«Seguir casada con Bill fue la decisión más difícil de mi vida» – GENTE Online
 

"Seguir casada con Bill fue la decisión más difícil de mi vida"

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Es el dormitorio presidencial. Y el líder del mundo libre, de rodillas y en
pijamas, enfrenta el martillo que más teme. El de su esposa. Ya no es el
presidente de los Estados Unidos, el mandamás de la nación más poderosa del
mundo. Es tan solo un hombre. Un escándalo había volado por los aires su imagen
y prestigio: un acercamiento más que íntimo con Monica Lewinsky, una simple
becaria, en el despacho presidencial, la Oval Office, el ícono de su oficio y
poder. Y frente a Hillary -su mujer desde 1975, la madre de Chelsea, su única
hija, su mano derecha, su mayor aliada en su carrera política-, Bill Clinton
está desnudo, débil, rasguñando desesperadamente una excusa. Y ella, hoy, siete
años después, y por primera vez, lo cuenta todo: "Comencé a llorar y a
gritarle
: '¿Por qué me mentiste? ¿Por qué lo hiciste?' Estaba más furiosa
con cada segundo que pasaba. Y él tan solo atinó a decir: 'Lo siento. Lo siento.
Solo quería protegerte a ti y a nuestra hijita...'
"

Esta semana, Hillary Rodham Clinton (55) desembarca en las librerías
estadounidenses con sus memorias, Living History -en simple criollo, Viviendo la
historia-. En 526 páginas, narra sus ocho años en la Casa Blanca como primera
dama. Y se anima a revelar, con detalles muy personales e íntimos, el affaire
Lewinsky y las consecuencias que le trajo a su vida y su matrimonio, que perdura
hasta hoy. La editorial Simon & Schuster ya desembolsó tres millones de dólares
en forma de adelanto. Cinco más llegarán en pocos meses (cuenta fácil: Hillary
se lleva 8 millones de dólares por su libro). La apuesta es fortísima, con una
primera edición de un millón de ejemplares ya impresa: "Es un gran esfuerzo,
he trabajado mucho en él. Es sobre mi vida, mis experiencias, mis valores y
creencias. Quise contar mi historia. Espero que el público la lea. Y me
comprenda"
.

Febrero de 1997. El génesis del embrollo. Monica Lewinsky -en ese entonces, de
23 años-, era una simple becaria en la Casa Blanca. Una niña rica de Beverly
Hills, hija de padres divorciados, un tanto rellenita, con una fascinación por
el poder político. Y por los hombres con ese poder. Y el presidente Clinton, el
amo del circo. No era secreto su apetito sexual, y tampoco eran secretos sus
escandaletes: Paula Jones, una antigua empleada de su época como gobernador del
Estado de Arkansas a comienzos de los años 90, ya lo había señalado como "acosador
sexual
", tres años antes. Y en el mismo período, había mantenido un affaire
con una cantante de cabaret, Gennifer Flowers, que dijo: "Bill apodaba a mi
vagina 'Preciosa', y a su pene 'Guillermo'". Ya en la presidencia, y en su
segundo mandato, en 1996, Kathleen Willey, otra becaria, había sufrido los
embates amorosos de Clinton. Y Lewinsky estaba más que ansiosa. Entonces, se
conocieron. Y pasó. Una serie de sucesivos encuentros en la Oval Office, que
Monica Lewinsky describiría como "amor oral", tomaron lugar. Ella más tarde
dijo: "No fue sexo. Tener sexo es llevarse a alguien a la cama, y eso no pasó".
Es decir, no hubo penetración. Pero los rumores crecieron. Y el asunto estalló.

A comienzos de 1998, Clinton fue llevado a juicio, con un Congreso con el
Partido Republicano como mayoría -opositor al suyo, el Demócrata- y con Kenneth
Starr, un fiscal acusador de durísima línea republicana que ya lo había
investigado en el caso Whitewater, un supuesto negocio turbio de bienes raíces.
Lewinsky contó todo, ignorando las instrucciones previas de Clinton para que se
calle la boca. Obstrucción de la justicia, en dialecto jurídico, y un cargo muy
severo. El presidente había hecho lo propio en el estrado, con sus mentiras bajo
juramento. Una mancha de su semen en un vestido de Lewinsky selló su destino.
Aún así, el impeachment falló. Y salió ileso. Con una imborrable mácula en la
camisa de su prestigio. Pero ileso. En el medio del torbellino, su mujer. Esta
vez, no lo toleró.

