplina”.

“Las personas mayores del medio que veo son tan decadentes que no puedo creerlo. Son gerontes de cabeza, maquillados por dentro y por fuera, mintiendo emociones, con una lectura muy para afuera. No tienen plus espiritual ni disciplina”.

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