“Soy un tipo feliz: tengo a la mujer que quiero, un hijo hermoso y voy a jugar mi cuarto Mundial” – GENTE Online
 

“Soy un tipo feliz: tengo a la mujer que quiero, un hijo hermoso y voy a jugar mi cuarto Mundial”

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Su debut en la Selección argentina fue a los 19 años, en los Juegos Panamericanos de La Habana, en 1991. Pero a Marcos Milinkovic no le quedó un recuerdo muy feliz de aquel día. No bien saltó desde el banco de suplentes con sus dos metros a cuestas reemplazando a un compañero, tuvo la chance de rematar una pelota que le había quedado servida. Se elevó, apuntó el derechazo al piso con la plena convicción de que ese remate haría un agujero en el rectángulo contrario, pero no. Tanta adrenalina contenida le jugó una mala pasada: su brazo no frenó, y tocó la red. El árbitro advirtió la infracción y le cobró en contra: “¡¿Qué cobrás, hijo de p…?!”, le gritó desencajado. Y terminó ganándose la expulsión.
Pasaron quince años de la anécdota y hoy, aquel chico inexperto que se hizo expulsar a los pocos segundos de su debut, tiene sobre sus espaldas tres Juegos Olímpicos (Atlanta 1996, Sydney 2000 y Atenas 2004) y está a punto de jugar su cuarto Mundial (los anteriores fueron Grecia 94, Japón 98 y Argentina 2002): pergaminos por los cuales quedará en la historia como uno de los símbolos de nuestra Selección.

Sin embargo, a los 34 años sabe que el de Japón –que se jugará del 17 de noviembre al 3 de diciembre– será el último Mundial de su carrera. Por eso, y como un chico en medio de un parque de diversiones, Marco trata de aprovechar con todo la antesala de su despedida con la celeste y blanca... Los días de semana es uno de los primeros en llegar a los entrenamientos en el CENARD, se la pasa haciendo bromas con sus compañeros y disfruta de cada nota periodística “como si se tratara de la última”, según cuenta.

Por ejemplo ahora, días antes del inicio de la gira previa por Australia y Canadá (viajaron el 3 de noviembre), mientras recibe a GENTE en su departamento del barrio Las Cañitas para, mate amargo de por medio, hablar de la competencia que se viene, de su familia y de su futuro. “Nunca fui tan feliz en un partido amistoso como en los últimos dos que jugamos en el Luna Park, a cancha llena y contra Brasil. Por eso quiero agradecerle al empresario Carlos Gianni, el organizador, que nos haya regalado tal alegría. De eso hablo cuando digo que vengo disfrutando estos momentos previos a full. Sé que son los últimos, y no me quiero perder nada”, comenta el hombre que llegó al voley de casualidad, hasta convertirse en uno de los mejores jugadores del mundo.

–Imagino que a la distancia le debés estar más que agradecido a aquella pelea que te alejó definitivamente del básquet…
–Es verdad (ríe). A los 17 años jugaba al básquet en Deportivo Ballester, pero me peleé con un dirigente y me fui a entrenar con los chicos de voley. Así empezó mi carrera.

–Por entonces, jamás se te hubiera cruzado por la cabeza que ibas a jugar cuatro Mundiales, ¿cierto?
–Cierto. Si alguien me lo decía en ese momento le hubiera contestado que estaba loco. Es más: ni sabía si iba a llegar a jugar al voley de manera profesional.

–¿Está decidido que éste será tu último Mundial?
–Calculo que sí. Por eso quiero disfrutarlo al máximo. Tengo mucha ansiedad y mucha alegría de volver a vestir la camiseta argentina.

–¿Y con qué expectativas llegás?

–En la previa, sueño a lo grande: quiero salir campeón. Aunque después, cuando lo pienso en frío, me doy cuenta de que es muy difícil.

–¿Por qué?
–Por varias razones, pero sobre todo porque tenemos un equipo que empezó a trabajar recién este año y contamos con jóvenes que harán su debut con la casaca nacional en este Mundial.

