“Soy una mujer solitaria, competitiva y nada conservadora” – GENTE Online
 

“Soy una mujer solitaria, competitiva y nada conservadora”

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La diva no parece una diva. O por lo menos no respira divismo, como para apuntalar su condición de tal. ¿Pruebas? Las tres horas y cuarto de preparativos y producción para GENTE...

Una: “¿Vos venís a entrevistarme?”, camina tres metros de penumbra en el estudio de Gabriel Machado y Fabián Cicala para saludar. “Perdoná, pero me vine pintada y maquillada”, se disculpa entre ruleros y acercando dos besos de aire que no llegan a posarse en las mejillas del redactor, “porque te voy a manchar los cachetes”.

Dos: “Tranquilos, chicos. Hagamos las fotos, que después yo como algo por ahí”, responde cuando le ofrecen brownies y café, antes de repetir cinco veces su famoso ¡shock!, posar radiante, desparramar gracia, bailar música ochentosa, agradecer una a una a las diez personas que la rodean y preguntarle al periodista si puede hacerle la nota en Piegari, de Posadas al 1000.

Tres: “¡Acá! ¡Acá!”, desde el fondo del restaurante levanta sus brazos en señal de bienvenida. “Probá este choripán, nene. De ninguna forma vas a arrancar sin comer algo”, advierte antes de que la cinta del grabador empiece a girar. “¿Qué tomás?”. “No podés perderte la croqueta de verdura”. “Sírvale una a él, por favor”, le pide al mozo.

Cuatro: “Avísenles que dentro de cinco minutos salgo”, contesta pasadas las doce de la noche –vestida de remera negra con brillos y un jean comprado en Saint Tropez, de cuya tela surge una leyenda luminosa que reza I love Argentina–, apenas le comentan que hay un ejército de cámaras y cronistas esperándola. “Pobres… ¡Todavía laburando!”.

Notable. La diva no parece una diva. O por lo menos no respira divismo, como para apuntalar su condición de tal. ¿Más pruebas? A lo largo de cincuenta y cinco minutos de entrevista, en medio de un proceso de regreso mediático cargado de nervios, ansiedad, exigencias y desafío, María Susana Giménez Aubert, Susana Giménez, Susana, Su, vuelve a demostrarlo…

–Cierta encuesta, medio laboral, medio casera, determina que el 99 por ciento de los seres humanos sueña vivir sin trabajar. Pregunta simple para respuesta simple: ¿por qué regresa, Susana?
–(Risas) Reconozco que en estos días de cuenta regresiva, grabaciones y adrenalina, se me cruza por la cabeza preguntarme: “¿Para qué? Mejor sigo en plan sabático…”. Y no. Hay un par de motivos puntuales. Primero, por la gente. Me paran en la calle al grito de: “¡Te extrañamos!”, “¡Te necesitamos!”. Incluso los jóvenes que me conocieron desde el debut de Hola Susana en ATC en el 87. Olvidarlo sería como que yo me olvidara de los Sábados circulares, de Pipo Mancera, y de mi niñez escuchando los Pérez García en la cocina, junto a mi abuela. Y he ahí el otro motivo. Sería una ingrata si no retornara a la televisión para festejar mis dos décadas seguidas en ella con la misma propuesta, tipo Johnny Carlson.

–¿No incluye en su lista que añora el aplauso diario y la euforia del público rodeándola?
–Disfruté a lo loco mi alejamiento. El aplauso, la euforia del público, salgo a la calle y los tengo. Si nadie me diera bola, ¿te parece que volvería? Puedo vivir sin trabajar en la tele.

–Queda claro por qué retorna pero, ¿por qué paró quince meses y no tres, u ocho?
–El 2005 fue matador. Un programa diario de dos horas y media, casi tres, no existe en ningún país del mundo; en particular si no habías firmado por esa duración. A mitad de año pensé: “Me voy a la m…”. Finalmente, aguanté hasta noviembre. Aparte, la tele cambió mucho, dejó de ser la tele naïf de mis comienzos. El juego no es leal. Conclusión: resolví tomarme un buen tiempo de descanso y replanteo.

