“Soy la reina del juego mediático” – GENTE Online
 

“Soy la reina del juego mediático”

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Lamento contarles algo muy personal: soy muy caprichosa. ¡Hago y digo lo que quiero, cuando quiero! Paralelamente a eso, ¡soy feliz!”.

Esa es su carta de presentación en Twitter, donde tiene 55.804 seguidores. Rocío Marengo (30 años, una de las piezas clave en el juego mediático de cada día) no tiene filtros. Con una lengua filosa como pocas, se perfila como la nueva figura del caos de los medios. “Si las verdades duelen, más de uno va a tener que tomar analgésicos”, dispara. Su lista de enemigos hoy parece interminable. A continuación, por orden de aparición, algunos de sus rivales más famosos: Gerardo Sofovich, Wanda Nara, Carmen Barbieri y todo el elenco de Fantástica, Ricardo Fort... Y siguen las firmas. La última incorporación es Nicolás Espinoza, su pareja en la pista de Bailando por un sueño 2010, donde Rocío entró como reemplazo de la inglesa Sarah Paddy Jones. ¿Cómo olvidarlo? Se dijeron de todo “en vivo”... ¡Y salieron eyectados del programa!

Ahora, expulsada, Marengo dice que “todo es un juego”. Y, en entrevista con GENTE, repasa cada una de sus jugadas en el tablero de las polémicas. Primero hablamos de su polémica participación en el Bailando...

–No te dejaron elegir pareja para este “truco”, Rocío.
–Y... (suspira). Es lo que me tocó. Siempre fui consciente de que era un reemplazo. No tengo aires de diva, no exijo cosas raras y tampoco pido bailarines con determinadas condiciones artísticas. A mí me convocan y yo pongo toda la garra. Me arriesgo. Es decir, me sumo al juego. Llegué con la jugada empezada y traté de buscarle una vuelta. Tampoco es un certamen de talentos... Seamos sensatos... Si pretendiéramos eso estarían todas recibidas del teatro Colón.

–¿Te considerás una buena estratega?
–Yo me siento la reina del juego mediático. Si no, ¿cómo explicás que se arme tanto revuelo en el poco tiempo que estuve? Pasa el tiempo y siguen hablando de mí. La clave de mi estrategia es tener buena onda. Si me equivoco, siempre pido perdón. Toda mi vida fui una persona de ir al frente. Soy impulsiva, caprichosa, desenfadada... y eso a muchas personas no les gusta. Algunos prefieren la hipocresía, pero no es mi estilo. Yo soy mi propia empresa y me divierto con lo que hago. Juego, apuesto todas las fichas, cuando quiero me retiro y vuelvo a apostar.

–¿Te sentís el comodín de Ideas del Sur?
–Me tienen en cuenta. Puedo ser un comodín, pero uno que no falla y que suma a la partida. Siendo una de las concursantes o un reemplazo, sigo en boca de todos y genero lo mismo. Me pasó la última vez, cuando tuve que cantar La guitarra de Lolo... ¡Terminé apareciendo en todos los canales y revistas! La ubicación que tenga en el certamen no me cambia. Ojo, está bueno empezar con el sueño desde un principio, porque la relación con la gente que está involucrada es otra.

–¿Quién es una pieza clave en Bailando por un sueño?
–Graciela. La tiene muy clara. Es la mejor carta de todo el grupo. El resto es como que no la termina de entender. Ella se divierte con el show. Algunos sienten los comentarios o las notas como cuestiones personales. Eso les pasa mucho a las modelos: como viven en un mundo en el que todos les dicen que son perfectas, lloran cuando les ponen un ocho. Nunca hay que creerse la mejor ni la peor, porque todos reciben un diez en algún momento. Y todos reciben un uno que los manda al teléfono. Hay veces que me gustaría agarrar a alguna chica y decirle: “Hey, es un juego... ¡caé, boba!”. Yo no necesito que me digan la nota; sé cómo bailo y entiendo el show, porque no lo tomo como algo personal.

–¿Podés identificar a los peones en este tablero?
(Ríe) Ufff... En Bailando... está lleno. Pero no sólo en el jurado, sino también entre los participantes. Te puedo decir que un noventa por ciento de los que están son fichas pobres. Cada uno tiene su estilo, pero los peones son los primeros en ser comidos.

