Tamara Toselli, la bombero que combate el fuego en las sierras: «Sabíamos que los incendios iban a ser un problema, pero nunca imaginé tanto» – GENTE Online
 

Tamara Toselli, la bombero que combate el fuego en las sierras: "Sabíamos que los incendios iban a ser un problema, pero nunca imaginé tanto"

Vive en Villa Ciudad de América, a unos 70 kilómetros de la capital cordobesa. Forma parte del cuerpo bomberil de la provincia, que lleva semanas trabajando para frenar el avance del fuego.

Tamara Toselli tiene 23 años y es una más entre muchos héroes silenciosos que trabajan sin descanso para frenar el avance del fuego en Córdoba. Además, estudia veterinaria en la Universidad Nacional de Río Cuarto. Está en segundo año y piensa especializarse en animales grandes: lo que más le gusta son los equinos. "Los amo desde chica. Cuando era niña tuve convulsiones y los caballos me sacaron adelante. Creo que por eso tengo una ocasión especial con ellos".

Comenzó su formación como bombero cuando tenía 12 años. "Mi hermano Marcos, un año menor que yo, siempre quiso ser bombero. Tiene una locura por eso. En 2009, cuando abrió la escuela de cadetes en nuestra localidad, me insistió y nos inscribimos los dos", cuenta. Sus mejores amigos también entraron a la escuela y eso la incentivó aún más. Años más tarde se convirtió en la primera mujer bombero que pasó de la escuela de cadetes al cuerpo activo.

Según el INTA se quemaron unas 190 mil hectáreas en la temporada. Todavía hay focos activos en la provincia. "El número final va a ser devastador", sostiene Tamara. No sólo por el daño causado por el fuego, sino también porque como consecuencia de los incendios serán mayores las inundaciones.

Preparada para apagar el fuego (y mucho más)

"La formación está dividida en tres niveles. El primero es para ser bombero, luego para ser suboficial y el tercer nivel es para el escalafón de oficiales. Obvio que tenés que cumplir un montón de requisitos para completar cada uno de ellos. Yo recibí un año y medio de formación en el primer nivel. Se dictaba bastante lejos, pertenecemos a la agrupación serrana. Iba a Villa Giardino y me recibí de bombero", recuerda Toselli.

"Tenemos formación en diversas áreas: accidentes vehiculares, domésticos, primeros auxilios, incendios forestales, incendios estructurales, interfaces, rescate acuático, rescate vehícular... Es bastante amplia la formación".

En esa época debió vencer uno de sus mayores miedos: "Cuando era chica vivía al lado del lago y en una creciente se me acercó una víbora. Me salvó en ese momento un amigo de mi papá. Desde entonces le tenía miedo al agua. En la escuela de cadetes tuve que hacer rescate acuático y creo que el cuartel me ayudó a superar mi miedo. Mis instructores se preocuparon por ayudarme".

En acción. Tamara con sus hermanos, Marcos y Milagros.

Temporada de incendios en Córdoba

"Los incendios quizás te hacen reflexionar un montón con tu vida: lo que estás haciendo, lo que estás pasando y lo que no hiciste también", reflexiona, y sabe que a una temporada como hacía mucho no se vivía en su provincia se suma el contexto de pandemia y de aislamiento. "Extraño mucho a mis amigos. Quizás tengo oportunidad de estar con mis compañeros de fuego, con mis hermanos de fuego, como somos los bomberos, pero extraño a mis amigos y amigas de la vida, de la facu, de rugby, de todo".

"Nosotros sabíamos desde el principio que los incendios iban a ser un problema este año, porque los índices de sequía eran feos, los vientos que se esperaban eran complicados, las temperaturas también. Nunca imaginé que tanto, pero éramos conscientes de eso", señala.

Como ya casi no está en su pueblo, se puso a disposición de su cuartel. "Estábamos tratando de ir entre dos y cuatro días en grupos de cuatro, que es una dotación, a donde nos manden. El plan provincial pide y los superiores organizan. Estuve en Punilla, en Traslasierra, en mi pueblo, en varios lados".

Tiene vagos recuerdos de haber vivido incendios de la magnitud de los que hubo este año. Recuerda uno en 2003. "Dos personas murieron a raíz del fuego y eso fue algo que me quedó muy marcado", cuenta. También recuerda los fuegos de 2009 y 2013. De este último tiene imágenes fotográficas, como ver a su hermano junto a un compañero salvar a un niño de una casa que se estaba quemando. "Fue el primer incendio grande que me tocó vivir en el pueblo. Hoy me pongo a pensar y siento lo que veía desde arriba. Estuve en shock. Me acuerdo de cosas muy puntuales de ese momento, pero no recuerdo todo".

"Compañeros de fuego"

Así llama a sus amigos de la brigada. Y está orgullosa de cada uno de ellos y también de cómo pueden trabajar en equipo para cada misión que deben cumplir. Sabe que los incendios de Córdoba son complicados y es consciente de que no siempre tienen todos los recursos que querrían. Pero, "Los bomberos en Córdoba somos una masa", dice entre risas y a riesgo de sonar soberbia. Sabe de lo que habla: "Agradezco a Dios haber nacido acá y ser parte de este sistema bomberil que para mí es muy especial. No creo que tengamos debilidades. En todos lados, siempre que trabajé con alguien tratamos de ser lo mejores donde sea, aunque no tengamos todas las herramientas disponibles o todo lo que se necesitaría. Somos de improvisar en la buena forma, con mucho conocimiento".

Este año sintió miedo una jornada en la que casi quedan atrapados por el fuego. "Pensé que las llamas podían alcanzarnos. Sólo pensé en mi mamá y en que estaba anojada cuando me fui de casa. Pero fue un miedo chico porque ¿Cómo un bombero le va a tener miedo al fuego?", se pregunta.

Sabe que este es un año particular para todos y cree que eso hace que todos estén más sensibles y solidarios. Ella misma confiesa estar especialmente sensible. Recuerda que hace días estuvo en Cruz de Caña y durmieron en una escuela. "Una de las seños se sentó a preguntarnos nuestras historias, quiénes éramos, de dónde veníamos y en un momento se largó a llorar. Nos dijo: 'Muchas gracias porque le salvaron la casa a un alumnito nuestro'. La gente de ese lugar es muy humilde y muchos de los niños son albergados en la escuela porque viven lejos. Fue un momento muy especial".

Dice que en este tiempo aprendió a ser un poco más solidaria y generosa, estar más atenta al otro y estar presente para los demás. "Yo antes pensaba: 'soy bombero y ellos tienen que estar pendientes de mí' y me di cuenta de que no, de que yo también tengo que estar presente para el otro. Aprendí a dejar de ser egoísta y me preocupé más por los demás", dice. Tiene la ilusión de que la sociedad en general acabe dándose cuenta del impacto en el medio ambiente y de la importancia de ser solidarios siempre.

"Tenemos que estar preparados para lo que se viene, porque después de los incendios siguen las inundaciones y hubo grandes pérdidas... Va a ser un año duro, pero espero que podamos afrontarlo de la mejor manera posible y siempre poniendo lo mejor de cada uno", concluye.

Fotos: Gentileza Tamara Toselli. 

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