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“Soy un soñador, creo en el amor eterno”

“Soy un soñador, creo en el amor eterno”

Redacción Gente

Llega diez minutos tarde y se disculpa. Agradece que la nota sea en un restó,
porque son casi las cuatro de la tarde y todavía no almorzó. Pide por favor un
plato de fideos, rechaza con un “muchas gracias” una panera y le pregunta
a la moza de El Amador si no sería tan amable de traerle también un agua
sin gas. Siempre tan correcto, Facundo Arana (33) pregunta por qué tema prefiero
empezar.

–¿Qué cosas te sacan?
–Pocas, la verdad (y se ríe). No soy de tener broncas, trato de no tenerlas.
Generalmente, en lugar de bronca suelo sentir lástima. O dolor. Hay cosas que me
ponen triste, ¿sabés?

–¿Por ejemplo?
–Que la prensa le dedique más espacio a mis supuestos fracasos personales
que a mis logros profesionales. Ese es un buen ejemplo. O el último ejemplo que
te puedo dar.

No hace falta interrogarlo más. Es obvio a qué se refiere: la semana pasada
Padre Coraje, la novela que interpretó en 2004, se llevó siete Martín
Fierro
y el de Oro, pero pocos hablan de eso. Hace quince días debutó
con Visitando a Mr. Green, la obra en la que se luce noche tras noche
junto a Pepe Soriano en el Multiteatro, pero pocos hablan de eso. Encima,
Isabel Macedo (29), la mujer que conquistó hace nueve años, tiene sus propias
batallas ganadas: ella es Delfina, la mala de Floricienta, uno de los
programas más vistos de la tevé y la obra de teatro más exitosa, pero –claro–
pocos hablan de eso. La pregunta mediática obligada de hoy es: ¿Están separados,
sí o no? Y todos sí hablan de eso.
Arana ríe, dice que no, que es una lástima que la gente crea en ciertos
chimentos televisivos, que con La Chava (como apodó a Isabel no bien la
conoció) está todo bien. Muy bien, remarcará.

–Quizá, que no te haya acompañado en la entrega de los Martín Fierro, dio
lugar a las sospechas.
–De nuestra separación vienen hablando hace tiempo… Además, cualquiera que
haya estado en las entregas sabe perfectamente que Isabel jamás me acompañó.
¿Por qué lo haría ahora? ¿Para desmentir los rumores? No nos interesa.

–Pero se estila dedicar los premios a la familia: hijos, padres, pareja… Y
vos no lo hiciste.
–¿Cómo que no? Mi primer Martín Fierro se lo dediqué a La Chava,
a mis viejos, a los médicos que me salvaron de la leucemia. Esta vez, el premio
era de Marcelo Rey (su representante artístico que lo acompañó durante toda su
carrera y que murió el año pasado). Yo venía soñando con esos 20 segundos frente
al micrófono para agradecerle a la persona que me dijo: “Vos tenés que hacer
Padre Coraje. Se van a llenar de premios, dame pelota
”. Necesitaba subir y
decirle: “Rey, tenías razón, gracias, esto es para vos”.

–¿A Isabel no le hubiera gustado que la recordaras en ese momento?
–¿Y quién dijo que no lo hice? Ella sabe que la tuve presente todo el
tiempo. Con La Chava tenemos las cosas muy claras: juntos en la vida
privada, separados para la vida pública. Cuando debuté con Soriano ella estaba,
pero no se mostró. Cuando ella estrenó Floricienta, yo estaba en su
camarín, pero no me le paré al lado para la foto. Son nuestros códigos, y el que
los quiere entender, que los entienda. Nunca dimos ni daremos una nota juntos.
Es una forma de preservar nuestra privacidad.

–¿Y esos rumores logran generarles algún tipo de conflicto?
–Al principio sí, no te voy a mentir, me molestaban. Con el tiempo uno
aprende las reglas de este juego mediático, por llamarlo de alguna manera.
Aprende a no hacerse problema y a darse cuenta de que no podés estar corriendo
detrás de cada versión.

