Estuve en el fondo del mar pero no guardo rencores porque el Barbudo me devolvió a la superficie", jura." /> «Si en algún momento me alejé fue porque no quería dar lástima» – GENTE Online
 

"Si en algún momento me alejé fue porque no quería dar lástima"

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La anécdota todavía lo avergüenza. Sin embargo, Carlín -"sí, el rey del
pirulín
", bromea- la utiliza cada vez que intenta describir su larga estadía
en el firmamento de las estrellas del showbizz criollo. Ocurrió en la década de
los 80, durante el éxito de Amigos son los amigos. Aquella vez, una señorita a
la que recuerda como muy agraciada le pidió su teléfono. Carlín accedió y, bajo
el número, firmó: Jesús.

-Definitivamente, estaba medio tocado…-, se excusa ahora.

Allá en la altura, todo parecía posible. Había acuñado fama de galán,
protagonizaba el mayor éxito de la televisión y cada movimiento le reportaba
dinero. Cultivaba vida de playboy, por supuesto. Hasta que un día sorprendió al
país con el anuncio de su inminente paternidad. Llevaba algún tiempo en pareja
con Carina Galucci y se confesaba ansioso por sentar cabeza. Sin embargo,
ocurrió lo impensado: un accidente cerebro-vascular paralizó la mitad de su
cuerpo, amenazando con destruir su vida y su carrera. Carlín viajó a Cuba y se
sometió a interminables sesiones de rehabilitación. Se deprimió y, por momentos,
no soportaba la cabeza sobre sus hombros. Desde allí, divisó un camino único
hacia su salvación: regresar a los escenarios y exponer ante el público sus
dificultades. Participó en Vulnerables, las obras Prisioneros de la Segunda
Avenida y Casi un ángel, e integró el equipo de la exitosa tira Costumbres
argentinas. Luego de recuperar confianza, Carlín se propuso encabezar una
apuesta fuerte, capaz de pelear el primer puesto entre los espectáculos más
taquilleros de la temporada 2004 en Mar del Plata. Así llegó a Money Money, la
obra de Ray Cooney (cuya prensa está a cargo de Furgang Comunicaciones) que ya
se convirtió en el mayor éxito del verano. Carlín marca el ritmo de la función,
lo que en la jerga teatral se llama "el bastonero". Y, cada noche, su
público lo ovaciona de pie. De regreso a la altura, Carlín ya no se siente
Jesús. Aunque no fue canonizado, dice que hoy vive "como un santo".

-Lo han visto llorar sobre el escenario, Carlín.

-Todo lo que estoy viviendo es muy fuerte. Y el día del estreno fue muy
emocionante. Recuperé mi capacidad de asombro, antes ni siquiera disfrutaba del
reconocimiento de la gente. Hoy quiero que este cariño me sorprenda todo el
tiempo y no tengo problemas en mostrar mis sentimientos.

-Sin embargo, usted ya conoce las mieles de la fama. ¡Si hasta fue
ovacionado por hinchadas de fútbol!

-Pero antes el aplauso tenía que ver con la histeria y el deseo, mientras que
hoy parte desde el afecto. Es más sincero. Es el reconocimiento a un actor que
la viene peleando hace años y ganó una batalla que parecía imposible. Aplauden
mi tenacidad, las pelotas que puse para volver a trabajar. Todo eso me conmueve.

-Definitivamente, está de vuelta. Y es protagonista de Money Money, el
éxito más importante de esta temporada…

-Yo disfruto de la reacción de la gente sin estar pendiente de cuántas
entradas vendemos. Si estamos primeros en recaudación mejor, pero eso no me
quita el sueño. Hace diez años, si me querías pasar por encima con las entradas,
te comía el cuello. Me preguntaban "¿Cómo estás?", y yo contestaba "Setecientas
cincuenta entradas vendidas…
". Mi locura pasaba por el borderó, el éxito, la
fama… ¡Si después del mensaje que me mandó "el Barbudo" yo hubiese
seguido actuando de la misma manera, sería un idiota que no aprendió nada!

-Luego de su accidente cerebro-vascular, ¿fantaseó con este éxito?

-Nunca fui tan atrevido. Cuando estaba en Cuba trabajando en mi recuperación,
lo único que tenía en claro era que mi carrera estaba perdida. No controlaba mi
cuerpo, tenía dificultad motriz, estaba lento para hablar, con poca reacción.
Una psiquiatra me ayudaba a asumir que nunca volvería a pisar un escenario. Pero
una noche soñé con un teatro en Mar del Plata, lleno de gente aplaudiéndome de
pie… Fue tan fuerte que, cuando me desperté y me di cuenta de que sólo sucedía
en mi cabeza, me quería morir.

-¿Cómo vivió aquellos días fuera de los escenarios, su hábitat natural?

