Tatuajes feministas y mujeres con tatuajes sobre heridas – GENTE Online
 

Tatuajes sobre cicatrices: marcas que cuentan la historia de una herida

En primera persona, la historia de dos mujeres que decidieron resignificar sus heridas. Lejos de borrarlas, optaron por darle un nuevo valor a todo aquello que las hizo sufrir.

“Son los sentimientos a flor de piel”, dice Agostina Perrone al hablar de cicatrices que se convierten en lienzo para dibujos y adquieren así un nuevo significado. Al igual que su colega Valeria Fukunaga, aceptó el desafío de trabajar sobre la piel lastimada. “Implica resignificar un dolor: no es sólo una imagen bonita, sino que hay algo relacionado con la cura, la sanación. El momento del tatuaje es un festejo a partir de algo que dolió muchísimo”, dicen las tatuadoras, que comparten estudio en Belgrano.

Coinciden en que tatuar la piel lastimada plantea un gran desafío para cualquier tatuador: es necesario cuidar ese "lienzo" sobre el que trabajan. Pero, además, cada herida tiene una historia que merece ser tratada con respeto. "Me cuestioné el peso de la tarea", confiesa Fukunaga al recordar el pedido que le hizo Patricia Taboada. "Tenía que resignificar una herida y eso implica generar un vínculo. No se trata sólo de una imagen bonita, sino que hay algo relacionado con la cura, la sanación. El momento es un festejo a partir de algo que dolió muchísimo".

No se especializa en tatuar sobre cicatrices y más allá del desarrollo artístico del diseño, el desafío que le proponía Taboada, de "pintar" la cicatriz que había quedado en su cuerpo luego de sucesivas intervenciones, indagó sobre el impacto que las tintas tendrían sobre su piel.

Ante un dolor que no elegiste, esto implica retomar el control del cuerpo, embelleciendo la cicatriz y dándole un nuevo sentido

En este sentido, Perrone acota que se enfrentó con ambas cuestiones cuando Luciana Barbini le pidió que tapara los cortes que tenía en la muñeca. "Las heridas eran recientes, la piel no estaba para tatuar", asegura y agrega: "Además, hace mucho tiempo tengo una visión de que cuando vienen a 'taparse' algo les explico que el tatuaje no va a ocultar, sino que va a llevar la atención a ese lugar".

En tono desafiante, pero también muy consciente de que el tatuaje es algo que identifica a la persona, comenta: "Tapar, tapa el maquillaje".  

Patricia Taboada: “El tatuaje me permitió abrazarme con esta herida desde otro lugar”

Hace 39 años Patricia Taboada (60) tuvo una cesárea de emergencia que derivó en una infección, luego de la cual tuvo meses de recuperación. “Ese fue el primer corte significativo que tuve que curar y sanar”, dice y cuenta que su segunda hija también nació por cesárea. “Años más tarde, y en la misma época en que murió mi mamá, afronté una dificultad ginecológica que requirió sucesivas internaciones”. Pasó un tiempo -y en el medio un divorcio y una mudanza- hasta que decidió hacerse un tatuaje en la cicatriz que dejaron estas intervenciones a lo largo de su vida. 

El motivo es una rama de cerezo (sakura). Está plasmado el ciclo del árbol: hay una parte del tronco que está añejado, porque pasó un tiempo, tiene brotes nuevos, una flor en su comienzo y otra en su madurez. Creo que es poético, pero que a la vez está representado el ciclo vital

Valeria Fukunaga

Recuerda que tomaba clases de yoga y no sentía su cuerpo. Pero el tiempo, la práctica de diversas disciplinas y la meditación sirvió para que reconectara con su cuerpo. “Sentí la necesidad de que algo que había experimentado y es difícil de contar quedara guardado en mi cuerpo. La conocí a Vale (Fukunaga) y con ella gestamos el diseño que tatuó en una larga sesión”, comenta. Su intención no era eliminar la cicatriz, que forma parte de su historia, sino resignificar. “Hay muchos cortes internos que no se ven, pero están. Estamos sanando todo el tiempo. Es parte de un proceso con ciclos que comienzan, cierran y dan paso a otros”

Valeria Fukunaga y Patricia Taboada trabajaron juntas en el diseño del tatuaje: se trataba de una zona sensible, no sólo porque la piel ya había padecido varias intervenciones sino porque Taboada debió resignificar muchas situaciones dolorosas para sanar.

Luciana Barbini: “El vínculo con las cicatrices va cambiando. Hoy no necesito tapármelas”

Luciana Barbini (29) es comunicadora. Empezó diferentes carreras hasta que se enganchó con el periodismo. Aunque siempre le gustaron los tatuajes, tenía miedo de que el proceso fuera doloroso. “Paradójico. Porque al mismo tiempo yo me autolesionaba”, reflexiona. Y muestra en su antebrazo el más simbólico de sus tatuajes: un unicornio. Para muchos podría ser uno más del catálogo de diseños en tono pastel. Pero debajo todavía se adivinan las cicatrices que se hizo en sus peores momentos de depresión. “Estuve muy mal. Me lastimaba y casi me internan. Me cortaba porque eso me aliviaba, era una forma que tenía de redireccionar un dolor que no sabía de dónde salía. Estaba mal sin saber por qué, pero al lastimarme podía decir que era por eso”. 

Hace mucho tiempo tengo una visión de que cuando vienen a “taparse” algo les explico que el tatuaje no va a ocultar, sino que va a llevar la atención a ese lugar. Tatuar es trabajar sobre el cuerpo de la otra persona, que llega a vos con su deseo y sus sentimientos a flor de piel

Agostina Perrone

“En un momento me lo quise tapar: me daba vergüenza por la mirada del otro, pero más aún por mí misma: me sentía mal por haberme lesionado”, recuerda y agrega que llegó a hacerse el tatuaje cuando aún tenía las heridas rojas. Su tatuadora le explicó que el dibujo no ocultaría las cicatrices y que aunque decidiera eso, había que esperar para trabajar sobre la zona. Hoy le da la razón: “Tapar no soluciona nada. Creo que lo principal es transitar el vínculo con las marcas que uno tiene”. 

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