Susana Giménez revela la clave de su vitalidad, de su nueva figura y habla del amor – GENTE Online
 

Susana Giménez revela la clave de su vitalidad, de su nueva figura y habla del amor

Diez pesos. “Apenas los conseguía, corría a comprar las postales de las estrellas de cine. Era tan cholula que hasta escribía a Hollywood... ¡y me contestaban!”, cuenta Susana, con el mismo entusiasmo de sus años como alumna de las hermanas dominicas de la Anunciata. “¡Quién sabe dónde habrán quedado esas fotos firmadas por Elizabeth Taylor y Lana Turner... o por sus secretarias... qué sé yo! A mí me hacía ilusión”.

Entre los íconos de su álbum –exceptuando a la Hayworth, “pasión que heredé de mamá”– Marilyn disparaba mayor curiosidad y algo de indignación: “Sus compañeros menospreciaban su talento porque era demasiado atractiva. Ella se esforzaba en las clases de Strasberg para que su belleza no fuera un estigma”. Tal vez algo similar a lo que pudo haber vivido la “chica-shock” al subirse al escenario de Las mariposas son libres, en 1971. “Aunque ese tipo de cosas jamás me detuvo. ¡Fue la obra más importante de mi vida!”, suelta, ateflonada a los prejuicios.

En esta charla sobre identificaciones y antagonismos con el ícono pop de la sensualidad –en la que no esquivará el amor– contará que aún sigue esperando a su Arthur Miller. Que huele a Chanel Nº5. Y que cuando decretó ante cierto noviecito “decidí ser la número uno” –mucho antes de la predicción de la ya legendaria vidente– nunca imaginó que sería la Sugar Kane (Sugar, 1986-1989) que tantas veces había fagocitado con devoción en Some like it hot (Una Eva y dos Adanes, 1959). Y mucho menos, claro, que aquel súper clásico que marcó la historia del musical argentino se convertiría en su primera producción teatral.

–¿Cuál es tu espejo con la Monroe?
–La ingenuidad. Ese resistirse a perder la reacción pura, un sentir casi infantil.

–¿Descubriremos algo de su melancolía (tan impensada) en vos?
–¡Gracias a Dios, no! Por empezar, todos los días me tomo una pastilla para estar contenta. Para que la depresión no me alcance jamás. Aunque vivir en positivo es parte de mi genética.

–En lo personal, y lo sabés, creo que sos un símbolo de la alegría nacional.
–¡Sí! Es el mejor halago que pueden hacerme: “¡Su, me hiciste sonreír!”... Eso me conmueve. Porque yo me propongo ser feliz hoy, ahora. La vida es tan corta, y a veces tan jodida, que no disfrutar es im-per-do-na-ble. Por eso no hay que conformarse Hay que pelar espíritu guerrero, así te respetan. Y saber buscar en el interior. No sé... Siempre hay algo que nos hace felices, por más chiquito que sea: dar una vuelta a la plaza o ir a un bingo. ¡Do it!

–¿Eso es la felicidad?
–La felicidad es no aburrirse, como me dijo Woody Allen alguna vez, en un encuentro que tuvimos en Nueva York. Es así. Y yo en un rato me voy al campo...

–¿Buenos Aires te aburre?
–¡Mucho! Esta ciudad fue perdiendo el espíritu. Ya nadie da fiestas como lo hacían la China (Zorrilla), Cipe (Lincovsky) o la Campoy. Hoy todos comen en restaurantes, un ratito, siempre apurados... ¡Qué triste! Por eso, cada tanto hago game-parties en casa: reúno a mis amigos en mesas de póker, rummy o Beto, un juego nuevo brutal que me enseñó Mecha. Y en cuanto puedo vuelo a La Mary. Como ahora, que me voy con Marcela (Amado, su vestuarista), para armar la ropa que usaré en las promos de la tele y los primeros programas. Ahí me entretengo: siempre hay algo que arreglar, plantar, proyectar. Alimento a las carpas de mi laguna, hago jardinería, me ocupo de mis animales (N.d.R: Siete perros, un zorro, un lagarto “que come fideos”, una familia de ñandúes salvajes, decenas de gatos, algunas vacas “que no quiero vender para que no me las coman” y nuevos patos. Todos monitoreados a través de un circuito cerrado desde su casa de Barrio Parque)...
¡y de operar otra vez al Cholo!

–Sólo con vos de Marilyn al Cholo, sin escalas... Ya superó el problema de meniscos: ¿qué le pasa ahora a tu Weimaraner más amado?
–Tiene un tumor en la nalga... ¡qué se yo! Le traje de Europa unas pastillas oncológicas especiales, pero ya está muy viejito. Tiene once años y para un perro grande es mucho tiempo. ¡Jazmín me vivió diecisiete!

