“Tengo cuatro obras, un best seller, quince amantes y ningún amor” – GENTE Online
 

“Tengo cuatro obras, un best seller, quince amantes y ningún amor”

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Quién es Fernando Peña…? ¿El que no sabe por qué accedió a cruzar el microcentro con 35 grados que calcinan? ¿El que deja en claro que no le gusta posar para las fotos aunque sugiere un gesto tras otro? O es, en cambio, el que siente que está envejeciendo, el que ya no descarta que Dios exista y que disfruta de levantarse al alba. El (o ellos) hablan de todo. La charla, con el grabador en rec, se da en su auto, un modelo ’89 que para poner en marcha debió pedir batería prestada. Ahora sí podemos arrancar…

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–No siento un respeto ceremonioso o protocolar por el teatro. Para mí es un ring, un arenero, un espacio de juego. Me le animo mucho. No soy de esas personas que tienen que tener todo meticulosamente preparado para que las cosas sucedan. Tengo el guión, una propuesta de luces, una puesta, un sentimiento madre y después empiezo a improvisar…

–¿Tu público cambió con vos?
–No quiero sólo fans, pero sí gente a la que le interese lo que propongo, que conozca mi forma de trabajar y que se ocupe de decidir qué es lo que va a ver. Tengo el estigma de que me comparen con Pinti, Gasalla, Perciavalle, Posca o Tortonese… Y no somos una banda de loquitos salidos de la misma bolsa. Cada uno tiene su estilo, sus propuestas, sus cosas.

–¿Te molesta la ignorancia?
–¡Muchísimo! Pero que quede claro: no lo digo en tono peyorativo. No hablo del tipo que no pudo terminar la escuela, sino de aquel que no tiene inquietudes. Si viene a ver mi trabajo escénico y yo le muestro los vericuetos del ser humano, y no entiende nada, me odia. Ahí llega el malentendido. Dice que soy un degenerado, que no tengo derecho a vivir, que soy un amoral. Aquel que tiene un pensamiento lineal no entiende que yo recreo monstruos para que todo el mundo se dé cuenta de que hay gente así. Me vende mal.

–Tu obra Por favor no vengas transcurre durante una cena navideña. ¿Cómo son tus Fiestas?
–Me encanta Papá Noel y esas boludeces. Mis 24 de diciembre son noches divertidas, con amigos sin hijos ni fuegos artificiales pero con velitas perfectas, una pava rellena… Todo como debe ser. Después hacemos una ronda de lecturas de cuentos hasta las tres de la madrugada. La obra es un dramón, pero no tiene que ver conmigo.

–¿Y el Año Nuevo?
–No me gusta. Es una fiesta demasiado eufórica. Además, creo que el tiempo es cíclico. No existe la ruptura del año.

–¿Cómo fueron tus Navidades infantiles?
–Geniales. Mi padre me hacía regalos millonarios: carting a motor, bicicleta, órgano, pileta Pelopincho, salvavidas enormes, balsas, carpas… Todas cosas inmensas. ¿Sabés a qué edad me enteré de la verdadera historia de Papá Noel? ¡A los doce!

–¿Perdón?
–Quedé como un tarado. ¡Mi hermano menor se enteró a los seis! Me acuerdo de la imagen de mi papá y mi mamá, y la frase: “Tenemos algo que decirte”. Me puse como loco. Sigo siendo muy ingenuo, volador. Creo en todo, ovnis y fantasmas incluidos. Es raro que no crea en Dios… En realidad, diría que no sé si no creo en Dios. Ahora estoy con una postura más flexible.

–¿Qué cambió?
–La duda siempre fue simple: no lo vi. Pero antes tenía una posición más terca, estaba enojado con los que creían, me parecía patético. Ahora no sé… Pasan tantas cosas raras… Pero fe no tengo. Y en la Iglesia no creo nada: me parecen unos desvergonzados.

–¿El balance del 2007?
–Estoy feliz de que mi libro Gracias por volar conmigo sea un best seller. Ya se vendieron 15 mil ejemplares, que rotan de mano en mano. También tuve un muy buen año radial, sobre todo desde que empecé a dar más lugar al personaje Peña (ese otro que él define como “un puto regio, millonario y que sólo va a lugares top”). También entendí que a la gente le divierte que cuente cosas de mi vida.