–¿Léase acomodarse a la nueva forma de juego?
–Si formás parte de la televisión del siglo XXI, necesitás acomodarte. De lo contrario, te pisan. Y listo. Dejémoslo ahí.

–¿Qué extrañó durante su ausencia?
–Extrañar, nada de nada. No te puedo mentir, porque la gente sabe que no miento. ¡Estuve en Saint Tropez en el verano europeo… ¿qué voy a extrañar?! Pura etapa de gozo. Fui al Mundial de Alemania. Festejé mi cumpleaños en Las Vegas. Viajé, dormí. Cine a diario, en los Estados Unidos y en Punta del Este. Acompañada o sola, no me quedó película nominada al Oscar sin ver. Bordé fundas para almohadones con motivos de flores, españoles y mexicanos. Cada noche saludaba a mi hija vía Skype y me dormía jugando al Snood en mi computadora. Una linda etapa, bastante introspectiva. Este tiempo alejada de los medios me hizo más espiritual.

–Interesante. Más espiritual, nada menos.
–Siempre me gustó el silencio. Soy bastante solitaria, aunque no parezca: con mi música, con mis animales… O leyendo, no hablando bol… con la misma gente eternamente (y acá no incluyo a mis amigos, por supuesto). Le escapo a las fiestas: prefiero quedarme en casa. Pasa que estoy leyendo un montón de cosas. Debés ir cambiando con la vida, reflexionando, mejorando. Si no, sos un tonto. Soy bastante distinta a la mujer que aparece en la tele, salvo en lo básico: la espontaneidad, el respeto. En eso tampoco varié.

–Sin embargo así, pacífica y relajada, emprende el retorno. Un retorno rebosante de expectativa general.
–Claro. Igual, no puedo adelantar demasiado del programa. Sería como mostrar el traje de novia antes de que ella entre a la iglesia (risas).

–¿Le exigió algo especial a Claudio Villarruel, el director artístico y de programación de Telefe?
–Mi horario, de 20 a 21. Y no pasar de la hora.

–¿También le pidió no superponerse a Tinelli?
–Eso no se puede pedir. En el 2006 yo no sabía que Marcelo iba a competir conmigo y... Aunque a Marcelo le encanta.

–¿Por casa cómo andamos? ¿A usted también le gusta competir por los porotos, por el rating?
–Seguro. Soy competitiva. Me gusta mirar la planilla al otro día. En dos décadas gané casi siempre.

–¿Y cuando pierde…?
–Terrible. Bueno, no tanto. Te da una cosa… Terrible es hacer un programa malo. Me ha ocurrido de entrar p… al camarín: “¡Programa de m…, muchachos! ¿Qué pasó?”, y comprobar a la mañana siguiente que habíamos sumado 35 puntos. Reconozco que eso es lo que te da de comer y le brinda plata al canal. Sin embargo, un buen rating no me saca ese sabor amargo: yo no hago cualquier cosa por el rating. Nunca hago lo que no me gusta que me hagan. Y, te repito, ya sé cómo son las cosas. Superé la etapa de las sorpresas. Vuelvo descansada, positiva y mejor preparada que nunca para afrontar la guerra de la televisión.

–Entonces, calentemos los motores… ¿Cómo ha visto nuestra pantalla chica en su ausencia? ¿Qué le pareció Cantando y Bailando por un sueño, el gran acierto de 2006?
–Estuve poco y vi poco. De lo de Marcelo no voy a opinar. Quiero terminar con la costumbre que tenemos en este país de hablar del otro. Me parece un horror. ¿Por qué tengo que opinar yo de programas ajenos?

–¿Ni siquiera nos va a dejar un parecer sobre Gran Hermano?
–Personalmente, no me interesa lo que haga el otro, y menos si no es famoso.

–Victoria Adams, la mujer de David Beckham, acaba de firmar un contrato en tierra estadounidense para encabezar su propio reality show. ¿Haría uno basado en su propia existencia?

–En Susana Giménez 2007 incluiremos un segmento por el estilo, que se llamará El circo de las estrellas. Si te referís a uno propio, como The Osbournes –el del músico Ozzy Osbourne y su familia–, admito que sería divertido un reality de mi vida, las veinticuatro horas. ¿Por qué no?

