“Soy todavía una leona herida, pero ya di el primer paso” – GENTE Online
 

“Soy todavía una leona herida, pero ya di el primer paso”

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Salió a escena y el teatro Niní Marshall, de Tigre, explotó en una ovación. El aplauso se extendió, de a uno los espectadores se pusieron de pie, y Nazarena Vélez (39) no pudo más: dejó su rol de Dora Grimaldi y se dejó llevar por la emoción. El abrazo de Rodolfo Ranni fue el símbolo de la contención que cada uno de los 900 presentes le dio esa noche del 22 de mayo, cuando regresó a sus funciones de Los locos Grimaldi, al comienzo de una gira que la llevará por todo el país y el exterior. Que es una forma de volver a vivir.

Al día siguiente hizo dos funciones en Quilmes –donde nació–; el sábado fue el turno de Merlo, justo a dos meses exactos desde que su marido, Fabián Rodríguez, decidió terminar con su vida. El domingo, en el camarín del teatro Carlos Gardel, de Valentín Alsina, Nazarena le contó a GENTE el duro momento que vivió la noche anterior: “Yo venía con una carga emocional muy fuerte, y sin querer miré el reloj justo en el horario en que Fabi había fallecido. Los tenía al Negro (Alvarez), al Tano (Ranni) y a (José Luis) Muscari, que me sacaron de ahí”.

El retorno no fue fácil. Tomó la decisión a pesar de ella misma. “Si por mí fuera, me metería en la cama y no saldría. Pero necesito trabajar. No quedé en una buena situación económica”, dijo. Salió de la mano, entre otros, del productor Javier Faroni, que se hizo cargo de la producción de la obra. Cuando terminó la función, explicó por qué tomó esa decisión: “Cuando pasó lo que pasó, hablé con Muscari: ‘Decile a Naza que cuando necesite, lo que sea, yo estoy’. Cuando se empezó a sentir un poquito mejor, le aconsejé lo que yo haría. Me pidió que la produjera, que ella no podía. Y así hicimos, pero la obra es de Naza. La veo golpeada pero bien, y el contacto con el teatro, con sus compañeros, con el trabajo, y el cariño del público, le van a hacer muy bien. A Naza la gente la ama; ella llega mucho. Eso le dará fuerza”. La espera un largo periplo: el 29 estará en El Palomar, el 30 en Lomas de Zamora, el 31 en Zárate, el 1º de junio en San Martín, el 6, 7 y 8 en Montevideo... y así hasta llegar a septiembre con 48 funciones, ya pautadas.

El camarín en Valentín Alsina lo comparte con Muscari. Hay pocas cosas, como sucede en las giras, pero sobresale una foto de ella con sus tres hijos (Barbie, 19; Gonza, 13 y Thiago, 3), una Coca light y un perfume Dolce & Gabbana, además de maquillajes y cepillos. Todavía está conmovida por la respuesta de tantos desconocidos que, desde el regreso, se acercaron a darle afecto: “Uno espera amor de su mamá, su papá, sus hijos, los amigos, pero el amor incondicional de la gente, que se preocupe tanto, es increíble. Ayer, alguien me trajo agua bendita de la Virgen de Guadalupe para que tome a la mañana y a la noche; una chica me dio una carta donde me dice que podía venir a cocinarme o ser mi secretaria gratis; otra me regaló un rosario y me contó que se fue hasta Luján a bendecirlo; es increíble”.

–¿Te preparaste de alguna manera especial?
–No, no quise. Tuve sólo un ensayo, el miércoles (Nota: Allí se decidió cambiar una línea del texto, que decía ‘mi marido me abandonó’, y quedó ‘se fue con su secretaria’). Cuanto más preparo las cosas, peor es. Le estoy metiendo fuerza. La gente la pasa muy bien, se ríe, y eso para nosotros es un alimento para el alma. Yo no quiero defraudar al público ahora... Son maravillosos. Después de todo, vienen a ver una comedia.

–A tu cuenta de Twitter subiste un montaje de tu cara con una leona. ¿Así te sentís?
–Sí. La foto me la mandó una amiga. Yo le puse dos cositas y ¡arriba! Soy una leona todavía herida, pero un día dije “arrancamos”, y arranqué. Voy día a día, paso a paso, y ya di el primero. Aunque a veces las cosas me cuestan. Dije que iba a dar notas, por ejemplo, y no pude terminar la entrevista con Jorge (Rial). Iba a ir a Uruguay, donde actuaré en junio, para hacer prensa, pero no viajaré ahora. Desde ahora me voy a cuidar. Aparte, me lo pidieron mi psiquiatra y mi familia. Tengo que estar entera para mis hijos.

El saludo final en la primera función de Nazarena después de la muerte de Fabián Rodríguez. La aplaudieron de pie. El sostén de sus compañeros –aquí están Zaira Nara, el Negro Alvarez y Rodolfo Ranni– fue fundamental.

El saludo final en la primera función de Nazarena después de la muerte de Fabián Rodríguez. La aplaudieron de pie. El sostén de sus compañeros –aquí están Zaira Nara, el Negro Alvarez y Rodolfo Ranni– fue fundamental.

<i>“Me trajeron agua bendita de la Virgen de Guadalupe. En una carta me ofrecieron venir a cocinarme o ser mi secretaria gratis. Me regalaron un rosario que fueron a bendecir a Luján. La gente es increíble”</i>

“Me trajeron agua bendita de la Virgen de Guadalupe. En una carta me ofrecieron venir a cocinarme o ser mi secretaria gratis. Me regalaron un rosario que fueron a bendecir a Luján. La gente es increíble”

Nazarena en su camarín. Apoyada en el espejo, una foto de ella con sus tres hijos (Barbie, Gonzalo y Thiago) que es pura felicidad. El público, que la ovaciona, le deja regalos (rosarios, estampitas) y cartas que la conmueven. La noche que volvió, en Tigre, se quebró con los aplausos, y Ranni la contuvo. Desde el escenario en Valentín Alsina: a sala llena.

Nazarena en su camarín. Apoyada en el espejo, una foto de ella con sus tres hijos (Barbie, Gonzalo y Thiago) que es pura felicidad. El público, que la ovaciona, le deja regalos (rosarios, estampitas) y cartas que la conmueven. La noche que volvió, en Tigre, se quebró con los aplausos, y Ranni la contuvo. Desde el escenario en Valentín Alsina: a sala llena.

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