«Sin Dios, no podría ser artista» – GENTE Online
 

"Sin Dios, no podría ser artista"

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Entra y hace reír. No es mentira. Lo lleva en la piel, le sale de taquito. No
es para menos. Alfredo Casero (40) es hoy un artista de culto, y un culto en sí
mismo, que amasó en década y media de carrera. Ya no es un simple gordito
gracioso. Es el bufón magno de nuestra comedia. Sus inicios underground en el
mítico Parakultural, a fines de los 80; el alucinante Cha Cha Cha -todavía en el
aire, cada viernes en la pantalla de I-Sat-; su batacazo dramático en Culpables
y Vulnerables; varias apariciones en cine -Felicidades, El día que me amen,
entre otras-; su desopilante música, con estallidos increíbles como el reciente
Casaerius -¿quién no tarareó Shimauta?-, y la lista sigue... En la manga, y para
este año, nuevo disco y nueva serie: Locas de amor, en la piel de un demente,
junto a Leticia Brédice y Julieta Díaz. Ahora, su unipersonal en Villa Carlos
Paz, Casero, la opción del barrio. Un culto en sí mismo, decíamos. Porque no
importa el papel: siempre es Casero… en la piel de Casero.

Y entre todo eso, Uno contra todos -jueves, 22 horas, Canal 13-. No, ninguna
comedia, ninguna expedición a los pagos del absurdo. Un programa de preguntas y
respuestas. Y mal no le sale, para nada. Algunos, dicen, se fue a menos. Que
nunca estuvo más lejos de su salsa. Extraña, es cierto. Por ahí empieza la
charla, entonces.

-Decime, ¿qué es esto de conducir un programa de preguntas y respuestas?
-Es algo nuevo para mí. ¿Y sabés qué? Me gusta. Me divierto, me compenetro en la
pica. Tenés a un tipo que se quiere llevar toda la plata. Y yo no se la voy a
hacer tan fácil. Básicamente, soy el operador humano de un software que elige al
azar los temas a contestar. Y esto es a todo o nada.

-Sin duda, es algo completamente nuevo. Y una elección riesgosa en tu carrera.
¿Te dejan ser vos mismo en el set?
-Mirá, no puedo irme demasiado por la tangente. Pero no tengo ningún drama en
liberarme y ser yo mismo. Si el programa -que es grabado- fuese en vivo, sería
el summum.

-Algunos dicen que te devaluaste…
-Eso es un verso. Yo no puedo dejar de ser yo en cualquier lugar donde esté.
Decían que no podía actuar en series dramáticas, cine, incluso música. Y pasé
por todo. Porque tengo el inamovible dogma de hacer las cosas bien.

-Inamovible dogma que, sin duda alguna, dio sus frutos. Pero tras década y media
de carrera, ¿sigue existiendo el Alfredo Casero de siempre?
-Tal cual. Yo simplemente sigo andando. Ahora, en marzo, sale mi nuevo disco.
Porque ése es mi culto, el culto al laburo. Y Dios, que sin Dios, no podría ser
artista. Soy un tipo muy, pero muy creyente.

-Hay algo que me sorprende. Estamos hablando acá, fuera de cámara, y siguen esos
gestos entre kitch y desmesurados que ya son tu marca registrada. Y uno se
pregunta si no vivirás dentro del personaje las veinticuatro horas del día...
-Ni a palos. Lo mejor para mí es no vivir el personaje. Yo trabajo cuando
trabajo. Pero bueno, soy así.

-Antes hablábamos del riesgo. ¿Le temés al fracaso?
-¡Jamás! Si le tuviera miedo al fracaso no podría funcionar. A mí me gusta
volar. Y ahora, con Uno contra todos, creo, vamos a pegar bien.

-Si con algo la pegaste, sin duda, fue con Cha cha cha. A seis años de su
deceso, aún sobrevive en pantalla.
-Es genial. Lo veo como algo sin tiempo. Fue único, con tipos como Fabio
Alberti, Diego Capussotto, Alakrán, que aún hoy me revientan de risa.

-Pregunta de fanático: ¿volverá?
-No creo. Si algún día regresa será porque sigue habiendo química y ganas, no
por el billete que nos puedan llegar a ofrecer.

-Y aún, para gran parte del público, sobrevive un viejo problema: se ríen a
rabiar, pero muchos no entienden su humor. ¿Alguna vez sucederá?
-Es muy simple. Está en vos explicarte mi humor. Yo entretengo desde el caos.
Está en la gente descifrarlo.

-Sin embargo, tenés un secreto.
-Claro, viejo... ¡mi belleza astronáutica!

-Me imagino que vos, hombre de Puerto Madryn, estarás penando los calores
porteños y de Villa Carlos Paz.
-Ahí tengo mi casa y mis autos, que armo y desarmo a gusto. Navego, nado… Vivo
feliz junto a mi mujer, Marisa, mis hijos, Nazareno (17), Guillermina (20) y
Minerva (2); mi perro, Leoncio (por cierto, poné que tiene website: www.
leonciocasero.com.ar) y su señora perra, Paquita. Es lo más. Primero mi perro,
después mis pibes.

-¡Epa! No suena muy paternal que digamos.
-(Risas). ¡Ya lo saben! Y Nazareno, que es actor, se viene con todo. Lo llaman
para mejores papeles que a mí. ¡Es tremendo!

-Si hay un rasgo que define tu carrera, es la locura. Pero, de verdad, ¿cuán
loco estás, Alfredo?
-Para nada. Me veo muy lejos de la locura. Es más, me defino como un tipo
pragmático.

-¿A lo Maquiavelo, tal vez?
-No. Presocrático, en la línea de filósofos como Parménides. Yo le digo tonto a
quien es verdaderamente un tonto.

-Y ante tanta filosofía de vida, ¿cuál sería el error que jamás te perdonarías?
-Dejar de ser yo mismo. Hacer algo en contra de mi voluntad, y no poder negarme.
Hasta ahora, nunca pasó. En ese sentido, soy muy afortunado.

-Sin embargo, te debe quedar una espina. Aún hoy, para el gran público, seguís
siendo El Gordo Casero. ¿Duele?
-No, no me jode, porque en realidad... ¡soy gordo! Muchos todavía me lo dicen
despectivamente, y eso sí que duele. El problema no es el adjetivo, sino lo
peyorativo. Nadie tiene derecho a insultar a otra persona.

-Grand finale, Alfredo, ¿cuál será el tuyo?
-¿Mi gran chiste final? No te lo voy a decir. Pero un buen día, cuando lo veas,
vas a levantar el teléfono y me vas a gritar: "¡Reverendo hache de pé, lo
hiciste!
".

A lomo de un cisne a pedal, en el lago San Roque de Villa Carlos Paz. ¿El secreto de su humor y éxito? ¡Mi belleza astronáutica!", dice.">

A lomo de un cisne a pedal, en el lago San Roque de Villa Carlos Paz. ¿El secreto de su humor y éxito? "¡Mi belleza astronáutica!", dice.

Aunque no parezca, y usted no lo crea, Casero está perfectamente cuerdo: Me veo muy lejos de la locura. Es más, me defino como un tipo pragmático", aclara.">

Aunque no parezca, y usted no lo crea, Casero está perfectamente cuerdo: "Me veo muy lejos de la locura. Es más, me defino como un tipo pragmático", aclara.

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