“Somos como Perón y Kirchner: sin mujeres a nuestro lado nunca hubiésemos llegado al pueblo” – GENTE Online
 

“Somos como Perón y Kirchner: sin mujeres a nuestro lado nunca hubiésemos llegado al pueblo”

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Ya está! ¡Devuélvemela, Joaquín”, le tironea su flamante camiseta celeste y blanca Joan Manuel. “Bueno, no te enojes. Sólo quería ser Serrat por un ratito”, intenta contenerlo Sabina, regresándosela. En realidad la idea de intercambiarlas y posar uno con la del otro había nacido del primero. Pero la foto ya pasó. Son las 21.48 en el hotel Pazo Los Escudos, de la norteña ciudad gallega de Vigo, y las 17.48 en la Argentina. Se acerca la final de la Copa América y cada uno deberá calzarse la que le corresponde. “Pedimos que nos preparen una picada y nos enfríen cervezas. Veremos el partido junto a nuestras mujeres (Candela, la esposa española de Serrat y Jimena, la novia peruana de Sabina) y a Berry (el manager y productor de ambos). Teníamos pensado colgarnos del cuello un amuleto que usamos cuando juega tu país pero ahora, con el regalo que nos trajiste, estamos completos”, sostienen entusiasmados ante el periodista de GENTE.

Aunque el mundo compare a Messi y Maradona, para mí son distintos. Claro que por sus talentos, sus nombres lograrán un lugar entre la elite del fútbol”, entiende Serrat, que tiene ojos verde-castaños, bebe agua mineral y luce una gorra Lacoste. “No sé cómo quedará el encuentro. Brasil suele resultar un rival difícil. Sin embargo, quisiera rescatar el talento de Riquelme quien, a pesar de su extraordinaria calidad, no se ha sentido bien tratado en el Barcelona y el Villarreal. Hoy yo hincho primero por Román y luego por el equipo de Basile”, levanta su vaso Sabina, que tiene gafas oscuras, bebe whisky y luce un candadito por barba. “Venga un brindis”, chocan copa y vaso Joan Manuel Serrat (63; 27/12/1943; Poble Sec, Barcelona; 34 discos, 45 años de carrera) y Joaquín Sabina (58; 12/2/1949; Ubeda, Jaén; 17 discos, 30 años de carrera), y recién ahí volvemos a tomar conciencia de quiénes nos encontramos.

–Tenerlos enfrente inspira ciertas comparaciones. Se nos cruzan las imágenes de Lennon y Dylan, Fellini y Almodóvar, Cervantes y García Márquez, Dalí y Picasso, Diego y Pelé. ¿Qué representa uno para el otro?
Serrat: Uno puede querer mucho a una persona y su trabajo no interesarte en lo más mínimo. En este caso no sólo tengo un afecto fraternal hacia Joaquín, sino que siento que hace montones de canciones que me hubiera gustado escribirlas a mí. Escucho cosas suyas y pienso: “Me cago. ¿Cómo no se me ha ocurrido a mí en lugar de a este tipo tan poco serio y tan informal?”. Ahora, con la gira, aprovecho para apoderarme de temas que amo de él.
Sabina: En lo personal, cuando Serrat ya era Serrat y yo era Joaquín Ramón Martínez, sentí por algún motivo extraño que él me había adoptado. Y hasta la fecha reconozco que quizá hoy no sería cantante si no hubiera habido antes un Serrat. Hablo de aquel Serrat que en sus principios decía dedicarse a esto “para poder tocarles más fácilmente el trasero a las tías”, sin necesidad en realidad de acudir a la música, ya que era muy guapo y hasta lucía un lunar en la cara que terminaba de convencer a cualquier dama. No así yo, que lucía esta nariz y sí necesitaba de los temas de Serrat, que yo interpretaba en mis comienzos, para poder tocarles el traste a las tías. Cosa que sigo haciendo, claro.

