“Sólo hago el amor cuando yo tengo ganas” – GENTE Online
 

“Sólo hago el amor cuando yo tengo ganas”

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Ahhh... ahhh... ohhh... ohhh... ¡siii siii siiiiiií!”... Y, sí, sí, sí: era la escena más esperada. La del orgasmo. Y ahí está Araceli González (43), revoleando el pelo de un lado para otro, con las manos agarrando fuerte la mesa, marcando el paso exagerado de la comedia que protagoniza (Cuando Harry conoció a Sally), provocando –como marca el libreto– más risas que deseo. Diecisiete años después de aquella revolución llamada La banda del Golden Rocket (revolución profesional y personal también), volvió a Mar del Plata, estrenó a sala llena en el teatro Provincial, y ahora -pasado el debut pero no los nervios, según veremos–, y frente a un licuado de banana con leche, se planta ante la primera pregunta.

–No apeló a la memoria emotiva para esa escena, por lo visto... ¿o sí?
–Jaja... Nooo... Fue como decir parte de la letra. Lo hice exagerado, gracioso. Sé que a Meg Ryan (la actriz que interpretó a Sally en el film de 1989) le costó. A mí no.

–Claro. Usted le confesó a GENTE –y dos veces– que jamás finge un orgasmo. ¿Por qué no les cuenta a las mujeres la fórmula para alcanzarlo siempre?
–¡No la tengo! Cuando digo que no finjo significa que sólo hago el amor cuando yo tengo ganas; no me exijo si no lo deseo.

–¿Ni aunque su novio (Fabián Mazzei, 44) le toque el hombro cuando usted se da vuelta para dormir?
–(Gira la cabeza hacia ambos lados, se ríe) ¡Un “no” es un “no”! La mujer evolucionó. Ahora decidimos cuándo queremos hacerlo. Pretendo estar en una cultura donde pueda ser libre, tanto verbal como físicamente. Somos dueñas de nuestro cuerpo y nuestra vida.

–Sí, pero las damas se dividen en dos bandos: las que sostienen lo mismo que usted, y las que admiten que fingen –dicen– para que el caballero que tienen al lado no se sienta mal.
–¡Ah, no! Para mí, en la cama nada mejor que decirles la verdad. ¡Por lo menos para que la próxima vez se esmeren más! Soy espontánea, no miento. Y creo que es mejor, porque la persona que está conmigo así, es feliz. Pero reconozco que el estrés del día a día a veces hace que las cosas no fluyan de la mejor manera.

–¿Le pasó?
–¿Qué?

–Que algún señor que estuvo con usted no haya “fluido” de la mejor manera.
–¡Noooooo, jamás! Y si sucedió, lo disimuló muy bien.

VOLVER A MARDEL. Dice que estuvo nerviosa el viernes 17, cuando arrancó la obra, donde es dirigida por Manuel González Gil y la acompañan Raúl Taibo (Harry), Mario Pasik, Roberto Catarineu, Graciela Pal y Lucrecia Blanco. Debajo, en la platea, estaban Fabián Mazzei, Rosita, su mamá, y su manager, Javier Furgang. “Toto está de vacaciones con el papá, y Flor anda en sus cosas. Está encaminada, y hasta planeamos hacer juntas algo que tiene que ver con la moda”, cuenta.

–Ya pasó el debut. ¿Se terminaron los nervios?
–No. El día después del estreno me sentí como Doris, de Nemo, en cámara lenta... Pero me dijeron que estuve mejor de lo que yo pensaba. A veces lo que uno siente no es lo que transmite.

–Antes de la primera función, y ante decenas de periodistas, dijo que por los nervios le salió un herpes. ¿No se supone que una mujer tan espléndida como usted no debe confesar imperfección alguna?
–Yo sí. Hablo todo, jaja... Y a todos nos pasó algo en el estreno. “Estrés-no”, como dice Mario Pasik. Un herpes fue lo más leve que me pudo pasar; podía haberme quedado sin voz. Pero si yo siento que me veo mal lo digo; no tengo problema.

–La protagonista de la película, Meg Ryan, de ser una de las caras más lindas de Hollywood, hoy está irreconocible por tantas cirugías, quizá en busca de la perfección estética...
–Yo no pienso en eso. Aunque no reniego –me encanta cuidarme–, ni se me pasa por la cabeza hacerme algo que me pueda dañar. Cuando la vi a Meg, que se hizo esas cosas en la boca, dije “¡¿por queeeé?!”. Mirá Meryl Streep: si se tocó fue muy suave, pero está fresca. Las mujeres que se hacen tantas cirugías pasan a no tener personalidad, quedan todas iguales, se deforman. Eso no es para mí. Hay otros temas en el paso del tiempo que me preocupan más. Evolucionar como persona, por ejemplo.

–¿En esa evolución le podría suceder una historia de amor con un hombre que fue su amigo durante doce años y tres meses, como ocurre con Sally?
–Nunca me pasó, pero supongo que a partir de una relación de amistad uno puede enamorarse. Yo tengo amigos, pero son amigos y punto. La relación está muy clara. Ahora, si me enamoro, tengo muy definido lo que me pasa. Nunca dudo en eso: o es amigo, o es amor.

–En este juego de idas y vueltas le propongo una hipótesis: ¿tendría revancha alguno de sus ex si le pidiera que vuelva con él?
–En mi caso siempre peleé por el amor hasta el final. Mis relaciones se terminaron cuando no había más piel. Y cuando eso pasa, para mí es para siempre. Cuando el cuerpo me dijo que algo fue, cuando no hay deseo, ya está. No hay vuelta atrás. No doy más oportunidades.

