“Sólo mi mamá sabe si me gustan los hombres o las mujeres…” – GENTE Online
 

“Sólo mi mamá sabe si me gustan los hombres o las mujeres…”

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Hay que tomarla distraída a Irene Vidoz (65) para que no se anticipe a su hijo en alguna respuesta. Es como si el muchacho de 33 años continuara con aquel legado familiar que sostiene que “cuando los mayores hablan, los chicos se callan”. O como si la mujer que lo acompaña desde siempre fuera su otro yo, su voz interior. Es que la señora que ahora le acomoda el nudo de la corbata ha intercedido en cada movimiento de su vida, ha discutido sus contratos y lo ha aconsejado en su carrera, desde que Pablo Maximiliano Miguel Ruiz era aquella estrella de seis años, salida de Festilindo. Esos fueron los años felices, cuando el niño de pelo lacio se proyectaba hacia afuera: “¡Con Oh Mamá vendimos cuatro millones de discos! Una explosión. Me conocían en toda Latinoamérica”, recuerda él. “Yo fallé: cuando vino el manager Toti Maselli y quiso que cantara en los Estados Unidos con el Puma Rodríguez, yo le corté el rostro. Hoy Pablito podría ser como Luis Miguel…”, agrega su mamá, consciente de que aquella vez su hijo había perdido la oportunidad de cantar en el Madison Square Garden.

¿Lo que siguió? Viaje a México, intentando conquistar otros mercados, diez años alejado del mapa musical (“Fue una etapa oscura: me asocié con gente mala, que me falló siempre”, admite) y una cercana revancha, cuando en 2007 lo invitaron del programa Susana Giménez para participar en el Circo de las Estrellas. El mejor preludio para sumarse, en 2008, a Bailando por un sueño, acompañando a la soñadora, Vanessa Encina Gotzl. “Sí, mi revancha”, se regodea sentado al lado de su madre.

–Pablo: ¿es cierto que en su etapa mexicana se travestía?
–Me confundieron y armaron un escándalo, tapas de revista… Pero el periodismo hizo una investigación y se comprobó que el de las fotos era un cubano que vive en México y que tiene facciones muy parecidas a mí, ¡no yo!

–¿Y usted, Irene, cómo tomó aquella noticia?
–Siempre supe que estaba todo armado. Ese cubano quería fama. Y yo, con la prensa amarilla ya tengo piel de elefante. A los 12 años decían que Pablo era homosexual y, la verdad, era un niño que no sabía ni lo que quería.

–¿Esa fue la parte difícil de su crecimiento?
Pablo: Es difícil que te digan esas cosas en la adolescencia. Además, yo era un chico público, con todas las miradas encima. Y, desde luego, tuve carencias, por no haber quemado todas las etapas.

–¿Y tenía novias?
Irene: Claro que sí…
Pablo: ¡Ja, ja! Es cierto. En esa época, algunas novias tenía.

–¿Entonces cuándo dejó de ser una carga su sexualidad?
Irene:
Cuando él decidió pagarle a la prensa con la misma moneda. Nunca les dijo lo que es, ¡y nunca lo van saber! No debieron criticarlo de niño.
Pablo: Para mí nunca fue una carga: la carga la tenían los demás. Yo soy feliz y nunca tuve ninguna inhibición. “No me voy a arruinar la vida y vivir pendiente de lo que dicen los demás”, anuncié a los 20 años y empecé a hacer mi vida, fiel a mi instinto. Mi forma de ser y mi rebeldía me cerraron algunas puertas en México.

–¿Por qué?
Irene:
A Pablo le gusta mucho la joda. Su padre, Miguel, era igual: le encantaba salir de noche. A veces se me escapaba y llegaba cuando yo estaba por levantarme.
Pablo: En México probé las drogas y salía a toda furia. Lo hacía para sentirme cool. Fijáte la diferencia: acá Charly García descontrola... ¿Te parece que lo condenan como a mí?

–¡¿Se está comparando con Charly?!
–Hay que salvar los extremos... Me comparo desde la rebeldía, en romper los esquemas. La prensa siempre me ha juzgado por mi intimidad y a la gente no le importa si descontrolo, si me acuesto con mujeres, con hombres… Ellos rescatan al artista. Me doy cuenta por el feedback en la calle.

