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Es hipoacúsica, se recibió de médica y sigue atendiendo a sus pacientes en pandemia

Es hipoacúsica, se recibió de médica y sigue atendiendo a sus pacientes en pandemia

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Los últimos día de septiembre se celebra la Semana Mundial de las Personas con Discapacidad Auditiva. En el marco de este acontecimiento, Melisa Canónico –diagnosticada con hipoacusia neurosensorial bilateral– comparte su historia.

Creció en La Plata, estudió Medicina en la Universidad de Buenos Aires y se especializó en Ginecología y Obstetricia. Con 38 años y mucha pasión, encontró la forma de segir atendiendo a sus pacientes aun durante la pandemia. Hasta ahí, la de Melisa Canónico es una historia como cualquier otra.

Pero hay un detalle que impactó en su historia e impacta en su día a día. Era todavía muy chica cuando le diagnosticaron hipoacusia neurosensorial bilateral. A pesar de esta discapacidad, ella no quiso ir a una institución para personas sordas y terminó el colegio en una escuela común.

Según la OMS, cerca de 500 millones de personas padecen alguna discapacidad auditiva

Recuerda que le costaba aprender, pero también cómo la acompañaba su familia y un equipo de especialistas, con los que trabajaba en la rehabilitación lingüística. Se negaba a aprender lengua de señas: ¡Quería hablar!

Cuando estaba terminando el colegio tuvo la posibilidad de acceder a un implante coclear. Era una tecnología innovadora, tanto que sus padres y su equipo de terapistas se resistieron cuando ella les dijo que quería operarse. Sin embargo, a los 18 se realizó un doble implante coclear. Y unos meses más tarde comenzó a estudiar Medicina.

Melisa el día que se recibió de médica.

“Cuando me encendieron los implantes no lo podía creer. Fue mucha emoción y mucha confusión, porque no entendía nada. Fue como volver a nacer”, dice. Recuerda que al principio sentía mucho el ruido del ambiente y que en la facultad se sentaba adelante, para que le costara menos prestar atención a las clases.

Pero enseguida se adaptó. Luego debió conseguir un estetoscopio adaptado, ya que con los implantes no podía escuchar bien con ese aparato. Siguió con sus prácticas y una vez le tocó presenciar un parto: la experiencia fue clave para decidir su especialización.

Con el paso del tiempo y el desarrollo tecnológico, los implantes Med-El que se colocó cuando tenía 18 años mejoraron ampliamente su capacidad auditiva. Cuenta que al principio escuchaba sonidos más metálicos, pero que ahora lo que escucha es más “musical”.

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Cuando comenzó la pandemia decidió seguir trabajando. Pero se encontró con dos limitantes: el uso de barbijo limita la lectura de labios y la distancia social tampoco ayuda a una mejor escucha. Sin embargo, encontró una opción en la telemedicina y se convirtió en abanderada de los barbijos transparentes o inclusivos.

Melisa con el implante que le cambió la vida.

“Esta etapa es muy agotadora y cansadora, pero sigo trabajando, entendiendo mis propias limitaciones y dando hasta donde puedo, sin poner en riesgo la vida de los demás”, comenta Melisa.

Parece que quedaron lejos los días en que renegaba de la lengua de señas: con el tiempo logró aprender otros idiomas, ya de grande pudo disfrutar dibujos animados y empezó a escuchar música, pequeños gustos que antes no se podía dar.

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