“Somos sanguíneos, ardientes y discutimos mucho, pero nos volveríamos a elegir” – GENTE Online
 

“Somos sanguíneos, ardientes y discutimos mucho, pero nos volveríamos a elegir”

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El arbolito de Navidad todavía está armado en el living de los Ventura, y el almanaque marca que es martes 4 de marzo de 2014. Las dos heladeras funcionan a medias. Están en plena obra de remodelación. Después de veintinueve años, en esta casa de Lanús se colaron dos palabras: “crisis matrimonial”. Fue un verano movido para Luis Ventura (58) y Estelita Muñoz (57). Por fin llegó la hora de un reencuentro fiel a la dinámica de un reality (¡qué programa de domingo al mediodía se está perdiendo la tevé!). Ella llegó el lunes a la noche desde Mar del Plata, donde padeció la temporada en la obra Fiestísima: todavía le deben una buena cantidad de dinero. Y él, desde la pantalla de Intrusos, le reprochó una suerte de abandono.

Cuando Estelita abrió la puerta de calle, con tres valijas y dos bolsos, la esperaban sus hijos, Facundo (26) y Nahuel (23). Luis se había ido a un cumpleaños. Recién a las dos y media de la mañana se volvieron a ver. Pero hubo que esperar a la mañana para entablar un diálogo, y GENTE –mate con palmeritas y alfajores comprados en la Ruta 2 mediante– fue testigo. Arrancó Luis: “Tenemos que llamar al plomero. Cada vez que se limpia el baño revienta todo. ¡Se deben tirar arriba del inodoro!”. Y Estelita, poniéndole azúcar al mate en actitud zen, responde: “Ya sé. Ahora, todo va a volver a su cauce. Ah, y la heladera que vos criticaste no es tan vieja”.

Ventura: ¿Metiste la mano? ¡Sale calor! Yo iba a comprar una de dos puertas.
Estelita: ¡Pero no! ¡No entra, Luis!
Ventura: Y bueno... Tengo una heladerita a barra de hielo... Usaré ésa. La otra tiene más años que esta casa.
Estelita: Acordate que la chiquita se la ganaste a Sofovich.
Ventura: ¡Claro! Falta que él diga que me da de comer.

–Perdón que me meta... ¿Qué pasó para que la sangre casi llegue al río?
Ventura: Mi pateada de tablero expuso lo que había detrás de Fiestísima, una de las tantas obras que vegetan en Mar del Plata. Es decir, montan una estructura artística para cometer un ilícito, estafan... No le voy a poner nombres, pero pasa todo el tiempo. Y exploté y me volví loco, porque estaba ella y se había ilusionado. Y porque muchas de las cosas que pasaron se las dije antes. La vi venir.
Estelita: Yo me asombré con su reacción, porque no le contaba todo. Estaba a 400 kilómetros, con la casa, los albañiles... Le suavizaba la situación. Por mí, no le hubiera contado nada, me la bancaba.

–Luis, para muchos tu reacción fue la de un machista que criticaba a su mujer por querer trabajar.
Ventura: Yo exacerbé lo que les pasa a muchas familias, donde la mujer tiene que salir a laburar. Hice un grotesco, una caricatura de la realidad. A mí no me cambia la vida una heladera, ni regar una planta, ni sacar a los perros. Pero son pequeñas tragedias cotidianas. Yo no puedo estar por firmar un contrato con América, ponerme la corbatita para salir y demorarme porque el perro se me tira encima y me ensucia. Este verano me la pasé llegando tarde a todas partes.
Estelita: Bueno, no les echemos la culpa a los perros; vos sos impuntual, Luis. Pero la verdad es que desde que me casé no trabajé más. Me dediqué a él, y después vinieron los chicos, la casa, todo. Lo hice con gusto, no le recriminé nada. Hasta que surgió esto.

–¿Hubo una crisis tan grave entre ustedes?
Estelita: Yo lo escuchaba y decía: “¿Crisis? Habrá decidido él que pasa eso”. Luis estaba enojado.
Ventura: A ver... Yo nunca planteé ni separación, ni divorcio, ni nada. Pero sí hubo crisis. Y hemos pasado algunas más bravas. Esta es una casa de mucha discusión, de mucho debate. Acá hay un partido de fútbol, o se habla de política, y nos matamos.
Estelita: Somos muy sanguíneos, ardientes y contreras. Pero, antes de seguir, te digo algo: Luis es el hombre con el que quiero terminar mi vida, y si Dios lo permite, con nietos. Si volviera a nacer, lo elegiría de nuevo.
Ventura: Yo tengo mi particular manera de querer, y si pataleo es porque lo mío lo quiero acá, no a 400 kilómetros. Estela es mi compañera de vuelo, y no hay en el mundo una mujer que me pueda dar lo que me dio ella.