–Aparte, a la ex Spice Girls le pagarán 19 millones de dólares…
–Más divertido todavía. No descarto eso, ni nada. Ni siquiera afuera. Me conocen en América entera. Hace dos décadas que llego a 24 países del planeta… ¿Diecinueve millones dijiste?

–Igual, usted ya no necesita trabajar para vivir, ¿verdad?
–Verdad. He sido una buena administradora, a pesar de que me han robado de forma legal e ilegal (risas). La plata no es lo que más me pesa a la hora de firmar un contrato.

–Ya le hemos preguntado cuándo y por qué regresa. Vamos al cómo vuelve. Físicamente la encontramos distinta, con una figura llamativa. Y no lo tome como un cumplido. Pura realidad. Un verdadero caballero prefiere callar a mentir.
–Gracias. Y sí, empecé a cuidarme. Aprendí a comer. Ya no es como antes, cuando era modelo y tenía 25 pirulos, que me mandaba una docena de facturas y cero problema. Ahora como eso y directamente llamo al CIPEC, o me interno. La cosa cambió, y uno necesita aprender a encontrar el equilibrio. “Hay que cuidar la flauta, porque la serenata es larga”, sostenía Tita Merello… Cuidarse para la vida, no sólo para la tele. Aparte, hay otra información. Antes comíamos fritos, la grasa del bife –¿hay algo más rico que la grasa del bife?–. Es como fumar. Yo empecé a los 13, creyéndome Marilyn Monroe, y resulta que el pucho era letal. Por suerte lo dejé veinte años atrás, cuando empecé mi ciclo.

–Se nos viene a la mente aquel topless que protagonizó en el Uruguay y que publicó GENTE.
–Increíble. Cuando me acuerdo, se me viene a la mente c… a trompadas a ustedes.

–Antes le completo: ¿sabe que aún hay lectores que nos preguntan: “¿Cuánto le pagaron a Susana?” o “¿Cómo la convencieron?”.
–¿Piensan así?

–Admítalo: ¿no la enorgulleció un poco?
–¿Enorgullecerme?

–Deslumbró a varios miles. La edición se agotó.
–Bueno, no soy un bagayo. Sé que estoy bien. Siempre fui una mujer muy linda. Pero ya levanté un muro de dos metros y pedí pelar los árboles de alrededor. La gente no sabe que siempre tomé sol desprovista de la pieza superior, por el teatro, por la revista y porque me gusta. Me molesta nadar con el corpiño. Te repito: sé que estoy bien pero… ¡mostrarme en topless! Te repito, se me viene a la mente c… a trompadas a ustedes.

–Mejor cambiemos de tema. Retomemos lo del físico: ¿receta para verse bien?
–“Comé lo mismo, pero la mitad”, me sugirió el doctor Máximo Ravenna, y le cumplo. Y gimnasia a las órdenes de Daniel Meaglia: cinta, bicicleta, body walking, que en realidad significa caminar.

–¿Cuánto lleva adelgazado?
–Me parece que unos seis kilos. ¡Se ha hablado tanto de esto! Estoy harta. Es como que adelgazar y ejercicios es lo único que hice en la vida.

–¿Podemos preguntarle su peso?
–Mirá: prefiero que me preguntes la edad antes que el peso. Aunque un “verdadero caballero” como vos sabe que a una mujer nunca hay que preguntarle su peso, su edad ni sus amantes. Obvio que entre los tres ítems, preferiría responder sobre estos últimos... En serio, a veces leés en las revistas, entre paréntesis, la edad de cierta gente, y te ponés loca: “¡Me llevaba cinco y de repente le llevo cinco yo!”. Dale, no me preguntes, que yo siempre digo la verdad.

–Okay, nos convenció. Pero sí le preguntaremos sobre Jorge Rama. ¿Qué lugar ocupa, tras dos años juntos, en su variada lista de parejas?
–Jorge es mi compañero, el que me mima, con quien me río. Una excelente persona que me hace feliz. Un tipo laburador y sano.