–¿Quién fue tu caballito de guerra?
–Graciela y Aníbal, que se sumaron a mi jugada y supieron interpretar mi trabajo. Los integrantes del jurado no son tan malos como dicen los concursantes. Te repito: el show business tiene claves y jugadas establecidas, que no podés ignorar si querés ganar.

–¿Quién te dio el jaque mate final?
–¡Mi bailarín! No me ayudó para nada. No sé con qué pieza identificarlo, pero me llevó al muere. Me jugó en contra. Yo le expliqué que el juego no era para él. Lo vivió todo en carne viva y esto es otra cosa. Después, sus constantes “renuncias” terminaron por afectarlo. ¿Qué público va a votar para que te quedes si llorás por los pasillos diciendo que querés volver a tu país? Hay que estar preparado, esto no es para cualquiera. Tenés que ser rápido en la pista, con las palabras y con el espectáculo. Si no, estás out.

–¿En algún momento estuviste por “pedir tablas”?
–Cuando estuve con los pies acalambrados, luchando por mejorar la relación con mi bailarín, ensayando con otro porque Nicolás estaba que se iba, que se quedaba... Sentí que ya no lo disfrutaba. Yo no me meto con nadie. Cuando me atacan, respondo como lo haría cualquiera que tiene sangre en el cuerpo. No tengo una coraza tan grande como parece. A mí me afecta a la salud de forma directa.

–¿Te dieron jaque varias veces en tu carrera?
–Este año me dediqué a crecer y a poner toda la carne en el asador, pero con cuidado para no prenderme fuego. Mi carrera fue creciendo con lentitud, pero sin descanso. Muchas veces, cuando veía a otras chicas en las tapas de las revistas, me preguntaba: “¿Cuándo me va a pasar a mí?”. Después ellas desaparecían de la escena, mientras que yo sigo en pie.

–Si bien el ajedrez es un juego silencioso, ¿recibiste muchos agravios de tus rivales?
–¡Mil cosas! Me cambiaban las palabras, agregaban otras y omitían miles más. Hubo un momento en el que me dije: “¿Cómo paro esta pelota?”. Al final, la gente se dio cuenta que la verdad salió a la luz y que yo tenía razón.

-Tu próximo rival parece ser Amalia Granata, quien dio el primer grito de guerra: “Que Marengo vaya al psicólogo”, dijo.
–Yo voy adonde quiero. Y te advierto: el que quiere guerra, la va a tener.

Si bien fue eliminada de <i>ShowMatch</i>, Rocío jura que nadie entiende el juego como ella. Aunque sólo reconoce una sola pieza clave en el tablero de Bailando...: <i>“Graciela (por Alfano) la tiene clarísima; es la que más aporta al show”</i>, asegura.

Si bien fue eliminada de ShowMatch, Rocío jura que nadie entiende el juego como ella. Aunque sólo reconoce una sola pieza clave en el tablero de Bailando...: “Graciela (por Alfano) la tiene clarísima; es la que más aporta al show”, asegura.

Rocío dice que su enfrentamiento con su bailarín, Nicolás Espinoza, fue lapidario: <i>“El no me ayudó para nada, me jugó en contra. Sus constantes ‘renuncias’ afectaron el juego. ¿Quién va a votar para que te quedes si llorás por los pasillos diciendo que querés volver a tu país?”</i>.

Rocío dice que su enfrentamiento con su bailarín, Nicolás Espinoza, fue lapidario: “El no me ayudó para nada, me jugó en contra. Sus constantes ‘renuncias’ afectaron el juego. ¿Quién va a votar para que te quedes si llorás por los pasillos diciendo que querés volver a tu país?”.

“Hay que estar preparado; el medio no es para cualquiera. En el caso del ‘Bailando...’ tenés que ser rápido en la pista y con las palabras, para generar espectáculo. Si no lo conseguís, estás out”.

“Hay que estar preparado; el medio no es para cualquiera. En el caso del ‘Bailando...’ tenés que ser rápido en la pista y con las palabras, para generar espectáculo. Si no lo conseguís, estás out”.

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