«Soy una conejita, pero de target familiar» – GENTE Online
 

"Soy una conejita, pero de target familiar"

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Y, entre las dos deben pesar alrededor de un kilito. Sí, se refiere a lo que usted, el de allá y el de más lejos, imaginan: habla del peso de sus lolas. “Lolas, a secas, porque aún no las bauticé”, informa Luciana Salazar (belgranense del 7/11/1980, causa-suspiros nacional por excelencia, etcétera). Y ya es hora de aclarar por qué la cosa arrancó así: resulta que la nota nació debido al contrato que la muchachita acaba de cerrar con Playboy Móvil, mediante el cual la marca se asegura los derechos exclusivos sobre la imagen de Luli Love (así la nombran, inspirándose en los siete especiales que grabó durante 2005, justamente para Playboy TV). Ergo, tal noticia derivó en una pregunta del tipo: “Si bien su imagen aparecerá ahora en pantallitas de seis centímetros por ocho, ¿cuáles son sus medidas reales?”. Respuesta: “1,63; calzo 36.5/37; redondeo 97-54-89 y oscilo entre los 41 y los 43 kilos, aunque en una oportunidad bajé a 37”. “¿¡37!?”, indagamos. “A los 17 existía resistencia hogareña a que me dedicara al espectáculo y a que dejara Derecho. También me había peleado con mi entonces novio. Y bueno, adelgacé. Aparte, claro, antes no me acompañaban estas lolas”. “¿Y cuánto pesan las chicas?”, le consultamos entonces. Y así salió el dato… Aclarado el punto, seguimos con la entrevista.

–Perdón, no se enoje, pero decir “Playboy” dentro de un colectivo o en el bar de la esquina suena a diosa perfecta, pulposa, desenfrenada, irresistible. ¿Le explicaron antes de firmar?
–Primero, no me enojo. Segundo, no es así.

–Perdón de nuevo. Acá la gacetilla anticipa: “Luciana como nunca se la vio”. ¿Vestida?
–(Risas). En realidad, se trata de una especie de reality tranqui sobre mi vida. Soy una conejita, pero de target familiar, que aparecerá en fondos de pantalla, videos, ringtones, mensajitos de texto, juegos.

–Perdón por tercera vez. Si se trata de un reality sobre su vida, de una especie de Gran Luli en lugar de Gran Hermano, ¿la descubriremos, por ejemplo, bañándose?
–Un poco.

–¿Y llama “familiar” a verla bañándose? Menos mal que todavía no mencionamos la palabra pornografía.
–¡Ehhh! ¡Exagerado! Nunca haría eso. Ni siquiera consumo pornografía, o sólo lo hago en la intimidad. Mostrar un poquito en la ducha transita por el lado erótico. Y para ello tendrán que abonar el servicio Premium. Me mostraré sexy, cantando, desayunando, eligiendo mi vestuario. En serio: descubrirán a una conejita medio naïf.

–Seguro… Los ringtones sonarán a jadeo, y los jueguitos consistirán en vestirla y desvestirla a usted.
–Error: los ringtones repetirán frases y saludos típicos míos y, respecto a los jueguitos, ya los sorprenderé. Los que contacten quizá terminen participando en un concurso para conocerme.

–¿Cómo es Luciana Salazar lejos de las cámaras, en la intimidad?
–Igual de desfachatada. No me considero diferente a la mediática. A menos que me encuentres con gente que no conozco. Ahí surge la mujer tímida y calladita.

–¿Tiene algo de señorita de San Nicolás?
–Difícil. No sé coser, no sé bordar, únicamente sé abrir la puerta.

–¿Abre seguido la de su departamento?
–Desde 2002 que no ando de novia. Sin embargo, lógico, la he abierto en este tiempo. Sucede que, si bien me considero enamoradiza, hoy temo meterme de lleno en una relación. Me comprometo por completo. Pongo toda mi energía a full. ¡Tengo tantos proyectos! que se me complicaría: la película Isidoro, donde le entregué mi voz a Cachorra Bazuka; el lanzamiento de un tema y un futuro disco, producidos por Eduardo Frigerio, para los que vengo estudiando canto desde 2004; la invitación de Marcelo (Tinelli) para sumarme al concurso de comedia musical; el rodaje de una secuela de Brigada explosiva, en septiembre u octubre, interpretando a la heroína… Please, nada de pareja por el momento.

