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No sólo hay incendios en California: toda América está en llamas

No sólo hay incendios en California: toda América está en llamas

Redacción Gente

Diferentes incendios están afectando a los grandes humedales y cuencas de grandes ríos de Sudamérica, perjudicando la biodiversidad, el ciclo hidrológico, los balances de dióxido de carbono, el clima e incluso la salud de la Humanidad. Por Víctor Resco de Dios

La contemplación de un fuego, ya sea en la chimenea o al calor de una hoguera, suele conducir a lo que el poeta mexicano Octavio Paz llamaba un sentimiento de fraternidad con el Universo. Una fraternidad que nos invade al dejarnos absorber por el baile de las llamas o al escuchar los chasquidos de la leña ardiendo, consecuencia de las burbujas de agua que explotan y se convierten en vapor.

Estamos vivos gracias al fuego. Nos enseñó a cultivar la tierra y a cazar. Gracias a él pudimos cocinar, calentarnos cuando teníamos frío y secarnos tras la lluvia. Y gracias a todo esto el cerebro humano pudo evolucionar como lo hizo. A nivel planetario, el fuego reguló las concentraciones de oxígeno, que serían demasiado altas, reactivas y peligrosas sin él. Y muchas plantas y animales no podrían sobrevivir sin los incendios.

En California, los incendios que vienen ocurriendo durante el mes de septiembre son devastadores.

Pero de un tiempo a esta parte, nuestra relación con el fuego se ha torcido. A principios de este año veíamos consternados cómo ardía más del 20% de los bosques australianos.

Luego vinieron los incendios zombi siberianos, que sobrevivieron al invierno quemando la materia orgánica del suelo ártico y volvieron a la superficie en primavera. Ahora el terror está en California.

Pero hay algo que tal vez no se conozca todavía: los incendios que este año abrasan Sudamérica.

Incendios en Sudamérica

Los incendios de este año están afectado, particularmente, a los humedales de Sudamérica. Las llamas están quemando gran parte de Pantanal, por ejemplo, el humedal más grande del mundo.

Pantanal es un humedal tropical que abarca áreas de Brasil, Bolivia y Paraguay, en una extensión parecida a la de Rumania. Es un santuario para la biodiversidad: el hogar de la nutria gigante, de los tapires y el área con mayor densidad de jaguares del mundo.

Fuera de los trópicos, los incendios en los humedales del Delta del Paraná, en Argentina, llevan meses batiendo récords. Ciudades como Rosario han quedado envueltas en cortinas de humo irrespirable durante semanas.

Más allá de los humedales, otras áreas de Sudamérica están sufriendo más incendios que lo habitual. En Venezuela, por ejemplo, se han detectado hasta la fecha unos 13.000 fuegos. Un nuevo récord para un país en el que la media está en 7.000 incendios anuales. En Colombia también se contabiliza el doble de incendios que cabe esperar en un año “normal”.

Las causas de los incendios

El registro geológico nos indica la ausencia de incendios en los bosques tropicales y los humedales. Es decir, a diferencia de lo que pasa en los ambientes mediterráneos, los incendios no son un elemento natural de esos ecosistemas.

En algunos casos, los incendios resultan de quemas agrícolas que, bajo condiciones de sequía, se escapan y se convierten en fuegos descontrolados. Es lo que ha ocurrido en el Pantanal.

En esta llanura aluvial, la práctica agrícola tradicional consiste en quemar el terreno en barbecho, para fertilizarlo y así poder cultivarlo de nuevo. Este año, en el que parece que La Niña está ganando fuerza, la sequía ha llegado a esa parte del continente austral. Con la sequía, las quemas se extienden al resto del humedal con gran facilidad.

Sin embargo, no todos los incendios están relacionados con la agricultura de subsistencia. En Pantanal, las quemas también se usan para deforestar: se les prende fuego a los restos de los árboles talados para abrir paso a nuevos cultivos, destinados generalmente al mercado global de soja o el de alimentos para el ganado.

Bomberos trabajan en el incendio desatado este fin de semana en el Parque Nacional Ciervo de los Pantanos, en el Delta del río Paraná, provincia de Buenos Aires

Cabe destacar la gran complejidad del problema de los incendios en Sudamérica. La realidad es diferente en cada país. No trataré aquí todas sus singularidades, pero sí merece la pena resaltar el caso colombiano, ya que es particularmente paradójico.

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En Colombia, la degradación forestal ha sido una consecuencia de la paz en este país. Tras el desmantelamiento de las FARC, el número de incendios en la selva colombiana se disparó. Ello se debe a que mineros, traficantes de drogas, especuladores, y quienquiera que lo quisiera, pudo acceder a nuevas áreas hasta entonces inaccesibles.

¿Una nueva época para los incendios forestales?

Mientras escribo estas líneas, parte del mercurio que estaba fijado en los suelos de las cuencas del Amazonas y el Orinoco se está infiltrando en los ríos debido a la erosión que sigue al incendio.

Los sensores de la calidad del aire de San Pablo (Brasil), Bogotá (Colombia) y muchas otras ciudades están registrando aumentos en la contaminación procedentes de los humos. Podría ser que dentro de poco hablemos de “exiliados por el fuego”.

A través de los incendios estamos perjudicando a la biodiversidad, el ciclo hidrológico, los balances de dióxido de carbono (CO₂), el clima e incluso la salud de la Humanidad.

En muchas ocasiones, estos incendios son provocados para abastecer nuestras necesidades de soja, forraje o minerales. Pero esto no debería ser así. Hay herramientas, como el tratado del Mercosur, para tratar de revertir el problema.

Somos hijos del fuego. Pero hemos perdido la relación de fraternidad que teníamos con él. Lo estamos convirtiendo en un arma de destrucción masiva.

The Conversation

Víctor Resco de Dios es profesor de Incendios y Cambio Global en PVCF-Agrotecnio, Universitat de Lleida. Artículo originalmente publicado por The Conversation.

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