“Soy un solitario sin celular, sin computadora, sin e-mail, pero con mucha pasión” – GENTE Online
 

“Soy un solitario sin celular, sin computadora, sin e-mail, pero con mucha pasión”

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Cuando María Elena Walsh le regaló El principito, la inmortal creación de Antoine de Saint-Exupéry, no sólo se anticipó al crítico que mucho después bautizaría así a Iñaki: trazó un perfil del bailarín, hombre solitario “o de muy pocos, pero muy queridos amigos”, confiesa. Un solitario que no usa celular, no tiene computadora, no se comunica por mail y parece vivir en un planeta propio “donde, para sobrevivir, me bastan la comida y un libro, porque sin un libro siento que mi espíritu está en riesgo”.

Nacido en La Plata, empezó a bailar a los 8 años. A los 17 fue ungido primera figura del Colón, y a los 19, invitado por Anthony Dowel, se unió al Royal Ballet de Londres: su luego imparable carrera internacional estaba en marcha…

Diez años más tarde puso sobre el tapete todas sus fichas: “En vez de renovar mi contrato con el Royal formé el Ballet Concierto, mi propia compañía”. Decisión audaz, pero feliz. Tanto, que su carnet para el 2006 está completo: bailará en todas las grandes salas de Europa. Pero antes “tengo un compromiso con mi país; actuaré en las principales ciudades con el programa Ballet Nación, y cerraré la gira con un broche de oro: Don Quijote, en el Club Hípico Argentino, el nueve y el diez de diciembre, con veinticinco bailarines”.

Tal vez entonces la crítica repita mucho de lo que ya dijo de él. Por ejemplo, “Iñaki y su ballet son majestuosos, únicos”. O “Entre vueltas magníficas y pasos justos, pone de pie a todos los públicos”. O “La personalidad que Iñaki le da a algunos de sus personajes quedará como prototipo por su vehemencia, su estampa y su formidable técnica”. O “Su perfección técnica le permite realizar hazañas que rozan lo increíble”. Y siguen las firmas…
GENTE habló con él en Mendoza:

–Los bailarines clásicos suelen ser disciplinados, metódicos, obsesivos… ¿Cuánto tenés de todo eso?
–Todo… y un poco más. Pero cambiaría obsesivo por apasionado. No sé si la obsesión te hace mejor artista, ¡pero te hace mejor psicótico! La pasión, en cambio, es más emocional, más humana, más como somos los artistas.

–¿Con qué soñabas a los ocho años?
–No sé si un chico de esa edad puede tener grandes sueños, y de esa etapa me acuerdo muy poco. Pero a los nueve, en el Instituto de Baile del Colón ya disfrutaba mucho, porque se aprendía en absoluta libertad. Bailar en el Colón sí fue un gran sueño, y pude cumplirlo.

–¿Te sentías diferente de tus amigos, como suele ocurrir con los varones que eligen esta profesión?
–Creo que no tenía conciencia de eso, a pesar de que era el único varón. Nunca me sentí discriminado, y los que me conocieron así, me aceptaron.

–¿Qué pasó con los amigos de aquel tiempo?
–A los del colegio hace más de veinte años que no los veo. La vida te va llevando a conocer otra gente, y más en esta profesión: ¡hace mucho que no tengo un lugar fijo donde vivir! Pero no me quejo. Soy un solitario, tengo pocos amigos, y no creo que se pueda ser amigo de cien personas a la vez.

–¿Pocos amigos por desconfianza?
–No. Porque no se puede tener afinidad con todo el mundo. La amistad es algo muy importante y personal. Un conocido no es un compañero, un compañero no es un amigo, y un amigo no es un hermano…

–¿Te costó pelear un espacio en tu país frente a bailarines del nivel de Julio Bocca y de Maximiliano Guerra?
–No cargué ni cargaría nunca con ese peso. Pensar que una persona puede ser igual (o parecerse) a otra, es una idiotez. Fue, sí, una etapa difícil, porque había bailarines en pleno apogeo, y entonces el público no mira a otros. Pero el paso del tiempo es inexorable para todos, y aunque tardes más o te cueste más, lo que tiene que suceder… ¡sucederá!

–¿Cómo juzgás a Bocca?
–No competimos. El es de una generación diferente, tiene un estilo diferente, y celebro que exista, porque gracias a él existo yo y muchos que seguimos su camino y le mostramos al mundo nuestra danza. Sin embargo, yo hubiera sido bailarín con Bocca o sin él, porque la danza existía antes de él, y seguirá existiendo después de mí…

–¿En qué medida te afecta la crítica, sea favorable o desfavorable?
–En escasa medida. Porque un día te alaban y al otro te defenestran. Me importa más el reconocimiento (o no) de mis pares, porque es más verdadero.

–¿Una de las mayores emociones de tu vida?
–En Milán, cuando me contrató Alla Scala para la gala de homenaje a Rudolf Nureyev, ¡y Vladimir Vassiliev se arrodilló a mis pies! Aun sin conocerlo, fue un maestro para mí, y que mi arte lo conmoviera fue el premio más grande de todos los que recibí en mi vida…

–¿Sos romántico?
–Soy muy tímido… y algo romántico. Pero creo que esta época no es para románticos. Digamos que soy un apasionado, pero no un idiota que vive tirándose a la pileta…

–¿Un gran deseo?
–¡Tener un hijo! Pero ahora no es el momento, y ésa es una decisión para tomar con el cerebro, no con el corazón. Un hijo es una obligación para toda la vida, hay que darle todo el tiempo del mundo, y hoy, ese tiempo se lo debo a los escenarios.

–¿Una frase, un lema?
–Mañana será otro día. Que es como decir: si hoy no pude, mañana volveré a intentarlo. Probála: es muy saludable…

–¿Sos un hombre feliz?
–Soy un hombre agradecido. Y también feliz, sí. Porque ser feliz es mucho más que un estado: es una obligación.

Mendoza, termas, aguas relajantes y purificadoras: el gran descanso después de una gira española y carga para las pilas que le exigirá un 2006 de agenda completa.

Mendoza, termas, aguas relajantes y purificadoras: el gran descanso después de una gira española y carga para las pilas que le exigirá un 2006 de agenda completa.

Iñaki es un solitario por elección. Entre otras cosas, “<i>porque hace más de veinte años que no vivo en un lugar fijo, y porque no es posible tener cien amigos. La amistad es una cosa demasiado seria…</i>”.

Iñaki es un solitario por elección. Entre otras cosas, “porque hace más de veinte años que no vivo en un lugar fijo, y porque no es posible tener cien amigos. La amistad es una cosa demasiado seria…”.

“<i>Nunca competí con Julio Bocca. Es de otra generación, y tenemos estilos muy diferentes. Pero me alegro de que exista, porque le abrió el camino a muchos artistas</i>”

Nunca competí con Julio Bocca. Es de otra generación, y tenemos estilos muy diferentes. Pero me alegro de que exista, porque le abrió el camino a muchos artistas

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