–¿Rama es el hombre que buscó para que envejezca a su lado?
–Ya es bastante terrible envejecer sola como para envejecer con alguien al lado (risas). No me interesa eso. Aparte, ¿qué va a envejecer conmigo, si anda en los… cuántos, 34 años? Imposible. Tampoco puedo decir qué hombre buscaba a los 20, a los 30, a los 40, a los 50, y compararlo con mi caballero actual. Son diferentes. Las cosas se dan según el momento. Mirá a Roviralta gritando públicamente su amor por Nazarena Vélez…

–¿Usted ha sido una mujer conservadora o intrépida en el sexo?
–Pará. Yo no me refiero públicamente a lo sexual. El sexo sólo lo vive uno con su compañero en un cuarto, encerrados. ¿Por qué contárselo a los demás? Jamás lo conté. Pero si te sirve de respuesta, en la vida he sido y soy una mujer intrépida, nada conservadora. O conservadora sólo en la política.

–¿Votó a Kirchner?
–¿Kirchner? No. Tampoco sé a qué candidato elegiré el 28 de octubre. ¿Quiénes se postulan?

–Kirchner, Néstor o Kirchner, Cristina; Lavagna, López Murphy, se desconoce si Carrió…
–¡Oh my God! No lo he pensado aún. Encuentro a la Argentina mejor que antes, pero también un montón de cuestiones mal. Para el caso, la seguridad, que es prioridad número uno para un país. Y no le dan pelota. ¿Hacen algo con la inseguridad? Creo que no. Me siento indefensa. No me gusta para mis hermanos, para los ciudadanos, para mí. Sin embargo, nunca pensé en radicarme afuera.

–¿Y retirarse? ¿Evalúa esa posibilidad o no va a retirarse nunca?
–Lógico. Alguna vez me voy a retirar. Quiero gozar la vida, hacer otras cosas aparte de tele. No sé. Yo me aburro de todo. Me imagino alegre, emprendiendo un nuevo desafío personal. Sea lo que sea, adoro ir atrás de aquello que me da felicidad.

–Cuéntenos a qué le teme hoy.
–Poné a la decadencia, a la falta de cabeza. Veo a Mirtha y la noto cada vez más linda, más incisiva. Yo le temo a la enfermedad, a lo que te impida conservar esa potencia que tenemos nosotras, pero no a temas inevitables como la muerte o perder la belleza. Son batallas que no vas a ganar. Igual, te aseguro, yo voy a tratar de conservar mi glamour hasta mi último día de vida.

Producida por Gustavo Yankelevich, pronto lanzará Susana Giménez 2007 con el mismo espíritu que en aquel inicio, en 1987. “<i>Cumplo los mismos años que The Oprah Winfrey Show, el talk show de mi ídola</i>”, dice entusiasmada.

Producida por Gustavo Yankelevich, pronto lanzará Susana Giménez 2007 con el mismo espíritu que en aquel inicio, en 1987. “Cumplo los mismos años que The Oprah Winfrey Show, el talk show de mi ídola”, dice entusiasmada.

“<i>Nada de nada. La verdad, no extrañé nada. Y la gente sabe que no miento.   Disfruté a lo loco mi alejamiento. Tampoco añoré el aplauso, la euforia del público alrededor.   Salgo a la calle y los tengo. Si nadie me diera bola, ¿te parece que volvería?</i>”

Nada de nada. La verdad, no extrañé nada. Y la gente sabe que no miento. Disfruté a lo loco mi alejamiento. Tampoco añoré el aplauso, la euforia del público alrededor. Salgo a la calle y los tengo. Si nadie me diera bola, ¿te parece que volvería?

“<i>Prefiero que me preguntes la edad antes que el peso. Aunque si fueras  caballero –y creo que lo sos– sabrías que a una mujer nunca hay que preguntarle su peso, su edad ni sus amantes. Obvio que entre los tres ítems, preferiría  responder sobre mis amantes...</i>”

Prefiero que me preguntes la edad antes que el peso. Aunque si fueras caballero –y creo que lo sos– sabrías que a una mujer nunca hay que preguntarle su peso, su edad ni sus amantes. Obvio que entre los tres ítems, preferiría responder sobre mis amantes...

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