–¿En estos veintinueve años nunca dijeron: “Hasta acá llegamos”?
Ventura: No. Me he ido de mi casa, di una vuelta manzana y volví.
Estelita: ¡Y nunca durmió afuera, eh!
Ventura: El tema es que Estela no me escuchó. Yo me veía venir que la iban a cagar. Pero estaba ilusionada...¿Cómo le decís a un chico que los Reyes son los padres?
Estelita: A él no le gusta que me vaya.

–Estelita, ¿volverías a aceptar un trabajo la próxima temporada?
Estelita: No sé. Tengo dos propuestas.
Ventura: ¡Claro que lo volverías a hacer! Acá, además, hubo gente que engordó el puchero. Lo reconozco: yo no quería que vaya a trabajar a Mar del Plata. Pero cuando me lo dijo a mí, la decisión estaba cocinada. Yo era boleta. Lo tramitó vía alcahuetes... Frente a la decisión de los tres –ella y mis hijos–, les dije a los pibes: “¿Ustedes se van a bancar la casa?”. Cuando había que limpiar, rajaban. Y yo ando de un lado para el otro.

–¿No tienen a nadie que ayude con las tareas domésticas?
Ventura: Sí, una señora que limpia mientras nosotros estamos acá. Pero Estela maneja todo, y yo no me tengo que estar preocupando por cuándo viene el plomero. Ella me dice “son tres mil pesos”, y yo me pongo. Porque si le digo al plomero que un cañito va en forma vertical, después viene ella y me dice: “tenía que ir horizontal”. ¿Ves la pared del desayunador? Lo decidí yo, y hubo que hacerlo de nuevo, porque a ella no le gustó. ¡Y es guita, guita, guita! Entonces, no quise mover nada. ¿Te imaginás si hubiera comprado la heladera?

–Para reemplazar la famosa “heladera a pedal”...
Ventura: Me pasé medio verano con una heladera rota. Sacaba el agua caliente de adentro. Se pudría la carne. ¡Abrías y largaba un olor...! La verdad, no lo disfruté.
Estelita: Es que se quemó por los cortes de luz.

–Esta zona de Lanús fue de las más afectadas.
Ventura: (Engrana) ¡No me den tema, no me den tema! Sin luz, no había agua ni andaban los teléfonos. ¿Sabés lo que era estar a las tres de la mañana buscando la térmica y después a las siete, arriba para laburar? Encima, la veía a ella por televisión diciendo que no le pagaban. A mitad de enero tenía una ametralladora encima. Todo sumó. Ayer llamó mi suegro, de 91 años, a preguntarme qué pasó con Estelita. “Nada, Tito, es todo joda”, le dije.
Estelita: Es que mi viejo tiene miedo por lo que le pasó a él, que casi le cortan una pierna, porque vos le dijiste que no sabías qué tenía yo en la rodilla.
Ventura: Le dije que habías tenido rotura de meniscos.
Estelita: Capaz no te entendió. A él se le murió un hermano cuando lo operaron de una rodilla, también.

–En definitiva, si no está Estela, esto no funciona.
Estelita: Si no estoy, es un desorden. Yo soy la que manda.
Ventura: Yo se lo dije: “Esto va a ser Kosovo”. Ahora ustedes encuentran la obra avanzada. ¿Sabés lo que era cuando bajaron la Santa Rita en el patio? ¡Todo lleno de hojas! ¿Y cuándo entraban las carretillas con el pastón por el pasillo? ¡Un quilombo era esto!
Estelita: Vos lo quisiste hacer. Ahí está la consecuencia.
Ventura: ¡¿Y qué les digo a los albañiles?! ¿Que vengan en agosto? En esta casa, soy el último orejón del tarro.

El “Ogro” Luis Ventura le muestra a Estelita lo que sufrió en los tres meses que ella estuvo ausente. El refrigerador se quemó con los apagones de fin de año. Ahora que ella volvió, van a comprar una nueva.

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Resignado, Ventura espera que su esposa termine de desempacar. En el living, atestado porque están en obra, ni siquiera el arbolito de Navidad fue desarmado.

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La Ponderosa, como bautizaron su casa, en reformas: un piso más para el voluminoso archivo del periodista. Con ellos, sus perros: Rocco (regalo de Liliana Parodi), Patán y Angra.

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