“Siento que llegamos a la final del Mundial…¡Y ahora quiero la Copa!” – GENTE Online
 

“Siento que llegamos a la final del Mundial...¡Y ahora quiero la Copa!”

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–Te parece arrancar así? ¿No es un poco fuerte?
–Seguro. Ocurre que hay varios foros en la web que le andan reclamando una de sus frases si El secreto de sus ojos llega a obtener la estatuilla dorada y usted sube al escenario. No podemos evitar el tema...

–¿Cuánta gente reclama la frase?
–Hasta hoy, alrededor de 200 mil.
 

–Doscientos mil. ¿Y cuántos espectadores ven la ceremonia en el planeta?
–¿Mil millones?

–Upa, mil millones... Dejame pensarlo.

Contesta serio Guillermo Héctor Francella (55), y pronto desprende de su boca una sonrisa. Hay dos motivos que le inspiran el inmediato cambio de gesto. Uno: se da cuenta que no deja de asombrarlo el inusual pedido vía internet de sus fans. En segundo término, lo aborda cierta razón que no puede menos que remontarlo al motivo de la pregunta: su viaje hacia Los Angeles para asistir a la 82º entrega de los Premios Oscar, en la cual el filme que dirigió Juan José Campanella y tuvo al porteño como uno de los protagonistas, compite dentro del rubro Película extranjera. “Un viaje que de ninguna manera me perdería”, enfatiza desde el Centro Náutico Delta del Automóvil Club Argentino, en Tigre, durante un descanso en el rodaje de seis semanas de Los Marziano, el flamante largometraje que encabeza.

–De ninguna manera se lo perdería, anticipa. ¿Cómo consiguió entrada a la alfombra roja que da acceso al imponente Kodak Theatre?
–Apareció, se consiguió (repite pícaro). Había cuatro, aterrizó una quinta... Voy a volar el viernes anterior, junto a mi mujer. Todavía no sabemos si ella podrá ingresar. Lo intentaremos. Marynes (María Inés Breña) me fue anticipando cada instancia de El secreto... Que iba a asombrar mi personaje de Sandoval, que superaríamos la ronda argentina, que competiríamos en la internacional y que, entre 65 rivales, clasificaríamos.

–Interesante. ¿Qué más adelanta su esposa?
–No rompamos la cábala. Existe una gran expectativa. Lo noto en la calle. Bocinazos, adrenalina. “¡Vamos que ganamos, Guille!” o “¡No aflojes! ¡Traenos el Oscar!”. La misma expectativa que en un Mundial.

–Con razón recién acudió a la palabra “clasificar”.
–Quizá. Siento que llegamos a la final del Mundial... ¡Y ahora quiero la Copa, jé!

–En general, la Copa suele obtenerse luego de apostar fuerte a aquello en lo que uno cree, incluso arriesgándose, poniendo en juego los quilates conseguidos. ¿Se siente identificado?
–Siempre traté de probarme en contenidos distintos a los que marcaron la etapa inicial de mi carrera, etapa que, te juro, adoro y defiendo. Al no llegar las ofertas (aunque se escuchaba mi nombre, nadie me convocaba a tales desafíos), empecé a exteriorizar mi deseo buscando yo las opciones. Pronto surgieron participaciones televisivas en Tiempofinal, Casado con hijos y Vidas robadas, las obras Los productores, La cena de los tontos y El joven Frankenstein, aparte del cine con Rudo y Cursi y El secreto de sus ojos. Pienso que allí muchos descubrieron a un actor que no conocían, y aparecieron esas ofertas.

–¿Pocas, algunas, varias?
–Varias. Respecto a la pantalla chica, Telefe y El Trece me mostraron su interés. En cuanto a las tablas, un lujo para mí: estrenaremos en julio, en el Metropolitan I, Los reyes de la risa, de Neil Simon, con el genio de Alfredo Alcón. En cine me espera, en septiembre, La aguja en el pajar, de Juan Carlos Desanzo. Lógico, tras terminar Los Marziano, ¡para Twentieth Century Fox! Ya había hecho una para Universal Pictures (Rudo y Cursi).

