“Sueño con que este equipo nos regale el tercer Mundial” – GENTE Online
 

“Sueño con que este equipo nos regale el tercer Mundial”

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Acaso nunca estuvo tan entremezclada, mano a mano, con el pueblo futbolero. Y quién iba a decir que eso ocurriría tan lejos de casa, en la portuaria Hamburgo, y no en la Bombonera, ni en el Monumental… Pero ahí estaba Susana, rodeada de hinchas de la Selección, primero en las calles más céntricas de la ciudad, después en el sector más argento del estadio AOL Arena, ese codo teñido de pasión celeste y blanca desde varias horas antes del debut de la Argentina hasta el alocado festejo posterior.
Ahí está Susana –con look mundialista, ultracuidado, carterita-bandera blanquiceleste, jeans y sandalias doradas– vibrando junto a Jorge Rama como una fan más, y entregándose con paciencia a cada foto, a cada autógrafo.

No lo puedo creer. ¡Esto es brutal! Sólo Argentina puede reunir a tantos fanáticos del fútbol en un país como Alemania”, es lo primero que Susana le comentaba a GENTE apenas llegó al estadio, pasadas las ocho de la noche. Hacía un buen tiempo que esa parte de la platea estaba copada por camisetas celestes y blancas. Y entre ellas, todo el grupo de invitados especiales de Volkswagen Argentina. De esa comitiva formó parte Susana, grupo claramente identificado por camisetas de la Selección estampadas con una VW –el logo de la automotriz– que iban delimitando un territorio de complicidades y amistad.

Ahí está Susana, alentando “¡Vamos, vamos, Argentina!”, como una más. Y grita el primer gol de Crespo hasta perder la compostura.

La diva estará junto a la Selección durante toda la primera fase, así que ahora viene la escala de Gelsenkirchen, en el encuentro contra Serbia y Montenegro, y luego el viaje a Frankfurt, en el último partido del Grupo C contra Holanda. Y entre uno y otro, a seguir este viaje romántico con su novio, el empresario uruguayo Jorge Rama. ¿Casi una luna de miel? Ella respondió a sus íntimos: “Nooo”. Susana, cero diva durante estos días, relajada por el año sabático televisivo, ajena a la presión del rating minuto a minuto, enfoca este momento de su relación de esta manera: “Con Jorge estamos bárbaro. Me mima,
me cuida, me quiere. Nos divertimos mucho. Es un amor… ¿Qué más te puedo decir?
”, remata, justamente para no
contar mucho más.

Se los ve felices. Y de eso fueron testigos los turistas accidentales que el viernes pasado veían pasear a esa pareja por la impresionante Autostadt (ciudad del automóvil, en alemán), sede central de la Volkswagen en una ciudad norteña
llamada Wolfsburg.

Más que ciudad del automóvil podrían ponerle la Ciudad del Futuro. Eso es exactamente lo que sugiere, con sus edificios de arquitectura modernista, casi siempre cubiertos de vidrio, construidos en el año 2000 y diseminados en una superficie de 30 hectáreas. Y adosado a esos megaespacios de un tiempo por venir, la contundencia de la fábrica automotriz, con sus cuatro torres chimeneas humeando en forma constante, aún hoy la planta bajo techo más grande del mundo: de sus líneas de montaje salen 3.500 autos por día.

El complejo incluye las cinco estrellas superlujosas y minimalistas del Ritz Carlton, destino de llegada de la diva antes de su primera experiencia netamente futbolística en Hamburgo. Entre paseos por la Autostadt y el seguimiento de la ceremonia de apertura en Munich, antes del triunfo de Alemania sobre Costa Rica, fueron pasando las horas del viernes.

El sábado iba a terminar con el triunfo de los muchachos de Pekerman. Pero antes, Susana, acompañada por Rama y por Marley (que grabó todo para un programa de Telefe) aprovecharon la tarde del sábado para recorrer el centro histórico de Hamburgo. Visita obligada: el edificio del ayuntamiento Rathausmarkt, de estilo renacentista. Y ahí nomás, una caminata por los puentes sobre el lago Alster y el pequeño río Alsterfleet. “Por toda esta área de canales es que a Hamburgo también la llaman la Venecia del Norte”, informa Susana, casi como guía turística, y es que no es su primera vez en esta parte de Alemania.

De ahí, quiso ir a una peluquería y no pudo (su coiffeur personal, Miguel Romano, le cambió las 220 extensiones rubias un día antes de su partida a Europa) y cumplió con la primera sesión de shopping, de las muchas que piensa hacer en este viaje. “En
Alemania quiero vestirme con mucho celeste y blanco… Mis valijas no vinieron del todo cargadas, así que voy a llevar las nuevas colecciones de moda. También tengo algunos encargos de mis nietos. Manuel me pidió los últimos juegos para la Playstation y Lucía quiere ropa. Ella es pilchera como yo
”, dijo.

Su entró a Unger, una tienda clásica de Hamburgo, y compró un trench de duvet con cuello de zorro, una blusa y un chaleco de punto. Y recibió dos collares de regalo de su novio (“¿Dos? ¿Te parece? ¡Qué amooooor!”), uno de ellos “para la suerte”, según la vendedora.

Así en las calles como en la cancha, a cada paso “¡Hola, Susana!”, “Te queremos”, “Sos lo más”, y otra vez fotos y más fotos.

Unas horas después, en el estadio, exaltada, y hasta futbolera, se juega, y mientras acaricia el collar de la suerte, dice: “Sueño con que este equipo nos regale el tercer Mundial”.

El viaje, y el sueño, recién empiezan.

Antes del pitazo inicial, Susana y Jorge Rama despliegan su bandera. Después, vendrían 94 minutos de pura fiesta. Los paravalanchas, de gala.

Antes del pitazo inicial, Susana y Jorge Rama despliegan su bandera. Después, vendrían 94 minutos de pura fiesta. Los paravalanchas, de gala.

Susana tiene como premisa y cábala vestirse de celeste y blanco a full. Y en la AOL Arena, fue una presencia inconfundible. Como siempre, bah. Festejó los goles de Crespo y Saviola. Y dejó el estadio agotada: se fue descalza y con las sandalias en la mano. En su hombro, un detalle imperdible: su cartera-bandera, íntegramente bordada.

Susana tiene como premisa y cábala vestirse de celeste y blanco a full. Y en la AOL Arena, fue una presencia inconfundible. Como siempre, bah. Festejó los goles de Crespo y Saviola. Y dejó el estadio agotada: se fue descalza y con las sandalias en la mano. En su hombro, un detalle imperdible: su cartera-bandera, íntegramente bordada.

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