“Siempre me gustó la tele, de chico jugaba con una vecina a ser Mónica y César” – GENTE Online
 

“Siempre me gustó la tele, de chico jugaba con una vecina a ser Mónica y César”

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Le cuesta andar por la vida dominando su metro 91 de altura. Lo admite, la torpeza es inherente a él desde la adolescencia y aún hoy, con 38 años, sigue siendo su compañera. Desde sus comienzos en la televisión –junto a Nico Repetto en Fax–, cuando sólo tenía 19, ha resuelto sin ayuda, consignas de trabajo que parecían imposibles de realizar: “Averiguá dónde está Madonna y viajá a entrevistarla ya mismo”. O “a partir de mañana editás todo el programa vos”. Sin embargo, algo tan sencillo como caminar sin tropezarse, ni golpearse con las puertas, le resulta muy complicado. “Una vez me llevé por delante una parada de colectivo… ¡tuvieron que internarme por el golpazo que me di!”, cuenta entre risas Alejandro Wiebe. En realidad, Marley es el apodo improvisado por Repetto el mismo día de su debut en la tele, exactamente el 23 de mayo de 1991, por Canal 13.

Desde entonces, avanza en su profesión sin ninguna caída... de rating, al menos. De las otras, archiva filmadas suficientes torpezas como para armar varios especiales en pantalla. Llegó y creció dentro de la televisión durante la década en que el blooper imantaba multitudes. En ese contexto desarrolló la destreza necesaria que lo llevó de ser el novato columnista de espectáculos –blanco fácil para las bromas al paso–, al conductor desvergonzado.

Ahora, pasa por una etapa en la que duerme poco: está ansioso frente al regreso como conductor de la cuarta temporada de Operación Triunfo (domingos 21:30, por Telefe). Ansioso y atolondrado, al punto que se resbala… al recibirnos en su propia casa de Don Torcuato. “¡Uh! Jajajaja. Casi aterrizo”, advierte en voz alta como si el brusco aleteo que le permitió permanecer en pie no hubiera generado ya la carcajada de todos los presentes.

El rincón preferido de su casa de dos plantas –donde vive solo con Willie, su labrador– es su sala de video, que tiene la acústica perfecta gracias a sus telones de terciopelo negro. Un poco más allá, una pantalla desplegable cubre casi toda una pared. En los estantes se distribuyen las temporadas de sus series favoritas: Nip/Tuck, 24, The X files, Lost, Prison Break, Alias, Entourage, Will & Grace y Sex and the City. Por el ventanal se aprecia el parque recién remodelado. Alrededor de la pileta tiene una parrilla y un quincho, lugar habitual de reunión con el equipo de producción de Nanuk, la empresa de contenidos televisivos que fundó en 2002. Un pequeño gimnasio y un hidromasaje completan su sector de relax at home. Después de conocer su hogar, habla Marley:

–¿Cuál fue tu primer contacto con la televisión?
–Como público, en una tribuna. Tenía seis o siete años y me llevaron a ver a Carozo y Narizota. Recuerdo que fue en el mismo estudio de Canal 13 donde veinte años después conduje Teleshow... Siempre me gustó la tele, de chico jugaba con una vecina a ser Mónica y César. Luego de eso, me presenté al casting de Pelito… y no quedé. Hasta que de más grande adopté como rutina semanal ir a ATC a ver las grabaciones de los programas.

–¿Cómo fue esa adolescencia, que entre tus ocupaciones planeabas ir a un canal de televisión?
–No lo hacía de aburrido. Me fascinaba todo este mundo. Vivía en Villa Adelina y estudié en un colegio de doble escolaridad en el que aprendí alemán e inglés. Tenía muy poco tiempo libre y las únicas tardes sin clases eran las de los miércoles, día en que grababa Gasalla. Así que durante meses me escapé para ir a verlo. ¿Sabés una cosa? Nunca se lo conté a Antonio...

–¿Pero cómo se transformó esa fascinación por la tele en trabajo?
–Primero me volví un experto en cine y en música: me compraba de todo. Como en mi casa no sobraba el dinero, me guardaba la plata que me daban para el almuerzo y lo gastaba en las revistas de cine. Pero al fin ese conocimiento me sirvió: gané un concurso de la Z95, la FM de Radio del Plata y empecé como columnista con Bebe Sanzo.

–¿Qué hiciste con tu primer sueldo?
–Lo invertí en más libros de cine. Durante esos años vivía con mis viejos y dormía cuatro horas por día. Me levantaba a las 4 porque trabajaba en Austral, embarcando vuelos en el Aeropuerto, 5:30 a 9:30. De ahí me iba a estudiar Hotelería, luego a la radio y a la noche cursaba locución en el COSAL, carrera que nunca terminé.

