“Soy muy pasional, y no precisamente respecto a la religión” – GENTE Online
 

“Soy muy pasional, y no precisamente respecto a la religión”

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Perdón, me quedé un poquito dormido”, recuerda patente el periodista que así se excusó, una década exacta atrás, en mayo de 1999, aquel muchacho casi treintañero en el sector de conferencias del Regency, sobre Park Avenue, a dos cuadras de Central Park de Nueva York. Lógico, había pasado la noche entre amigos, conversando en el bar del hotel, y a la mañana siguiente, vencido por las sábanas, no se presentó a las round tables (mesas redondas desde las que el entrevistado conversa ante una decena de periodistas de distintos países), debiendo añadirse a la conferencia de prensa del legendario George Lucas, quien, igual que el resto de su equipo, lanzaba Episodio I-La amenaza fantasma (La guerra de las galaxias), en Manhattan.

¿A qué viene la anécdota? A que dos lustros después, clavadas las 10 AM, el escocés nacido un 31 de marzo de 1971 en Crieff, Perthshire, entra puntual en las salas Danieli A y B del St. Regis de Roma, a tres cuadras de la estación Termini, para hablar de Angeles y demonios que, con él ahora casi cuarentón, acaba de estrenarse en la Argentina. Obvio que ya no luce la campera negra de cuero y el pantalón de corderoy marrón de los viejos tiempos. Los cambió por una remera blanca y un trajecito sport azul. No obstante el rostro –al margen de ciertas arruguitas bajo sus ojos celestes– sigue siendo el de un recién levantado. Para disimularlo, entonces, Ewan Gordon McGregor (1,75 metro, hijo de los profesores James Charles Stuart y Carole Diane Lawson y hermano de Colin, piloto de combate de la Real Fuerza Aérea británica) pide un café cortado y lo revuelve, aguardando así la primera pregunta de GENTE...

–A lo largo de su carrera, iniciada en 1993 y con 36 películas, sin agregarle la que vino a promocionar acá, ha encarnado a un músico, a un caballero Jedi, a un escritor, a un adicto, hasta a un robot y una paloma mensajera, aunque, ¡a un cura!, nunca lo hubiésemos imaginado.
–(Lanza su famosa sonrisa de dientes a pleno). En la historia, el Papa murió, y en el Vaticano es ley que su mano derecha, su secretario, tome las decisiones esperando que se elija un reemplazante. Ahí entra en juego mi camerlengo Patrick McKenna. Y no te sorprendas, porque un actor juega diferentes papeles, bien cercanos y menos cercanos.

–Cuéntenos en qué grupo anotaría a éste.
–Admito que no conocía demasiado de la Iglesia Católica. Menos mal que un sacerdote estadounidense que contrató la producción me aconsejó lo necesario para resultar creíble. De lo contrario, mi participación en A&D se hubiera complicado.

–Aprovechemos el título. Confiese sus características de ángel y de demonio. ¿Se anima?
–Ejem (respira profundo). Supongo que guardo cosas de ambos en mi interior. Sin embargo, preferiría no detenerme a especificar. Digamos que en general soy muy pasional, y no precisamente respecto a la religión.

–¿Habla sobre la familia?
–Seguro. Por ejemplo.

–¿Incluso al extremo de tatuarse los nombres de sus integrantes en el brazo derecho, cruzando un corazón y una daga: Eve (por su esposa desde el 22 de julio de 1995, Eve Mavrakis, 42, francesa, diseñadora), Clara (por Clara Mathilde, su niña mayor, de 13), Esther (por Esther Rose, la de 7) y Jamiyan (por la pequeña de 7 que adoptaron en Mongolia durante 2006)?
–Exacto. Me encanta vivir rodeado de mi mujer y mis hijas, y al menos deseo un chico más, si bien cuando viajo sufro pensando en ellas y preocupándome de que pueda sucederles algo malo... He gastado mucho dinero tratando de protegerlas de los paparazzi.

–¿Qué otras debilidades cultiva?
–Puertas adentro, leer, tocar la guitarra, mirar DVDs. Puertas afuera, movilizarme en favor de UNICEF, de la infancia. Desde un costado menos comprometido, amo las motos –tengo cinco– y lanzarme a la ruta. Acompañado de mi amigo y colega Charley Boorman, he recorrido medio mundo acelerando una BMW R 1150 GS Adventure. Nos quedaría América, nuestro próximo objetivo.

–¿Argentina?
–Anótala, entra en los planes... Perdón, ¿vamos a hablar de la cinta de Howard o no? (exclama). Okay, hablemos (larga una carcajada)... Con Ron nos encontramos varias veces en Londres cuando preparaba El código Da Vinci, sabes, la segunda parte de la trilogía de Dan Brown, que arranca en Angeles y demonios y se cerrará con El símbolo perdido (si se mantiene el título original del libro). Hacía rato que queríamos trabajar juntos.

–¿Leyó el best seller de Dan Brown, previo a la acción?
–No me interesa Dan Brown.

–¿¡Disculpe!?
–Yo leí el guión (manifiesta enfático). Cuando filmo, mi libro y foco es el guión. No puedes pensar en situaciones que ocurren en el libro o manejar información que no te sirva luego. El libro se usa para orientarte en escenas específicas o entender el ambiente y demás.

–Quizá se ofendió, Ewan, porque el exitoso novelista no le añadió ningún tema musical moderno a su sacerdote...
–¿Tema musical moderno? Rodamos un thriller de ficción.

–Su compañera Ayelet Zurer afirma que usted no dejaba de cantar en los descansos y parates, contagiando a todos y exhibiendo un talento musical “maravilloso”, según sostuvo.
–Ahhhh. Hago lo que puedo. También adoro componer. Detente, ojo, que no me veo de estrella del pop, eh.

–Pero ya es una estrella del cine. ¿Tomó conciencia?
–Costado que me interesa poco (resopla). Tanto como conocer a personas alejadas del set. Siento que esconden una idea preconcebida de mí, y no existe nada que las pueda modificar. “Tardé, pero al fin maduré un poco: dejé de salir de copas, me quedo en casa”, confiesa el otrora Obi-Wan Kenobi de Star Wars, que se mudó de Londres a  Los Angeles.

“Tardé, pero al fin maduré un poco: dejé de salir de copas, me quedo en casa”, confiesa el otrora Obi-Wan Kenobi de Star Wars, que se mudó de Londres a Los Angeles.

Desde la capital de Italia, Ewan posa mostrando el tattoo en el que figuran los nombres de su esposa, Eve, y sus niñas Clara, Esther y Jamiyan.

Desde la capital de Italia, Ewan posa mostrando el tattoo en el que figuran los nombres de su esposa, Eve, y sus niñas Clara, Esther y Jamiyan.

En la terraza del Castillo del Angel, a orillas del río Tiber Ewan es acosado por los periodistas. Detrás, el Vaticano.

En la terraza del Castillo del Angel, a orillas del río Tiber Ewan es acosado por los periodistas. Detrás, el Vaticano.

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