«Soy dura porque elegí el mundo de la economía, que es un mundo de hombres» – GENTE Online
 

"Soy dura porque elegí el mundo de la economía, que es un mundo de hombres"

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Su muy alemán apellido, pronunciado en correcto alemán, es Kkkrrruggger. Más
que un apellido, un ruido. Ruido a fractura, a cosa que se quiebra, a rumor
subterráneo antes de un terremoto.

Y en su caso, apellido, cuerpo y personalidad van de la mano. Porque Anne O.
Krueger, ya en sus 70 cumplidos, es una maciza, obstinada e inflexible
"máquina de actuar
", como la definen sus colegas y amigos. Definición que
sus enemigos, sin renunciar a la idea de máquina, convierten en otra metáfora
menos piadosa: "picadora de carne".

La diplomacia no es su fuerte. En Washington, hace un año y medio, no le bastó
con espetarle a Roberto Lavagna que "la posición de su país es inaceptable",
se lo repitió no menos de ocho veces, y reforzó su diagnóstico con un gesto
propio de sus largos años como profesora: pegando sonoras palmadas sobre la
mesa.

A LA DERECHA DE LA DERECHA. Ultraconservadora ("más halcón que el más
duro de los halcones americanos"
, según se oye en los cuarteles del Partido
Demócrata), republicana por formación, espíritu y militancia, instalada en el
Fondo Monetario Internacional por George Bush (h) y amiga de Condoleezza Rice,
la no menos pétrea asesora de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, en los
primeros días de este marzo del 2004 hizo cumbre: se sentó en el máximo sillón
-director gerente- del Fondo, en reemplazo, aunque provisional, del mandamás
Horst Köhler, que parece número puesto para ser ungido presidente de Alemania.

Algunos observadores de las entrañas del Fondo dicen que Krueger siempre
consideró a Köhler como "demasiado blando" (eso, a pesar de su prédica de
mano dura hacia la Argentina), pero otros, que hilan más fino, sostienen una
vieja teoría: "Son iguales, pero juegan al policía bueno y el policía malo".

Es cierto que para esta rígida profesora de Economía de tres universidades (Duke,
Minnesota y Stanford), investigadora de la Hoover Institution, ex vicepresidenta
del Banco Mundial, ex presidenta de la American Economic Association (y varios
etcétera…) ya no quedan metas mucho más altas que el timón del Fondo, pero no se
resigna a retirarse a cuarteles de invierno sin el lauro de los lauros: el
premio Nobel, para el que ya fue propuesta varias veces.

TANGO SI, ASADO NO. Dicen que suele sonreír (la risa franca no es uno de
sus hábitos…) cuando sus amanuenses le acercan los comentarios de cierta prensa
argentina estilo: "La mujer que quiere destruir al país", "la Margaret
Thatcher de la economía", "la súper lobbista de los bancos y los acreedores
privados", "la enemiga pública número uno
" y otros disparos de Magnum 357
que a ella le parecen, apenas, proyectiles de matagatos.

Sonríe y, sin palabras, dice para sus adentros: "¿Qué esperaban de la
directora del Fondo? ¿Felicitaciones? ¿Obras de beneficencia? ¿Intercambio de
fotos familiares?".

A pesar de la fama de bulldog antiargentino que le construyó gran parte
de la sociedad argentina, tiene amigos por estos pagos: Arnaldo Musich,
ejecutivo de Techint; Carlos Conrado Helbling; Miguel Angel Broda; José Luis
Machinea; Guillermo Nielsen y Alfonso Prat-Gay. Más aún: Musich y Helbling, en
los 70, la trajeron dos veces a la Argentina, Machinea fue uno de sus alumnos en
Minnesota, Broda la visita en cada viaje a Washington, y en su último aterrizaje
en Buenos Aires se permitió dos breves recreos no economicistas: elogió la
ciudad ("Su belleza sólo es comparable a la de París", piropeó), aplaudió
a los bailarines de tango en una noche for export de San Telmo, y lamentó
perderse el asado en una estancia por la esclavitud de su agenda.

LA BIOGRAFIA IMPOSIBLE. Por supuesto, no rectificó sus sentencias acerca
del país ("No tiene un programa sustentable… Darle dinero fresco es perder el
tiempo… El caso argentino es un ejemplo de lo que puede pasarle a los países que
hacen mal las cosas… Mi paciencia llegó a cero")
, pero luego del pago, el
martes 9 y sobre la hora, de los 3.100 millones de dólares, seguirá negociando,
porque hasta el Fondo sabe que "es mejor un mal arreglo que un buen pleito",
ese viejo dicho tribunalicio…

En cuanto a su vida privada, Krueger es un largo misterio. Ninguna biografía va
más allá de sus títulos, sus cargos y sus publicaciones, como si su entera
existencia hubiera transcurrido en aulas, entre pizarrones y computadoras, en
congresos mundiales y en conferencias.

Se sabe, sí, que estuvo casada, que tiene una hija con la que no se habla desde
hace años y que, invariablemente, usa ropa oscura y formalísima. También, que
gana 340 mil dólares por año y que, más allá de su pasión por los ajustes y la
severidad fiscal, no piensa reducir su sueldo ni en medio dólar, a pesar de las
críticas: según los lápices más afilados de Wall Street, el Fondo gastó
794 millones de dólares el año pasado (73 millones más que en el 2002), y dos
tercios de su presupuesto total se esfuma en sueldos, viajes, congresos,
desayunos, almuerzos, cócteles y cenas de trabajo.
Cuenta uno de sus colegas que sólo una vez le oyó decir, casi susurrando, una
confesión personal: "Soy dura, sí. Muy dura. Porque elegí el mundo de la
economía, que es un mundo de hombres".

Le dio resultado: entró al Fondo hace apenas tres años, ya lo comanda, y es la
primera mujer que lo logra desde su fundación.

Sonriente -un gesto muy poco usual en ella- y ametrallada por fotógrafos, la única mujer que alcanzó el cargo de director general en la historia del Fondo llega con todo su armamento: las carpetas de los deudores.

Sonriente -un gesto muy poco usual en ella- y ametrallada por fotógrafos, la única mujer que alcanzó el cargo de director general en la historia del Fondo llega con todo su armamento: las carpetas de los deudores.

Caminando junto a Horst Köhler, su jefe hasta hace unos días, que renunció para ser el posible presidente de Alemania. Y en uno de sus precisos y nada diplomáticos discursos sobre los países deudores.

Caminando junto a Horst Köhler, su jefe hasta hace unos días, que renunció para ser el posible presidente de Alemania. Y en uno de sus precisos y nada diplomáticos discursos sobre los países deudores.

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