SANDRO INTIMO: “A los 18 años decidí que en mi vida privada no entraría nadie” – GENTE Online
 

SANDRO INTIMO: “A los 18 años decidí que en mi vida privada no entraría nadie”

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Esa noche, la del 15 de octubre del ’98, hacía algo menos de dos meses de su cumpleaños número 53. Terminada la producción fotográfica de GENTE, a solas en una oficina atestada de libros, empezamos una larguísima charla: 9 de la noche a 3 de la madrugada, cuando se fue en una de sus joyas de colección: un envidiable Rambler negro.

La mitad de su vida, la que transcurrió dentro de su amurallada casona de Banfield, era un enigma. Intenté, claro, penetrar en esa mitad. Y el primer recuerdo fue para su madre, Nina.

“Cuando ella estaba muy mal, me inventé un personaje: Robert Della Nina. La cuidé en largas vigilias, jugando con los teclados, y así nació un casete íntimo, artesanal, sólo para consumo interno, y unos poemas que firmé con ese seudónimo. No los edité: eran sólo para mis amigos. ¿Si no, qué gracia tiene?”.

EL EXITO. Palabra inevitable. “¿Qué es el éxito? Si después del barbijo me di por muerto... El dentista me anestesió toda la boca, se me cayó el labio de abajo, y pensé: ‘Hemiplejia o cáncer’. No morí, pero me encerré. Fue como la marcha de San Lorenzo: ‘Tras los muros...’.

LAS ARTES SECRETAS. El otro Sandro, más allá de las multitudes y las cifras arrasadoras. “Sí, escribo poemas, compongo música clásica y pinto. Todo es para mí y mis amigos. ¿Por qué no trasciendo? Porque soy muy respetuoso. No puedo colgar un cuadro mío al lado de un Presas o un Pettoruti...”.

LOS DOLORES. No del alma: de los huesos. “Después de los 40 años todo me hace ‘cric crac’. Parezco Robocop. Me cuido, pero no hay garantías. Me preguntás por los autos. Sí: me enloquecen. Pensá que con mi viejo repartíamos vino con un carro... Sólo me falta un Gordini. Se lo regalé a Leo Fleider, el director de cine. Vino a casa para hablar de una película y al terminar me pidió que llamara un taxi. ¿Te das cuenta? Tenía 74 años, laburó toda su vida y no tenía ni un auto. Le regalé el Gordini. ¿Qué menos?”.

EL MISTERIO SERRANO. Tenía un chalecito en Córdoba para sus escapadas. “Todavía está, y puesto pipí cucú. Pero lo que pasa allí... boca cerrada. Cambiá de tema”. ¿Romance con María Martha Serra Lima? “Mentira. Falso. Invento. Con Horacio, el marido, me llevo de maravillas. Además, a propósito y delante de ella, gastamos a las gordas para que adelgacen”.

EL CODIGO MUJERES. Le adjudicaron historias con decenas. Pero... “A los 18 años decidí que en mi vida privada no entraría nadie. Algunos, en el barrio, decían que se habían acostado con tal o cual, y las pobres pibas, marcadas, tenían que mudarse, porque las quemaban para siempre. Una mujer, para mí, es una dama. No importa si es una prostituta o la Madre Teresa de Calcuta. Por eso nunca hablo de mujeres. Una mujer se acuesta conmigo, no con una multitud o para el público de algún teatro. Del paredón de mi casa para adentro tengo el mismo derecho a la privacidad que cualquier hijo de vecino. Vivo en un agujero donde metí el mundo. Tengo mis teclados, mis libros, mis plantas. Cada vez que conozco a una mujer, me pregunto: ‘¿Cómo se llamará ese problema?’”.

Leé la nota completa en la última edición de GENTE Tristezas de camarín. Al final de uno de sus últimos recitales habló con GENTE. Hubo risas, recuerdos, pero también conmovedores momentos de melancolía y dolor por una vida brillante que empezaba a jugar sus últimas cartas.

Tristezas de camarín. Al final de uno de sus últimos recitales habló con GENTE. Hubo risas, recuerdos, pero también conmovedores momentos de melancolía y dolor por una vida brillante que empezaba a jugar sus últimas cartas.

Con Los de Fuego en su primera versión, año 1961.

Con Los de Fuego en su primera versión, año 1961.

En uno de sus primeros recitales como solista.

En uno de sus primeros recitales como solista.

Junto a Nina, su madre, abrazándola tras una operación de columna de ocho horas ejecutada por un cirujano alemán y otro canadiense, que Sandro pagó con sus primeras ganancias fuertes, y le devolvió a ella su estatura normal.

Junto a Nina, su madre, abrazándola tras una operación de columna de ocho horas ejecutada por un cirujano alemán y otro canadiense, que Sandro pagó con sus primeras ganancias fuertes, y le devolvió a ella su estatura normal.

El reposo del guerrero después de una filmación.

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Erguido, durante una escena de la película Gitano: una estampa que cautivó a millones de mujeres. Años de actividad incesante... y de incontables cigarrillos.

Erguido, durante una escena de la película Gitano: una estampa que cautivó a millones de mujeres. Años de actividad incesante... y de incontables cigarrillos.

Grabando en un estudio Sandro para mamá, reedición de 2002.

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Su casamiento con Olga Garaventa y el beso que selló el amor.

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Con su clásica bata, en uno de los últimos recitales

Con su clásica bata, en uno de los últimos recitales

La impresionante multitud que asistió a su funeral.

La impresionante multitud que asistió a su funeral.

“Me admiran chicas de 15 (podría ser su padre) y señoras de 70. ¿Qué querés que haga? Le meto para adelante, y son felices”

“Me admiran chicas de 15 (podría ser su padre) y señoras de 70. ¿Qué querés que haga? Le meto para adelante, y son felices”

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