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Cientos de miles de peces muertos en Formosa: Las causas de una catástrofe ecológica ¿natural?

Cientos de miles de peces muertos en Formosa: Las causas de una catástrofe ecológica ¿natural?

Leo Ibáñez

Sucedió en el bañado La Estrella y preocupa a los vecinos de las localidades de Pozo del Tigre, Las Lomitas y Fontana que abastecen de agua a la cuenca del río Pilcomayo.

La desconsoladora imagen de peces muertos en el bañado La Estrella, a 50 kilómetros de la Ruta 28.

“Lo que impacta es el volumen impresionante de peces muertos”, acierta Luis María de la Cruz, coordinador del Sistema de Alerta Pîlcomayo Gran Chaco, frente a la tremenda imagen, que supera los miles, trepa a cientos de miles y para algunos asciende a millones de peces muertos,

Todo acaba de suceder en el bañado La Estrella (el segundo humedal más grande de nuestro país y el tercero de Sudamérica), en la provincia de Formosa. “Los peces provienen del sistema de drenaje que llega al río Paraguay en tiempos de creciente”, ilustra De la Cruz. “Los que están muriendo vienen subiendo por el Salado, desde la zona de la laguna La Salada y el riacho Porteño, que es donde había algo de agua hasta hace poco”, agrega.

¿Entonces la sequía es la gran causante de la mortandad? En apariencia, el cierre de la compuerta del embalse aledaño al vertedero (distante 50 kilómetros de la Ruta 28) disminuyó de manera extrema el nivel de uno de los afluentes del río Salado, generando que los peces quedaran sin oxígeno.

Las compuertas habrían sido cerradas por el gobierno de Formosa para evitar la pérdida de caudal en el proyecto de distribución de agua a los pueblos de la Ruta 81 mediante canales de tierra.

Una de las imágenes fue compartida por un poblador del bañado e integrante del Sistema de Alerta Pilcomayo. 

El Sistema de Alerta Pilcomayo (SAP) ya había alertado sobre una gran mortandad de peces en el bañado La Estrella. Ahora también alza la voz, temiendo los efectos de la contaminación producida por la descomposición y sus consecuencias para el ganado y los caballos, que beben del agua en la que flotan los peces muertos.

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Las imágenes remiten a una situación similar, vivida hace una década, cuando la sequía y la escasez de agua del río Pilcomayo determinaron un panorama similar.

“Más allá de todo –repite Luis María de la Cruz–, lo que impacta es el volumen impresionante de peces muertos una semana después del cierre total de la compuerta, agrega, para cerrar: “Al correr agua, se mantenía un caudal ecológico mínimo que les permitía vivir. Pero al cortarse ese caudal bajó el nivel, y lo que era un refugio se transformó en una sepultura”.

 

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