"Como esposa, quería retorcerle el pescuezo".
Una bomba salida de las
páginas de Living History. Hillary -egresada en leyes de la prestigiosa
Universidad de Yale, donde ella y el ex presidente se conocieron, y hoy senadora
por el Estado de Nueva York, desde que su esposo terminó su mandato en enero de
2001-, lo vuelca todo. No calla: "Al principio, Bill me dijo que habría
rumores de que él tuvo relaciones con una becaria. Que la conocía, y que había
hablado con ella algunas veces. Y que los rumores sexuales no eran ciertos. Pero
más tarde, dijo que los alegatos eran muy serios. Que iba a testificar que había
existido una intimidad impropia. Lo admitió
". Y sigue: "Cuando me enteré
de ello, estaba atontada, descorazonada y enfurecida por haberle creído. Que me
haya mentido fue lo peor, y más cuando todo se volvió público. Nuestra intimidad
fue llevada al ojo del mundo. Me costó mucho lidiar con ello".

Luego de que Clinton testificara, la pareja se retiró de vacaciones a la
exclusiva isla de Martha's Vineyard, en la costa este norteamericana. Allí, el
frío y la tensión entre ellos era intolerable: "Sentía una profunda tristeza,
y una ira que no podía resolver. Caminaba sola en la playa, leía… Dormíamos
separados. Apenas podía hablarle, y cuando lo hacía era un griterío
". Buddy,
el labrador retriever de la pareja, cuenta la ex primera dama, "era el único
miembro de la familia dispuesto a acompañarlo
". Aun así, el amor, según dice
Hillary, prevaleció: "Quería retorcerle el pescuezo. Pero lo perdoné. Me
pregunté a mí misma si debía seguir con él. Lo amaba, y lo amo, y seguí con él
para brindarle mi apoyo. Lo que mi esposo hizo fue moralmente incorrecto, pero
no traicionó a los ciudadanos. Seguir casada con él fue la decisión más difícil
de mi vida. Mi candidatura al Senado fue de suma ayuda para la relación. Nos
fortaleció y abrió una perspectiva para nosotros dos"
. Un poco de ayuda
profesional fue necesaria: "Acudimos a un consejero marital en febrero del
98. Y fue muy provechoso
". Y cuenta, casi al final, su despedida de la Casa
Blanca: "Nos tomamos de la mano con Bill, y nos fuimos con un vals por el
corredor principal".

La señora de Clinton no es, ni ha sido, ningún títere. El mismísimo Richard
Nixon comentó una vez de ella: "Es bueno tener una mujer inteligente. Pero no
una tan inteligente
". Detrás de las bambalinas políticas, se susurra una
posible carrera a presidente para 2008. De apoyo no carece: en una encuesta
realizada días atrás por la prestigiosa firma Gallup, el 43 por ciento de los
americanos tiene una opinión favorable de la ex primera dama. Y en sus días en
la Casa Blanca, su rol era casi tan protagónico como el de su marido. Pero ella
dice: "Espero ser senadora otra vez en 2006. No tengo intenciones de ser
presidente".

El canal de cable estadounidense A&E planea un film sobre su vida, con Sharon
Stone como la más firme candidata a encarnarla. Sobre su marido, concluye: "Estoy
prendada de él desde que lo conocí, hace ya casi treinta años. Aun después de
todo, lo sigo amando. Es la persona más vivaz y enérgica que he conocido. Amo su
forma de pensar, y amo cómo se ve
". Y sobre el affaire de su esposo y la
becaria, en una actitud sorprendente, minimiza: "Para mí, el asunto Lewinsky
fue otro escándalo malvado, exagerado por oponentes políticos
".

¿Y Miss Lewinsky? De sus encuentros amorosos con Clinton, concluyó tiempo atrás:
"Lamento lo que este asunto le ocasionó al país. Pero más lamento aún lo que
me ocasionó a mí".
Hoy, comanda Mr. Personality, un lamentable reality show
de la cadena Fox donde oficia de casamentera, y vende carteras diseñadas por
ella misma a través de su website, therealmonica.com. Mr. Bill no está fuera de
juego. Recorre el mundo como conferencista político. Y el año próximo lanzará
sus propias memorias, por las cuales ya recibió un avance de 10 millones de
dólares de la editorial Alfred Knopf. Pero las cartas de Hillary ya están
echadas. Y su matrimonio sigue en pie (tanto como las ambiciones y los intereses
que los dos comparten… además de los años de amor, claro).

Hillary hoy, a punto de lanzar sus memorias.

Hillary hoy, a punto de lanzar sus memorias.

Bailando en la isla de Saint Thomas, en el mar Caribe, enero de 1998, días antes de que el escándalo Lewinsky estallara. En sus memorias, Hillary reconoce que el affaire afectó su dignidad al hacerse público:

Bailando en la isla de Saint Thomas, en el mar Caribe, enero de 1998, días antes de que el escándalo Lewinsky estallara. En sus memorias, Hillary reconoce que el affaire afectó su dignidad al hacerse público: "Como esposa quería retorcerle el pescuezo". Igual, perdonó a Bill.

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