“Si tuviera que dar la vida por dos personas, sería por mi mamá y mi hijo” – GENTE Online
 

“Si tuviera que dar la vida por dos personas, sería por mi mamá y mi hijo”

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El día que Evangelina supo de Bastián, un mensaje inesperado le llegó al celular. Quizás preanunciado que esa jornada, que parecía común y corriente, estaba predestinada a las sorpresas. Por esas horas, la rubia que brillaba en el Bailando por un sueño 2008, deseada vedette que se había puesto de novia con Martín Demichelis (29), no contemplaba la idea del embarazo. El mensaje en cuestión lo había mandado Flavia Palmiero. Justo un icono de los programas televisivos infantiles, el sueño máximo –aún no realizado- de la propia Eva.

“¿Viste esas cadenas de mensajes que manda la gente? Bueno, ésta decía que si lo reenviaba a ocho personas antes de las doce de la noche, recibiría una buena noticia de la Virgen de San Nicolás... Yo soy un relojito con el periodo menstrual y ese día, mmm... Martín estaba de paso por Buenos Aires, ya jugaba hacía rato en el Bayern Munich de Alemania, y me empezó a decir: ‘Hacete el test’. Tanto insistió que fui a comprarlo con una amiga y a las once de la noche... ¡comprobé mi embarazo! ‘¡Ese mensajito!’, fue lo primero que pensé. Casi le ponemos Nicolás, por la Virgen”.

–No lo esperabas.
–Para nada, con Martín ni habíamos cumplido un año de novios. Y me acababa de cambiar la vida en un cien por ciento.

Bastián nació el 3 de mayo de 2009 en Munich y ahora es un pequeño tanquecito que arrasa con todo. Las idas y vueltas entre Alemania (donde a partir del próximo mes se instalará definitivamente) y Argentina le trastocaron el sueño. “Por eso anda un poco chinchudo. Nada que ver con su carácter habitual, explica Evangelina (26), mientras recorre el Parque de la Costa con su amorcito. Le compra pochoclo, lo sube a la calesita y comparten un vagón de tren sin estaciones. Vaya si le cambió la vida a la rubia más sexy, rol que comparte con su orgullosa condición de madre. Porque al momento de trazar prioridades, Bastián jugó un papel excluyente.

–Hace poco renunciaste al Bailando..., aunque te iba bárbaro. Preferiste quedarte en Alemania con Martín y tu hijo.
–Me iba tan bien que el día que me fui logramos el puntaje más alto. Además de lo feliz que me hace bailar, porque disfruto hasta de los ensayos, te juro que estaba muy enganchada con el sueño. Teníamos que reformar la casa de una señora (Esther Espíndola) que funciona como un comedor, en Ituzaingó, y que le da sustento a muchos chicos. Se llama Manos Unidas, de la Asociación Civil Manos por Hermanos (www.manosporhermanos.org). Me costó tomar la decisión.

–¿Cuánto?
–Ufff... En principio, con Ideas del Sur había arreglado que venía por dos meses, hasta que Martín volviera del Mundial. Pero los dos meses se extendieron a cinco. Cuando llegó mi marido y lo vi jugando con Bastián, se me cayeron las lágrimas. No podía permitir que siguiera perdiéndose esos momentos. Veía la felicidad del nene, la conexión entre ellos.

–¿Martín qué te decía?
–Y, que lo extrañaba. No me obligó a dejar nada, porque sospechaba que mañana se lo podía reprochar y quiere que disfrute de mi profesión, pero indirectamente también me lo decía.

–¿Y el hecho de que Bastián crezca en otro país?
–Mirá, amo a la Argentina e incluso en los malos momentos pensé que había que apostar a quedarse, pero lamentablemente estoy aterrorizada con la inseguridad. Cuando vengo, vivo con pánico. En Alemania esas cosas no pasan: es un país lindo y seguro, con gente amable. Allí, además, tenemos una casa propia decorada a nuestro estilo. Al mismo tiempo, Martín entiende que la vida allá es muy difícil para los tres: casi no hay latinos ni tenemos demasiadas amistades. El clima es duro, también. Habrá que ver, porque el Bayern es como su casa. Hace siete años que juega ahí y se ganó un respeto.