–¿Significa que Los Marziano arrancará repitiendo la musiquita previa de Star Wars? ¿Los platillos, los redoblantes, el tan tararán, tan tan tan tan tan tan tan tan tan tan tan tarán...? Recontra hollywoodense.
–Exacto. Me mata el dato. Sucede que leí el guión y me encantó. Interpreto a un capitalino radicado en Tucumán que necesita retornar a Buenos Aires por cuestiones médicas. Agregale un elencazo. Mercedes Morán, Rita Cortese, Arturo Puig... Yo leo todo hasta la página 30. Si me gusta, continúo. Si no me capturó, abandono.

–Oyéndolo, observándolo, estudiándolo, nos invade la mente una hipotética imagen suya. La de Francella, medio cuerpo afuera, tratando de salirse de un televisor. Las temporadas han transcurrido –2007, 2008, 2009–, y no se lo ve regresar a su primer amor. ¿Metáfora o realidad?
–Admito que me cuesta pensar en volver. Hice tantos ciclos, hermano. Además, ¿para qué generar novedades, si me siguen emitiendo lo viejo? Lo tomo como una batalla irremontable. No sé; si bien jamás anunciaría que me retiro de la tele, por el momento prefiero transitar el maravilloso camino que se me abrió.

–A propósito, ¿qué sentirá al transitar la red carpet?
–Nervios.

–¿Y qué agradecimiento lanzaría subiendo a recibir el premio?
–Stop. Nos sobra confianza, también humildad. Si se da, perfecto. Si no se da, nuestra felicidad de ninguna forma bajará de intensidad.

–Disculpe... En caso de darse, ¿lo pensó?
–¿Pensar qué?

–Afrontemos el tema, Guillermo. ¿Se animará? ¿Gritará: “¡A comeeeeerla!”?
–Mirá, no te puedo decir que lo diré.

–Ahhh.
–Pero...

–¿¡Pero!?
–Tampoco te puedo decir que no. “<i>Me cuesta pensar en volver a la tele. Hoy prefiero transitar el maravilloso camino que se me abrió</i>”, advierte Guille.

Me cuesta pensar en volver a la tele. Hoy prefiero transitar el maravilloso camino que se me abrió”, advierte Guille.

“Mirá, Guillermo es un gran comediante, lo que lo acerca al drama de una manera muy particular”, afirma Ana Katz (34, capitalina), la directora de Los Marziano, historia que se encuentra en el límite de ambos géneros.

“Mirá, Guillermo es un gran comediante, lo que lo acerca al drama de una manera muy particular”, afirma Ana Katz (34, capitalina), la directora de Los Marziano, historia que se encuentra en el límite de ambos géneros.

“<i>Ojalá se repita</i>” “Aunque suene a lugar común, participar en una de las seis cintas argentinas nominadas en la historia del Oscar me parece glorioso”, goza Francella refiriéndose a El secreto de sus ojos, donde lo dirigió Juan José Campanella La lista se completa con La tregua (1974, de Sergio Renán), Camila (84, de María Luisa Bemberg), La historia oficial (85, de Luis Puenzo), Tango (98, de Carlos Saura) y El hijo de la novia (2001, también de Campanella).

Ojalá se repita” “Aunque suene a lugar común, participar en una de las seis cintas argentinas nominadas en la historia del Oscar me parece glorioso”, goza Francella refiriéndose a El secreto de sus ojos, donde lo dirigió Juan José Campanella La lista se completa con La tregua (1974, de Sergio Renán), Camila (84, de María Luisa Bemberg), La historia oficial (85, de Luis Puenzo), Tango (98, de Carlos Saura) y El hijo de la novia (2001, también de Campanella).

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