–Ayer, en plena Plaza del Obradoiro, coexistía una notable variedad de criterios para asistir a su concierto. Debe suceder, y sucederá adonde les toque ir. Para el caso, Ricardo, el hermano de quien los entrevista, sigue a Serrat desde siempre, y Silvia, la mujer del hermano de quien escribe, sigue a Sabina desde adolescente.
Sabina: ¿Has escuchado que yo soy el de la chica, Nano?

–¿Por qué, Joaquín, Silvia debería ir a verlo a usted con Serrat y por qué, Joan Manuel, Ricardo debería ir a verlo a usted con Sabina?
Sabina: No tengo teorías para Silvia, aunque sí sé que, como me subo muchas veces al escenario, no suelo ir a conciertos. Me parece un coñazo permanecer dos horas y pico observando a uno que no sea yo. No obstante, admito que en los últimos veinte años he asistido a una decena de recitales de Joan Manuel, y no porque era mi amigo. Más aún, porque oír buenas canciones me estimula el desafío: “Mira lo que hizo este cabrón. Ahora me toca a mí”.
Serrat: Respecto a por qué tu hermano Ricardo debería ir a verme con Sabina, ¿para qué lo voy a promocionar yo, si el muy ladino ya se encarga solo a través de su talento? Voy a abstenerme. Aunque le digo a Ricardo que si no va de prisa se quedará sin entrada. Igual, pienso que no hay dos, sino cuatro públicos. El de Joaquín, el mío, el que nos comparte y el que no iría si nos presentáramos por separado.
Sabina: Y, de esos públicos, nos emociona uno que deseaba esto antes de que lo planeáramos, el que nos grita: “¡Ya era hora!”. Ese a mí me calienta mucho el corazón. Y te aclaro que no existía la más mínima necesidad de juntarnos. Tampoco había fuerza promocional, humana, divina ni de nuestra casa de discos que nos obligara. Decidimos hacerlo por el enorme placer de no morirnos sin hacerlo.

–Tras sus enfrentamientos, no sabemos si con la muerte o con algún demonio enviado por ella (Joan Manuel, un cáncer; Joaquín, un “accidente cerebral” –tal su definición– y una depresión posterior), ¿se sienten más frágiles, más sentimentales?
Serrat: Momentos jodidos sufre todo el mundo, y poder superarlos es una satisfacción, porque no todos pueden superarlos. Uno adquiere un aprendizaje que le ayuda a ser más feliz con lo que posee. Cuando ocurrió, en un momento me pregunté: “¿Por qué a mí?”. Miré alrededor y pensé: “Bueno, ¿quién sabe si al que pasa delante no le sucede algo parecido? Trágate lo tuyo, que cada uno se traga lo suyo”. Ahí descubrí que enfrentar estas cosas también ayuda a que los que están contigo las enfrenten mejor.
Sabina: Seríamos mal nacidos este hombre y yo si no estuviéramos de rodillas y chupándoles los pies a los dioses paganos que no sólo nos han permitido llegar a nuestra edad sino que, además, han sembrado de amigos nuestros caminos. Y cámbiame el tema, porque empezaré a lloriquear como maricón.

–¿Qué es la mujer para ustedes? Y ahora les aclararemos por qué se lo consultamos…
Sabina
: Para mí, su mujer es muy importante.
Serrat: … Para mí también (risas)… Mira. La primera mujer que conocí en mi vida, cayendo en un edipismo del que no pienso renegar, fue mi madre. Tiró del carro de la casa, llevó adelante una familia en los momentos de dificultad. Si este planeta camina, es gracias a las mujeres. Se ocupan de sus hogares, sus maridos e hijos, trabajar afuera… Son una hostia. Si parasen, entraría el caos, que es fantástico asimismo, bueno.
Sabina: Era fantástico el caos...
Serrat: Luego, en lo que ha sido mi vida de parejas, sólo puedo estar agradecido. Las mujeres me han proporcionado felicidad y pocas amarguras, y yo les he proporcionado cantidad de disgustos. Por lo pronto, la vida ha sido justa conmigo y me ha enviado mujeres. Mis hijos son dos mujeres y un varón.
Sabina: En mi caso, dos por cero. Y ya que hablamos de la importancia de las mujeres que nos tocaron en suerte, deseo reconocer que ambos somos iguales que dos presidentes argentinos de diferentes épocas: Perón y Kirchner: Sin mujeres como Evita y Cristina a nuestro lado nunca hubiésemos llegado al pueblo (risas).

