“Si sos de buena madera, el éxito no te cambia” – GENTE Online
 

“Si sos de buena madera, el éxito no te cambia”

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La cena de los tontos es el éxito del verano. ¿Cómo hubieran vivido este éxito hace veinte años, cuando eran solteros? Francella: ¡Habría sido tremendo! No puedo imaginarlo… Habríamos tenido bastante éxito con las mujeres, ¿no? La fama ayuda: hace que la mujer que todos quieren se fije en vos antes que en otro. Suar: Acorta el trayecto. Pero antes de ser famoso me ha ido muy bien con las mujeres. Yo soy seductor por naturaleza, pero con la fama empecé a contenerme. ¿Por qué? Por vergüenza.

–Nunca pondría en duda sus dotes de galanes, pero está claro que no son Echarri ni Arana...
Francella: ¿Por qué lo decís? (ríe) En mis años de soltero supe usar mis armas, desarrollé otras habilidades.
Suar: Está claro que por la facha no habríamos ganado mucho, pero la seducción pasa por otro lado. Lo importante es la energía que le transmitís a la mujer. Ellas notan si tenés recursos. Les atrae cierta manera de hablar, de mirar…

El primer encuentro entre Guillermo Francella (53) y Adrián Suar (40) no tiene una fecha precisa, pero no hay duda de que ocurrió en los pasillos del viejo Canal 13. El capocómico de bigote y barba candado recuerda que empezó a hacer bolos en 1979. “Pero no podía pegar un papel con continuidad”, jura. Hasta que, a los 24 años, Rodolfo Ledo lo hizo debutar en Todos los días la misma historia. Fue el gancho para que más tarde se luciera bajo la dirección de Hugo Moser en La historia de un trepador. “Ahí estuvo el salto: pude hacer pie en esta carrera. Ya cumplí tres décadas en el mundo del espectáculo”, define.

“¿Y vos qué hacías por aquella época, Adri?”, pregunta amable Guillermo a su amigo. “Yo salía con un productor. ¿Cómo te creés que entré a Pelito?”, contesta entre risas el hombre fuerte de Canal 13. Lo cierto es que en 1982, Suar tenía 14 años, pelo largo y rubio, y mostraba sus primeras armas en aquella tira. “Pelito, La banda del Golden Rocket y Poliladron fueron los proyectos que me permitieron despegar del resto”, se sincera.

Pero la química entre Adrián y Guillermo fermentó en 1989 con De carne somos. “Adrián era un busca, un atorrante hermoso, y pegamos onda rápido. Era de esos vagos muy queribles, un fresco y… ¡un coqueto! Lo metíamos en la carnicería y yo le ponía el sombrerito blanco. Mientras le acomodaba esa pajarera que tenía en la cabeza, él me rogaba: ‘¡No me hagas esto!’”. Ahora habla el Chueco. Recuerda cómo, entre gestos internos que sólo ellos entendían, Guillermo le hacía pagar el derecho de piso al aire. “Me volvía loco. Me sacaba las orejitas para afuera y me decía: ‘Acá, con el tema de la carne y la verdura hay que ponerse el gorro’… Y nos tentábamos al aire”, jura.

Los códigos y las miradas cómplices entre Francella y Suar se repiten hoy, veinte años después. Este nuevo capítulo lo vemos en La cena de los tontos, de miércoles a domingo sobre las tablas del teatro Corrientes de Mar del Plata. Es el debut de Guillermo como director y el regreso a los escenarios de Adrián. Los acompañan su amigo Pablo Codevilla, Horacio Herman, Carla Conte y Sabrina Rojas. Y son el gran éxito del verano: sold out total, con cuatro cuadras de cola frente a las boleterías y 6.600 personas por semana. El resto de los espectáculos, todas las revistas y todas las comedias, pelean por el segundo puesto.

