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Dejaron el consumo de drogas, aprendieron oficios y lanzaron su propia cooperativa de trabajo

Dejaron el consumo de drogas, aprendieron oficios y lanzaron su propia cooperativa de trabajo

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El sábado se lanzó Brota, una cooperativa de trabajo integrada por miembros del Hogar de Cristo de Gualeguaychú, que acompaña a personas con consumo problemático de drogas.

Brota es una iniciativa que nace de acá y se enmarca en el espíritu de la familia grande el Hogar de Cristo”, dice Elisa Altuna, responsable de relaciones institucionales del Hogar de Cristo de Gualeguaychú. Estudió ciencias políticas, conocía la institución por el trabajo del Padre Pepe Di Paola en la Villa 21-24 y no dudó en sumarse cuando la convocaron para trabajar en el proyecto de su localidad que incluye tres centros barriales y un espacio de primera infancia. 

“Acá el tema del consumo se ve mucho y también la exclusión. Hay una necesidad enorme de lograr la inclusión de estas personas, especialmente en el ámbito laboral. Por eso pensamos en esto”, señala Altuna. Para entender de qué se trata la cooperativa, es importante conocer lo que ocurre en el hogar. “Cuando empezamos a acompañar la vida y nos encontramos con el hermano, lo primero es conocerlo y abrazarlo. Con el tiempo, antes o después, aparece la necesidad de trabajar para solventar las propias necesidades y por ello en nuestros centros siempre se intentó hacer frente a esta dimensión laboral”, explica. 

Miembros del Hogar de Cristo de Gualeguaychú en el taller.
Miembros del Hogar de Cristo de Gualeguaychú en el taller.

Dardo Carballo, responsable del Hogar en Gualeguaychú, cuenta que esta cooperativa, Brota, es parte de un recorrido. “Cuando alguien se acerca al Hogar de Cristo, se lo recibe con un abrazo. Contenemos a las personas, les damos techo y alimento. Cuando finalmente se ponen de pie, la búsqueda de trabajo es algo que necesita una respuesta”, asegura Carballo. 

“No somos una empresa de colocación de trabajo sino una cooperativa social, acompañamos a las personas desde que los conocemos hasta su inclusión total en la sociedad con un desarrollo integral”, explica Carballo y sigue: “En la crisis en la que está el país no es fácil encontrar empleo y mucho menos para una persona que se recuperó de adicciones o está recién liberada de la cárcel”, sostiene.

Lo que nos guía como horizonte no es la búsqueda de dinero en sí misma, sino el recurso económico para lograr la autonomía de la persona

Elisa Altuna

Sólo 4 de las 600 personas que pasaron por el hogar en estos 4 años están trabajando formalmente. Luego, gracias a relaciones con el gobierno y un acercamiento al tercer sector, otras 15 personas accedieron a trabajos de diversa índole. Cree que el amor y el trabajo son dimensiones clave en la salud de las personas y por eso tiene la esperanza de que Brota se convierta en fuente de trabajo para muchas de las personas que pasan por el Hogar de Cristo.

“Queremos dar a la sociedad motivos para que integre sus necesidades con la fuerza de trabajo que podemos ofrecer desde el hogar”, sentencia. Asegura que van a trabajar en Brota tantas personas como la sociedad requiera. Reconoce el desafío que implica el manejo del dinero, de conseguir un trabajo y de tener que reanimar la economía.

¿Por qué Brota? 

Altuna explica cómo surgió el nombre del proyecto. “Brota nació de un trabajo de co-creación del equipo. Hicimos dos talleres: uno con referentes y otro con chicos y chicas del hogar. En ambos, las consignas fueron: ¿Qué es el hogar para vos? ¿Qué representa nuestra identidad? ¿Qué nos hace únicos? Salieron muchas propuestas y nos decidimos por Brota porque lo que surgía en la conversación es el hecho de esta esperanza para volver a nacer. Qué de algo tan chico, de un fruto que muere algo pueda volver a nacer. Es un mensaje de esperanza para la vida de los chicos. Ellos empiezan una nueva vida sostenida por el trabajo”.

Cuando alguien se acerca al Hogar de Cristo, se lo recibe con un abrazo. Contenemos a las personas, les damos techo y alimento.

Dardo Carballo

Para que Brota llegara a materializarse fue necesario atravesar otras instancias. Así los enumera Altuna:

  • Primero organizamos grupos de interés: huerta, carpintería, relojería, serigrafía, etc. Todos con un referente y algunos voluntarios. Para sostener estos talleres y educar en la cultura del trabajo, hicimos un acuerdo con el Consejo General de Educación (CGE).  
  • Luego, con docentes del CGE comenzamos a dar en nuestros centros talleres con varios fines entre los que se destacan mantener el tiempo ocupado en algo sano y productivo y generar conocimiento en algún oficio. 
  • Surgió el deseo de comercializar los objetos (chulengos rejas, sillones, macetas, etc) que las personas hacían en los talleres y estos adquirieron una impronta más productiva. Con la entrada de dinero aparecieron interrogantes acerca de la división del mismo y demás. 
  • Esto fue decantando en una búsqueda de más oportunidades: firmamos acuerdos con la Universidad Nacional de la Plata y con el Municipio de Gualeguaychú.  El primero sirvió para fortalecer los talleres de oficio y de ello se desprendió Brota. El segundo permitió dar forma jurídica a la cooperativa de trabajo para prestar servicios de construcción y realizar obra pública. 

“Todo el recorrido realizado ha sido posible por hacerlo en familia, desde lo legal, la representación y puentes sociales, administración asistida, educación, capacitación, marco afectivo y valores, con la justicia restaurativa como pilar. Lo que nos guía como horizonte no es la búsqueda de dinero en sí misma, sino el recurso económico para lograr la autonomía de la persona”, sentencia Altuna.

Un proyecto de familia

“Arrancamos hace 4 años. Decidimos acompañar a las personas con consumo de sustancias las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Sabíamos que no era algo de una tarde de sábado. Queríamos acompañar todas las vidas, toda la vida, cuerpo a cuerpo”, explica Dardo Carballo, responsable del Hogar de Cristo en la ciudad entrerriana. Él comenzó con el proyecto movilizado por “el creciente desafío que presentaba la vulnerabilidad de las personas con consumo. Ver a tantas personas que consumían, que se quedaban afuera de la sociedad, que se quedaban sin trabajo, que se caían de la escuela, que estaban rotos…” recuerda y sigue: “Ví que el Hogar de Cristo en las villas de Buenos Aires acompañaba tomando todas las dimensiones de la persona para abrazarla. Y me dí cuenta de que estaba  bueno. Planteé organizarlo acá, había un grupo de gente que estaba empezando a acompañar. Nos pudimos organizar y aceptamos el desafíos de abrir 24 horas todos los días de la semana. No teníamos nada en ese momento, sólo el aval del Hogar de Cristo en Buenos Aires. Nos venían a visitar los sacerdotes: el Padre Pepe (Di Paola), el Padre Charly (Ontivero), el Padre (Gustavo) Carrara y el Padre Tano (Nicolás Angelotti)”, relata. 

A la hora de recordar el comienzo del Hogar de Cristo en Gualeguaychú -que hoy forma parte de una red con más de un centenar de centros- marca la diferencia entre replicar un modelo y aplicar un método. “El método era acompañar a las personas con la particularidad y la idiosincrasia de cada lugar, es algo que se va viviendo según las características de cada lugar”.

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