“Superé mis miedos, estoy mucho más audaz” – GENTE Online
 

“Superé mis miedos, estoy mucho más audaz”

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El termómetro cruza la delgada línea roja de los 35 grados centígrados. Una troupe de diez personas espera al menos un susurro de viento a las 15 de una tarde ardiente en Buenos Aires. Entre ellas está la actriz Romina Yan (33), a punto de iniciar la producción de fotos. Abandona el cobijo del aire acondicionado para refugiarse debajo de lasombra de una palmera. “Hagamos de cuenta que estamos en Costa Rica”, dice, y todos ríen. Darío Giordano, su marido (y productor), le hace viento con una tablita de barrenar que alguno de sus hijos (Franco, 7 años; Valentín, 5, y Azul, un año y siete meses) olvidó en el jardín. “¡Los Power Rangers siempre nos ayudan!”, y otra vez la risa se hace común. Está feliz, y no es para menos. Desde el 7 de enero, de lunes a viernes a las 21 y por Telefe, Romina protagoniza a Bellardina. O Bella, como le dicen sus íntimos, una bailarina clásica, viuda y madre de tres varones de 15, 13 y 8 años. “Estructurada, organizada, híper exigente, perfeccionista, obsesiva”, según la actriz. Defiende lo clásico y sus chicos se dedican al violín, el chelo y el piano. No es fácil ser bailarina y mamá, pero ella todo lo puede. De hecho está a punto de convertirse, por fin, en primera bailarina cuando… ¡tropezón y caída! Benny (Damián de Santo) es el culpable de un accidente que la obliga a poner fin a su carrera con tutú. “Viudo, padre de tres hijas, rockero, desordenado, duerme de día, toca la guitarra de noche”, resumió Yan. ¿Hay algo peor que el enemigo a sólo una medianera de distancia?

–Con Damián de Santo protagonizaron también Amor mío. ¿Cuál es el secreto de la dupla?
–Tenemos códigos muy nuestros, nos miramos y sabemos lo que piensa el otro, dónde se quedó con la letra… Trabajar con él es bárbaro: está siempre de buen humor, disfruta mucho de la vida en general, todo lo que pasa lo transforma en algo positivo. Yo soy súper fluctuante; una parte de mí se parece a Bella. Como ella, soy muy estructurada, organizada, muy mental y él, en cambio, se guía mucho más por las sensaciones. Yo lo armo y él me desordena: una combinación que nos resulta.

–¿Nunca te tentó la producción?
–Me gusta. A veces hasta llevo cosas de mi casa que me parece que pueden servir, o no puedo dejar de ver cuando hay problemas con las secuencias. Empiezo a acaparar todo… Pero sería demasiado dura. Damián siempre me dice que tendría que ser productora. Yo le digo que no le conviene: nunca se sabe la letra, así que sería al primero que echaría... El se ríe…

–¿Qué otros condimentos tuyos tiene Bella?
–La planificación, el orden. Ella es el estereotipo de la mujer meticulosa. Y más de uno me decía: “Ro, vos sos así”. Y yo: “No, no, no, nada que ver”. ¡Empecé a odiar esa parte de mí! Pero bueno, puede tener su lado positivo si una aprende a manejarlo, ¿no?

–Hablaste de tu exigencia. ¿Sos igual con tus chicos?
–Sí, y no me parece positivo. El que más lo padece es Franco, típico acuariano, siempre en su mundo. Cada tanto me llaman del colegio para decirme que está desconcentrado. Me pongo el cartel de madre y vivo encima de él, le tomo el dictado y lo encauzo con las cuentas. Pero si estoy nerviosa le digo a Darío, mi marido, que se ocupe él, no me quiero pasar de rosca. Prefiero que ellos disfruten sin padecer mi histeria.

–Nueve años de casados… ¿Cómo se mantiene el amor?
–Me contiene y me acompaña mucho. Y tratamos de reservar tiempo para la pareja. Los sábados, por ejemplo, mi suegra se lleva a los chicos hasta el domingo al mediodía y volvemos a ser novios. Salimos a cenar o al cine y el domingo dormimos hasta tarde. ¡Un placer! El año que viene vamos a reconfirmar nuestro amor y a organizar una gran, gran fiesta.

–¿Fuiste dura de conquistar?
–Y sí, ¿para qué mentir? Nos conocimos a los 18 años y ya en ese momento él le dijo a su papá que había encontrado a la mujer con la que se iba a casar. Yo no quería saber nada. Pasaron cuatro años, y él siempre aparecía. Hoy te digo que aunque la gente diga que no existe, yo sé que encontré a mi príncipe azul. Con mi marido y mis hijos somos un mismo bloque: no existe prioridad entre los cinco.

–¿Dejarías tu profesión si ellos te lo piden?
–Si el día de mañana me dicen que los cargan en la escuela o que no les gusta verme en la tele, lo pensaría. Me encanta actuar, pero no tengo la necesidad de figurar. Lo digo porque conozco gente que se exige estar en las tapas de las revistas o ir a los estrenos. Yo, en cambio, cuando no estoy trabajando y me quedo en la intimidad de mi familia, no necesito nada más.