–¿Guillermo, Adrián se deja dirigir o tiene las mañas propias de un hombre que desde hace años comanda sus proyectos?
Francella: Al contrario, me entregó su cuerpito virgen… ¡Es una cosita...! (le toma el brazo y lo acaricia). “Esta obra la conocés tanto que tenés que dirigirla vos”, me propuso. Y el vínculo entre nuestros personajes es vital: no pueden fallar la pausa, el enojo, la ira de los primeros cincuenta minutos. Por eso, es impagable que Adrián escuche en silencio lo que puedo marcarle.

–¿Sienten que esta obra les permite trabajar para un público popular sin arriesgar prestigio?
Suar: Sí, el texto de Francis Veber es genial. Por eso pudimos completar todos los casilleros. Por ahí, en la televisión y en el cine es más difícil combinar lo popular con lo prestigioso.
Francella: El prestigio lo conservás por ofrecer una obra tan masiva y cuidada.

–Los dos tienen más de veinte años de profesión y fama de obsesivos. ¿Sienten que en algún momento descuidaron la familia por el trabajo?
Francella: En mi vida siempre he sido un obsesivo con mi profesión, pero nunca descuidé la atención de mis hijos. ¿Viste ese cuento de muchos actores, “me perdí el crecimiento de mis hijos… la vida me los quitó”? No sé cuánta gente trabajó la misma cantidad de horas que yo… ¡pero nunca falté a un acto de mi hija!
Suar: Yo tengo una frase: “A mí me pasa lo mismo que a usted”. Mi hijo es la prioridad, no lo descuido. Pero tampoco puedo decir que saco cien puntos sobre cien. Eso sí: nunca dejo de estar atento. Y si me equivoqué, trato de redimirme al toque. Con el Toto tratamos de viajar dos veces por año, solos. Eso marca a fuego la relación de un padre y un hijo. Yo marco la calidad más que la cantidad.

–Dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. ¿Qué condiciones reúnen sus mujeres para estar al lado de ustedes?
Francella: Siento que a María Inés no puedo pedirle mucho más. Nos casamos hace 26 años y seguimos juntos. Es bella, compañera… ¡y diez años menor que yo! Me dio dos hijos hermosos, formamos la familia que soñamos... Ellos son mi cable a tierra, los que me enseñaron a disfrutar del ocio y de la vida.
Suar: Yo siempre dije que quería volver a enamorarme y que no descartaba tener otro hijo. Siempre busqué una persona con la que tuviera piel, y hoy la encontré. Ojalá Griselda (por Siciliani, claro) sea la mujer con la que tenga a mi segundo hijo, el hermano de Toto. Quién te dice…

–Siempre se muestran como dos papás cancheros… ¿Para poner límites están las madres?
Suar: En ese sentido, con Araceli nos dividimos bien las tareas. Conmigo Tomás arranca ganando seis a cero: me tiene muy tomado el tiempo. Apenas lo vi, me desarmó. Ara lo frena más.
Francella: En nuestro caso, no hay un ogro. Posiblemente, María Inés sea un poco más permisiva. Y, con Johana, me gusta darle la derecha a la mamá, porque manejan sus códigos de mujeres. Como yo manejo los códigos con Nicolás.

–¿Un buen papá hace a sus hijos hinchas de Racing?
Guillermo: Es que no queda alternativa… ¡por más que sufra! Alguien podría decir: “Si lo querés tanto, no lo hagas de Racing, para que no sufra”. ¿Pero qué otra queda? No se puede: ¡tiene que sufrir!
Adrián: El chico tiene que ser del mismo cuadro que el padre. Yo no entiendo a esos tipos que dicen: “Me salió de River el nene…”.
Guillermo: ¿De qué estamos hablando? “Un día le trajo la camiseta el tío…”. Es algo inadmisible, propio de una casa que no respira ritmo futbolero.

–Ustedes juran que no tienen diferencias, pero en la sesión de fotos observamos que llevan una competencia particular…
Francella: Bueno. El me pedía que me pusiera gafas oscuras. ¡Adrián no soporta que yo tenga ojos celestes!
Suar: Guille, yo también los tengo celestes. ¿No me los viste?
Francella: ¡Nunca! ¿En serio? No son celestes...