–¿Lo de tener un hijo con María Fernanda Callejón fue un chiste o no?
Irene:
Ah, me encanta María Fernanda para Pablito... Es una mujer hecha y derecha. Ella me dice “suegra” y yo la adoro. ¡Es la mujer que a él le vendría justo…!
Pablo: Dejá que a eso lo decida yo, mamá (risas). Con Fer somos amigos. Una amiga que amo (más risas). Podríamos parir un hijo hermoso.
Irene: El siempre decidió por sí mismo, y siempre fue un rebelde y una persona hermosa.

–Irene: ¿nos equivocamos si intuimos que usted ha sido una madre sobreprotectora, que muchas veces ha querido decidir por Pablo?
–Y... puede ser. Yo quedé viuda a los 37 años y, desde ese momento viví para mis hijos (Pablo; Cristian, de 35; Silvina, de 38; y Ariel, de 40). Nunca rehice mi vida como mujer, a pesar de haber tenido candidatos. Siempre había algo en el medio… Tenían que aceptar a cinco personas.

–¿Y usted, Pablo, no está un poco grande para seguir viviendo con su mamá?
–Es que es muy cómodo, me hace la comida, me lava, me plancha… Y si quiero tener intimidad con alguien, lo hago en otro lado.

–Por ahí dijeron que está enamorado de Mariano Martínez...
–Eso lo sacaron de contexto. Yo dije que me parece fachero, pero nunca que gusto de él. También dije que me gusta Silvina Luna.

–Cuando habla de su estilo de mujer siempre menciona a chicas voluptuosas…
Pablo:
Sí, me llaman más la atención las chicas onda vedette que las modelos: son lindas, pero muy flacas.
Irene: Sí, sí. A él le gustan más las mujeres bien repartidas.
Pablo: Para mí, el amor no tiene cara ni de hombre ni de mujer.
Irene: Querido, el espíritu es libre, no distingue sexo y nunca muere: como el amor verdadero.

–Irene: ¿qué diría si Pablo llega un día y le dice: “Mamá, te presento a mi novio…”?
–Es una de las posibilidades. Uno nunca sabe lo que pasa por el interior de una persona. Para mí no es duro, porque yo sé lo que es él y no puedo rebelarme contra eso. No discrimino a una persona de afuera, y menos lo haría con un hijo.
Pablo: Mamá sabe todo de mí, si me gustan las mujeres o los hombres. Ella sabe que en el sexo soy abierto, un librepensador.

–¿Y te ves como padre?
Irene:
¡Siií! ¡Ojalá!
Pablo: He sentado cabeza. Me veo conviviendo con una persona y teniendo hijos. Creo que los educaría con libertad, respetando ciertos valores que hoy se perdieron. Mi hijo va a ser bien educado: si puedo, irá a un buen colegio. Y no mirará televisión después de las siete de la tarde.
Irene: Como los eduqué yo a ellos. Aunque haya sido sobreprotectora y, en algunos casos, extremista.

–¿Algún día va a blanquear una pareja, Pablo?
Pablo:
¡Nunca voy a blanquear una pareja!
Irene: ¿Cómo no, hijo? Si está enamorado, sí.
Pablo: Está bien mamá, sólo si estoy enamorado. Pero quedáte tranquila: vos te vas a enterar primero que nadie...

Dice Pablo: “Me veo conviviendo y con hijos. Los educaría con libertad y respetando valores hoy perdidos”. Dice  Irene:  “Como yo eduqué a los míos. Aunque haya sido sobreprotectora y, en algunos casos, extremista.”

Dice Pablo: “Me veo conviviendo y con hijos. Los educaría con libertad y respetando valores hoy perdidos”. Dice Irene: “Como yo eduqué a los míos. Aunque haya sido sobreprotectora y, en algunos casos, extremista.”

“Quedé viuda a los 37 años, y desde ese momento viví para mis hijos. Nunca rehice mi vida como mujer, a pesar de haber tenido candidatos. Siempre había algo en el medio… Tenían que aceptar a cinco personas”

“Quedé viuda a los 37 años, y desde ese momento viví para mis hijos. Nunca rehice mi vida como mujer, a pesar de haber tenido candidatos. Siempre había algo en el medio… Tenían que aceptar a cinco personas”

“La prensa siempre me ha juzgado por mi intimidad y a la gente no le importa si descontrolo, si me acuesto con mujeres, con hombres...  La gente rescata al artista. Me doy cuenta por el feedback en la calle”

“La prensa siempre me ha juzgado por mi intimidad y a la gente no le importa si descontrolo, si me acuesto con mujeres, con hombres... La gente rescata al artista. Me doy cuenta por el feedback en la calle”

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