–¿Pero hubo crisis o no?
–Te repito: no voy a salir a desmentir nada. Además, hoy dicen que estamos
separados, ayer, que estábamos esperando un hijo, mañana van a hablar de
reconciliación y pasado nos van a embarazar otra vez… ¿Qué te puedo decir? Pero
¿ves? ¿Vos estás haciendo lo mismo? Llevamos quince minutos de charla y de lo
único que hablamos es de mi vida privada. (Lo dice sin molestarse, claro. Y
enseguida cuenta que esta vez, para meterse en la piel de Ross Gardine, su
personaje teatral, se cortó el pelo y bajó seis kilos en quince días).

–¿Dieta estricta?
–Para nada. Como lo mismo, pero en menor cantidad. La clave fue el
entrenamiento con mi personal trainer: me bajó la intensidad del entrenamiento y
me achiqué al toque. Me encanta cambiar físicamente para diferenciar los
personajes que compongo: compará a Yago, el hachero de Pasión Morena, con el
policía de 099 Central, y con el cura Coraje. No tienen nada que ver uno con
otro. Por suerte, no me cuesta nada subir y bajar de peso. El cambio físico,
además, te ayuda psicológicamente a componer los personajes. El otro día en los
premios me vi con el pelo largo y ni me reconocía.

–¿Cómo viviste las horas previas al Martín Fierro?
–Tranquilo. Extrañamente tranquilo. No esperaba nada, como siempre; así la
felicidad, si ganás, es mayor. Aunque las 24 horas posteriores fueron el tema:
no dormí… Llegué tarde a casa. La Chava había encendido el hogar y no bien me
oyó entrar puso los hielos en el vaso y el Tía María sobre la mesa. Nos
sentamos, nos miramos y no hablamos. Estábamos así, enfrentados, como vos y yo
ahora, y nos mirábamos, en silencio. Nos reíamos. Se nos llenaban los ojos de
lágrimas. Mirábamos el fuego. Nos volvíamos a reír. Y así terminé la noche. Dos
horas después, La Chava se tenía que ir a trabajar.

–¿Y no festejaron?
–Te estoy contando todo lo que te quiero contar… Fue una noche muy linda, de
esas que siempre recordás… Pero hablemos de Mr. Green, la obra.

–Claro, hablemos.
–El libro es un canto a la vida. Si no hice teatro antes no fue por falta de
propuestas, sino porque no me cerraban, no me emocionaba ningún proyecto. Pero
cuando tuve el libro en mis manos supe que era éste. Y cuando me dijeron que
Green sería Pepe Soriano me tiré de cabeza sin dudarlo. Es una obra que
emociona, habla de la tolerancia, del respeto, de la amistad pese a las
diferencias generacionales e ideológicas. Como toda buena historia es chiquitita,
redonda. Estoy muy orgulloso. Es una obra que te acaricia el alma.

–Después de las tablas, ¿ya pensaste qué?
–La tele otra vez. Septiembre u octubre, creo que vuelvo con Pol-ka. Y tengo
una novela para el año que viene. Pero la televisión de hoy está tan
convulsionada que nunca se sabe.

–¿Tele y teatro en el verano también?
–No, la idea es terminar la obra en noviembre. Voy a extrañar mucho a Pepe,
me encariñé un montón con él, es un personaje adorable. Un maestro, un sabio, un
hombre de una energía envidiable. Los escalones que yo subo de a dos, él los
trepa de a tres. Es un honor trabajar con él.

–Se lo habrás dicho, imagino.
–Todo el tiempo. Fue una prueba ponerme a su lado, un verdadero desafío. Y
me seduce desafiar mis propios límites.

–¿Y hasta dónde das?
–No lo sé. Por eso cuando logro uno, voy por otro. De eso se trata estar
vivo. Soy soñador y voy atrás de esos sueños. Es una forma de estar vivo,
activo, de no jubilarte nunca.

