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Las elecciones de octubre están ahí nomás, a un tiro de piedra. Y en dos meses, las candidaturas deben estar definidas. Desde la oposición ya jugaron la carta principal en la provincia de Buenos Aires: Ricardo López Murphy encabezará la boleta. En el peronismo, en cambio, arde una hoguera de vanidades. La guerra entre Cristina Fernández de Kirchner (52) e Hilda Chiche Duhalde (58) está en su punto más alto. Ni un sí ni un no han dicho las damas sobre aceptar la candidatura que las ubique en una banca del Senado. Pero están en boca de todos. Entonces, ¿son ellas quienes se ponen -a esta altura del juego- en una posición indefinida, rayana con la histeria? ¿O por detrás mueven los hilos sus maridos? Tremenda duda. Porque ambas negarían ante un pelotón la última posibilidad. Chiche lo dijo esta semana: "A mí no me pone Duhalde ni me saca Kirchner". Cristina lo hace cada vez que puede, aunque nunca tan claro como lo hizo en el explosivo congreso justicialista de Parque Norte, el 26 de marzo de 2004, cuando señaló su cansancio por las mujeres "portadoras de apellido", que le valió una dura réplica de Chiche y hasta de la ex mujer de De la Sota, Olga Riutort.

Ese fue el comienzo de un nuevo round. Porque esta lucha entre las dos mujeres, en rigor, viene de años, exactamente desde que el marido de la segunda ocupaba la Presidencia y la primera se empeñaba, desde su banca en el Senado, en obstruir muchas de las leyes que Duhalde enviaba al Congreso -como la de Subversión Económica-, y cuando criticó ferozmente a la entonces pareja presidencial por la represión en el Puente Pueyrredón, en respuesta a las palabras de Chiche sobre las "manos de seda" con que el Gobierno trataba a los piqueteros: "Me llama la atención que tengan esa opinión, cuando a ellos les pasó lo de las muertes de Kosteki y Santillán".

EN CAMPAÑA. Sin asumirse aún como candidatas, las dos empezaron a recorrer la provincia. Cada una con su estilo: a Cristina se la vio en el festejo de los cien años del diario La Capital de Mar del Plata. Allí señaló que "los argentinos hemos salido del default del pesimismo y del default moral, aquel que quebró la confianza en nosotros mismos". Pero su primer acto en el Conurbano -verdadera prueba de fuego- sería en José C. Paz entre el 20 de junio y el 1º de julio, y su anfitrión será Mario Ishii, uno de los intendentes alineados con Kirchner pero no con Felipe Solá. Otras posibilidades que barajan en su entorno son los estadios de Vélez Sarsfield o River Plate.

A Chiche, en cambio, sus asesores la quieren convencer de no repetir los tradicionales actos peronistas -por lo menos en el GBA-, y reemplazarlos por caminatas, como la que hizo el jueves en el barrio Los Altos, un suburbio de La Plata. En el único acto con folclore peronista, cuando lanzó la Corriente Lealtad el 15 de mayo, fue medida. "No voy a criticar a nadie", anticipó. Y apenas deslizó, desde la tribuna del Sindicato de Trabajadores Plásticos, en Lomas de Zamora, una frase acerca de los "muchos pícaros que quieren que el peronismo desaparezca". En la tierra que vio nacer a su rival, el jueves 2 de junio, señaló que "debería decir que (Cristina) no debería ser senadora de ninguna provincia", porque la independencia de poderes del Estado "exige que la esposa sea esposa y no esté en otro poder".

En el medio de la disputa, hay negociadores e intransigentes. En el primer grupo se destaca el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Hoy es la mano derecha de Kirchner, y su principal operador político. Pero no olvida que, con un perfil mucho más bajo, fue el jefe de campaña de Duhalde en el '99. Es decir, era el que conseguía el dinero para ponerla en marcha. Y, en esas circunstancias, hay kilómetros de intimidad entre ambos. Duhalde, por su parte, sabe esperar. Es un tiempista. Por eso ordenó a su tropa -en las figuras de los diputados José María Díaz Bancalari y Osvaldo Mércuri- apoyar al presidente Kirchner. "No quiere que nadie salga a decir que está boicoteando al Gobierno", sostienen en su entorno. Y aún más: ya deslizó que su sector aceptaría una lista de unidad con Cristina a la cabeza. Los que quieren ir por todo están encabezados por el subsecretario general de la Presidencia, Carlos Kunkel, quien fue el primero en lanzar el nombre de Cristina Fernández para la senaduría por la provincia. Y, aquí, habría que decir que la Primera Dama se siente más cómoda con esta posición.