–Los hijos de Bella enfrentan a su madre, como todo adolescente. ¿Vos te rebelaste a esa edad?
–No, yo era demasiado obediente. Ahora me arrepiento. Mis papás (Cris Morena y Gustavo Yankelevich) trabajaban mucho, y los fines de semana me quedaba con ellos. Ni siquiera insistía para que me dejaran ir a los boliches. A los 15 años empecé en Jugáte conmigo, así que no tuve mucha adolescencia. Después vino Chiquititas y unos años después me casé. Por eso también me divierte experimentar en Bella y Bestia lo que es ser madre de adolescentes. Te contestan mal, te tratan horrible…¡A veces estoy al borde del cachetazo! (risas).

–Tenés 33 años y 18 de carrera. ¿Cuál es tu balance?
–En lo personal, estoy donde quiero estar. En lo laboral, me hubiera gustado hacer otras cosas. Pero sé que todavía tengo mucho por recorrer. De acá a unos años voy a poder mostrar un montón de otras facetas mías. Reconozco que los embarazos no ayudaron en ese sentido. En esta carrera está surgiendo gente nueva constantemente, y esta cosa del deterioro físico se tiene muy en cuenta.

–¿En qué lo notás?
–Una chica de 20 años puede hacer el papel de una mujer de 30, pero muy rara vez pasa a la inversa. La actuación es una carrera en la que tenés dos opciones: o aprovechás tu momento de auge o te relajás un poco y le dedicás tiempo también a tu vida personal. En principio, a la sala de partos no vuelvo más. Creo que eso me va a permitir analizar otras opciones, como pasó con la película Horizontal/Vertical, de Nicolás Tuozzo.

–¿Cómo fue?
–Me propuso interpretar el papel de una mujer que sufre una violación en su casa. Me costó aceptar, porque soy de boicotearme. Me sentía insegura. Pensaba que no era buena para eso y estaba asustadísima. Pero resultó muy positivo. Siento que es como una pequeña puertita que se abre a otra cosa.

–En tu adolescencia sufriste la exigencia de verte perfecta. ¿Cómo estás hoy?
–Hay una cultura que plantea que si sos linda y flaca vas a ser más exitosa, y no sé si pasa por ahí. Con mi físico yo tengo una historia de toda la vida. Tuve un momento en el que estaba mal e hice una descarga en el cuerpo. Por suerte, después pude equilibrarme y se reflejó hacia afuera. Jamás vino un productor a pedirme que bajara de peso, pero hay una mirada del afuera que indirectamente te presiona.

–¿Y la mirada del público?
–Es raro… Siempre están los que miran las revistas en la peluquería y critican si alguien tiene unos kilos de más o si se pone determinada ropa y se le ve un rollito. Uno no puede contentar a todos. En este momento de mi vida estoy muy bien conmigo. Tengo tres hijos, lo que no es poco. Me operé el busto porque realmente era necesario, ¡lo juro! (risas).

–Se te nota diferente, ¿eso es todo lo que te hiciste?
–A nivel cirugías sí, eso fue todo. Pero empecé a cuidar más mi cuerpo: tres veces por semana me levanto a las seis de la mañana para ir al gimnasio, además hago mesoterapia y electrodos con la doctora Diana Chugri. La contención de mi familia y los años me liberaron de mis miedos. Sí, hoy siento que superé mis miedos, estoy mucho más audaz.

–¿Qué pediste en el brindis de Año Nuevo?
–Que mis hijos se sientan tan amados como yo. Estoy convencida de que la salud y la paz dependen mucho del amor que recibimos.

Producción: Camila Martínez
Asistente de fotografía: Gastón Beliera
Maquilló: Eugenia Caloso. Peinó: Diego Monetta
Agradecimientos: Evangelina Bomparola, Infinit, Jackie Smith, Allo Martínez, accesorios Mónica Lancillotti, Ricky Sarkany, Sweet Lady, Caro Cuore, y especialmente a Susana Pérez Amigo y Anita Tomaselli

Hace días terminó de rodar el film <i>Horizontal/Vertical</i>, el segundo largometraje del director Nicolás Tuozzo. “<i>Siento que es como una pequeña puertita que se abre a otra cosa</i>”, dice feliz.

Hace días terminó de rodar el film Horizontal/Vertical, el segundo largometraje del director Nicolás Tuozzo. “Siento que es como una pequeña puertita que se abre a otra cosa”, dice feliz.

“En mi adolescencia fui demasiado obediente. Ni siquiera insistía para que me dejaran ir a los boliches. Ahora me arrepiento”

“En mi adolescencia fui demasiado obediente. Ni siquiera insistía para que me dejaran ir a los boliches. Ahora me arrepiento”

“Con mi físico tengo una historia de toda la vida. Tuve un momento en el que estaba mal, e hice una descarga en el cuerpo. Por suerte, pude equilibrarme”

“Con mi físico tengo una historia de toda la vida. Tuve un momento en el que estaba mal, e hice una descarga en el cuerpo. Por suerte, pude equilibrarme”

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