«¿Si me siento un galán? Para nada… A mí por la calle nadie me grita: ¡Potro!» – GENTE Online
 

"¿Si me siento un galán? Para nada... A mí por la calle nadie me grita: ¡Potro!"

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"Traje Palitos de la selva". La verdad, sonó raro. Cierto inalterable prejuicio, cierta expectativa previa frente a la llegad
a de un galán en ascenso, convirtió esa frase en un estiletazo no previsto. No preguntó por la producción, ni por la ropa ni por la idea de la foto. De la boca de Damián De Santo, 34 años, tal vez el mejor actor de su generación, sólo cayó, apenas, un anuncio: "Traje Palitos de la selva". Después, la explicación suficiente: "Yo agarro uno entre los dientes y Joaquín me arranca la mitad con la boquita. Nos encanta jugar a eso, y tal vez sirva para aflojarlo un poco". Joaquín es un rubio destellante de un año y medio que va por el estudio balbuceando las canciones de Piñón Fijo hasta que la lámpara de un reflector lo encanta y lo detiene. "Luz", dice Joaquín, la voz cortita, los ojos transparentes atrapados en el foco.


-No sos muy rubio, vos…

-Mi bebé es el positivo mío, es el típico rubio y de ojos claros que yo odié toda mi vida. Mi álgido competidor.


-¿Odiabas a los rubios?

-¡Pero totalmente! Para mí eran fríos, lavados, inútiles, plásticos… Y me tocó un hijo (risas). La vida me puso una trompada al hígado, porque resulta que la persona que más adoro sobre la tierra, es un rubiecito de ojos claros, mi bebé.

-¿Qué te pasaba con los rubios? ¿Te quitaban las chicas?

-A todas. Y también en el laburo. En la primera película que hice con Alejandro Doria, Sofía, yo era extra. Cuando tuvieron que elegir a los que iban a salir más en cámara, claro, agarraron a todos los claritos. A los negros nos mandaron atrás. Resultado: los odié. No me hice amigo de ninguno, te lo juro. Eran unos tarados, no tenían la menor idea de qué hacer en una escena, parecían inorgánicos o congelados, pero claro, eran rubiecitos… Y con las minas, perdía también. Ellas miraban a los rubios, altos estilizados y de ojos claros, y yo era todo lo contrario, sigo siendo todo lo contrario.


-¿Y sos todo lo contrario de tus personajes?

-Sí, de la mayoría. Yo no tengo nada que ver con quien era en Verdad/Consecuencia o en Vulnerables. Con Fernando, el vendedor de autos de Malandras, sí, porque yo fui vendedor. Y de los buenos. Iba por los negocios, miraba para adentro y me decía: "Acá me hago 20 pesos". Vendí medias, llaveros, remeras, perfumes truchos…

-¿Relojes también?

-¿Relojes? No sólo los vendía, también los fabricaba.


-¿Cuándo vendiste todo eso?

-Fue así. Después de ser preceptor en un colegio nocturno y chofer de un camión en una empresa de transportes, entré como bancario, en el desaparecido Banco de Crédito Argentino. Con un amigo empezamos a fabricar relojes hasta que él se fue a vivir al Brasil y yo me quedé con la fábrica. En el 89 perdí todo, me fundí. Fortunas se me fueron. 

-Eras un PyME.

-Tenía 21 años, era un pendex. Y como empresario, un mini PyME. Cuando me fundí, seguí con lo del banco hasta que, contra el consejo de mi viejo, que es contador público y no quería saber nada con eso de la actuación, renuncié para irme a Mar del Plata con La tiendita del horror, una comedia musical. Nos fue pésimo. No de crítica, que nos trataron muy bien, pero nos pagaron a los premios y de a poquito. Me quedé sin nada. 


-Y de fondo, la voz de tu viejo: "Te lo dije, te hubieras quedado en el banco"…

-Claro. También largué Biología marina, que era mi carrera en la facultad. A la vez, los sábados estudiaba ocho horas de teatro. Era una época en la que hacía de todo. Me ponía un cartel delante de la cama para levantarme y saber qué día era. Un día me fui a laburar al banco un domingo. Mi hermano todavía se se ríe de eso. Después de La Tiendita…, empecé a vender medias y perfumes a mis amigos.