–Parecen dos metrosexuales. ¿Qué opinión tienen de ese nuevo estereotipo de hombre?
Francella: El tipo que se cuida más que la mujer, incluso le roba sus productos…
Suar: ¿Qué le roba? ¿Ropa interior y ese tipo de cosas? ¡Eso es de marica total! A mí no me miren: yo no estoy ni cerca de eso.
Francella: Ojo, Adrián, cuidá ese cuerpito hermoso… Yo soy un poco más vago, pero por suerte tengo una mujer que me ayuda mucho. El medio te exige ser un poco coqueto. Necesitás una buena calidad de vida, no tomar, dormir, no fumar…
Suar: Todos los que hacemos televisión nos cuidamos de alguna forma. Y yo me cuido por naturaleza desde chico: en la primaria era el que mejor combinaba los colores.
Francella: ¿Sí? ¿El pelito y esas cositas?
Suar: Sí... ¡una loca tremenda!

–Adrián, ahora que Guille está a un paso de Hollywood, ¿tenés que tratarlo diferente?
Suar: No tengo duda de que va a seguir haciendo películas para el exterior, y ojalá pueda llegar a Hollywood. Pero sigue siendo el mismo.
Francella: Es mi sueño. Me ha pasado algo muy lindo con Rudo y Cursi y dejé una carta de presentación más que interesante con estos dos monstruos mexicanos que son Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón, productores de Harry Potter.

–¿Qué pasa si Cuarón te convoca para interpretar a un hobbit en la próxima Harry Potter?
Adrián: ¿Esos hombrecitos deformes? Guillermo, por favor no lo hagas, que me muero… (dice entrecortado por la risa).
Guillermo: (Ríe también) ¡Todo sea por pegar el salto!

–Para seguir con lenguaje futbolero: ¿están tramando el pase del año, la llegada de Francella a Canal 13?
Suar: Por ahora no me lo puedo llevar, porque él está muy cómodo en Telefe…
Francella: Tal vez la gente me identifique por mis últimos ciclos, pero yo no estoy haciendo televisión, y por un tiempo no veo la posibilidad de hacerla. Estoy muy bien con el cine y el teatro.

–La última: a la gente que ha triunfado en el medio le gusta decir: “Soy el mismo que salió del barrio”. ¿Es posible conservar esa esencia después de tanto camino?
Suar: Seguro que cambié mucho, pero aún conservo mi manera de reírme, la picardía de siempre. Lo cierto es que la vida me dio algo que no esperaba y, como creo que tengo una buena madera, lo fui llevando bien. Al mala leche, el éxito lo mata.
Francella: Si la esencia se modifica es porque la manzana ya estaba podrida. Yo vengo de una columna vertebral muy tana de respeto al papá, a la honestidad… Eso me permitió armar una familia soñada. Nueve años después, Guillermo y Adrián reestrenaron la adaptación de Le dinner de cons, de Francis Veber. Esta vez con nuevo elenco y el debut de Francella como director.

Nueve años después, Guillermo y Adrián reestrenaron la adaptación de Le dinner de cons, de Francis Veber. Esta vez con nuevo elenco y el debut de Francella como director.

“Somos amigos. Estuvimos cada uno en el casamiento del otro, compartimos almuerzos y cenas familiares. También pasamos diez días juntos en Las Vegas… Fueron inolvidables” (Guillermo Francella)

“Somos amigos. Estuvimos cada uno en el casamiento del otro, compartimos almuerzos y cenas familiares. También pasamos diez días juntos en Las Vegas… Fueron inolvidables” (Guillermo Francella)

El reestreno de La cena de los tontos arrasó con la taquilla: vende 6.600 entradas por semana. Los productores ya evalúan presentar funciones los primeros días de marzo. “Adrián me carga porque uso la palabra ‘eclosión’. ¡Pero esto fue una eclosión inesperada!”, dice Guillermo, el director.

El reestreno de La cena de los tontos arrasó con la taquilla: vende 6.600 entradas por semana. Los productores ya evalúan presentar funciones los primeros días de marzo. “Adrián me carga porque uso la palabra ‘eclosión’. ¡Pero esto fue una eclosión inesperada!”, dice Guillermo, el director.

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