–Se reconoce enamoradiza. Coméntenos qué mensaje de texto le escribiría a un candidato que le atraiga.
–¡Puf! Lo que se te ocurra, lo publicable y lo no. La señorita de San Nicolás no mandaba mensajes, ¿verdad?

–Pero esperaba a su hombre con la mesa servida. Y usted es cero casera, como acaba de sostener. Nada de lavar platos, planchar ni aberraciones similares.
–Nada. Como máximo, y debido a mi obsesión por la limpieza, tiro desinfectante. Y olvidáte de que comparta el vaso. No pienses que hablás con una asquerosa. Me lo inculcaron de chica, y me quedó en el disco rígido.

–¿Otras obsesiones o paranoias?
–Salgo poco. Me considero introspectiva.

–¿Temor a que alguien desee agradecerle en directo los ratones que le generó?
–Quizá. Igual, fuera del trabajo prefiero pasar inadvertida. He optado por camuflarme. Me acuerdo de una peluca oscura…

–¿Qué opina su cabeza cuando toma conciencia de que cualquier mortal que contrata el servicio de Playboy puede llevarla consigo al dormitorio?
–Aprendí a no hacerme la croqueta si un tipo se alzó. Así de simple. Ojos que no ven…

–Quienes la ven se sorprenden, de entrada, por su llegar. ¿Qué es lo que más le atrae de sí misma?
–En orden, y nada de reírse, hermano, eh: la cara, los ojos verdes, la cola, la cintura, la delantera y las piernas. Mucho podrán encontrarlo en los contenidos de Playboy, que pronto arribará a internet, mediante la página web (en construcción) de Luli Love, su blog y una comunidad de fans.

–¿Paso previo a dar qué salto?
–No quiero ser la Madonna porteña ni la Pamela Anderson sudamericana; quiero ser la Luli Love argentina. Ahora proyecto entrar fuerte en Latinoamérica y los Estados Unidos.

–Para cerrar, ¿le preguntó a su padre si a lo largo de su vida ha comprado la revista Playboy?
–Mirá: mi viejo de joven fue un Don Juan, un mujeriego, y la realidad lo castigó duro: tras casarse con mamá (Liliana, 51), lo invadimos cuatro hijas (Marisol, 28; Maite, 20; Camila, 15, y yo). Y adora su barquito, tirar, cazar. Hubiese necesitado un varoncito, ¿no? Igual, nos crió bárbaro, a conciencia. Sabemos qué barreras no cruzar. Y creo que alguna revista abrió. De la misma manera que no le regalaría un celular donde aparezca esta servidora. “<i>Me encantaría conocer a Hugh Hefner, el dueño y creador del emporio Playboy. Tal vez a mediados de año se me dé</i>”, vaticina la curvilínea rubia.

Me encantaría conocer a Hugh Hefner, el dueño y creador del emporio Playboy. Tal vez a mediados de año se me dé”, vaticina la curvilínea rubia.

“<i>No quiero ser la Madonna porteña ni la Pamela Anderson sudamericana, sino la Luli Love argentina. Por eso ahora proyecto entrar en Latinoamérica y los Estados Unidos</i>”.

No quiero ser la Madonna porteña ni la Pamela Anderson sudamericana, sino la Luli Love argentina. Por eso ahora proyecto entrar en Latinoamérica y los Estados Unidos”.

“<i>¿Lo que más me atrae de mi cuerpo? En orden, y nada de reírse, hermano, eh: la cara, los ojos verdes, la cola, la cintura, la delantera y las piernas</i>”.

¿Lo que más me atrae de mi cuerpo? En orden, y nada de reírse, hermano, eh: la cara, los ojos verdes, la cola, la cintura, la delantera y las piernas”.

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