“Sigo con mis angustias, euforias y caos. Eso quiere decir que estoy muy bien” – GENTE Online
 

“Sigo con mis angustias, euforias y caos. Eso quiere decir que estoy muy bien”

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Se pinta las uñas y no sabe por qué. Detesta las prendas de lana: dice que le pican. Colecciona cajas y cajas de papelitos rotos, un hábito sin mucho sentido. También tiene un hobby algo extraño: guarda pilas de cuadernos marcados con flechas y más flechas, de principio a fin. Costumbres estúpidas de un hombre inteligente, que anuncia detestar las preguntas fáciles y que suele escaparles a las respuestas complejas. Fernando Peña da el aviso, por las dudas... Para intimidar, quizá. O para provocar una vez más…
Cuenta que vive con seis perros, María (“una especie de madre sustituta”, define) y Pampi (o Cristian, su nueva y última pareja). “No es mi novio, es mucho más que eso. Nos encontramos una noche, vino a dormir a casa y nunca más se fue”, revela antes de que le pregunten.

–Los preferís más jóvenes…
–Hoy lo prefiero a él. Sé mi edad: 44 años. También la de Pampi: 23. Si tengo ganas de mantener a alguien, me doy el gusto y lo mantengo. Con la plata que gano hago lo que quiero. Cuando entramos a un restaurante todos dicen: “Mirá, el pibe que está con Peña…”. No me importa. Soy la Susana Giménez de los gays… Quizá la persona que vive conmigo aprovecha la oportunidad, pero yo sé aprovecharme de los momentos de amor y ternura.

–Resultaste un romántico…
–Muchos piensan que yo era un careta que de golpe la pegó con un personaje. Nada que ver… El Fernando que trabajó durante trece años de traje y corbata en los aviones, que llegó a ser jefe de cabina de primera clase y que tuvo que taparse los tatuajes era otra de mis criaturas. Yo siempre fui el que soy.

–Habláme de tu libro…
–La idea surge en un asado, tablón largo y veinte personas. Empecé a usar la herramienta del vuelo, como para tener tema de charla en la mesa, y noté que todos se quedaban fascinados. Ahí se me ocurrió escribir sobre el vuelo y contar todo: desde mi infancia en Montevideo hasta el artista que todos conocen.

–¿Vos creés que la gente te conoce de verdad?
–El artista debería hacer una declaración jurada: la de ser como es. Desde que me descubrieron, conté absolutamente todo; me parece necesario. Y aclaro: no es una posición martaminujinesca, es una responsabilidad hacer arte. No soy contador de chistes, no soy imitador, soy un provocador en el buen sentido de la palabra.

–¿En todos tus espacios?
–La radio me divierte, pero es una gambeta. Hablo sobre todo del teatro, que es donde hago arte. Tengo que explicarle a la gente quién soy y qué me pasa en el laberinto que tengo en el cerebro, porque hay un borde en el cual, el que me admira, precipita.

–¿Por qué dejaste la avenida Corrientes después de seis años?
–Estaba agrediendo a un público que no lo merecía, porque sacaba la entrada sin saber qué iba a ver. No era una traición mía, sino un error de comunicación. Se resbalaban como en un palo enjabonado. Después está el intelectualoide que no se banca que gane cuatro veces más que él y encima tenga reconocimiento, luces, escenario y aplausos. Muchos tienen la diva aplastada, son mediocres y me envidian.

–¿Qué les dirías a tus seguidores?
–Que me esperen, que maduren ellos también, que me extrañen y que me redescubran cuando vuelva. Por suerte sigo con mis depresiones, angustias, crisis, caos, euforias y desbalances . Eso quiere decir que estoy muy bien.

Fernando Gabriel Peña llegó al Catedral por el placer de trabajar: acá tiene su programa radial, El parquímetro, que se transmite por la Metro (95,1, de 7 a 10). Tras hablar y hablar, se calza los esquíes para probar pistas. “¿Vos notaste la fricción que existe entre esquiadores y snowboardistas?”, pregunta ahora.

–No tuve la oportunidad todavía…
–Es como la pelea del verano: el que usa zunga o short, boxer o slip. El ser humano, si no compite, no es feliz. Fijáte que en los ghettos también hay competencia. Se unen todos los gays en contra de algo, y después está el gay pelado, el bajo, el activo, el pasivo. Los judíos igual: se unen porque los mataron en el Holocausto y después está el judío de Once, el de Villa Crespo, el menemista…

–¿Y los apodados tirabolas?
–Eso me parece triste, cruel, patético, una cosa sudamericana espantosa, que refleja la violencia en el fútbol, la estupidez de romper los teléfonos públicos y las vidrieras… Ceban el cerebrito cavernícola para que se tiren bolas de nieve. ¿Por qué no les proponen armar un concurso de muñecos, que al menos estaría incitando a la creatividad? Además, hay mucha histeria en las pistas…

–¿Cómo cuáles?
–Los hombres sacan a relucir su parte femenina, como dice mi personaje Roberto Flores: “El hombre acá se pinta los labios con libertá. Con la excusa de que se le paspan”. Empiezan por una paspadura genuina y evidente, que termina en un repaso y repaso. Y las mujeres sacan su parte torta: se ponen esos mamelucos que parecen mecánicos... Además, a todos les encanta estar bronceados en invierno y tener la marca blanca de las antiparras. En las pistas de esquí me cruzo con cosas que no sé qué son: ¿mujer, hombre, marica, lesbiana, Cipe Lincovsky o Antonio Gasalla…? Yendo más allá, el mayor contacto con la naturaleza lo tengo en la montaña, y siempre hago una bajada solo. Ahí recupero algo maravilloso... La capacidad de no ser Fernando Peña.

En el Cerro Catedral tiene su propio programa de radio, donde se burla de la monstruosa guerra entre esquiadores y snowboardistas.

En el Cerro Catedral tiene su propio programa de radio, donde se burla de la monstruosa guerra entre esquiadores y snowboardistas.

“<i>No soy contador de chistes, ni soy imitador. Soy un provocador en el buen sentido de la palabra</i>”.

No soy contador de chistes, ni soy imitador. Soy un provocador en el buen sentido de la palabra”.

“<i>Soy la Susana Giménez de los gays… Si tengo ganas de mantener a alguien, me doy el gusto y lo mantengo. Con la plata que gano hago lo que quiero</i>”.

Soy la Susana Giménez de los gays… Si tengo ganas de mantener a alguien, me doy el gusto y lo mantengo. Con la plata que gano hago lo que quiero”.

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