–¿Te cansaste de tus criaturas?
–Me estaban ahogando, me causaban una sensación muy claustrofóbica, y pienso que al público también. El personaje tiene un límite y llega un momento en que la gente quiere ver a la persona de verdad, y dice: “Basta, sacáte la careta, mostráme cómo sos”. La radio es mi diván: hago terapia al aire. Me encanta mi horario (de lunes a viernes de 7 a 10 por La Metro, 95.1). Me levanto a las cinco y media y no me cuesta nada. Vivo a esa hora.

–¿Desafíos?
–Tengo ganas de hacer Peña clásico, también en el Margarita Xirgu. Mi abuela Gloria Bayardo fue profesora de actores ahí y mis raíces españolas me tiran. Estar en ese teatro desde febrero me va a hacer muy feliz. Además, me dieron vía libre para improvisar... Me imagino un cartel en el que esté vestido con un smoking. Después me pondría el overol de actor y haría monólogos de Lorca, Ionesco, Wilde, Pirandello, algo de Shakespeare, Cervantes. También me gustaría trabajar textos de la Antigua Grecia y piezas más modernas de Alejandro Casona y Tennessee Williams. Me imagino las poesías de Sylvia Platz…

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Pasan los minutos y los semáforos en verde, pero las filas de vehículos que se dirigen hacia San Isidro, donde vive, no avanzan. El aire acondicionado de su auto rojo apenas atenúa los irascibles rayos del sol. Los bocinazos se multiplican y los peatones, cargados de bolsas con regalos, cruzan las calles sin mirar. El sí los observa.

–Parece que hay euforia, pero los argentinos están mal. Vencidos, tristes y cansados de que les mientan. Están hartos de ver desfilar mafias y ladrones, de que se destapen siempre cosas nuevas, de decir “ahora sí” y que siga otro bajón. Ponen cara de c… un ratito, y después ya está. No les preocupa si gobierna una mujer o un hombre: lo único que les importa es llegar a fin de mes. Es patético. Hay una resignación a la supervivencia, sin ilusiones, sueños, proyecciones. Siento que la gente cuandose va a la cama, piensa: “Qué suerte, zafé otro día”.

–¿Y vos?
–Hay que ser siempre respetuoso con la muerte, pero si estoy vivo, en el 2009 me quiero ir del país por tres o cuatro años. Hablo perfecto inglés y ya ensayé todos mis personajes con nuevos nombres y profesiones. Por ejemplo, Sabino va a ser un tachero italiano que vive en Brooklyn. Quemo mis últimos cohetes acá y me voy a Europa.

–¿Solo?
–Tuve relaciones apasionadas y estuve de novio muchas veces. Ahora me siento muy sensato, más viejo, y para mí la pareja es una locura. Amo, pero no me enamoro.

–Pero dijiste que el 2007 había sido un mal año en el amor.
–Tengo diez o quince amantes. Con uno, como; con otro, voy a la cama, con el tercero, al cine; y con el siguiente, al teatro. Con algunos comparto la PlayStation y con otros leo a Sócrates. A veces creo que alguno va a surgir como la pareja, pero todavía no pasó.

–¿Cómo sería?
–Debería estar cerca de mi edad, tener muy poco sexo, los mismos intereses y por sobre todas las cosas, una conversación inteligente. Eso me enamora. Yo no creo en la fidelidad sexual, sino en la del alma. Cada año que pasa y no encuentro a ese par, es malo en el amor. Pero amor doy a patadas, y me sobra gimnasia sexual. Mi vida está muy bien, no es un tema que me preocupe. Tengo cuatro obras, un best seller, quince amantes y ningún amor… Al menos, por ahora.

A los 44 años, Peña asegura que es más inocente de lo que muchos creen. Para las fotos se vistió con una remera blanca pintada por él con la frase “Confiá en mí”, toda una declaración de principios.

A los 44 años, Peña asegura que es más inocente de lo que muchos creen. Para las fotos se vistió con una remera blanca pintada por él con la frase “Confiá en mí”, toda una declaración de principios.

“El personaje tiene un límite. Llega un momento en que la gente quiere ver a la persona de verdad, y dice: ‘Basta, sacáte la careta, mostráme cómo sos’”

“El personaje tiene un límite. Llega un momento en que la gente quiere ver a la persona de verdad, y dice: ‘Basta, sacáte la careta, mostráme cómo sos’”

“Tengo diez o quince amantes. Con uno, como; con otro, voy a la cama, con el tercero, al cine, y con el siguiente, al teatro. Con algunos comparto la PlayStation y con otros leo a Sócrates”

“Tengo diez o quince amantes. Con uno, como; con otro, voy a la cama, con el tercero, al cine, y con el siguiente, al teatro. Con algunos comparto la PlayStation y con otros leo a Sócrates”

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