“Sé que todavía no hice nada para que se hable tanto de mí” – GENTE Online
 

“Sé que todavía no hice nada para que se hable tanto de mí”

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Pulguita llorando en un costado de la cancha. Esa es la primera imagen que los vecinos de La Bajada –un barrio ubicado a cuatro kilómetros al sudoeste de Rosario–, tienen de Lionel Andrés Messi (18). Es que a los pibes más grandes, entre los que estaban Rodrigo y Matías, sus dos hermanos –tiempo después vendría María Sol–, les molestaba jugar contra ese chico que ya a los seis años los dejaba desparramados por el suelo a fuerza de una gambeta endiablada, bien de potrero, y que más de una vez los ponía en ridículo. Entonces lo golpeaban tanto que Piqui –como le decían sus amigos–, se pelaba sus rodillas contra el césped y soltaba sus primeras lágrimas. Sin embargo, el chico era testarudo. Una vez que Celia, su abuela materna, le secaba las lágrimas y les decía unas cuantas cosas a “esos grandulones, ¡ya van a ver!”, entonces Leo volvía a la cancha, agarraba la pelota y no paraba hasta convertir el gol. En ese momento ninguno imaginaba que aquel chico al que “todas las camisetas le colgaban del cuerpo y había que hacer malabares para que pudiera jugar con la del club Gandolfi sin que le tapara las rodillas”, doce años después se iba a convertir en una de las mayores esperanzas del equipo de José Pekerman para el Mundial que se disputará en Alemania a partir del 9 de junio.

Pero, para eso, todavía falta casi un mes. Tras un breve paso por la Argentina, el delantero está otra vez en Barcelona. Más precisamente en su casa de Les Corts, el barrio cercano al Camp Nou que, desde hace años, alberga al jugador, a sus padres –Celia y Jorge– y a sus tres hermanos. Muy pronto, toda la familia se mudará a su nueva casa en Castelldefels, una exclusiva zona residencial en la entrada de la ciudad, donde también vive su compañero de equipo Ronaldinho.

Hace apenas unos minutos que Messi volvió de su entrenamiento diario y la sensación que hoy tiene la joya de la Selección argentina es un sabor agridulce. Por un lado, disfruta de la flamante obtención de su primer campeonato (el miércoles el equipo catalán se consagró campeón de la Liga española, después de vencer por 1 a 0 al Celta de Vigo), donde jugó 17 partidos y marcó 6 goles; y por otro, intenta recuperarse de un desgarro en el bíceps femoral de la pierna derecha, sufrido el 7 de marzo, en la revancha contra Chelsea por la Champions League. La lesión es, por estos días, la máxima pesadilla de Pekerman, pensando en Alemania. Según las últimas ecografías que le realizaron, “el músculo todavía está un poco débil”. Y aunque en Barcelona todos aspiran a que pueda estar recuperado el 17 de mayo, para la final parisina de la Liga de Campeones contra el Arsenal, eso suena más a deseo que a probabilidad cierta.

Leo lo siente, y se nota que le duele más el alma que la pierna. Por eso cuando habla con GENTE su tono de voz, algo tímida desde que era un niño, suena más apagada que lo habitual: “Al final, la lesión era más complicada de lo que pensaba. Al principio, la ansiedad por querer estar con el grupo me hizo apurar un poco, ahora tengo que esperar. Y los médicos, tanto de la Selección como del Barcelona, me dijeron que sólo se cura con reposo y kinesiología”, afirma Lionel, y arranca con una charla en la que, al revés que en la cancha, no gambetea ninguna pregunta.

–Más allá de la bronca que te debe generar no poder jugar, imagino que también estás disfrutando de todo lo lindo que te está pasando a los 18 años...
–Como te dije antes, un poco molesto por no poder estar. Yo quiero jugar siempre, y si no puedo, me fastidio. Pero también sé que no me tengo que apurar; me lo están recalcando todo el tiempo los médicos, mi entrenador (Frank Rijkaard), mis compañeros y mi familia. Al margen de esto, estoy disfrutando mucho todo lo que me está pasando. Desde que ganamos el año pasado el Mundial Sub 20, en Holanda, no paro de recibir buenas noticias. Todavía no me puedo acostumbrar a que me llamen periodistas de todas partes del mundo y les interese si tengo perro o cómo se llama mi mamá (Lionel larga la primera carcajada. Cambia el tono de su voz y, desde ahora, todo será puro optimismo).

