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“Soñamos con tener muchos hijos”

“Soñamos con tener muchos hijos”

Redacción Gente

Cuando la vi por primera vez pensé: ‘¡Si me como este caramelo soy un
fenómeno!’
“, recuerda Andrés D’ Alessandro (24), que acaba de hacer el gol
más importante de su vida. Aprieta con fuerza la libreta roja que certifica que
desde ahora es el marido de Erica Senneke (23) y besa a su flamante mujer. Son
las tres y media de la tarde del miércoles 15, y bajo una garúa tenaz el
delantero del Wolfsburgo gambetea el arroz que le llueve desde los cuatro
costados. Mientras, su amigo Javier Saviola convierte el segundo gol para la
Selección argentina ante Túnez, y el Nene D’Alessandro se anima a contar la
historia de amor que tres días después llegaría ante el altar.

AMOR A PRIMERA VISTA. La conocí en la casa de un amigo, y aunque
los dos vivíamos en la Paternal, a pocas cuadras de distancia, nunca la había
visto. Yo tenía 18 años y quedé enloquecido. Le preguntaba a mis amigos quién
era, dónde vivía, y quería conseguir su teléfono a toda costa. No sabía cómo
hacer para acercarme, pero cuando me di cuenta de que ella también me miraba, la
encaré de una
“. Breve historia que Erica sigue así: “Lo primero que me
impactó fue su sentido del humor. Todo el tiempo hacía chistes, siempre se reía,
y donde iba era el alma de las reuniones. Empecé a mirarlo con otros ojos, y
cuando me dijo que estaba enamorado de mí no lo pude creer. Fui a mi casa y no
pude dormir en toda la noche…
“.

En aquellos días, Andrés soñaba con jugar en la primera de River, Erica se
esforzaba para terminar sus estudios secundarios, y aunque los dos estaban “perdidamente
enamorados
” (sus palabras textuales), jamás imaginaron que esa historia
terminaría en casamiento.

Cuando lo miré en la iglesia se me pasaron por la cabeza mil imágenes del
principio: nuestros primeros besos, las caricias y las promesas de amor de dos
adolescentes. Siempre dijimos que nos casaríamos, pero yo tomaba esa promesa
sólo como el deseo de dos chicos que se querían con pasión
“, recuerda Erica
en la puerta del Palais Rouge -el salón de la fiesta-, secándose las lágrimas.
Andrés sigue el relato: “La prueba de fuego fue mi contrato con el fútbol
alemán. Estuvimos separados casi un año. Para mí fue muy triste, porque tuve que
dejar a River, el club que más quiero, a mi familia, a mis amigos y a mi novia.
La distancia era insoportable, y la relación se enfrió un poco… Pero cuando
volví a Buenos Aires nos reencontramos y le propuse que se fuera a vivir conmigo
a Alemania. Ese fue el primer sí. El que me confirmó que ella era la mujer de mi
vida
“.

FRENTE AL ALTAR. Aunque todos conocemos la capacidad de Andrés
para robarnos una sonrisa dentro de la cancha, éste, sin duda, es el partido más
importante que jugará en su vida
“, dijo el sacerdote Jorge Casanova al
comenzar la liturgia de matrimonio. Eran las 22.30 del sábado 18, y en la
basílica María Auxiliadora (barrio de Almagro) no quedaba un asiento libre: más
de 150 invitados, y en segunda fila, Diego y Claudia Maradona, y sus hijas,
Dalma y Gianinna, quien -azar de los dioses futbolísticos- está de novia con
Marcelo D’Alessandro… ¡el hermano de Andrés!

Erica llegó a las diez y veinte en punto, vestida de shantoo de seda y encaje
color natural: un modelo comprado en la notoria casa Pro Novias de Barcelona.
Media hora antes, Andrés entró por una de las puertas laterales con un traje de
etiqueta siete octavos, tela italiana, negro acanalado en lana y seda, chaleco y
corbatón blancos de la misma tela, camisa de cuello palomita con gemelos y
zapatos línea italiana, todo urdido a medida por el sastre Tito, de la casa
Matices.

Luego, el gran-gran momento: el sacerdote les dio una flor a cada uno para
que la pusieran en manos de su pareja, y siguieron los ritos eternos: el “Sí,
quiero
“, los anillos, el beso, las previsibles lágrimas…

No quería llorar, pero no aguanté. Fue una emoción muy grande. Una de las
cosas más lindas que viví en todos mis años. Todos me decían que era un momento
increíble, pero aunque fui preparado, la situación me superó
“, confesó
Andrés al llegar al salón de la fiesta.

¡Todos a bailar! Esta fue la única condición que la pareja les impuso a los
270 invitados que se agolparon en el Palais Rouge. Al ritmo del grupo musical
La Nueva Luna
, y de María (una de las heroínas de Operación Triunfo Uno),
amigos, familia y jugadores (Ariel Ortega, Christian González, Mauro Rosales,
Matías Almeyda, Diego Klimowicz, Pablo Caballero, Diego Milito, Eduardo Coudet,
Guillermo Pereyra, Javier Mascherano, Leonardo Astrada…) salieron a romper la
pista, que tuvo como centro a la súper-híper estrella del planeta: el Diego, el
10, el eterno…
Y así, entre frenéticas cumbias y azucarados boleros, desfiló un menú first
class
: crespelines de pavita y espinaca, medallones de lomo con mix
de verdura y cordero con batatitas asadas, y crema helada con crocante de
almendras sobre brownie con salsa de chocolate e hilos de caramelo.
¿Regalos? Todo lo imaginable. Pero el mejor “fue tener a Diego en la fiesta.
Pero voy a tener que acostumbrarme, porque desde que mi hermano se puso de novio
con Gianinna, lo veo bastante seguido. Siempre fue mi ídolo absoluto, el único,
y ahora que lo tengo cerquita… ¡voy a aprovecharlo al máximo
“!, expresó
Andrés.

ADIOS CON EL SOL ALTO. A lo largo de la noche, uno tras otro, los
shows sorprendieron a cada uno de los 270 nombres. Al llegar al salón Pigalle
los recibían tangueros y mozos que, ex profeso, los confundían a la manera de
El Contra
, aquel personaje de Calabró. Luego, y ya en la pista, el desafío
fue bailar al estilo crazy’s head (a todo ritmo, pero sólo con la
cabeza). Y finalmente salió el sol y las agujas marcaron las ocho de la mañana,
y Erica y Andrés, entre besos y caricias, fueron los últimos en partir. Pero no
a la consabida, indefectible y sagrada luna de miel: “La dejamos para más
adelante, porque el viernes 24 tengo que presentarme en el Wolfsburgo.
Seguramente será en diciembre, y le voy a decir a Erica que elija cualquier
lugar del mundo para pasar una semana bien romántica. Como queremos tener muchos
hijos, puede ser una buena oportunidad
“.

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The End. Happy End. Y que así sea siempre y para siempre.

Erica y Andrés, unidos para siempre.

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Andrés, emocionado, besa a su flamante mujer al salir de la iglesia.

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