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“Santiago fue el último hombre de mi vida”

“Santiago fue el último hombre de mi vida”

Redacción Gente

Hasta hace apenas un mes, Carmen Barbieri (56) ni se imaginaba cómo sería su vida sin Santiago Bal (75), el hombre que la acompañó el último cuarto de siglo: “Cuando él estaba enfermo, en terapia intensiva, yo pensaba que si no sobrevivía prefería irme yo también. Para mí se acababa el mundo”. Pero ahora las cosas cambiaron y tendrá que acostumbrarse a vivir sin Bal.

Si hubo un punto de inflexión, quizá haya sido la muerte de su amigo Rolo Puente: “Puede ser que en su cabeza jugara eso, porque se fue su último amigo. Inconscientemente puede haber dicho ‘voy a vivir la vida’ y eligió a una mujer mucho más joven. Es un cambio bárbaro: Santiago es un bacán”, analiza ahora Carmen.

Fue a partir de esos días que observó un cambio de actitud en su ex. Primero, el cambio de look: “El nunca compraba ropa, y ahora se interesaba por la pilcha”. Después vino el cambio de léxico, que pasó a los guiones de Barbierísima: “Noté que estaba motivado, moderno: escribía como un pendejo”.

Es que las mujeres tienen un sexto sentido, y Carmen empezó a mirar donde no debía… o donde sí debía. “Hacía nueve meses que no teníamos intimidad. El se mudó a la habitación de al lado y yo creí que tenía que ver con que trabajaba a toda hora. Pero evidentemente había otros motivos”. La primera señal clara la encontró en el teléfono: “Cuando empecé a sospechar, me metí en su celular y encontré mensajes sospechosos. Siempre dijo que lo criaron sin decir ‘te quiero’ o ‘te amo’, pero en esos textos le decía todo el tiempo a una mujer que no supe quién era ‘te quiero’, ‘te amo’. Cuando llamé, atendió una chica muy joven, y a los tres o cuatro días le dio de baja a la línea”, recuerda angustiada.

–¿Preferías no enterarte?
–No, siempre prefiero la verdad. Y durante nueve meses me mintió de una manera tan cruel que por momentos sentí que era cierto lo que me decía: “Estás loca. Apuntá bien, estás buscando donde no hay. Estás desquiciada”.
–Buscaste hasta el cansancio…
–Ojo, yo no soy celosa: en veinticinco años no revisé nada. Pero ahora estaba buscando. El profesor de computación me enseñó que entrando en el tachito de basura de la computadora podía encontrar algo y…

–Y aparecieron los mails.
–Claro. El asunto decía: “¿FALTA MUCHO?”, en mayúsculas. Me llamó la atención. Entonces leí: “Mi amor, estoy triste, me cuesta mucho verte en el escenario. No puedo mirarte a los ojos porque se da cuenta, está buscando por todos lados”. Ese día me enteré que no estaba loca, desquiciada ni imposible. Era una mujer que había amado a un hombre durante veinticinco años y olía que algo andaba mal.

–¿Cuánto tiempo te llevó esa búsqueda?
–Uff, ¡me costó cinco meses! Hasta por momentos dudé de que estaba desquilibrada, como decía él…

Leé la nota completa en la revista GENTE de esta semana. La actriz en la soledad de su dormitorio, donde cambió todos los objetos que le hacían recordar a su ex: “Ya lo perdoné; que sea feliz”.

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