Se fue un hombre de cine; se fue el gran amor de Sofía – GENTE Online
 

Se fue un hombre de cine; se fue el gran amor de Sofía

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Roma, 1952, primavera. Concurso Miss Italia. En el jurado, un tal Carlo Ponti: milanés nacido en Magenta, 38 años, familia de prosapia, casi abogado (“Abandoné la carrera porque me aburría”, confesaba), cabeza prematuramente devastada –sólo algunos pelos en los flancos–, petiso (no llegaba al metro setenta), retacón, inteligente, audaz y de sonrisa ganadora. En la pasarela y entre el montón, una ignota napolitana: Sofía Scicolone, 17 años, vida difícil (“Eramos muy pobres, y mi padre abandonó a mi madre apenas nací yo”, evocaría, triste, mucho después). Ponti, deslumbrado por ese metro ochenta modelado por Dios en un día de muy buen humor, votó por ella, que no fue Miss Italia sino Miss Elegancia (premio consuelo), pero sí fue, ese día, señalada por otros dioses: el Destino y la Fortuna.

Carlo estaba casado con Giuliana Fiastri, tenía dos hijos, estaba enamorado del cine, producía películas desde 1940, y en el 45 había apostado fuerte con Roma, ciudad abierta, dirigida por Roberto Rossellini. Premiada, exitosa, un clásico inmortal. Apuesta que redobló con aquella adolescente de medidas explosivas, ojos almendrados, y acaso la boca más sensual del planeta. Le ofreció un papel en Africa bajo los mares, y decidió ser su Pigmalión: educarla, pulirla, enseñarle idiomas, y amarla. Por aquellos días, la pregunta obvia, superficial, era: “¿Cómo es posible que esa mujer, una de las más lindas del mundo, se haya enamorado de un hombre así?”. Pero Scicolone (ya bautizada Loren por Ponti) lo amó “por hombre, por caballero, por talentoso, por protector”, como dijo desde sus comienzos hasta su coronación como estrella absoluta.

Se casaron, vía México, en 1957, contra viento, marea y amenazas de excomunión lanzadas desde los muros del Vaticano, que le negó a Ponti la anulación de su primer matrimonio. Bígamo para la ley italiana, se mudó con Sofía a Hollywood, se hizo ciudadano francés, se casó otra vez con ella en Sèvres (1966), y llegaron los hijos, merced a largos y pacientes tratamientos, ya que el embarazo parecía imposible. En el 68, Carlo Jr., y en el 73, Edoardo. Para entonces, Ponti era uno de los reyes de la producción: Los girasoles de Rusia (Vittorio De Sica), El verdugo (Luis García Berlanga), Accatone (Pier Paolo Pasolini), Zabriskie Point (Michelangelo Antonioni), Mortadella (Mario Monicelli), Doctor Zhivago (David Lean), La Strada (Federico Fellini), asociado con otro titán de la producción: Dino De Laurentiis…

Más de ciento cincuenta películas con su firma de productor ecléctico: desde impactos hiper comerciales hasta cine-arte para minorías. Y en esa lista, Un día muy particular, de Ettore Scola, y Dos mujeres, de Vittorio De Sica (Oscar a la mejor actriz), que revelaron a la Loren como actriz con mayúscula, muchísimo más allá de un cuerpo y una cara que generaban fantasías sexuales y hasta rugidos en la penumbra de las salas. Pero ni los millones de la pareja, ni su castillo romano del siglo XVIII, ni sus mansiones de Suiza y de Francia fueron barricadas de acero contra los problemas. Además de la perpetua acusación de bigamia que la Iglesia jamás olvidó, el fisco italiano, en el 79, acorraló a Ponti por sacar dinero –ilegalmente– del país, lo condenó en ausencia a cuatro años de cárcel, y a pagar una multa que, a valores de hoy, rondaría los 25 millones de dólares.

La absolución, tras infinitas batallas legales, le llegó ocho años más tarde. Escaldado, mudó todos sus negocios a Canadá… Al cumplir 90 años, en una entrevista lograda por un diario italiano, dijo: “Me dediqué a la producción en gran escala por amor a Sofía, y ella supo corresponderme”. Primer movimiento de una sinfonía que ella completó –y aun completa– así: “Simplemente, Carlo fue el hombre de mi vida”. Eso, a pesar de su admitido affaire con Cary Grant mientras filmaban Cintia, en el 58: “Yo tenía veintitrés años. No pude resistir su encanto. Pero no quería abandonar Italia, temía cambiar de vida, y estaba Carlo, que era lo más importante”.

Sobre la última Navidad, Ponti, de 94 años, fue internado en una clínica de Ginebra, doblegado por una insuficiencia pulmonar que lo jaqueaba desde hacía un lustro. El martes 9 de enero, a la madrugada, murió mientras dormía. La imagen de Sofía en el funeral, inundando de lágrimas un tenue pañuelo, reveló la verdad de sus palabras de 1991 en el Shrine Auditorium de Los Angeles, al recibir el Oscar a la trayectoria y despedirse del cine: “Dedico este premio a los tres hombres de mi vida: mi marido, Carlo, y mis hijos, Carlo junior y Edoardo”.

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Hace apenas unos meses, a los 72 años, Sofía Loren posó para el famoso almanaque Pirelli junto a Penélope Cruz, Hillary Swank y Naomi Watts. Acaso la más contundente prueba de que, en aquella remota primavera romana, hace más de medio siglo, Carlo Ponti no sólo eligió a una bellísima mujer. También a una mujer eterna.

Ponti y Loren en los Oscar 1991, donde ella recibió el Premio a la trayectoria y lo dedicó a su marido y sus hijos.

Ponti y Loren en los Oscar 1991, donde ella recibió el Premio a la trayectoria y lo dedicó a su marido y sus hijos.

Sofía y sus vástagos, Edoardo y Carlo, dolidos, en el funeral. Fue el 12 de enero en la iglesia San Martín, en Magenta, la ciudad natal de Ponti.

Sofía y sus vástagos, Edoardo y Carlo, dolidos, en el funeral. Fue el 12 de enero en la iglesia San Martín, en Magenta, la ciudad natal de Ponti.

París, 1966, en un restaurante. Ya llevaban casi 10 años de matrimonio. Sofía estaba en tratamiento contra la infertilidad. El primer hijo de la pareja llegaría dos años después.

París, 1966, en un restaurante. Ya llevaban casi 10 años de matrimonio. Sofía estaba en tratamiento contra la infertilidad. El primer hijo de la pareja llegaría dos años después.

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