–¿Y qué ha sido y es una mujer como la Argentina para ustedes?
Serrat: Hay bastante de femenino en lo que es mi relación con tu país, pero sería una frivolidad de mi parte dejarlo ahí, porque el cariño que me une a la Argentina viene del conocimiento que tengo de ella. Y esto no queda solamente en lo que pueden haber sido unas relaciones determinadas, que las ha habido, y algunas intensas, más que intensas, y generosas. Hay que decirlo sin vueltas: por lo que me ha brindado personal y profesionalmente, debería agradecer de rodillas todo lo que la Argentina me dio.
Sabina: Deberíamos, Joan. Nos dio. Yo siempre fui de pueblo, jamás pensé en cruzar el mar. Pero la primera vez que intenté ir a Buenos Aires me tocó la época de hiperinflación, en las postrimerías del gobierno de Raúl Alfonsín. A mi discográfica de la época no le interesaba. “Pero no te vas a ir al culo del mundo”, intentaron disuadirme. Y guardaban razón. Apenas pisé Ezeiza comprendí que estaba frente al culo más lindo del mundo (carcajada).

–Señala una estadística poco seria que juntos lograrían la aceptación del 70 por ciento de las argentinas a las que eventualmente les acercaran una propuesta decente o no… El resto son menores.
Los dos: Exageras.

–Definan a las argentinas.
Sabina: ¡Vos sabés cómo son, che!
Serrat: Hay todo un muestrario, y todo un panorama de diversidad. Lo híbrido da un resultado sensacional. Pero la respuesta correcta la dio Joaquín: “¡Vos sabés, che!”.

–De poder escoger un cantante argentino de siempre para sumarlo a Dos pájaros de un tiro, ¿a quién elegirían?
Serrat: Mi gran referencia se llama Carlos Gardel, y le pediría que incluyera en el show su versión de Cuesta abajo. Aunque se me cruzan Edmundo Rivero, Goyeneche, Julio Sosa.
Sabina: Yo metería tres en uno: Don Atahualpa Yupanqui, el Polaco y Charly García.

–¿Cuál es la clave para que una relación de dos estrellas no termine por explotar como dos planetas que chocan?
Serrat: Nuestra relación se basa en que nos conocemos lo suficiente como para saber dónde no hurgar, qué espacios dejar. A mí no se me ocurriría llamarle temprano y pedirle: “Vente a correr conmigo” o “Ponte un traje de baño y baja”.
Sabina: (Al oído del periodista) Si supiera que le diría que sí… A mí me sorprendió que, conociendo mi currículum o redículum, un tipo como él, sin ninguna necesidad, se apuntara esta gira. Así que pronto me puse un letrero en mi cabeza: “No defraudar al catalán”. Y no voy a defraudar al catalán. Así de simple.

–¿El único desplante que hubo entre ustedes fue cuando Barcelona le ganó por paliza al Atlético de Madrid y Joaquín lo dejó solo en el palco, Joan Manuel?
Sabina: Perdón, ¿desplante de quién? (levanta la voz). Nos ganaban 4 a 0. ¿Qué hubieras querido que hiciera? El desplante fueron los goles. Yo lo había invitado y nos golean.
Serrat: Esto ha vuelto a llenar su leyenda de villano, callejero y atorrante. Me sorprendí cuando regresé. Lo vi por televisión. El comentarista sostenía que “no pudo soportar la goleada, se fue y dejó solo a Serrat”, cuando en verdad se levantó y me dijo (imita la voz): “Voy pa’l bar”.