–¿Cómo manejaste internamente el hecho de tener que relegar tu carrera?
–Cuando a Freud le preguntaron qué es la salud, contestó que una pierna es el amor y la otra, el trabajo, y que si carecés de una no podés caminar. Siempre fui partidaria de eso. Pero en mi caso, con Martín a miles de kilómetros, tuve que elegir. Yo lo extraño, él me extraña, y se sabe que toda relación se alimenta día a día.

–¿La pareja iba perdiendo cosas?
–Y claro. Mucho contacto por teléfono, pero necesitábamos irnos a dormir juntos, una caricia, la contención. En Alemania disfruto mucho de nuestros paseos, de salir juntos como una familia. Sé que los tiempos cambiaron, pero allá cumplo el rol de la mujer de antes: en mi casa, con mi hijo.

–Y cuando pensás que te costó tanto esfuerzo ganarte un lugar en el medio y ahora das un paso al costado, ¿qué te genera?
–Yo arranqué desde chica, pasito por pasito, sin tener nada con nadie, como hicieron muchas que se acuestan con alguno para escalar. Me la hicieron difícil: iba a los desfiles y me bancaba que las modelos me trataran súper mal. Y justo que había conseguido mi lugar, con propuestas de todos los productores para hacer teatro, tengo que dejarlas de lado... Pero entendí que debo priorizar al nene, que es muy chiquito, y que más adelante podré hacer lo mío. Mi sueño es conducir un programa infantil.

–¿Siempre soñaste con eso?
–Siempre. Tengo algo especial con los chicos. De hecho, soy maestra jardinera. Desde chiquita jugaba a que conducía un programa: era Xuxa o Reina Reech. Mis primitos hacían de espectadores.

–¿Cómo es la relación con tu mamá?
–Silvia es lo más, la amo con toda el alma. Soy la tercera de cuatro hermanas y, según ellas, siempre fui la preferida, ja. Si tuviera que dar la vida por dos personas, sería por mi mamá y mi hijo. Ella es ama de casa, pero se la pasa estudiando. Recibida de psicóloga social, ahora está con la grafología. Tenemos una relación de amigas: le cuento todo y ella me aconseja. Es sabia e inteligente, además de simpática. A partir de que nació Bastián me di cuenta de lo que hizo por mí, del esfuerzo que requiere ser madre.


–Súper cariñoso e inteligente. Copia todo que lo hace el papá. Martín agarra una taza de café y él también quiere tomar café. Lo imita. Encima es igual físicamente, tiene hasta lo mismos lunares. Le encanta jugar a la pelota todo el día, si bien, ojo, le pongo música, le enseño pasos y no sabés cómo baila. Así que no sabemos para dónde va a agarrar.

–¿Buen carácter?
–Seee. Se despierta sonriendo. Le encanta dormir con nosotros en la cama, cosa que no está bien, lo sabemos. Es el amor en persona. Cuando estudié para maestra jardinera me explicaron cosas, pero hasta que no sos madre no entendés completamente ese sentimiento. Somos como una sola persona.

–¿Y el casamiento para cuándo?
–Andamos con ganas, queremos que sea de ensueño. Todavía no tuvimos tiempo de armarlo, pero siempre lo charlamos.

–¿Y un hermanito para Bastián?
–Soy tía de dos varones, así que mamá viene esperando la nietita. Está en los planes, porque queremos ser una familia numerosa, pero por ahora no. Tengo que abocarme a Bastián. Quiero que mi bebé diga lo mismo que yo digo de mi mamá: que dio la vida por mí. Por eso voy a dar todo por él.

Y si es con mamá, mejor todavía. La sonrisa de Bastián, de un año y medio, lo dice todo: es un mimado de Eva. ¿Habrán sacado la sortija?

Y si es con mamá, mejor todavía. La sonrisa de Bastián, de un año y medio, lo dice todo: es un mimado de Eva. ¿Habrán sacado la sortija?

“Bastián es muy cariñoso e inteligente. Y siempre está de buen humor. Desde que llegó a mi vida, entendí el esfuerzo que significa ser madre”.

“Bastián es muy cariñoso e inteligente. Y siempre está de buen humor. Desde que llegó a mi vida, entendí el esfuerzo que significa ser madre”.

“Cuando estudié para maestra jardinera me explicaron cosas, pero hasta que no sos madre no entendés completamente ese sentimiento. Somos como una sola persona”.

“Cuando estudié para maestra jardinera me explicaron cosas, pero hasta que no sos madre no entendés completamente ese sentimiento. Somos como una sola persona”.

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