–¿Hay mucha diferencia entre este equipo y los otros que integraste?
–Bastante… (piensa unos segundos). Por ejemplo, el equipo que viajó a Atenas hace dos años había ido con la idea firme de traer una medalla. Después no se dio, pero ésa era nuestra meta. Este, en cambio, recién va a estar preparado para cosas grandes en los Juegos Olímpicos de Beijing o en el próximo Mundial de Italia. Ahora estamos para meternos dentro de los ocho primeros.

–¿Y vos cómo llegás?
–Muy bien. De la lesión del hombro estoy totalmente recuperado, e hice un gran trabajo con el preparador físico del Seleccionado. Además, nos quedan más de quince días para el debut contra Puerto Rico (17 de noviembre), y para esa fecha voy a llegar perfecto.

Hace exactamente un año, luego de un remate en un partido de su ex equipo, el Olympiakos de Grecia, Marcos se dislocó el hombro derecho. Fue operado el 11 de octubre de 2005, lo que le impidió jugar el campeonato local y la Champions League. Los dirigentes decidieron no esperarlo y contrataron a otro jugador. Por lo tanto, Milinkovic tuvo que buscarse un nuevo equipo. Así ingresó al Cimed de Brasil (actual campeón de la liga), el que finalmente lo sumó a sus filas con un contrato de dos años: “Por un lado estoy contento, porque volví a Brasil, pero por el otro, estoy un poco triste, porque si me quedaba un año más en Grecia me iba a vivir definitivamente a ese país”, dice Marcos.

–¿Qué fue lo que más te gustó de Grecia?
–Todo. Con Jelena, mi esposa yugoslava, y Luka, mi hijo de dos años y medio, ya nos habíamos adaptado al país, porque tiene muchas costumbres parecidas a las argentinas. Además, habíamos hecho un montón de amigos y ambos teníamos varias ofertas de trabajo.

–¿Te costó el tema idioma?

– ¡Fue terrible! (carcajadas). Por suerte, el 99 por ciento de la gente habla inglés y eso nos ayudó.

–¿Y Luka?
–Ya había empezado a hablar griego, porque desde hacía un año iba al jardín.

–¿Sus primeros “papá” y “mamá” fueron en griego?
–No, por suerte eso lo dijo en español y en serbio, el idioma de mi señora.

–Ahora va a tener que aprender portugués…
–Es verdad, el chico me va a salir multilingüe. Pero no me quejo de los viajes. Soy un tipo feliz: tengo a la mujer que quiero, un hijo hermoso y estoy a punto de jugar mi cuarto Mundial. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?

–¿Tenés pensado cómo va a seguir tu carrera después de los 36, cuando se termine tu contrato?
–Voy a ver cómo termino, cómo me siento y si estoy en condiciones de seguir. La idea es terminar jugando en la Argentina.

–¿Marcelo Tinelli te sigue llamando para que te vengas y juegues en Bolívar?
–Sí. El tiene ganas y yo se la vengo pateando. Pero sé que en algún momento vamos a llegar a un acuerdo.

–¿Los Juegos Olímpicos de 2008 marcarán tu despedida de la Selección argentina?
–Seguramente…

–Pero antes llegará el Mundial. ¿Volver con una medalla es un sueño o una utopía?
–Es un sueño, pero no imposible de cumplir. Somos doce caraduras que vamos a Japón para dejar el alma en la cancha y también para divertirnos, porque no tenemos nada que perder.

Marcos posa en su departamento del barrio Las Cañitas, su refugio cada vez que regresa al país. “<i>Volver a casa siempre es tentador, pero sé que todavía me quedan un par de años en el exterior</i>”, asegura.

Marcos posa en su departamento del barrio Las Cañitas, su refugio cada vez que regresa al país. “Volver a casa siempre es tentador, pero sé que todavía me quedan un par de años en el exterior”, asegura.

“<i>Si me quedaba un año más en Grecia me iba a vivir definitivamente allá con mi familia. Es un lugar maravilloso e inolvidable</i>”.

Si me quedaba un año más en Grecia me iba a vivir definitivamente allá con mi familia. Es un lugar maravilloso e inolvidable”.

Junto a su familia, en un vuelo rumbo a Grecia.

Junto a su familia, en un vuelo rumbo a Grecia.

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