–¿Con qué fantaseás hoy?
–Con tantas cosas…

–Con un amor para toda la vida, por ejemplo…
–Soy un soñador, creo en el amor eterno. En la pareja, sí, claro. Apuesto a
eso.

–¿Con hijos?
–Y con nietos. Cuando subí el Aconcagua pensé: “Cuando vean esta montaña,
van a decir:
‘Mi abuelo Facu estuvo ahí’”. Y me encantó la idea.

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–Hablás de nietos. Pero antes, vienen los hijos.
–Tengo 33, estoy a tiempo todavía. La clave es esperar el momento. Hay un
momento para cada cosa. Cuando hacía tele, muchos me preguntaban para cuándo el
teatro. Se hizo esperar pero llegó, con la obra exacta y el compañero ideal.

–¿Te gustan los chicos, o no?
–Los adoro, no hay nada que me cope más. Creo que cuando tenga un hijo,
muero. Igual, me da mucha vergüenza hablar de una experiencia que todavía no
pasé, no viví. Pero yo sé que van a venir. Hay una mujer llamada Isabel que será
madre, eso te lo garantizo. Y hay un hombre llamado Facundo que será padre.

–¿Qué falta entonces?
–El momento oportuno. ¿La viste a Isabel en el teatro? Andá, te vas a dar
cuenta lo genial que está, en qué momento fundamental de su carrera se
encuentra… Por supuesto que antepongo un hijo a lo que sea, pero hoy La Chava
está en su momento, se lo ganó sin ayuda de nadie. Va a ser madre, yo la voy a
hacer madre, pero hoy tiene que disfrutar esto.

–¿Por que decís “sin la ayuda de nadie”? Vos tenías todos los
contactos, ¿te da culpa no haberle dado una mano?
–Todo lo contrario: me llena de orgullo que haya llegado por ser ella y no
por ser mi novia. A veces, los éxitos laborales en la pareja llegan a destiempo.
Y nosotros logramos eso: respetar nuestros tiempos. Ella me acompañó durante mis
éxitos y hoy yo me saco el sombrero y disfruto del suyo.

–¿Tienen como un pacto de no hacerse sombra?
–Llamálo como quieras. Para Isabel era mucho más fácil dar una nota contando
que era mi novia y que quería ser actriz, que romperse el lomo con las clases de
actuación. Y había otro más corto todavía: yo podría haber ido a ver a Cris
Morena, con quien trabajé en Chiquititas y decirle: “Te presento a mi novia,
ella es actriz
”. Sin embargo no lo hice, y La Chava hoy trabaja con
Cris porque fue como cualquiera a hacer la cola de un casting y lo ganó,
solita, porque era la mejor. Hace un tiempo, Adrián Suar me dijo: “¿Cómo no
me dijiste nunca que tu mujer era actriz?
”. Porque no. Porque después de esa
manito” que yo le podría haber dado, ¿quién le quitaba el estigma de ser
la novia de…? ¿Sabés lo que leí el otro día en una revista? Facundo Arana, el
novio de Isabel Macedo. ¡¿Qué me contás?! Eso me llenó de orgullo.

–Hablás con admiración.
–Isabel es la mujer que elegí. Y volviendo a lo del hijo: cuando llegue el
momento, lo buscaremos y lo tendremos. Estoy seguro. Muy seguro, ¿sabés?

Antepongo un hijo a lo que sea, pero hoy Isabel esta creciendo arriba del escenario, este es su momento. Va a ser madre, yo la voy a hacer madre, pero hoy tiene que vivir este éxito laboral“”>

Antepongo un hijo a lo que sea, pero hoy Isabel esta creciendo arriba del escenario, este es su momento. Va a ser madre, yo la voy a hacer madre, pero hoy tiene que vivir este éxito laboral

Las 24 horas previas al Martin Fierro estaba extrañamente tranquilo. No esperaba nada. Las 24 horas posteriores fueron el tema: no dormí“”>

Las 24 horas previas al Martin Fierro estaba extrañamente tranquilo. No esperaba nada. Las 24 horas posteriores fueron el tema: no dormí

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