–Según tu definición de felicidad, es fácil entender por qué siempre se te ve feliz. ¿En algún momento te cansás?
–Y eso que yo ni vitaminas, ni nada artificial... ¡Ni loca te tomo un Red Bull, por terror a no dormir más en la vida! Mi fuente de energía es el campo. Me revitalizo con esa tranquilidad: leyendo o durmiendo la siesta enroscada con mis perros frente a la chimenea. ¡El silencio se volvió terapéutico! No sé qué me pasa últimamente. Por eso no puedo levantarme antes del mediodía, porque disfruto las madrugadas, cuando nadie te llama ni te pide cosas.

–¿Seguís enamorada de tu soledad?
–Pero yo nunca estoy tan sola...

–Me refiero al amor.
–¡Sí, yo también! (risas) Salgo, tengo mis cositas. Lo que detesto es la convivencia. ¿Cuándo entenderá la gente que eso destruye por completo a las parejas? Me gustan los hombres más que nada en el mundo, pero no tanto como para volver a vivir con uno. El baño, el televisor y el tiempo ya son sólo míos, para siempre.

–Revisando una GENTE del ’86, a propósito del estreno de tu Sugar, encontré este textual: “Me casaré cuando tenga 75 años; ahora estoy muy ocupada, tengo proyectos”.
–¿Eh? ¡Pero si nunca creí que viviría tanto! Mirá, si de algo me arrepiento en la vida es de haberme casado. ¡Las dos veces! La primera fue a los 20. Me acuerdo que cuando salí de firmar el divorcio, iba caminando por Bulnes y repetía en voz alta: “¡Dios mío, esto es la libertad!”.

–¿Alguna vez tuviste dos Adanes simultáneos, como Sugar Kane?
–A veces sí (se ríe). Tuve por ahí algún affaire con alguien estando en pareja. Pero eso es más común de lo que creemos. Es que yo he sido muy traviesa en el amor.

–Amaste mucho.
–¡Menos de lo que los hombres me han amado a mí!

–¿Es por eso que podría no quedar resto?
–A esta altura de mi vida conozco tanto a los tipos que ya no me enamoro ni loca. Me cuesta, qué se yo. Tampoco es que los hombres me “completan”. Ya no quiero que me caguen, que me gasten la alfombra frente a la tele, que me afanen, que me tengan pendiente del teléfono, que deba pedir permiso para vivir. ¡Y eso del levante, del “te miro, me mirás”, las cartitas, las flores y los mensajes atrevidísimos por WhatstApp, me agota! Y ni hablar del sexo sin amor. No me funciona: ¡me parece un plomo! Además, yo nunca busqué el amor: él me encontró a mí.

–Entonces no cohibís, como puede suponerse...
–Jamás sentí el miedo de un hombre a estar conmigo. Pero sí eso de “a esta mina no puedo seguirle el tren”. Por lo general, al tipo lo asusta que una tenga cierta altura... ¡Que tenga más guita, bah! Ahí es cuando empiezan a mandarse cagadas. “No hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ése es el precio que debes pagar: la soledad”, decía Chavela Vargas (N.d.R: Recita de memoria una de las frases que colecciona en su libreta).

–En alguna charla anterior, dijiste que tu próximo novio debería ser escritor.
–¡Mi Arthur Miller! (Marilyn no deja de sobrevolarnos) Me encantaría. A lo largo de mi vida amé a hombres de toda clase, color y estilo. Pero jamás tuve al lado a un intelectual. Hoy faltan hombres con quienes sentarse a debatir un libro, comentar una película, reírse con complicidad. Qué sé yo... Por ahí ahora prefiero una charla sobre historia que una buena cama.

–¿Facundo Moyano tiene chance?
–¡Cómo insisten con eso, eh! Somos muy amigos. Lo quiero muchísimo. ¡Una vez hicimos pareja en una partida de póker y se armó un lío...! ¡¿Pero qué les pasa?!

–Hay un gancho importante que amerita los reencuentros. ¿Qué te sorprendió tanto?
–Descubrí a un tipo cultísimo, con una dialéctica brutal. Es muy interesante charlar con él. Todo lo demás que puedan imaginar, no existe. ¡Basta!

–Suspicacias al margen, se te ve más flaca.
–¡Dejé los lácteos! Después de que me operé de la vesícula (2016) comía un yogur y me sentía mal. ¡No toleré más la lactosa! ¡¿Viste que se fermentan, te hinchan?! Además, somos la única especie que siendo adultos sigue tomando leche... ¡Ni los terneros! Y ahí bajé de peso como loca. Claro, suspendí las galletitas, pan jamás pruebo... Aunque por ahí no doy más y me como un metro de chocolate. ¡Pero hago cinta treinta y cinco minutos todos los días!

–¿Conseguiste personal trainer?
–¡Ni loca! Saber que a tal hora me espera fulano me desquicia. Y la pileta, como no me quiero mojar el pelo, casi ni la uso. Me compré dos pesas de cuatro kilos y hago lo que puedo cuando puedo. El resto, genética. Todavía tengo una cola que se la banca.