–¿Cuándo apareció tu oportunidad en televisión?
–En un viaje a Londres grabé notas en la calle con mi camarita. Y al volver llamé a todos los canales ofreciéndolas. Cuando fui a Fax, de repente apareció Nico Repetto, las vio y me dijo: “El material es malísimo, está movido y el audio es pésimo… Pero te veo algo. Si te doy aire el martes, ¿qué podés hacer?”. Le conté algunas perlitas de filmación de clásicos del cine ¡y a los cuatro días me puso frente a la cámara!

–¡Nicolás Repetto era más zarpado que vos!
–Totalmente. Y al verme en la tele, dejé todo lo demás. Al mes me ofrecieron sueldo. Con lo que ahorré durante ese año, tomé la iniciativa y volé hacia Los Ángeles, junto a mi amigo Leandro Santagada, que hoy es jefe de posproducción de Promofilm. Al volver, en marzo, Nico no podía creer el material que logramos. Teníamos entrevista con Warren Beatty, Annete Bening, Tom Cruise, Richard Gere. A partir de allí, nos encargó la estética general del programa. Cuando Fax terminó, el canal me ofreció seguir en 360. Y en uno de mis viajes a Hollywood, conocí a Madonna, lo que fue un antes y un después en mi carrera. A los pocos meses me ofrecieron armar programas especiales en Canal 13. Y para 1995, no sólo era conductor: también productor general.

–¿A Operación Triunfo también llegaste por perseverancia?
–Sí, le insistí a Claudio Villarruel y a Bernarda Llorente para que me tomaran una prueba. Aunque no lo creas, fue el primer casting de mi vida. Ya vamos por la cuarta temporada. Igual, antes del debut adelgazo siempre unos kilos, por los nervios.

–¿Jamás dudaste de tu vocación?
–No. Nací para estar en televisión, no hubiera encajado en otro lado. Además, soy muy obsesivo. Ahora, por ejemplo, ya me sé toda la vida de los chicos nuevos de OT y las canciones que van a cantar.

–¿Cuál fue tu secreto para triunfar?
–Hablar idiomas. Agradezco a mis viejos que me insistieran, porque yo odiaba el inglés. ¡Sí! ¡Repetí segundo año porque me llevé Inglés, Castellano, Geografía e Historia! Otra ventaja fue la desinhibición que logró Nico conmigo… ¡Me hizo hacer tantas ridiculeces al aire! Tuve la suerte de entrar en el momento justo. Con mis errores, si hubiera aparecido en la tele veinte años antes, me echaban de una.

–¿Por ejemplo?
–Una vez dije que el 12 de octubre no era el Día de la Raza sino el Día del Animal. Otra, que las rabas eran un vegetal. Nunca aprendí a diferenciar cuál es la ceja y cuál la pestaña. En fin, la lista sería larguísima.

–Hasta ahora, sólo hablamos de trabajo. ¿Qué pasa con tu vida personal y tus planes de formar una familia?
–Siguen vigentes. Pero mi vida se dio desfasada. A los 20, en vez de salir y tener novia, viajaba a entrevistar estrellas de Hollywood. Recién hace tres años que empecé a organizarme para llevar una agenda social más activa y conocer gente. Por supuesto que mantengo la idea de enamorarme y tener hijos. Sólo que hasta ahora no se me dio… En el jardín de su casa, Marley (38) jura que no exagera cuando se tienta o tropieza en cámara. Si bien suele divertirse en pantalla, afirma que no toma al trabajo como un recreo. Se vuelve obsesivo antes de cada debut al punto de no dormir por ensayar frente a un espejo.

En el jardín de su casa, Marley (38) jura que no exagera cuando se tienta o tropieza en cámara. Si bien suele divertirse en pantalla, afirma que no toma al trabajo como un recreo. Se vuelve obsesivo antes de cada debut al punto de no dormir por ensayar frente a un espejo.

Su foto preferida de la infancia. A los dos años, en el patio de su casa en Villa Adelina, el día en que probó por primera vez un helado. Tanto le gusta esa foto que la convirtió en reposera.

Su foto preferida de la infancia. A los dos años, en el patio de su casa en Villa Adelina, el día en que probó por primera vez un helado. Tanto le gusta esa foto que la convirtió en reposera.

Willie tiene el privilegio de ser el único que comparte la casa del conductor. El hermoso labrador fue regalo de su gran amiga y compinche Florencia Peña, allá por el 2003, cuando hicieron El show de la tarde, por Telefe.

Willie tiene el privilegio de ser el único que comparte la casa del conductor. El hermoso labrador fue regalo de su gran amiga y compinche Florencia Peña, allá por el 2003, cuando hicieron El show de la tarde, por Telefe.

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