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“Siempre lamenté no haber podido conocer a esta gran mujer”

“Siempre lamenté no haber podido conocer a esta gran mujer”

Redacción Gente

Había corrido apenas una hora del viernes 5 de diciembre y la leyenda más grande de la historia del fútbol llegaba al aeropuerto Netaji Subhash Chandra Bose, de Calcuta, India. Bajó del avión y subió a un automóvil oficial, para viajar hacia el hotel. Lo escoltaba una guardia de cinco mil policías, que lo custodiaban como si fuera un líder religioso o un primer ministro. A los costados del camino lo esperaban cerca de cincuenta mil personas, todas vestidas de celeste y blanco, con pancartas y caretas gigantes que adoraban a Su Majestad del Planeta Fútbol, Diego Armando Maradona. Y pensar que dicen que el deporte rey de ese país es el cricket…

EN TIERRA SANTA. Maradona llegó a la India junto a su novia, Verónica Ojeda, unos días después del atentado terrorista que dejó más de 160 muertos en Bombay. Esta es su última actividad extraoficial antes del regreso al trabajo con la Selección argentina, y entre sus paradas estuvieron la inauguración del estadio de fútbol del Mohun Bagan Athletic Club, el apoyo a la fundación de una escuela de fútbol y la visita a la sede de las Misioneras de la Caridad, la obra que creó la Madre Teresa de Calcuta. “Siempre lamenté no haber podido conocer a esta gran mujer; estar acá me emociona mucho…”, contó Diego, mientras encendía una vela en memoria de la mujer que entregó su vida a los pobres.

El Diez se mostró de gran humor, mientras recorría los pasillos de los templos que caminó la Madre Teresa hasta su muerte, el 5 de septiembre de 1997. Fue la parte más emocionante de su viaje. “Habló con los niños y los besó. Dijo que era un sentimiento maravilloso, como un sueño hecho realidad, haber venido a homenajear a la Madre Teresa”, aseguró la hermana Lysa, una de las monjas que continúa con la obra de Agnes Gonxha Bojaxhiu, como se llamaba la querida religiosa. Afuera, veinte mil personas esperaban bajo el sol un saludo de Maradona.

MUNDO MARADONIANO. Cuando Diego recorrió la pasarela que llegaba hasta el centro del campo del Mohun Bagan Athletic Club se encontró con treinta mil personas que lo ovacionaban como si fuera Mick Jagger en medio de un recital de los Rolling Stones. Conocemos los pergaminos del Diez con la música –léase, el recordado El sueño del pibe, sus clips con Los Pimpinela, La mano de Dios de Rodrigo, el Maradona Blues de Charly, y ahora con la cumbia de Mezgaya– pero sabemos que lo suyo es otra cosa. Lo que sí está claro es que este hombre de 1,64 provoca un gran magnetismo en cualquier parte del mundo donde vaya. “Pensé que en mi vida ya no tendría más sorpresas, pero todo esto superó lo que me imaginaba. Nunca creí que podía tener tantos fans en la India, y tampoco que a la gente de este país le gustaba tanto el fútbol. Por el afecto que me brindaron, no me fui y ya tengo ganas de volver. La vida me sigue sorprendiendo…”.

Todos los medios del mundo hablaron del viaje de Maradona por la India. También de sus frases más resonantes. Primero, Diego lamentó los hechos terroristas de Bombay: “No debería ocurrir este tipo atentados, son actos bárbaros. A veces la gente no critica al terrorismo por miedo a represalias”. Después, opinó sobre el panorama de los Estados Unidos: “Pienso que Bush tiene algo de asesino. Celebro el cambio que significa la llegada de Obama. Me gusta mucho”. Para cerrar, habló del futuro del fútbol indio, que ocupa el puesto 145º en el ranking de la FIFA: “Acá falta infraestructura para el fútbol, pero los jugadores también deben trabajar duro para conseguir el éxito…”. El Diez se dio el gusto de conocer la ciudad y el templo de la mujer que intentó cambiar el mundo desde la pobreza. Un lugar que él conoce bien. El Diez encendió una vela en homenaje a la mujer que intentó modificar la realidad sin abandonar una vida humilde. Detrás, sigue la ceremonia con emoción, su novia Verónica Ojeda.

El Diez encendió una vela en homenaje a la mujer que intentó modificar la realidad sin abandonar una vida humilde. Detrás, sigue la ceremonia con emoción, su novia Verónica Ojeda.

El Diez, con el obsequio floral que le hicieron al llegar a la sede de las Misioneras de la Caridad.

El Diez, con el obsequio floral que le hicieron al llegar a la sede de las Misioneras de la Caridad.

Una verdadera revolución hasta para las monjitas, acostumbradas a recibir la visita de grandes personalidades. Verónica, con un brazo enyesado, lo acompañó en este viaje.

Una verdadera revolución hasta para las monjitas, acostumbradas a recibir la visita de grandes personalidades. Verónica, con un brazo enyesado, lo acompañó en este viaje.

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