-Fueron durísimos. Cada mañana hacía mi rehabilitación y a la tarde miraba el
techo. ¡Y no te imaginás como te trabaja la cabeza! Estaba bastante sólo porque
casi no podía hablar y quedarte conmigo un rato era un bajón. Hasta que un día
lo escuché a mi hijo preguntarle a Carina: "¿Papá de qué trabaja?". Creo
que si Facundo no me veía actuar, yo me moría…

-¿Entonces también tenía presiones económicas?

-Yo calculaba que tenía un resto de plata para tirar tres años. Eso me
angustiaba, por primera vez en mi vida no estaba solo. Si hubiese estado solo
era boleta, no me importaba nada más. Un día entendí que debía provocar hechos:
si estaba en dificultades, tenía que enfrentarlas sobre un escenario.

-¿No sintió pudor al mostrar sus dificultades ante el público?

-Esa era la única posibilidad de ganarle a mi cabeza. Pisar el escenario y
decir: "Acá estoy yo, así estoy yo, bánquenme". Creo que la gente
aplaude, reconoce y admira la pelea que enfrento cada día. Si uno se recluye, la
gente te olvida. Y yo nunca me entregué, no quise ser un perdedor. Si en algún
momento me alejé, fue porque no quise mostrarme como víctima ni dar lástima.
Después salí a pelearla como estaba: con todas mis dificultades, volví a hacerme
el langa sobre el escenario. Y la gente respondió con un: "¡Vamos carajo! Hay
que bancarlo a este tipo
". ¡Si hubiese pensado primero en curarme
completamente para después salir a escena, hoy no estaría viviendo este éxito!
Después de un tiempo entendí que lo que me pasó fue un hecho natural: en vez de
atropellarme un auto, un pico de presión me explotó en la cabeza. Fue un aviso
que me mandó "el Barbudo".

- "El Barbudo", como usted lo llama, le pasó una factura
importante.

-Me dijo: "Boludito, a ver si te ubicás y hacés los deberes". El tipo
siempre fue muy generoso conmigo: me había dado fama, éxito, afectos… ¡Y yo los
pasaba por encima, sin disfrutarlos! Pagué un precio justo porque aprendí a
gozar cada día y priorizar los afectos. Pude parar la pelota y ver crecer a mi
hijo.

-A propósito, ¿cómo se definiría al Carlín padre?

-Estoy aprendiendo cada día. En un principio fue muy duro: imagináte que mi
fantasía era jugar al fútbol con mi hijo y, cuando estaba en Cuba, trataba de
darle a la pelota y no podía. Lo que más disfruto es descubrir cómo crece, sus
inquietudes… Es un fenómeno: ¡tiene cuatro años y me jura que está enamorado de
una chica de doce!

-Evidentemente, heredó de su padre la pasión por las mujeres. ¿Con qué
armas las deslumbraba usted?

-(ríe). Las chicas se enganchaban con mi imagen de desprotegido. Dicen que
era un tipo atractivo, pero yo siempre me consideré un galán con panza. ¡Si
nunca me animé a sacarme una foto sin remera! Era pícaro, tenía chispa natural y
un pelo que mataba.

-¿Usted era enamoradizo como su hijo o seducía por deporte?

-Lo mío partía de la histeria. Tenía que sostener la imagen de ganador y es
difícil porque uno no siempre alcanza las expectativas que generan las mujeres
en sus fantasías. Una de las mayores preocupaciones de mis amigos luego del
accidente era saber qué me pasaba sexualmente. Y, por suerte, todo funciona como
corresponde: ¡Sigo siendo una fiera en la cama! (ríe).

-¿Estaba preocupado por su performance sexual?

-No, porque yo estaba seguro de que "el Barbudo" no me iba a
perjudicar tanto (ríe). Fuera de broma, volver a trabajar me hace sentir pleno
otra vez. Y se refleja en mi exterior, estoy coqueto, cuido mi vestuario y trato
de bajar la panza. Este año sólo me dedicaré al teatro y voy a protagonizar una
película porque quiero seguir con mi rehabilitación, y te completo la primera
pregunta, es cierto: lloré como un chico el día que vi a mi hijo Facundo jugar
sobre el escenario.

Carlín, en la pileta de su chalet en la zona de Constitución. En mi buena época las chicas se enganchaban con mi imagen de desprotegido. Decían que era un tipo atractivo, pero yo siempre me consideré un galán con panza. ¡Si nunca me animé a sacarme una foto sin remera!"">

Carlín, en la pileta de su chalet en la zona de Constitución. "En mi buena época las chicas se enganchaban con mi imagen de desprotegido. Decían que era un tipo atractivo, pero yo siempre me consideré un galán con panza. ¡Si nunca me animé a sacarme una foto sin remera!"

Día a día estoy aprendiendo a ser padre. En un principio fue muy duro: imaginate que mi fantasía era jugar al fútbol con Facundo y, cuando estaba en Cuba, yo trataba de darle a la pelota y le erraba..."">

"Día a día estoy aprendiendo a ser padre. En un principio fue muy duro: imaginate que mi fantasía era jugar al fútbol con Facundo y, cuando estaba en Cuba, yo trataba de darle a la pelota y le erraba..."

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