–Ahora se ve que con Fabián Mazzei tiene piel.
–Jajajaja... ¡¡¡Y mucho más!!!

–¿Encontró al hombre de su vida?
–Mirá, no pensaba tener otra chance. Tenía la sensación de que no me iba a enamorar nunca más. Siempre había sido de relaciones largas. El touch and go para mí no existe, es una idiotez. Me gusta tener un compañero con quien charlar, compartir. Y a los 40, cuando conocí a Fabi, era mucho más difícil. Porque uno lleva la mochila de las relaciones que no funcionaron, porque están los hijos... Pero él logró abrir esa puerta.

–¿Cómo lo hizo?
–Me sorprendió. No fue algo que busqué. Conocí a una persona increíble, porque ama a mis hijos, sabe ocupar su lugar, es muy respetuoso, es lo que necesito, y está bueno. Yo quiero envejecer al lado de Fabián, como los viejitos de la obra, ¡y lo voy a volver loco, jaja...! El ya sabe cómo va a ser la relación. Además estuve sola mucho tiempo, no es que necesitaba estar con alguien. Estaba bien con mi soledad, no sufría ni buscaba una relación. Si no hubiera aparecido Fabián, hoy estaría sola.

–Lo describe como la antípoda de Harry, que apenas conoce a Sally, le propone tener sexo.
–Y... en la obra queda gracioso, pero en la vida real alguien tan brutal no me genera nada. El hombre que avasalla me ahoga, le huyo. A mí me ganan con romanticismo. Me gusta que el hombre sea respetuoso, que me abra la puerta del auto, que me regale flores y, como hace Fabi todas las mañanas, que me deje papelitos escritos con algo lindo.

–En el 2009 dijo que proyectaba tener un hijo este año. ¿Qué pasó?
–Jaja, por ahí ahora pienso distinto... ¡Qué tremendo es ese Veraz nuestro que es el archivo! Quizás lo dije porque siempre pensé tener tres hijos, una familia...

–...como los Ingalls.
–Para tanto no sé, pero la vida me llevó a tener un hijo con cada relación importante. Y como lo que soñé no se dio, entonces voy en busca de la realidad, de lo que me pasa. Me encantaría tener otro hijo, pero no es una cuenta pendiente para mí. Y Fabi lo entiende: no nos cuestionamos eso.

–¿Este trabajo influyó para postergar la decisión?
–No, yo intuyo lo que va a pasar: los hijos te llaman antes que los hayas gestado. Pero a los 43 estoy más cerca de ser abuela que de ser madre otra vez. Flor ya tiene 22, yo fui madre joven, mi mamá fue abuela antes de los 50...

–¿Y su hija qué opina?
–Jaja... Me parece que no es un proyecto que la entusiasme mucho todavía.

–Volvió al teatro después de una experiencia un poco traumática con Closer. ¿Cómo manejó la ansiedad?
–Closer era una obra maravillosa y no nos fue mal. Pero yo no estaba bien físicamente: tenía una contractura que me originó síndromes vertiginosos. Ahí fue que me bajé del trabajo. La verdad fue ésa, no hubo otra cosa. Closer era densa, angustiante, había mucha agresión verbal entre los protagonistas... Esto es una comedia.

–¿Le preocupan las críticas?
–No, ya no. Estoy acostumbrada a que siempre me miren como si fuera la primera vez. Es parte de mi carrera. Algunos actores son gloriosos de por vida porque a los críticos les gustó lo primero que hicieron. A mí me tienen siempre como rindiendo examen. Convivo con eso. Y lo noto cuando me dicen: “Ay, no sabía que podías hacer algo así”. Mirá, cuando protagonicé mi primer Mujeres asesinas dijeron que hicimos un buen rating porque salía desnuda. En el segundo salí tapada hasta el cuello... y repetimos. Ya lo asumí: siempre estoy a prueba, pero en definitiva me suma. Y además, ¿te digo algo? Yo nunca me achico.

A los 43, diosa como siempre, Araceli posa en las arenas de Manantiales Club de Mar. Después de La banda del Golden Rocket –en 1993– no había vuelto a Mardel.

A los 43, diosa como siempre, Araceli posa en las arenas de Manantiales Club de Mar. Después de La banda del Golden Rocket –en 1993– no había vuelto a Mardel.

“Pretendo estar en una cultura donde pueda ser libre tanto verbal como físicamente. Las mujeres somos dueñas de nuestro cuerpo y nuestra vida”.

“Pretendo estar en una cultura donde pueda ser libre tanto verbal como físicamente. Las mujeres somos dueñas de nuestro cuerpo y nuestra vida”.

“El hombre que avasalla me ahoga, le huyo. A mí  me ganan con romanticismo, como hace Fabi todas las mañanas, dejándome papelitos con algo lindo escrito”.

“El hombre que avasalla me ahoga, le huyo. A mí me ganan con romanticismo, como hace Fabi todas las mañanas, dejándome papelitos con algo lindo escrito”.

Los acantilados de Manantiales Club de Mar fueron el escenario perfecto para la producción con Araceli. Santiago Turienzo, Mariano Caprarola (a cargo del vestuario de Cuando Harry...) y la productora Manu Vidal Rivas en plena tarea.

Los acantilados de Manantiales Club de Mar fueron el escenario perfecto para la producción con Araceli. Santiago Turienzo, Mariano Caprarola (a cargo del vestuario de Cuando Harry...) y la productora Manu Vidal Rivas en plena tarea.

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