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Industria nacional: comienza la producción de un respirador íntegramente desarrollado en Argentina

Industria nacional: comienza la producción de un respirador íntegramente desarrollado en Argentina

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“Este respirador lo construyó media Argentina”, dice Jeremías Butto, impulsor de un respirador de bajo costo que fue aprobado por ANMAT y ya se fabrica en el país.

Jeremías Butto vive en Bariloche, donde completó su formación como ingeniero nuclear en el Instituto Balseiro. Pero la cuarentena lo encontró en Santa Fe, a donde había viajado para participar en ExpoAgro. Sin posibilidad de volver a su casa, decidió quedarse en Las Rosas, donde viven sus padres.

Allí, charlando con unos y otros se dio cuenta de que el hospital local no contaba con respiradores, ni los tendría en caso de que se complicara la pandemia. Esos mismos diálogos llevaron a la conclusión de que la forma de tenerlos era construirlos. Y puso manos a la obra.

Lo primero que hizo fue aliarse con industriales locales, a los que conoce de toda la vida: Horacio Testa (Tecnoplast SRL), Hugo Tedeschi (Tedeschi Sembradoras); Carlos, Aníbal y Gabriel Moriconi (Vulcano Semirremolques). Entre todos comenzaron a investigar las posibilidades de fabricar un respirador que cumpliera con las exigencias sanitarias y fuera accesible.

Al mes ya tenían el primer prototipo, capaz de ingresar y extraer aire de un pulmón artificial. Esto los llenó de ilusión: quedaba claro que su sueño era realizable. Buscaron la forma de armar el equipo con piezas que se produjeran en el país, a fin de garantizar la producción en caso de que funcionara.

La Asociación Rosarina de Anestesiología testeó el modelo y confirmó que podía superar las pruebas pertinentes. Con este diagnóstico, Butto y su equipo fue un paso más allá en el siguiente prototipo que tenía interfaz táctil, sistema de seguridad auxiliar y alarmas que facilitan el uso de estos aparatos a los profesionales de la salud.

El nuevo modelo fue testeado por equipos de la Asociación de Anestesiólogos de Buenos Aires y nuevamente el resultado fue exitoso. El diseño final de Likhen Rod contó con algunas mejoras, para alcanzar los estándares requeridos para un respirador de terapia intensiva.

Tres laboratorios aprobaron el diseño y luego, el 1° de septiembre, llegó la certificación de la ANMAT. Dos meses más tarde, los emprendedores involucrados en el desarrollo de este aparato organizaron la producción, que se tendrá lugar en un establecimiento de la Ciudad de Buenos Aires. El ensamblaje y control final de calidad se llevará a cabo en Bariloche.

Butto espera que en el futuro todo el proceso se pueda realizar en el Sur. Mientras tanto, cinco de los 25 respiradores que se fabricarán en esta primera instancia ya tienen destino. Los tres primeros equipos serán donados al hospital de Las Rosas, uno más a la Asociación de Anestesiólogos de Buenos Aires y otro a la Asociación de Anestesiólogos de Rosario, en agradecimiento por su asesoramiento y colaboración.

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Después de estar cuatro meses entre Buenos Aires y Rosario para terminar el desarrollo y aprobación del respirador, Jeremías Butto logró volver a Bariloche. Desde allí anuncia que en dos semanas los primeros aparatos llegarán al hospital de Las Rosas.

Lo llamamos Likhen, en referencia a la simbiosis entre un alga y un hongo que se da aquí, en los bosques patagónicos. Éste crece solamente donde el aire es extremadamente puro (se lo conoce vulgarmente como barba de viejo)“, explica Jeremías. Y agrega: “En honor a la pureza del aire donde se da el liquen elegimos ese nombre“.

Urgidos por la pandemia, que continúa su avance en el país, y con plena confianza en el producto, los emprendedores planificaron ya la segunda fase de producción, en la que fabricarán 100 unidades. Hasta ahora sólo contaron con financiación propia para todo el proyecto.

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