–Para Latinoamérica sos una gran referente del female-power. ¿Hay algún aporte activo, más allá de tu propia historia?
–Yo no creo que hoy haya tanta diferencia entre el hombre y la mujer. Con deseo y honradez, los dos siempre triunfan. Y no hablo de ganar millones. Triunfar es sentirse bien, orgulloso, conforme con la propia vida. ¡Yo cosía cuellos de vestidos para pagar la leche de mi hija! Y un día decreté que sería una número uno... ¡¿Why not?! Trato de incitar a otras con mi actitud. Tal vez pensar que la mujer debe ser reivindicada permanentemente es marcar una disparidad en un mundo en el que hay cada vez más líderes femeninas: ¡hasta Inglaterra tiene primera ministro! Hace tiempo que aprendimos a tomar posesión.

–En tren de valentía, ¿cómo es tomar las riendas de una inversión como Sugar en un contexto económico tan complicado?
–No concibo la vida sin riesgos y sin entrega total. Al principio dije “¡no!”. Me parecía una locura. Pero entendí que no había margen de error: Sugar está probadísima, es un clásico forever. Era una guita importante, te diré (N.d.R: La inversión inicial fue de 18 millones de pesos). Gustavito (Yankelevich) apuesta fuerte y yo lo sigo confiada. Dicen que en tiempos de crisis la gente elige la risa, y el público argentino no escatima en calidad.

–Bueno, vos siempre mantuviste tu mirada positiva frente al cambio de gobierno.
–¡Es que no hay otra forma! Este gobierno recibió un país vacío. Y hace cosas fabulosas todo el tiempo, de un modo transparente: cloacas, calles, ¡y una campaña antidrogas asombrosa!

–¿Hablás con Mauricio?
–Cuando hay cosas que quiero comentar le escribo, sí. Hace poco lo llamé; estaban comiendo en Olivos. No supe que estaba en speaker hasta que escuché la vocecita de Antonia: “¡Hola, Sú!”. Yo los quiero mucho, confío en Mauricio, me da esperanzas. Sé que es un tipo limpio, honesto, inteligente y con las mejores intenciones. Por eso lo apoyé.
¡Todos deberíamos hacerlo!

–¿Ya tenés los glóbulos rojos en alza para la temporada 30 en televisión?
–¡Sí! Después de Piel de Judas, que fue aniquilante, en Fundaleu me llenaron de hierro, así que estoy vitalísima again. Viste que yo no sé lo que es vivir
 on muchas risas y recuerdos de tantos años. Después, qué se yo, la tele está rara: el éxito gira en una ruleta. Pero yo confío. Elijo hacer lo de siempre, porque ya es mi clásico: entrevistas, scketches y juegos. Y con un canal norteamericano (Viacom) tal vez tengamos invitados que hasta ahora no podíamos por el bendito money, ¿viste?

–Exceptuando a Richard Gere (risas), ¿a quién tenés en la mira?
–Ahora están fuertes los artistas del género urbano latino: la gente los adora más que a las súper-stars. ¡Maluma mata! Así que por ahí, quién te dice...

–Así como cuando llenabas tu álbum de figuras: ¿a quién choluleás por estos años?
–Siempre seré cholula de la Loren, aun después de haber estado con ella varias veces. Verla llegar con ese porte, pero a la vez con esa actitud tan terrenal, es fabuloso. Y ni hablar de la Streep, ¡por Dios! Ella merecía el Oscar, no Emma Stone. ¡Esa La la land me pareció una porquería, mirá! Decí que si te la cruzás, en un minuto no se te ocurre qué decirle... ¡pero si la veo me arrodillo ante ella! Le pediría: “¡Bless me, Meryl!” (Bendecime). ¿Sabés por qué es la uno del mundo? Porque no le teme al ridículo.

“Yo sólo quiero tu
amor”, canta Siciliani
hoy en el escenario
del Lola Membrives,
coproducida por
Gustavo Yankelevich
y dirigida por Arturo
Puig. Las mismas
tablas sobre las que
Susana debutó el
17 de noviembre de
1986, una semana
después de que se
frustrara el estreno
más esperado a raíz
de una falla en la
consola de sonido.

“Yo sólo quiero tu
amor”, canta Siciliani
hoy en el escenario
del Lola Membrives,
coproducida por
Gustavo Yankelevich
y dirigida por Arturo
Puig. Las mismas
tablas sobre las que
Susana debutó el
17 de noviembre de
1986, una semana
después de que se
frustrara el estreno
más esperado a raíz
de una falla en la
consola de sonido.

SIN FIN.
El 14 de abril,
Susana amadrinó
el gran debut de
la obra que hoy
produce, con la
misma emoción
con que recibió
la ovación del
Lola Membrives
del ’86 y durante
tres años de
imparable éxito
en cartel

SIN FIN.
El 14 de abril,
Susana amadrinó
el gran debut de
la obra que hoy
produce, con la
misma emoción
con que recibió
la ovación del
Lola Membrives
del ’86 y durante
tres años de
imparable éxito
en cartel

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