“Siempre soñé con conocer la maison Chanel” – GENTE Online
 

“Siempre soñé con conocer la maison Chanel

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Hace siete años, Silvina Krijger hizo las valijas para probar suerte en el exterior. Rubia, de rasgos alemanes y carácter suave, modelo de profesión, nunca pensó que le iba a ir tan bien lejos de casa. ¿Sus destinos? Barcelona, Madrid, Milán, Hamburgo, Nueva York, Miami… Posó para fotógrafos consagrados y caminó las pasarelas más importantes del fashion. Sin embargo, este 2005 decidió regresar a la Argentina. Antes de abordar el avión que la traería hasta Ezeiza, se dio uno de los lujos más importantes de su carrera: protagonizó un editorial en la mítica maison parisina de Coco Chanel.

–¿Por qué, entre tanto éxito, decidió regresar al país, Silvina?
–Por una necesidad personal: quería estar cerca de mi familia. Llegué en junio último. Pero la idea me empezó a rondar la cabeza hace un par de años, cuando nació Celeste, la hija de mi hermano. Ahí empecé a tener otra visión de mi mundo. De repente me di cuenta de que en Nueva York, adonde estaba viviendo, casi no se ven chicos. Y sentí una necesidad enorme de volver a estar cerca de mi gente. De todas formas, tampoco diría que vuelvo a vivir a la Argentina, porque sigo viajando.

–¿No se siente una outsider después de tanto tiempo en el exterior?
–No, me siento súper cómoda en el país, más que en otras oportunidades. Cuando uno entra en el sistema americano, es difícil volver. Nueva York es éxito y dinero, pero eso tampoco es todo en la vida. Hoy prefiero buscar un equilibrio…

El número 31 de la Rue Cambon señala uno de los íconos más importantes de la moda: la maison parisina de Gabrielle Coco Chanel. Silvina Krijger subió la célebre escalera de espejos en lo alto de la cual se ocultaba la diseñadora, sentada, a espiar las reacciones del público que concurría a sus desfiles. Descubrió que el segundo piso aún se conserva tal como lo dejó su dueña. Sobre la chimenea del comedor encontró un busto que representa a un eclesiástico desconocido a quien los amigos de Coco bautizaron “monseñor Chanel”. Posó sobre el reconocido diván –tapizado en color habano– sobre el que la modista decía realizar sus mejores viajes. Y notó que sólo hay un cuadro en la casa: una espiga pintada sobre fondo negro, con la firma de Salvador Dalí. No encontró dormitorio en el piso. En realidad, nunca lo hubo: Mademoiselle Chanel prefería caminar por las noches poco más de cien metros para dormir en el célebre hotel Ritz.

–Cuénteme su experiencia en la maison Chanel, Silvina.
–Fue increíble. A lo largo de mi carrera he tenido experiencias muy lindas y muy fuertes. Conocí a Giorgio Armani, desfilé cuatro veces para él… Pero entrar a la casa de Coco Chanel fue algo muy fuerte.

–¿Era la casa de la diseñadora?
–Es la tienda más grande de Chanel en París. En la planta baja está la gigantesca tienda, adonde podés encontrar lo último de lo último. En el primer piso están las oficinas, los talleres y el show room. Y en el último piso está la maison de Coco, adonde hicimos la producción fotográfica. Pero te cuento un secreto: ella no vivía ahí. Hay un living, un comedor, una sala de estar… La maison era el espacio en el que ella recibía a todos sus invitados, atendía sus cuestiones sociales. Pero Coco Chanel vivía enfrente, en el hotel Ritz Carlton.

–¿Cómo llegó hasta allí?
–Me eligió Bruce Grandville, un fotógrafo francés que trabaja para Vogue. Cuando me llamaron no lo podía creer. Protagonizar una producción para una marca como Chanel, para mí, que todo me ha costado mucho, fue impresionante.

–Suena a reclamo…
–No, lo que pasa es que a mí nadie me regaló nada. Yo lo hice todo pasito a pasito. Pero, como dicen; te cuesta más, te dura más.

–¿Es fácil para una chica argentina vestirse de Chanel, entrar a la maison y hacer una producción?
–Yo tengo un look europeo con sangre latina. Tengo una sola abuela argentina, los demás son alemanes, holandeses e italianos. Mi educación es bastante cosmopolita. Para mí, ponerme la ropa de Chanel fue fascinante. La gente se quedó muy contenta. La ropa que lucí es del verano del 2006 y yo tuve el privilegio de poder ponerme la ropa dos días después del desfile. Me mostraron las ochenta pasadas y pudimos elegir. Nos dieron mucha libertad para trabajar. Y a las mujeres que trabajamos nos regalaron todos los maquillajes de Chanel 2006.

–¿Sentía el espíritu de Coco en la casa?
–Vas a decir que estoy loca, pero yo sentí muy fuerte su presencia. El hecho de estar sentada o recostada en ese sillón donde, en 1923, ella se había sentado con sus amigos, con su tacita de porcelana, fue muy excitante. Lo pensé constantemente mientras estuve allí. Posar en la maison Chanel fue como cumplir un sueño.

–Pasemos a temas más personales: ¿está enamorada?
–Estoy enamorada de la vida, del amor, de mi familia y de mi persona. Ahora estoy aprendiendo a canalizar las energías, porque he dado la vida por gente que no me valoró, y sólo me chuparon la energía.

Silvina posó recostada en el sillón donde la diseñadora francesa recibía a sus amigos. Y lució parte de la colección primavera-verano 2006 de Chanel.

Silvina posó recostada en el sillón donde la diseñadora francesa recibía a sus amigos. Y lució parte de la colección primavera-verano 2006 de Chanel.

Coco Chanel utilizaba la sala principal de su <i>maison<7i> para hacer <i>public relations</i>.

Coco Chanel utilizaba la sala principal de su maison<7i> para hacer public relations.

Todo el segundo piso conserva aún la decoración original, la misma que dejó la creadora al morir, en enero de 1971. Allí, en la intimidad de aquel departamento de la Rue Cambon 31, posó Krijger.

Todo el segundo piso conserva aún la decoración original, la misma que dejó la creadora al morir, en enero de 1971. Allí, en la intimidad de aquel departamento de la Rue Cambon 31, posó Krijger.

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