“Soy un flaco de 44 años que disfruta el paso del tiempo” – GENTE Online
 

“Soy un flaco de 44 años que disfruta el paso del tiempo”

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Apenas entramos a su casa, le comentamos que acabamos de verlo en afiches por toda la ciudad. “¡Ah, qué bueno!”, exclama. “¿Eran los gigantes o los de doble paño?”. Entre dudas, le decimos que tenían una foto suya en primer plano, todo muy azulado. “Esos son los del disco y la presentación en el Opera. Pero también tienen que pegar los de la peli”. Y sí, evidentemente debe ser complicado andar haciendo malabarismos con el estreno de un largometraje y un recital en plena calle Corrientes.

Pero Fito Páez puede hacerlo y se lo ve extrañamente tranquilo, contento y lleno de excitación por cada paso que lo acerca a la première del filme y el debut del 5 y 6 de octubre en el teatro. La película es la segunda, tras la valiente y algo vapuleada Vidas privadas, de 2001, con Cecilia Roth, Dolores Fonzi y Gael García Bernal. Se llama ¿De quién es el portaligas?, y es una excelente comedia que incluye un logradísimo retrato generacional de los años ochenta, centrado en un trío de amigas veinteañeras (Julieta Cardinali, Romina Ricci y Leonora Balcarce), con look moderno, raros peinados nuevos y mucho rocanrol. A medida que avanza, la historia crece en espiral, hasta que el espectador, casi sin darse cuenta, termina sumergido en un genial viaje de montaña rusa loca y disparatada, con cameos del estilo Fabiana Cantilo como psicóloga, Fena Della Maggiora como un gordísimo Don Corleone rosarino, y estupendas actuaciones de Cristina Banegas, Darío Grandinetti y Lito Cruz.

–Fito, da la impresión de que te divertiste mucho escribiendo el guión. ¿Fue así?
–A veces pienso que ...Portaligas fue reactiva a Vidas privadas, una película más trabajosa y larga. Acá, el recuerdo permanente es estar matándonos de risa. Les iba mostrando algunas cosas a las actrices y resultaba muy inspirador. De hecho, está escrita pensando en ellas. Antes de rodarla, los personajes ya tenían un rostro. Fue una aventura hermosa.

–¡Por momentos parece que desfila la mitad de la gente que figura en tu agenda!
–Bueno... hay varios amigos. Está Fabi, musa inspiradora y protagonista de una escena con el portaligas. La frase del título circuló como anécdota entre amigos durante años... Cuando le conté cómo se llamaba la película, no lo podía creer.

–¿Te quedaste con algún antojo en el casting de actores?
–No. Aparecen Fontova, Javier Olmedo, Fontanarrosa, Verónica Llinás y muchos más. Cuando los llamé, todos aceptaron, querían estar. Hasta figura un viejo sketch casero que hacemos siempre con Fena, sobre un rosarino trucho que habla en italiano.

–Hay muchos cameos y hasta aparecés vos al pasar. ¿No están tus hijos?
–Mirá, en ese aspecto soy cada vez más cuidadoso. Quiero que tengan la vida que quieran tener ellos, pero no por influencia mía. Iban a la filmación. Martín, por ejemplo, los fines de semana. Estuvieron muy integrados al proyecto, pero no quise que aparecieran en cámara como yo.

–¿Te resulta más fácil marcar a una persona que conocés que a una actriz?
–Sí... Pero no me hago esos cuestionamientos, ni llego al set pensando en eso. Es algo a favor, claro. Por supuesto me pasa como a todo capitán de barco, que en el medio de una tormenta también pega un par de gritos.

–Para muchos, la sorpresa es que trabajes con tus ex, Fabi (Cantilo) y Romina (Ricci). ¿Fue cómodo eso?
–Amo a la gente que amo. Tampoco hay que andar aclarando el tipo de vínculo que tenés respecto de las personas con las que trabajás. En principio, cuando se decide participar en un proyecto, hay acuerdos básicos que ni se nombran y son tácitos, como quién es el jefe. Tu tarea como director es usar todo a favor de la historia.