–¿Cuándo creés que dejaste de ser una promesa para convertirte en lo que sos hoy, una figura del fútbol mundial?
–Toda mi etapa en el Barcelona fue muy importante, porque fui de menor a mayor. Pero creo que el mejor partido que hice hasta ahora fue contra el Chelsea, en octavos por la Champions. Desde ese momento empezaron a fijarse mucho más en mí, hasta me empezaron a comparar con Diego y esas cosas…

–Bueno, y el propio Maradona te proclamó como su sucesor. Incluso pidió que uses la camiseta con el número 10 en el Mundial. ¿Cómo te suena eso?
–Por eso te digo que, desde hace un tiempo, es como si me hubiese tocado una varita mágica. De pronto, mi vida cambió totalmente. Y esto de Diego es algo muy lindo, claro. Yo me crié viendo sus videos. Y más de una vez soñé con poder repetir algo de todo lo que él hizo. Siempre digo que ojalá llegue a ser un cordón del botín de Maradona. ¡Con eso estaría conforme! Me acuerdo que el día que me llamó a Holanda en pleno Sub 20 casi me muero… ¡tartamudeaba todo el tiempo! El me elogiaba y yo no sabía qué decirle.

–Siempre se dice que asimilar tantos cambios a los 18 no es fácil, y vos lo estás viviendo en carne propia… ¿Cuesta no marearse?
–Escucho mucho a la gente que me quiere: mi familia, mis amigos. Y aunque agradezco mucho todas las cosas que se dicen de mí, también sé que todavía no hice nada para que se hable tanto. Para ser un gran jugador tengo que trabajar, y mucho. Por eso quiero llegar al partido contra el Arsenal, aunque, sin dudas, el objetivo primordial es el Mundial.

–A propósito de Alemania, muchos dicen que nos tocó “el Grupo de la Muerte”. ¿Vos qué pensas?
–Mirá, si querés ser campeón les tenés que ganar a todos. La Argentina está para jugar contra ésos o contra cualquier rival. Hace mucho que vengo diciendo que le tengo una fe ciega a la Selección. No sé si son mis ilusiones, o las ganas que contagia todo el grupo cuando nos encontramos para jugar algún partido, pero realmente veo que este equipo puede ser campeón. Siento que a esta Selección le sobra equipo y optimismo para ganar la Copa del Mundo.

–¿Pero no creés qué nos tocó una zona que, a priori, parece por lo menos complicada?
–No, creo que agrandamos demasiado al grupo. Si bien no vi demasiado a los tres equipos, hay que ir, ganarles y punto.

–Por lo poco que viste, ¿qué conclusiones sacaste de cada uno?
–Al que más seguí, un par de partidos nada más, fue a Serbia y Montenegro, porque estaba en el grupo de España. Tienen un equipo duro, con dos delanteros grandotes que juegan de contra y llegan bien al gol. Pero no mucho más. Después, a Costa de Marfil lo miré el día que fueron a los penales contra Camerún, pero sólo los penales. Y a Holanda tampoco lo vi mucho, pero es el equipo con más historia. Igual, como te dije, tenemos equipo para ganarle a cualquiera.

–Te sobra optimismo, se ve. ¿Te imaginás volviendo al país con la Copa del Mundo?
–¿Por qué no? En el grupo lo que sobra es optimismo. Y como tenemos tan buenos jugadores, sabemos que todo dependerá de nosotros mismos. A los rivales hay que tenerles respeto, pero en la cancha tienen que sentir que están jugando contra la Argentina. Ojalá que se dé…

–Según declaraciones de Lothar Matthäus, el gran jugador alemán, la Argentina será campeón del mundo y vos una de las figuras…
–Ojalá, pero te juro que no me importa mucho ser la figura o el goleador del Mundial. Si llega, mejor; pero mi sueño es que el equipo funcione y juegue buen fútbol, para poder dar la vuelta. Ese sería el mejor regalo de mi vida.

Así se siente Lionel cuando piensa en Alemania, y revolea eufórico una camiseta argentina. “<i>A la Selección le sobra equipo y optimismo para ganar la Copa del Mundo</i>”, asegura.

Así se siente Lionel cuando piensa en Alemania, y revolea eufórico una camiseta argentina. “A la Selección le sobra equipo y optimismo para ganar la Copa del Mundo”, asegura.

Leo acaricia la camiseta de la Selección y regala optimismo.

Leo acaricia la camiseta de la Selección y regala optimismo.

“<i>Creo que agrandamos demasiado al grupo que nos tocó en el Mundial. Si bien no vi demasiado a los tres equipos, hay que ir, ganarles y punto</i>”

Creo que agrandamos demasiado al grupo que nos tocó en el Mundial. Si bien no vi demasiado a los tres equipos, hay que ir, ganarles y punto

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