-El otro día te vi en una escena, en la concesionaria de Malandras, donde un tipo se te va sin comprarte…

-Sí, se me fue, pero porque así estaba en el guión. A mí, a Damián de Santo, no se me hubiera escapado. Yo le hubiera hecho dejar una seña, con algo lo hubiera embocado.


-Un león vendiendo Durax…

-Tampoco era un vendedor pesado, sino el que logra que si te fuiste a comprar un pantalón, te lleves además una camisa y un cinturón. (Imitando una situación de venta, con un tono casi cómplice) "Lo pagás con tarjeta, quedate tranquilo". "Mirá, no estamos haciendo cuotas, pero yo te voy a hacer, sin intereses". "Esta corbatita me llegó hoy, es italiana, la única que me queda, aprovechá…" (Volviendo al tono normal). Lo importante es estar convencido de lo que vendés. Yo nunca vendí basura. Los perfumes truchos que vendía eran buenísimos, porque eran de un lugar que fabricaban con las esencias reales y un buen fijador. Yo tenía Calvin Klein, Paloma Picasso, Opium… 

-Y después las medias…

-¡Lo que caminé! Ganaba un peso por cada docena de pares que vendía. Por momentos era muy deprimente.


-¿Sabías que ibas a salir de eso o pensabas que el tuyo sería otro destino equivocado?

-No lo sabía. Tenía ganas, pero no imaginé que iba a llegar hasta acá.

-¿Tuviste que decirles no a muchas cosas?

-Unas cuantas. Y hoy lo agradezco.


-¿Qué te lleva a no aceptar un trabajo?

-Leo el libro, me cuentan la historia, miro el elenco… Cuando algunos de esos puntos no coinciden con lo que yo siento, entonces digo que no.

-¿Te sentís un galán?

-Mirá, a mí no me gritan "potro" por la calle, ni se me tiran las chicas ni me escriben la pared de mi casa…


-De todas formas, ocupás un poco ese lugar.

-Pero no lo soy. En todo caso, soy un galán común. Yo me puedo hacer un lugarcito en el barrio o entre los amigos, pero hasta ahí. Mi seducción no va por lo físico: si yo me pongo a hablar con una chica, lo hago con naturalidad y no le dejo meter un aviso. Ahí es donde gano.

-¿Cómo te ves allá adelante, en el futuro?

-Yéndome de la profesión, sacándome la camiseta antes de que me la arranquen. Quizá de a poco me vaya poniendo más selectivo, tipo una película por año. Uno labura, labura, labura y ¿cuándo disfrutás? Una semana, a lo sumo quince días. Eso en un año de trabajo es una enfermedad. Pero todavía falta para ese momento.

-De grande te veo como un Luppi, un actor consagrado, más reposado…

-Yo me veo más como un Darín, alguien que, como él, selecciona mucho su trabajo… No haría lo de Leo (Sbaraglia), no me iría del país, aunque me parece maravilloso que él lo haya decidido, pero yo quiero ser profeta en mi tierra, porque si nos vamos todos lo que hacemos las cosas más o menos bien, ¿qué queda acá? Y el país este es nuestro, alguna vez lo tenemos que sacar adelante.


-¿Te afecta la Argentina?

-Por supuesto. Yo me salvé porque me gasté toda la guita el 15 de diciembre del año pasado, en mi casamiento. Pero me la gasté toda, toda la que tenía. Si la dejaba en el banco me hubiesen destrozado. Igual me arruinó: hoy gano menos de un cuarto de lo que ganaba el año pasado y tengo el triple de los gastos. 

-¿La ves negra?

-Está complicada, pero de todas formas sé que vamos a salir.

por Alejandro Seselovsky
fotos: Jorge Salto
peinó: Cynthia Pistarini para SCM con productos KMS
Agradecimientos: Phill Green, Bowen y Mimo & Co.

Sexy, de negro, concentrado…  Damián dice que su clave para seducir no pasa por lo físico, sino que

Sexy, de negro, concentrado… Damián dice que su clave para seducir no pasa por lo físico, sino que "gana" hablando con naturalidad.

Jugando con Joaquín, el hijo de un año y medio que tiene con Vanina Bilous, profesora y bailarina de tango, con quien lleva cuatro años en pareja y uno de casado.

Jugando con Joaquín, el hijo de un año y medio que tiene con Vanina Bilous, profesora y bailarina de tango, con quien lleva cuatro años en pareja y uno de casado.

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