–¿Cómo definís la historia? Porque no es todo comedia ni tampoco una farsa...
–Lo más parecido es el mundo de Copi. Es un relato muy desarticulado, sin perder jamás el sentido del humor. Quiero decir que es más deshilachado que Almodóvar. Es la historia de este grupo de chicas y un punto de vista sobre el paso del tiempo. La amistad como sentimiento superior y superador de las instancias personales. Perreándose entre ellas, sí, aunque después gana el corazón, lo que habla muy bien del espíritu de las tres. Ahora que lo pienso, la película tuvo un curso muy relajado, desde la escritura hasta la búsqueda de las locaciones y del dinero. En cambio, el álbum llegó después de bastante tiempo, probando y probando, porque no me convencía, hasta que aparecieron unos tres temas y todo salió enseguida. El experimento lo vas haciendo en el viaje, para saber algo y para aprender en este gran desconcierto que es la vida.

–El único vínculo entre ambos proyectos parece ser la canción Yo siempre te voy a amar, donde parece que le hablás a una película tuya.
–Sí. Está escrita para Vidas privadas. Es un tema dirigido a varias personas y cosas. Prácticamente cada frase tiene un destinatario diferente, ¡hasta mis hijos están ahí adentro! Lo lindo es que la figura de “yo siempre te voy a amar” podés llevarla a cualquier lado, tanto a personas como a objetos. Quedó lindo el truco de esa canción...

–¿Hay algún otro vínculo entre película y disco?
–Creo que no, si bien entiendo que hablan de lo mismo. Soy un flaco de 44 años que ha vivido muchas cosas y que ya empieza a disfrutar el paso del tiempo. O empieza a darse cuenta de lo que significan algunas cosas. Y sin nostalgia. Creo que los momentos de plenitud son más disfrutables y reconocibles mientras vas sintiendo el paso del tiempo. Más que los pequeños momentos de nostalgia de la infancia o aquel tema de la melancolía por lo perdido, que es todo caca televisiva melodramática.

–¿Qué expectativas tenés a pocos días de estrenarla?
–Me encantaría que la gente vaya a verla. Sería un buen premio a un gran esfuerzo en la búsqueda de algo hermoso. Estaría buenísimo. ¡Y, si no, habrá que salir a remar nuevamente, para sanear los agujeros económicos!

–¿Y cómo viene la presentación de Rodolfo?
–Estamos bien, armando la puesta para el teatro y empezando a debatir la lista de temas. Quiero armar un espectáculo. No quiero ir a tocar como si fuera un bar y punto.

–¿Cuáles ves como pros y contras de estrenar dos cosas juntas?
–Descreo de que haya contras. ¡Los pros son que en una nota hablo de las dos cosas! Pero si hubiera tenido que pensarlo, hubiera dicho que no. Como no lo pensé, pasó, aunque había una voz adentro que decía: “¡Vos estás loco!

–La vida tampoco es tan ordenada.
–¡No! ¡Yo mezclo todo! La norma es: si no le hace daño a nadie, no tenemos que darle explicaciones a nadie.
“<i>Para aprender y saber algo en este gran desconcierto que es la vida, el experimento lo vas haciendo en el viaje</i>”, entiende el rosarino.

Para aprender y saber algo en este gran desconcierto que es la vida, el experimento lo vas haciendo en el viaje”, entiende el rosarino.

“<i>Amo a la gente que amo. Tampoco hay que andar aclarando el tipo de vínculo que tenés respecto de las personas con las que trabajás. Cuando se decide participar en un proyecto, hay acuerdos básicos que ni se nombran y son tácitos, como quién es el jefe</i>”.

Amo a la gente que amo. Tampoco hay que andar aclarando el tipo de vínculo que tenés respecto de las personas con las que trabajás. Cuando se decide participar en un proyecto, hay acuerdos básicos que ni se nombran y son tácitos, como quién es el jefe”.

“<i>¿Los pros y contras de estrenar dos cosas juntas? Descreo de que haya contras. La vida tampoco es tan ordenada. ¡Yo mezclo todo! Mi norma es: si no le hace daño a nadie, no tenemos que darle explicaciones a nadie</i>”.

¿Los pros y contras de estrenar dos cosas juntas? Descreo de que haya contras. La vida tampoco es tan ordenada. ¡Yo mezclo todo! Mi norma es: si no le hace daño a nadie, no tenemos que darle explicaciones a nadie”.

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