Hay otro grupo, y son los conversos, que a veces parecen más papistas que el Papa. El más notorio, Aníbal Fernández, ministro del Interior, quien le endilgó a Chiche "falta de estatura política". Esto enfureció a la dama bonaerense, porque el comentario tuvo una doble lectura: enfatiza que está en el ruedo político sólo por ser "la mujer de" y es despectivo -y lo siguiente no es menor, tratándose de una mujer- con los centímetros que porta. Chiche confesó 1 metro 50 en un reportaje de GENTE, y añadió que "con diez centímetros más, todo sería más lindo". Cristina, en cambio, tiene más seguridad en ese aspecto, y refuerza su altura con larguísimos tacos en sus stiletto de Lonté, que le han valido más de un sarcasmo ante la posibilidad de recorrer el barro del Conurbano con ellos, comentario que salió de boca de Ricardo López Murphy. En este triángulo de candidatos, hasta el propio líder de Recrear fue beneficiado con otro dardo de Aníbal Fernández al corazón de Chiche, cuando señaló: "Que el peronismo se divida para llevarse todos los candidatos no es lo que dicen las encuestas". Aludía así a la posibilidad de que la mujer de Eduardo Duhalde quede ya no segunda en la elección, sino tercera. Dolida, Chiche -que admitió que Cristina mide mejor que ella en intención de voto (la diferencia entre ambas rondaría entre el 15 y el 20 por ciento, según el encuestador Ricardo Rouvier)- contraatacó con una advertencia: "Lo que él no sabe es que mi esposo me ama demasiado y cualquier ataque hacia mi persona es también un ataque hacia él. Pero sé defenderme sola, y no permito que hablen por mí."

Puertas adentro, ambas son de discutir con sus maridos sus posiciones personales. Chiche ha dado casi un giro feminista a su discurso. En La Plata señaló: "Yo he empezado a decidir por mi vida, lo que quiero y lo que no quiero. Puedo amar mucho a mi marido, pero es mi marido. El decidió alejarse de la política, perfecto. Yo decidí seguir mi camino". Aunque, en el fondo, termina escuchando a Duhalde. Es cierto que su marido jamás la abandonó, y que hizo suya su derrota con Graciela Fernández Meijide en 1997.
Cristina tiene una posición similar. Los que conocen la intimidad dicen que muchas de las posiciones que toma el Presidente tienen el copyright de su mujer. Sin embargo, también sostienen que si no está convencido, no hay argumento que valga. Y que, muchas veces, las discusiones terminan con un "calláte, Cristina".

LA VIDA CONTINUA… Los ataques, por lo general, no son directos, sino a través de terceros. Quizás por eso, por morderse la lengua y no soltar lo que una piensa de la otra, es que ambas contendientes somatizaron en las últimas semanas. Cristina sufrió una úlcera en el ojo cuando viajó a Israel. No fue la primera vez: cuando llegaron al gobierno, estuvo dos meses sin voz. Chiche, por su lado, sufrió un desmayo en Montevideo. Para relajarse, los estilos también son distintos. Cuidadosas de la imagen -rubia una, morocha la otra- no han dudado en someterse al bisturí para embellecerse y tratar de que el paso del tiempo se detenga. Chiche lo hizo en 2002, por ejemplo, para quitar lo que ella misma definió como "un rictus amargo". Por supuesto, en este terreno la actual Primera Dama lleva ventaja, y no sólo por el número de pequeños retoques quirúrgicos: se desvive por hacer gimnasia, y cuando no acude a Figurella, en Martínez, se dedica a transitar en roller por la Quinta de Olivos. Sin embargo, cada vez que puede asegura que detesta la frivolidad: debería decir que detesta hablar de ella. Su competidora, en cambio, suele hacer media hora de caminata por el Parque Municipal de Lomas de Zamora. Hace unos años intentó una rutina en el instituto de belleza al que suele ir Susana Giménez, pero admitió que fue "dos veces, era un esfuerzo muy grande ir a la mañana desde Lomas hasta el centro".

Cristina, cuando precisa despejarse, suele visitar los negocios de ropa, algo que le encanta y que a veces, cuando elige pantalones muy ajustados, provoca comentarios cargados de ironía entre sus adversarios: "Usa un tiro muy alto", suelen decir. Chiche, en cambio, viste más formal, compra su ropa en Lomas y dedica un par de horas de los lunes a pintar naturalezas muertas casi como una terapia.
Quizás una de sus pocas coincidencias esté en la aversión a vivir en Olivos. Durante el mandato de su marido, Chiche pasó casi todo el tiempo en la casa de Falcón al 800 en Lomas, justo enfrente de la casa (mucho más modesta, claro) donde Eduardo pasó su niñez. Allí, los domingos en el quincho -ahora que vendieron la casa de Pinamar- están estrictamente reservados a la familia. Los únicos días que no duerme allí lo hace en Montevideo, donde su marido alquila un departamento en Punta Carretas.

Cristina, por su parte, desearía vivir en su departamento de Barrio Norte, que de todos modos visita asiduamente, sobre todo en los últimos tiempos. Contó que la primera vez que regresó tras la asunción se le "cayeron las lágrimas". Los fines de semana, en cambio, Calafate o Río Gallegos son los destinos casi obligados. A veces, hasta dos aviones de la flota presidencial vuelan ida y vuelta en un mismo fin de semana. Claro, hasta que comience la campaña.

Hasta que las dos damas más poderosas del país dejen este juego de intriga y suspenso -que francamente comienza a aburrir- y se lancen a una pelea franca. Chiche y Cristina en la campaña a presidente para el 2003. Siempre receló una de la otra, pero entonces podían compartir una tribuna. Ya no.

Chiche y Cristina en la campaña a presidente para el 2003. Siempre receló una de la otra, pero entonces podían compartir una tribuna. Ya no.

Mi esposo me ama demasiado y cualquier ataque hacia mi persona es también un ataque hacia él. Pero se defenderme sola."">

"Mi esposo me ama demasiado y cualquier ataque hacia mi persona es también un ataque hacia él. Pero se defenderme sola."

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"Los argentinos hemos salido del default del pesimismo y del default moral, aquel que quebró la confianza en nosotros mismos."

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