–Leyendas de la misma clase afirman que apenas terminan cualquier gran concierto, los músicos de tour la siguen hasta la madrugada a fuerza de sexo, droga y rock & roll. ¿Qué hay de ustedes?
Serrat: Bueno, ¿pues dónde?
Sabina: ¿Cómo era eso, eh, primo, que suena fantástico?
Serrat: En lo personal, me tomo un té Cachamai, porque me hace bien, pero antes de tocar. Pero después del recital, la verdad es que ninguno se va derecho a su covacha. Nos juntamos para comentar cómo nos ha ido, tomamos una copita, nos reímos un rato y nos vamos a dormir un poco más a gusto.
Sabina: Yo por sexo, droga y rock and roll siento una cosa bien clara: nostalgia (carcajadas).
Serrat: Bonito tango, mi joven amigo.
Sabina: Cierto lo de joven. Eres el abuelo de dos niñas, no yo.
Serrat: Tampoco duele tanto ser abuelo, Joaquín.
Sabina: ¡Ni lo permita Dios! ¡Significaría que se tienen que “tirar” a mi hija!
Serrat: En todo caso, le pido a mi hijo que ayude (risas).

–Si hubiesen tenido la opción de elegirse uno al otro, ¿les hubiera gustado ser hermanos, maestros, alumnos, amigos de juerga, modelos a imitar, qué?
Serrat: Yo, que me quede como estoy. ¿Un apellido como el suyo, con lo que he peleado por llamarme Serrat?
Sabina: Ahora que el gobierno de Zapatero se viene adaptando a la realidad, y que ya nos podemos casar, yo, si me permites, lo pido a Joan en santo matrimonio.
Serrat: (Al oído del periodista). Pero si ya le he dicho que no.

“<i>Aún no hemos hecho nuestra mejor canción</i>”, coinciden Joan Manuel y Joaquín, mientras advierten que les costaría elegir su tema preferido del otro. “<i>Decenas</i>”, contestan.

Aún no hemos hecho nuestra mejor canción”, coinciden Joan Manuel y Joaquín, mientras advierten que les costaría elegir su tema preferido del otro. “Decenas”, contestan.

José Navarro (59, valenciano, casado, dos hijos, Berry para todos, es el manager y productor de Serrat desde hace 36 años, y el de Sabina desde hace casi ocho. Feliz y cansado, asegura que reunirlos es “la tesis final de mi carrera”. Calcula que los “setenta y tantos conciertos” sumarán, entre España y América, más de un millón y medio de espectadores. Adelanta que las entradas para verlos en la cancha de Boca, el 13 y 14 de diciembre (los traen Claudio Gelemur-Néstor Lombardi y Mario Arenas-Alberto Miguel), costarán desde 50 pesos y podrán comprarse a partir del 1º de agosto vía Ticketek, Antes, los juglares cantarán en Mendoza, Córdoba y Rosario y, luego, en Montevideo. Abajo: Joan Manuel y Joaquín, con GENTE.

José Navarro (59, valenciano, casado, dos hijos, Berry para todos, es el manager y productor de Serrat desde hace 36 años, y el de Sabina desde hace casi ocho. Feliz y cansado, asegura que reunirlos es “la tesis final de mi carrera”. Calcula que los “setenta y tantos conciertos” sumarán, entre España y América, más de un millón y medio de espectadores. Adelanta que las entradas para verlos en la cancha de Boca, el 13 y 14 de diciembre (los traen Claudio Gelemur-Néstor Lombardi y Mario Arenas-Alberto Miguel), costarán desde 50 pesos y podrán comprarse a partir del 1º de agosto vía Ticketek, Antes, los juglares cantarán en Mendoza, Córdoba y Rosario y, luego, en Montevideo. Abajo: Joan Manuel y Joaquín, con GENTE.

“<i>No existía la más mínima necesidad de juntarnos. Tampoco había fuerza promocional, humana, divina ni de nuestra casa de discos que nos obligara. Decidimos hacerlo por el enorme placer de no morirnos sin hacerlo</i>”.

No existía la más mínima necesidad de juntarnos. Tampoco había fuerza promocional, humana, divina ni de nuestra casa de discos que nos obligara. Decidimos hacerlo por el enorme placer de no morirnos sin hacerlo”.

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